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Fecha: 19990516
Título:
Original en audio: 38 min. 3 seg.
La liturgia de este día, nos invita a contemplar a Jesucristo glorioso a Jesucristo que entra a la gloria del Padre.
Esta solemnidad tiene su raíz, tiene su razón de ser en los textos de la Escritura que hemos escuchado, especialmente aquella de la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles, es Lucas quien nos habla de un tiempo de cuarenta días en el que Jesús resucitado se aparece a los discípulos y luego cerca de Jerusalén asciende ante la mirada extasiada de sus propios discípulos.
Para comprender estos textos hasta donde sea posible, para beber de ellos esa agua de vida que Dios tiene dispuesta en su palabra, es necesario que descubramos el significado también de estos números, ese numero cuarenta es bien frecuente en la Sagrada Escritura.
Cuarenta es el número de años que peregrina Israel por el desierto, cuarenta es el número de días que pasa Moisés antes de recibir la ley en el Sinaí y después de que el pueblo ha pecado. Otra cuarentena son el retiro expiatorio de Moisés allá en la montaña, cuarenta es también el numero de días que nos cuentan los evangelios en donde Cristo permanece en el desierto orando, después de haber sido bautizado por Juan en el Jordán y después de haber recibido el Espíritu Santo. Esta repetición de una cifra nos está indicando algo.
Los números en la Sagrada Escritura suelen tener significado, así como el numero 7 nos habla de perfección, así como el numero cuatro nos habla de algo que sucede en la tierra, es como el numero de la tierra, así como el numero uno es propio del que es perfecto y único Dios, cuarenta es el número que se utiliza para expresar un proceso, un proceso que cambia a una persona, porque el numero cuarenta cobró importancia a raíz de algo bien sencillo y es que cuarenta años era el tiempo que mas o menos vivía una persona.
En nuestro tiempo la edad esperada, la edad promedio que vive una persona, pues está como por los sesenta y tantos años setenta incluso, hay países en los que la edad esperada es de 72 o 75 años, pero en los tiempos bíblicos la edad que una persona podía esperar vivir era muy reducida, la gente vivía muy poco tiempo, por las enfermedades, por la mala alimentación, por lo que fuera.
Cuarenta años es el tiempo de una generación. En la numeración de la Biblia, usted puede buscar el salmo 95, que para la Liturgia de las Horas sirve de invitatorio y dice “durante cuarenta años aquella generación me repugnó y dije” Esos cuarenta años de peregrinación en el desierto, lo que están indicando es que toda esa generación que fue incrédula desapareció y desapareció en el lapso de cuarenta años, es decir, que cuarenta es el lapso de una vida, y lo que sucede durante cuarenta días o cuarenta años. Ese cuarenta que aparece por muchos lados lo que esta indicando es la transformación de una persona, el convertirse en alguien distinto o de la aparición de una generación nueva.
Este significado tan profundo y tan hermoso del numero cuarenta, lo aprovecha la liturgia de la Iglesia Católica en ese tiempo, que se llama precisamente la cuaresma, nosotros este año hemos tenida ya nuestra cuaresma y ahora comprendemos que está por acabarse la pascua.
Comprendemos el significado de ese numero cuarenta aplicado a la cuaresma. La idea de la cuaresma es que pasemos por un proceso, pasemos como por un desierto y que al final de ese camino, al final de esos cuarenta días salga otra persona, una persona nueva.
Después de esos cuarenta años por el desierto, los israelitas que salieron, se supone, es decir los que salieron de esos cuarenta años, salieron distintos o por lo menos eso era lo que se quería, resulta que no salieron distintos, pero bueno la idea era esa. Salieron de Egipto y duraron 40 años por el desierto y llegaron a la tierra prometida y la idea era que llegaran otras personas y que llegaran convertidas en otras personas y que de hecho llegara una nueva generación a esa tierra prometida.
Armados de esta comprensión del numero cuarenta, vamos a la fiesta de hoy. Es Lucas el que nos dice que durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios, si este numero cuarenta tiene ese significado tan amplio, tan profundo a la vez, quiere decir que lo mas importante no es el numero y la cuenta de los días, lo mas importante no es si fueron 38 o 55 días.
