O151002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990711

Título:

Original en audio: 10 min. 37 seg.


Acabamos de escuchar una parábola del Evangelio. Tal vez la parábola más conocida de todos, es decir, más conocida por todos nosotros, la parábola del sembrador.

Cuanto más conocido un texto, pues en cierto modo más difícil para la predicación, porque ¿qué podría yo decir sobre esta parábola del sembrador, si usted no hubiera escuchado en otro momento?

Pero la Iglesia no nos ha regalado hoy solamente esta parábola, sino que nos ha propuesto otras lecturas. Y a veces pasa, como hoy, que el conjunto de las lecturas nos ayuda a descubrir contrastes insospechados, riquezas que a primera vista no encontrábamos.

Es lo mismo que hace un pintor. Un hábil pintor, combinando colores, hace que veamos los colores. Porque los colores, llega un momento que se vuelven invisibles, si no tienen cerca otros colores que les sirvan de contraste, de preparación, de contexto.

Por ejemplo, ¿qué tal inventar hoy una relación entre la segunda lectura de la Carta a los Romanos, una lectura mucho menos cercana, mucho menos asequible a nosotros, qué tal relacionar esa segunda lectura con el evangelio? Porque la relación entre la primera lectura, de Isaías, y el Evangelio de San Mateo, es prácticamente obvia.

De un modo poético y vigoroso, como es el estilo de este profeta, Isaías nos dice que la palabra es eficaz, que no vuelve a Dios sin dar fruto. Ya ahí queda como anticipada la imagen de la palabra en cuanto semilla, imagen que luego aparece en el evangelio.

No es tan difícil entonces relacionar el texto de Isaías con el Santo Evangelio. En cambio la segunda lectura, que está tomada de de la Carta a los Romanos, tiene un escenario muy distinto. Ahí no se trata solamente de la predicación y de un auditorio en particular. San Pablo nos invita a contemplar el universo entero, un universo que está en expectativa, que está en esperanza.

"Considero, -nos dice-, que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que está a punto de revelarse en nosotros" (véase Carta a los Romanos 8,18). La revelación de la gloria es algo que sucede en nosotros, pero es algo así como la cosecha: mientras no aparece el fruto maduro parece que no hubiera fruto. ¿Qué hermosos comparara la eficacia de la Palabra de Dios, como la presenta Cristo en la parábola del sembrador, con el curso de la historia humana.