O331001a
Fecha: 19961118
Título: Volver al amor primero
Original en audio: 13 min. 6 seg.
CONTINÚA LA TRANCRIPCIÓN
Con las lecturas que nos ofrece la Iglesia en este final del año litúrgico, sucede lo mismo que en una gran obra musical, en una gran pieza, por ejemplo, sinfónica, en la que los distintos temas que se han ido exponiendo por los diversos instrumentos, al final de la obra concurren todos en un desenlace sonoro, profundo, elocuente.
Y así, escuchamos siempre en las lecturas de la Santa Misa por lo menos dos textos, uno del Antiguo o del Nuevo Testamento y otro del Evangelio.
Llegando hacia el final del año litúrgico, hace su aparición a partir de este día el libro del Apocalipsis, sonoro como una trompeta, anunciando la realeza de Jesucristo, anunciando la primacía de su victoria, reclamando fidelidad perfecta, amor pleno, generosidad total, hasta cierto punto, exigiendo de nosotros un sí que se pueda comparar, que se pueda unir, que se pueda casar con el sí que Dios nos ha dado en Jesucristo.
Y de esta manera, el texto del evangelio y el texto de la primera lectura, se van entrelazando en un desenlace sonoro, que ya está próximo a oírse, es un clamor inmenso que va a atravesar a toda la Iglesia; es un grito jubiloso; es la proclamación de que Él, Jesús, es el Señor del universo y ante Él se dobla toda rodilla; Él es el Rey constituído con poder por su Padre Celestial.
Y por eso, quienes etamos unidos a este Cristo, en Él tenemos la certeza de toda la victoria. Pero cualquier otro poder tendrá que quebrantarse, doblarse, humilarse delante del poder del humilde y manso, del amoroso y sabio, del bondadoso y poderoso jesucristo.
¡Y las lectuas de hoy cuánto nos ayudan a este propósito! Pienso que muchos de nosotros, al escuchar este texto del Apocalipsis, espontáneamente lo hemos aplicado a nuestra propia historia de fe. De parte de Jesucristo, este vidente apocalíptico, envía mensajes a siete Iglesias del Asia Menor.
Y hoy hemos escuchado el mensaje que le envía a la Iglesia de Éfeso: "Conozco tu manera de obrar, tu fatiga y tu aguante" (véase Apocalipsis 2,2). Eso nos lo podemos apropiar, cada uno puede poner aquí sus fatigas y sus aguantes.
"Sé que no puedes soportar a los malvados, que has pusiste a prueba a los falsos apóstoles y descubriste que eran unos embusteros. Eres tenaz, sufriste por mí y no te has rendido a la fatiga; pero tengo en contra tuya que abandonaste el amor primero" (véase Apocalipsis 2,2-4).
En el caso de un religioso, por ejemplo, cuán provechoso resulta que uno haga un pequeño diálogo con ese novicio que uno fue. Algún día hay que sentarse a la sala de la imaginación y sentar allí al novicio, ese novicio que yo fui, y hablar con él de amores, y hablar con él de opciones por Cristo, y hablar con él de la prisa por la conversión.
Este texto yo tengo que aplicarlo a mi propia vida, porque yo entré con prisa a la Comunidad. yo estaba estudiando en la universidad y dejé una carrera sin acabar por la prisa del Evangelio.
Y me decía mi papá, con la dulzura que sólo pueden tener los papás, pero queriendo respetar hasta el fondo mi libertad y mi decisión: "¿Qué te mueve a dejar inconclusa una carrera profesional en la que tan bien te está yendo?"
Y le decía yo a mi papá de parte de jesús, así lo sentía: "Es que yo tengo prisa por servir al Señor y no quiero darle a Él otros años sino estos, que son los mejores".
Esas palabras que yo le dije a mi papá pesan contra mí, porque muchas veces no di lo mejor de mí ni lo mejor de mis años; yo prometía que iba a dar lo mejor de mis años a Cristo. Y yo sé que esta palabra que se ha proclamado hoy del Apocalipsis, es pa ra mí y me invita a mí a conversión.
Porque yo tenía en ese momento ese fuego, esa urgencia, esa prisa del amor, y esa prisa, quizá, es la que hemos perdido.. sabemos dónde estpá le verdad y la mentira; hemos logrado vencer hasta cierto punto la fatiga; somos, quizá, tenaces como esta Iglesia de Éfeso, pero esa prisa de encontrar y de servir al Señor ¿dónde se encuentra?
Pues cada uno tendrá que hacer, como yo hago aquí con ustedes en público, esa conversación con el novicio que yo fui. Tengo que hablar muchas cosas y tengo que aprenderle mucho a ese novicio, para que él me invite, de parte de Cristo, a conversión.