Ao28001a

De Wiki de FrayNelson
Revisión del 05:25 12 oct 2008 de AnaMaria (Discusión | contribuciones) (Página nueva: '''Fecha: 19961013''' '''Título:''' '''Original en audio: 30 min 39 seg. ''' Guiados por la Palabra de Dios vamos a meditar en un banquete, un banquete al que Dios invita desde ...)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19961013

Título:

Original en audio: 30 min 39 seg.


Guiados por la Palabra de Dios vamos a meditar en un banquete, un banquete al que Dios invita desde tiempos de Isaías , un banquete al que sigue invitando en la persona de Cristo, un banquete que hoy se realiza en la eucaristía que estamos celebrando.

“Preparará el Señor de los ejércitos un festín de manjares suculentos y arrancará en este monte el velo que cubre todos los pueblos, aniquilará la muerte para siempre”(véase Isaías 26, 6-8).

Banquete, en esta palabra se encuentran tres mensajes, la necesidad de alimentarse, el gusto de comer bien y la alegría de estar con los amigos y estas tres ideas reflejan bien lo que significa la plenitud de la salvación que Dios quiere otorgarnos.

La necesidad de alimentarse y Dios que cubre esa necesidad que la satisface a través de su generosidad, de su providencia. ¿Pero de que tenemos necesidad? no simplemente del pan material, desde luego que necesitamos de ese alimento, pero como bien oraba el cardenal Eduardo Pironio necesitamos también del pan de la cultura, así como nuestro cuerpo para estar fuerte y para crecer necesita pan, también nuestra inteligencia para desarrollarse necesita su propio pan, necesita el pan dela cultura y nosotros mismos necesitamos el pan de la educación, hay que ser educados, el ser humano necesita educación y necesitamos el pan del afecto.

Si tomamos la más hermosa de las matitas y la sembramos en un bote de arena amarilla, reseca y no le echamos agua, al cabo de unas horas seguramente ni matita tendremos

Amigos, hay muchas cosas en nuestras vidas que no han podido florecer, porque no han recibido agua, porque no han recibido el rocío a tiempo, porque no les ha llegado lo que les tenía que llegar.

Hace un rato, algunos o muchos de los que estamos aquí presentes nos sentíamos conmovidos en nuestro corazón al descubrirnos a nosotros mismos como pobres, quizá pobres de afecto. Este rocío seguramente ha saltado en muchas de las vidas aquí presentes, si tu pasaras por una matita y sin saber en donde estás sembrada y la vez amarillenta, ajada, tu dirás “que planta tan fea” no es fea, le ha faltado agua.

No es fea, pero si esa mata te pudiera mirar al espejo ¿que diría? “Como soy de fea” no es fea le ha faltado agua, le ha faltado alimento, su alimento, ah pero ha recibido la comida y harto que come, ha recibido el estudio; pero es que el ser humano necesita no solo estudio y no solo comida, necesita ser educado, necesita ser cultivado, la palabra cultura viene precisamente de cultivar del latín “colere” necesita ser cultivado.


El vicio, el pecado nos vuelve ajados y feos, uno ve a un joven por ejemplo, victima del alcohol o de la droga y lo ve como esa mata ajada, uno dice “que mata tan triste” “que vida tan ajada, tan repugnante” no es fea, esa vida le ha faltado agua, las vidas no son feas, no hay vidas feas mis amigos, ni hay rostros feos, ni hay vidas tristes, Dios no creo vidas tristes, Dios no creo rostros ajados, Dios no creó existencias arrugadas, Dios crea con belleza y ama todo lo que ha hecho.

Cuando te encuentres con una vida ajada, triste, marchita, deprimida, que puede ser de pronto tu propia vida, piensa “esta vida mía así parezca ajada y fea, en este momento no es fea mi vida es bella” “mi vida es hermosa pero le ha faltado algo” le ha faltado esa agua, hay vidas en las que parece que nada faltara, han tenido abundancia de bienes, abundancia de dinero, de estudios, incluso mucho cariño humano, en algunas de esas vidas sin embargo, hay finales tristes, dramáticos.

Cuestiona y entristece por ejemplo, que tantos jóvenes piensen incluso seriamente o intenten el suicidio, hasta llegar a consumarlo algunos, en muchas de esas vidas seguramente faltaron algunas cosas, pero sobre todo, faltaba ese sentido ultimo, ese algo que solo puede dar Dios, detrás de cada pan, dentro de cada pan que uno se come, en el fondo, uno está buscando a Dios.

