Fdif003a
Fecha: 20001102
Título: Intercesion por los difuntos
Original en audio: 8 min. 35 seg.
La intercesión por los fieles difuntos, que es lo que hacemos por mandato de la Iglesia en este día, es una de las obras de caridad más bellas, porque lo que hace hermosa a la caridad, es asemejarse a la manera como Dios nos ama, y si meditamos un poco, descubriremos que en esta obra de misericordia, en esta oración por los hermanos difuntos, podemos reproducir muchos de los rasgos del amor de Dios y por eso podemos realizar hermosas obras de caridad.
Efectivamente, es más grande la caridad cuanto mayor es el desvalimiento de la persona que la recibe, por eso, los ojos del mundo se vuelven hacia aquellas personas que son generosas con los más pobres. Una mujer como la madre Teresa de Calcuta, atrajo la atención, no sólo de los cristianos, no sólo de los creyentes, sino de mucha gente, porque ocupándose ella de hombres tan desvalidos, tan completamente desposeídos, estaba manifestando un amor que es escaso.
Pensemos pues, que no puede ser mayor el desvalimiento, no puede ser mayor la indigencia de los fieles difuntos, porque nada pueden hacer a favor de su propia causa. Su tiempo en esta tierra ha terminado y están en absoluta dependencia del amor, de la solidaridad de la oración de la Iglesia. Por eso, la atención a los fieles difuntos, el amor a los fieles difuntos tiene características casi heroicas, porque se ocupa de gente que está tan completamente desvalida, que difícilmente podemos imaginar alguien que los supere en ese aspecto.
Por otra parte, la caridad se hace hermosa cuanto mayor es el bien que logra, así por ejemplo, el que enseña a pescar hace más que el que simplemente da un pescado, porque crea un bien más grande. Lo mismo sucede aquí con los fieles difuntos. El fin propio de nuestra oración y de nuestro amor por los difuntos es que ellos adquieran el bien que está por encima de todo bien, que es la visión de Dios, que es la posesión de Dios, por eso, el amor que tenemos por los difuntos es un amor que también levanta nuestros corazones, porque nos ayuda a meditar en ese destino común y nos ayuda a desear continuamente eso que es el mayor bien para ellos y que es el mayor bien para nosotros, o sea, que por este aspecto, también aparece la hermosura de la caridad.
Por otro lado, tengamos en cuenta que estos fieles difuntos, precisamente, porque no están a nuestra vista, simplemente no existen ante la vista de muchas personas en el mundo, están ahí, por decirlo así, como olvidados y por eso, cuanto más nos interesamos por su destino eterno, pues también más estamos preocupándonos de los que menos cuentan, si hay alguien que no cuenta ante los ojos del mundo es un difunto, ese no cuenta, de ese no se puede sacar ningún provecho y por eso, porque ahí hacemos bien a gente que no "pinta nada", no ofrece nada, que no puede traer ya ningún provecho; esta caridad por los difuntos es una caridad desinteresada y precisamente porque es desinteresada, tiene un valor muy alto, tiene una belleza muy grande.
Podemos mencionar otro aspecto: La caridad por los difuntos nos une a la misión propia de Jesucristo, Él, alguna vez multiplicó panes, pero eso no era todos los días; sanó ciegos, pero eso no era todos los meses o todas las semanas, en cambio, hay una consigna que está siempre en toda la obra y misión de Cristo y es la victoria sobre la muerte y el pecado. Podemos decir que esta doble victoria, que en realidad es una misma cosa, porque la paga del pecado es la muerte, enseña San Pablo, esta doble victoria de Jesucristo, es como la columna vertebral de su razón de estar en nuestra tierra, es el motivo principal de su cruz, es el motivo principal de su propia muerte, es la causa fundamental de la gloria de su resurrección; otorgar eso, que es la culminación de su obra salvadora entre nosotros, según la obediencia que Dios Padre le puso.
Cuando nosotros nos interesamos por los difuntos y oramos por ellos, estamos exactamente en la línea de Cristo, estamos pidiendo que sea vencida la muerte, estamos pidiendo que sea completamente vencido el pecado, de modo que también, en este aspecto, el amor por los difuntos trae muchísimo bien.
Además de estos aspectos que nos hablan de los bueno de la obra realizada, podemos también descubrir los bienes que nos trae a nosotros. Nos trae a nosotros muchos bienes estas obras de misericordia, nos traen muchos bienes, porque el pensamiento de la muerte hace sensata la vida, el pensamiento de la muerte hace humildes nuestras aspiraciones, nos quita como esa presunción que a todos nos puede asechar.
Verdaderamente, el pensamiento de la muerte nos educa en la sabiduría. Meditando sobre cuáles son los verdaderos bienes y cuáles son los verdaderos males, se llega a la sabiduría y esos verdaderos bienes y males los descubrimos en el desenlace de las vidas de los hermanos, y por eso, nosotros recibimos un gran bien.
Además, si pensamos, por ejemplo, en una comunidad, como es el caso nuestro, la oración que hacemos por los difuntos, nos ayuda a apreciar lo que es el legado, de lo que es la herencia, de lo que nos han dado. Es verdad que no están visiblemente entre nosotros, pero de alguna manera, sus sueños, sus proyectos, su generosidad, incluso su heroísmo, están plasmados en la arquitectura, en los escritos, en las obras apostólicas. De alguna manera, estas mismas piedras, esta construcción que nos recibe, es la construcción de anhelos, de trabajos, de esfuerzos, de súplicas, de penitencias de otros y otras, que estuvieron ahí sufriendo y construyendo.
Cuando nosotros oramos por ellos, cuando recordamos todos esos bienes que Dios les hizo y que ellos hicieron por la causa de Dios, también nos volvemos más responsables con las obras que han llegado a nuestras manos y que nosotros también tendremos que entregar a los demás.
Sigamos pues esta oración, animándonos en la práctica generosa de la intercesión por los difuntos, porque es una caridad muy bella y porque es una escuela de sabiduría y sensatez para cada uno de nosotros.
Amén