O314001a
Fecha: 20021107
Título: La conversión no se limita al aspecto moral
Original en audio: 7 min. 26 seg.
Hermanos:
Entre tantas cosas que podríamos destacar del texto de la primera lectura, es bien interesante buscar qué es lo que tiene valor en nosotros. Porque, San Pablo consideraba valiosas una cantidad de cosas, y cuando apareció Cristo en su vida, el valor de esas cosas cambió.
Cristo llega a nuestra vida y transforma nuestra manera de mirar y de valorar el modo de ponderar lo que tenemos, lo que hacemos, lo que queremos. Este es el primer aspecto que quisiera destacar junto con ustedes, mis amigos.
Cuando Cristo llega a nuestra vida, cambia nuestra manera de valorar, cambia nuestra manera de descubrir qué tiene valor, qué tiene peso, qué tiene importancia. San Pablo llega a decir, que "considera basura todo lo que antes era valioso para él. Ahora, se ha convertido como en una basura" (véase Carta a los Filipenses 3,7-8). Otra traducción dice, "como peso muerto".
¿Y por qué? ¿Por qué es basura? ¿Por qué resulta tan poco valioso delante de Cristo? La explicación es, porque no dura, porque resulta inútil, porque únicamente produce vanidad.
Toda aquella observancia de la ley, toda aquella obediencia a los mandatos de Moisés, todo aquel esfuerzo increíble, minucioso, meticuloso por realizar las observancias de la ley, todo eso, finalmente conducía al orgullo, a la vanidad. Es indudable que había cosas buenas en la observancia de la ley. Pero, ese orgullo, esa vanidad, esa falsedad, ¿de qué servían? ¿Qué nace de ahí?
Luego, Cristo viene a nuestra vida y nos enseña a valorar nuestras cosas de otro modo, porque nos obliga a preguntarnos: ¿Qué nace de aquí? ¿Qué queda de esto? ¿Esto qué fruto produce? Si nosotros pasamos por ese tamiz, si nosotros pasamos por ese colador las cosas de nuestra vida, seguramente vamos a encontrar como San Pablo, que hay muchas que en realidad son basura.
Los predicadores en todos los tiempos, han utilizado, por ejemplo, la mirada a la muerte. Cuando te estés muriendo, cuando partas de esta tierra, ¿qué importará lo que ahora parece importar tanto? ¿Qué importará? ¿Qué importancia tendrá? Por eso, San Agustín nos enseña a preguntarnos: "¿Quid hoc ad aeternitatem?" ¿Qué queda de esto? ¿Qué relación hay entre esto y la eternidad? ¡Una pregunta que nos ayuda a valorar nuestras cosas!
Bueno, este es un primer aspecto que podemos destacar en esa lectura. Mas, hay otros aspectos. Por ejemplo, dice Pablo, que "él tendría mucho de qué gloriarse", y dice, que "él llevaba una conducta irreprochable" (véase Carta a los Filipenses 3,4-6).