En la ultima página que uno lee, uno está buscando a Dios, en el fondo de la copa que uno bebe, uno está buscando a Dios y los que se acarician, los que se tocan, incluso lícitamente y amorosamente dentro del matrimonio, los que se aman dentro del matrimonio hasta sentir el éxtasis de sus cuerpos fundidos, esos, en ese placer que beben cuando como el que se bebe una copa o que comen, como el que come un pan, en ese placer están buscando a Dios, están buscando ese gozo que no acabe, porque todos los placeres, todos los gustos solo son saciados por un momento.

De manera que nosotros necesitamos de Dios y el banquete final, el banquete de los últimos tiempos, como dice Isaías, ese banquete último, es el banquete en el que ya no habrá ni pan ni hamburguesas ni mazorcas, son tan buenas las mazorcas, ni pollito, ni pescado, ni arrocito, ni… en el que Dios será nuestro alimento.

Ya no tendremos que buscar dentro de las páginas de un libro una explicación, ya no tendremos que buscar en el contenido de una copa un poco de placer, ya no tendremos que extender nuestra mano para acariciar a nadie, para sentir calor, para sentir amor, en ese banquete final, El será nuestro alimento y así sucederá en el cielo y Dios nuestro Señor nos va a alimentar y será el alimento de nuestros cuerpos.

Nos vamos a comer á Dios y será el alimento de nuestras inteligencias y la saciedad de nuestros afectos y la alegría de todo nuestro ser, por eso he dicho, que el banquete no solo supone que nosotros tenemos que alimentarnos, sino el placer de alimentarse, nosotros no llamamos un banquete, sino una comida que es especial, una comida que es como dice el texto del profeta, “que es suculenta” “que es deliciosa” una comida que se puede disfrutar, que es sabrosa.

Y viene aquí a mi memoria la figura bendita de monseñor Alfonso Uribe Jaramillo, monseñor Uribe, especialmente predicando a los sacerdotes, pero en casi todo su mensaje quería inculcar en las personas una oración, que yo también quiero transmitir hoy, pídale a Dios, mire esta oración tan bella, mire esta intención tan hermosa, pídale a Dios que a usted le gusten las cosas, que usted disfrute el bien, que usted sea alegre obrando rectamente, que usted tenga dicha en ser santo.

Pídale a Dios que a usted le guste el bien, pídale la gracia de la oración, porque uno dice, bueno, necesito orar, está bien, esta bien, ya me convencieron, ya entendí, necesito orar, pero luego va a entrar uno a esa vida de oración y va uno a tratar de orar y cuantas veces nos encontramos como a palo seco, ya sabemos que ese es el pan que hay que comer y sabemos que hay que leer la Biblia y que hay que rezar el Rosario y que hay que confesarse, eso ya lo sabemos y uno se va a confesar y ¡guacate!

Y uno va a asistir a la Miisa todos los días y durante tres días: increíble la Misa, sí estuvo buena la Misa, bueno, sí estoy en Misa, que pereza ir a Misa, en cuatro días se nos acaban los buenos propósitos, hay que pedirle a Dios en disfrutar el día, en sacarle gusto al bien, si Dios nos concede la gracia de la oración, usted no tendrá que estar como en pugna con usted mismo, como en guerra con usted mismo.

Bueno, ahora que hago en este momento? ¿que tengo que hacer? ¿me voy con mis amigos que me invitan a echarme un chico que es grande de billar? ¿o me dedico a que? hay que pedirle a Dios que nosotros podamos disfrutar el bien.

Precisamente uno de los síntomas de enfermedad es que las cosas buenas no le saben bien a uno, cuando uno esta muy enfermo, por ejemplo con una de aquellas gripas y le pasan a uno los platos que normalmente le gustan uno, siente que está comiendo “icopor con sal” eso no le sabe a uno a nada, entonces yo pregunto ¿puede un cristiano perseverar en sus buenos propósitos?

Basta con decirle a una persona ¡confiésese! ¡Confiese eso! parece como aquellas torturas donde le meten a uno la cabeza dentro al agua y lo sacan y le dicen ¡confiese! Así hay muchos cristianos que se sienten tratados así, así es muy difícil ¡ore! Que oro ¡ore!

