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Fecha: 19990709

Título: Cristo es la obra de Maria y Maria es la obra de Cristo

Original en audio: 9 min. 9 seg.


La escena de los pastores y el Niño, la escena del Niño en el regazo de la Virgen, no es solamente una escena para la Navidad o para el Tiempo de Navidad. Realmente, María es el lugar donde podemos encontrar la verdad de Jesucristo. El cariño, el amor de la Virgen, su corazón, que ha meditado con sabiduría los misterios de Cristo, es el tesoro en el que también nosotros podemos encontrar la verdad de nuestro Salvador y la verdad de nuestra salvación.

Por eso, en este día tan especial para el pueblo de Colombia, en este día en que recordamos esa señal de providencia, esa señal de misericordia, que es el cuadro renovado de la Virgen de Chiquinquirá, este es también el día para acercarnos a los tesoros de Cristo en el corazón inmaculado de la Virgen.

María, siempre virgen, de algún modo podemos decir que conserva todo el misterio de Cristo en Ella. Esa virginidad milagrosamente conservada por Dios como señal para todos los siglos, de algún modo está diciendo que el misterio de Cristo nunca abandona a María.

Así como la soledad de María, su total dedicación a Dios, no queda interrumpida, sino consagrada por la presencia del Verbo, y por eso es virgen antes del parto, así también ese Verbo que reina en el corazón de María no la abandona después de nacer, y por eso Ella es virgen después del parto.

De este modo, la virginidad de Nuestra Señora es una imagen, es una señal para nosotros creyentes y para todo el universo, del estrecho, inexplicable, inmediato, incomunicable vínculo que hay entre María y Dios, su Creador, su Salvador y su Santificador.

Una unión semejante no se encuentra entre Dios y ninguna criatura, porque ninguna tiene la experiencia de dar de sí a Dios; ninguna puede decir, como María, que ha recibido de Dios para dar a Dios, hasta el punto de que quien ha nacido de Ella, es verdaderamente Dios.

Y esta unión entre María y Dios no es unión que la separe de nosotros, sino es unión como todos los misterios de María, en razón de nosotros y de nuestra salvación.

¿Por qué hizo Dios ese prodigio de la perpetua virginidad de María? ¿Por qué hizo Dios ese prodigio, ese corazón, que es verdaderamente el tesoro del cristiano? ¿Por qué ahí están los tesoros de Cristo? ¿Por qué Dios la quiso inmaculada, impecable y asunta? Porque la amó, en primer lugar, pero en segundo lugar, porque de esta manera preparó en Ella todo cuanto era necesario y suficiente en razón de su misión de Madre del Hijo de Dios.

¡Con cuánta confianza podemos acercarnos a Ella! Cristo, íntimamente unido al centro del ser de María, al centro del cuerpo de María, al centro del corazón de María, no está escondido. La intimidad de Cristo en el corazón y en el ser de María no es la intimidad del que se esconde, sino la intimidad del que hace fecundo.

Así como la semilla en la tierra parece oculta, pero desde ahí da su fruto, así también Cristo, regalo completamente único del Padre Celestial a esta criatura suya, la Virgen María, Cristo está en Ella como una semilla que despliega toda su vitalidad y toda su fuerza.

Por eso podemos decir que Cristo es la obra de María, porque Ella es la Madre de este admirable Hijo, y Ella no hizo más sino ser la Madre de Cristo. Pero también podemos decir que María es la obra de Cristo, porque desde el centro de su corazón inmaculado y unido a Dios, Cristo obra en todo el ser de María: en su cuerpo y en su alma, en su historia, en sus dolores, en sus alegrías, en sus esperanzas, en todo su camino por esta tierra, en la gloria de los cielos.

Cristo, en cierto sentido, es una obra de María, y, María, en todo sentido, es obra de Jesucristo. Es así que, al contemplar a la Santísima Virgen María, contemplamos toda la potencia de Cristo, toda la belleza de Cristo, toda la sabiduría de Cristo, toda la ternura de Cristo, toda la compasión de Cristo.

Y como Ella nada se ha reservado para sí misma, todo su ser es una epifanía maravillosa, una manifestación inigualable del poder del Evangelio. Por eso me gusta decir que "María es el Evangelio realizado"; Ella muestra el Evangelio, Ella, en cierto sentido, es el Evangelio. Y mirándola, leyéndola, descubriéndola, conocemos y reconocemos al mismo Evangelio que nos ha salvado a nosotros.

Demos gracias a Dios en estos misterios de Cristo y de María; demos gracias a Dios en esa señal de misericordia.

María, por su singular santidad, María, que ha recibido la plenitud del Evangelio, que ya ha encontrado en Ella el despliegue de todo su poder, María tiene una relación nueva con la creación visible, con el universo visible, con la materia.

Por eso no debemos extrañarnos de que sucedan milagros como este que se nos invita a agradecer el día de hoy: el cuadro, el lienzo renovado de la Virgen María. Es que María tiene una relación nueva con la materia. De algún modo, toda la materia corpórea que conocemos, está llamada a ser como María: expresión del poder del Evangelio de Jesús.

No tiene que extrañarnos que María, por singular concesión de Dios, aparezca, se manifieste de estas maneras, de estos modos; ni tampoco entonces tiene que extrañarnos que el pueblo cristiano, mirando estas imágenes milagrosas, estos prodigios de la gracia de Cristo, se sienta movido a cercarse a la gracia de Cristo y a crecer en la gracia de Cristo.

Que Dios en su misericordia, en este día despliegue con abundancia su amor, despliegue con abundancia su gracia por todos los que contemplamos el rostro de la Santísima Virgen María, y nos mueva a conversión de nuestras antiguas faltas y nos lleve a adorar al único Creador, al único Redentor, al único Santificador.

A quien sea la gloria por los siglos.

Amén.