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Fecha: 20010108

Título: La Epifania y la Navidad

Original en audio: 12 min. 42 seg.


Esta fiesta del Bautismo del Señor cierra el tiempo de Navidad y abre la primera parte del tiempo llamado Ordinario, o tiempo durante el año. Podemos preguntarnos: ¿por qué la Navidad alcanza hasta el Bautismo? Es una Navidad larga: desde esa preparación de Adviento hasta el Bautismo del Señor. La verdad es que la fiesta del Bautismo del Señor es un eco más de la Epifanía y esta es como la prolongación de la Navidad.

Vamos a tratar de explicar, con la ayuda del Señor, estas ideas: en la Navidad celebramos la presencia de Dios en nuestra carne, pero esa Carne, que es la del Hijo de Dios, se convierte por ello mismo en el lenguaje con el que Dios nos va a hablar.

Lo grande no es que Dios haya bajado hasta nosotros, lo grande es que entre nosotros, con nuestra carne, con nuestra sangre, con nuestra historia, Dios se ha mostrado, es decir, nuestra carne ha adquirido un lenguaje que habla del cielo. Lo grande no es que el cielo haya bajado, sino que ahora la tierra habla del cielo.

Es como lo que sucede en la Eucaristía: casi toda la devoción eucarística de mucha gente, seguramente también de nosotros, es maravillarse porque Dios está en este altar, y es cierto: es la Carne verdadera de Cristo, es la presencia real entre nosotros, bendito sea.

Pero lo grande de la Eucaristía no es que Dios venga, sino que nosotros nos vamos; lo grande no es que Él esté, sino que está para recogernos y llevarnos. Es más admirable que nosotros estemos un día en el cielo a que Dios haya estado un día en la tierra.

Que Dios esté en la tierra es de algún modo comprensible desde su omnipotencia, pero que el hombre alcance el cielo es un nuevo modo de omnipotencia, que respetando la voluntad humana, la rodea, la innunda de amor, ese amor que se llama gracia y la transforma a imagen de su Hijo, porque lo más grande no es que el Hijo de Dios se parezca a los hijos de los hombres, sino que los hijos de los hombres adquiramos los rasgos del Hijo de Dios; por eso en la Navidad celebramos que Dios esté entre nosotros.

En la Epifanía celebramos la elocuencia, la expresividad, la capaciddad de lenguaje que tiene esa Carne ahora que es Carne de Dios.

Por eso hay discusiones sobre qué es más importante si la Navidad o la Epifania: nosotros los cristianos de Occidente hemos celebrado tradicionalmente con más fuerza la Navidad. Los cristianos de Oriente que han seguido esta lìnea de predicación que acabo de compartirles, sacan una conclusión que a mi también me parece mas lógica: es más importante la Epifanía; pero no es asunto de discutir.

Una pregunta que también tiene sus diferencias entre Oriente y Occidente: ¿Qué es más importante: la invocación del Espiritu Santo, o las palabras de la consagración, en términos de la presencia de Cristo en la Eucaristía? Desde un punto de vista, son más importantes las palabras, y desde otro punto de vista, es más importante la epiclesis, la invocación del Espítitu. Pero no cambiemos nuestro tema, estamos diciendo que la Navidad y la Epifanía son como los dos polos de un mismo misterio, la Navidad Dios entre nosotros la Epifanía es la elocuencia que lo nuestro adquiere hasta el punto de hacer que Dios hable es pues la elocuencia de la Navidad, ese pensamiento le sirve a uno, la Epifanía es la elocuencia de la Navidad, es decir,


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