Hay que pedirle a Dios que nos de el gusto por el bien, que nosotros podamos hacer lo que hacemos con las cosas que nos gustan y que nos sirven cuando, a uno le pasan, y está bueno el paladar, ese plato que le agrada a uno, normalmente se relame y lo saborea, le saca gusto y le saca provecho y no quisiera que se acabara.

Hay que pedirle a Dios que nos de ese gusto por las cosas de El, porque sin ese gusto no caminamos firmes en el bien y alguno preguntará: bueno ¿Pero ese gusto si será lícito pedirlo? Claro, porque en el fondo, el que pide ese gusto lo que está pidiendo es sanación para su paladar.

Así como aquel que estaba enfermo, mejor dicho era una gripa con pijama, bueno el tipo era un solo catarro, mejor dicho era un saco de virus, bueno realmente estaba enfermo puede decirse que estaba enfermo, ya no se enfermaba mas porque los otros virus que trataban de llegar eran muertos por los anteriores virus, entonces el hombre estaba realmente enfermo, ya no sabia propiamente en donde empezaban los ojos hinchados y en donde empezaba la nariz o sea, realmente la persona estaba enfermo, quiero que la idea nos quede claro, y bueno a este señor le traen su plato predilecto y como he dicho, no le sabe a nada y entonces el empieza a decir “ahí a haber que pasa con ese asunto” y decía “bueno, si no tuviera los ojos hinchados podría ver que es lo que estoy comiendo” empezando porque no sabe a que hora le llevan la comida, el fulano que ya era solamente era una gripa con pijama, ese señor cuando le pide a Dios y le dice “Señor, que esto me sepa bueno” en realidad lo que le está diciendo es sáname señor, que me sepan bien tus cosas, porque hay veces que a uno Dios le regala una palabra, que es una palabra de alimento y se siente cansancio y se siente fastidio y se siente tedio, es por eso, porque no está bueno el paladar.

Entonces, el segundo aspecto del banquete es que las cosas buenas me sepan bien y primero es “en todo Señor, en todo lo que busco” “te estoy buscando a ti” lo segundo es “que el bien me sepa bueno”. Mire, es una oración tan sencilla, pero tan sincera, tan profunda, Señor que el bien me sepa bueno.

Por ejemplo mire, yo le voy a contar este detalle: un teólogo de este siglo, el padre Carlos Raner jesuita, fue por allá a un colegio de niñas, allá por Alemania a dar una conferencia y después de su conferencia daban preguntas abiertas al foro de niñas, algunas de ellas entonces le preguntaban en torno al asunto del celibato, que para muchas personas se convierte como en una gran interrogante.

La respuesta de Raner a mi me gusta mucho, el decía mire, en parte es asunto de elección, la persona, decía el, que permanece virgen, se pierde de casarse, eso es evidente, se quedo sin marido, se quedó sin esposa y decía el, pero la persona que escoge casarse se pierde de permanecer virgen para Cristo y agregaba, ¿o es que vamos a creer que todos los bienes están en casarse y todos los males en permanecer virgen para Cristo?

Algo parecido sucede aquí, mientras usted no le vea nada bueno a la castidad, por insistir en esa línea, mientras usted no le vea el lado positivo a la castidad, podemos traerle aquí a San Luis Bertran, a San Pablo, a San Pedro, a san Benito y desde luego no puede faltar san Francisco de Asís, entonces empieza San Benito y le hace una predicación y usted llega a una conclusión “soy una porquería2 y luego habla San Pablo y hace toda su predicación, usted llega a otra conclusión “soy la misma porquería” y luego llega otro… y cada uno le va predicando y usted llega finalmente a la misma conclusión, “por donde voy, voy mal” “por ahí no es” acabó la predicación, usted sale, supongamos que la predicación fue en una Iglesia, usted sale de la Iglesia y dice usted “no voltee no mire hombre” ¿ve? Y usted ya está convencido en su corazón, usted ya sabe en su corazón, “hombre, que eso no es así” “esa es una cuestión como animal” “ese modo de comportarse usted es repugnante” por decir lo menos eso es humillante, eso no es por ahí, bueno usted sale convencido.

No bastan los convencimientos, hay gente que medita como dejar el cigarrillo fumando, de manera que la razón humana no tiene fuerzas para esas cosas, en cambio cuando Dios concede, porque Dios concede por ejemplo que uno perciba la belleza del bien, estamos hablando de la virtud de la castidad, la belleza, la paz, la armonía interior, la alegría, el brillo que trae una vida casta.

Entonces la persona puede comparar entre dos bienes, porque una persona que ha llevado una vida desordenada, lo que siente es que le dicen “se acuerda de lo que a usted le gustaba tanto, pues hermanito, se acabó” “¿se acuerda como gozaba y disfrutaba? pues se acabó” y entonces la persona dice: “pues como así, tampoco vamos pues a exagerar, ya porque fue al retiro y Fray Nelson dijo nada” pues, mientras la persona sienta que los bienes, las dichas y los placeres están de un solo lado de la balanza, eso no lo equilibra, nadie hasta el día que la persona descubre que la castidad con amor ordenado tiene su propia belleza y en ese momento la persona empieza a cultivar un bien.

Es que uno no puede crecer en algo si no siente que ese algo es un bien y por eso hay que pedirle a Dios que realmente El sea nuestro banquete y que disfrutemos de ese bien, ese es el ejemplo de la castidad, pero lo mismo hay que decir de las demás cosas.

Un ejemplo muy importante es el de la humildad, miren lo que pasa con la humildad, la humildad es una perla preciosa, entonces uno dice bueno, está claro que yo soy un saco de soberbia, yo moriré y por allá después de 15 minutos morirá mi soberbia, porque es una cosa… yo soy un saco de soberbia, esa parte está clara y el que se mete conmigo, hasta ahora el que se ha metido conmigo la paga.

No se puede entrevistar a esas personas porque están bajo tierra, pero el que se mete conmigo la paga, conclusión, debo a empezar a buscar la humildad. Conclusión del retiro espiritual, que hemos concluido en el Convento de Santo Domingo donde el Señor se ha manifestado, necesito buscar la humildad, de ahora en adelante voy a buscar la humildad delante de toda esa gente, de todos esos bellacos que no me entienden, voy a ser humilde, toda esa gente torpe tendrá que reconocer que yo soy humilde, todos esos que no saben en donde están parados, que nunca han comprendido todas mis cualidades, voy a ser humilde delante de ellos.

De manera que ellos sepan, aunque no se lo merecen, sepan que voy a ser humilde, entonces entra uno en el experimento de la humildad, entonces empieza uno a ser humilde, bueno, vamos a probar, mañana empiezo con la humildad, haber como nos va.

Entonces empieza la persona la humildad, a la hora y diez minutos resulta que el hermano que vive en la misma casa que no asiste al retiro, que se burla de todo, que no cree en el sonido de las campanas, el hermano que es como es, llega y me dice “tu, pedazo de humilde, me lavas mi loza del desayuno” entonces este señor siente que se va poniendo morado, pero cuando ya va mas o menos arribita de las tejas dice no, Fray Nelson me dijo que necesitaba la humildad, entonces empieza a bajar, a bajar despacito y dice “por lo menos voy a contar hasta cien” llega a noventa y ocho y dice “no, mejor voy contar hasta mil” “bueno, ya me está llegando la humildad”.

Entonces vuelve el hermano con esa sonrisa y dice bueno no me sirvió la primera y dice “te pusiste como un pimentón ¿no?” Y entonces llega el momento en el que uno empieza a sentir, bueno, “cual será la diferencia donde terminará la humildad y en donde empieza el tonterismo” yo no veo clara la diferencia entre una cosa y otra, a las once y media de la mañana toda la humildad está en las narices rotas del otro, y dice “ya descubrí que es la humildad, la humildad es soportar hasta las once y media de la mañana, antes de darle un mangazo que se lo tenía ganado desde las siete, esas es la humildad”.

¿Qué ha pasado en ese caso? que la persona ha sentido que en realidad el soberbio, el displicente, el cínico, el cruel, el prepotente, todos esos siempre se salen con la suya, mientras que el humilde lo único que se gana es una silla, un bozal, entonces la persona ya se cansa y dice no, ya no le va a costar mas este asunto ¿Por que? Porque una vez más, porque por lo mismo, siente que en la balanza los bienes están de un solo lado.

Por eso necesitamos que Dios nos regale conocer cuales son los bienes de ser humilde. Acuérdate, el cristiano tiene mentalidad de ganador, eso de que el cristiano es un perdedor que aprovéchese, aprovéchese de que soy noble, de que soy humilde, que no me puedo desquitar de usted, el cristiano como ese, que si pudiera se desquitara, ese fue el cristiano del que se burló demoniacamente Friederich Nietzche.


min 27