Cuando la Biblia utiliza estos números, no nos está tratando de hacernos un reportaje como lo haría un historiógrafo o un reportero, nuestra cultura actual, nuestra cultura occidental ama las cifras, los datos precisos, la exactitud de las noticias, nosotros queremos que se nos diga que si en tal guerra, por ejemplo en este conflicto de Kosovo, si murieron 17 personas, no es lo mismo si murieron 170 personas, la Biblia no fue escrita por reporteros ni fue escrita con esos criterios de exactitud de nuestra cultura occidental, la Biblia está antes del surgimiento de esta ciencia contemporánea que impregna nuestro amor por las cifras precisas.
De manera que no tenemos que depender de cuarenta días exactos, desde el día de la resurrección hasta el día de la ascensión, el significado de la Biblia, a esto van todas mis palabras en este momento, el significado de la fiesta de hoy, no es que cuando llegó el número cuarenta ascendió a los cielos, ese no es el significado, mas bien el significado es que durante un tiempo, que puede ser cerca de cuarenta días o de cuarenta días exactos, eso no es lo mas importante.
Durante un tiempo, Jesucristo se les apareció y les habló del Reino de Dios, pero si cuarenta está indicando un proceso del cual sale una persona renovada, distinta ¿que se nos quiere decir con estos cuarenta días de aparición de Jesucristo? Se nos quiere decir que durante cuarenta días, Jesucristo resucitado, dio una comprensión a sus discípulos del misterio de esa resurrección, fue como una especie de regalo, de catequesis del resucitado para toda esta iglesia naciente.
Pero todavía hay mas que decir ahí, esta aplicación el numero cuarenta a las apariciones del resucitado, nos obliga a meditar sobre que significa estas apariciones mismas, yo quiero plantear esto con una pregunta muy sencilla de hacer y muy difícil de responder tal vez ¿Cuál es la diferencia entre las apariciones que Cristo resucitado hace durante estos cuarenta días y las apariciones que nuestro Señor ha querido regalar a algunos de sus santos a lo largo de la historia? por ejemplo las apariciones a Santa Faustina Kowalska o a Santa Teresa de Jesús o Santa Catalina de Siena.
¿Qué diferencia hay entre las apariciones de Jesucristo resucitado que se nos cuentan en las escrituras? Estas pariciones que nos cuenta el capitulo I de los Hechos de los Apóstoles que se dieron durante cuarenta días ¿Qué diferencia hay en estas apariciones y las que luego se dan durante la historia de la iglesia? Hay una diferencia fundamental, estas apariciones de Cristo a sus Apóstoles y a otros discípulos, tenían un objetivo, por decirlo así, muy preciso, tenían una razón de ser muy especial, Ellos, los Apóstoles y los otros discípulos habían conocido a Cristo en esta tierra, habían conocido a Cristo antes de su muerte, y por consiguiente, el objetivo, la razón de ser de estas apariciones, es confirmar, en esos mismos discípulos, la certeza de que aquel que murió, es el mismo que resucitó.
Las apariciones de Cristo resucitado, que han sucedido durante este tiempo que Lucas llama de cuarenta días, todas esas apariciones tienen una razón de ser y es producir, engendrar la fe en que Aquel que murió es el mismo que resucitó, es decir, unir en un mismo corazón, en el corazón de esos Apóstoles y de otros discípulos, empezando por María Magdalena en la mañana de la pascua, engendrar en ellos la fe, la certeza de la victoria del Cristo pascual.
Cuando Cristo se aparece a Sor Faustina, no se manifiesta a ella para darle la fe de la pascua, Sor Faustina ya creía en Cristo resucitado antes de haber visto a Cristo en esas apariciones y lo mismo podemos decir de otros santos y santas como San Francisco o Santo Domingo. Los que han visto a Cristo resucitado, es decir, que hay unas apariciones que son fundantes para la fe, hay apariciones que producen, que engendran la fe y que sólo pueden darse en ese momento ante aquellos que habían visto a Jesús antes de morir.
Estas apariciones de los días, mas inmediatamente posteriormente a la resurrección, son esencialmente distintas de todas las otras apariciones de la historia de la Iglesia, porque estas son las apariciones que engendraron, que suscitaron, que hicieron brotar la fe en aquellos que habían conocido a Cristo antes de morir y que ahora lo pueden reconocer ya resucitado.
Para decirlo de una manera breve, las apariciones del resucitado, durante estos cuarenta días que llama Lucas, son apariciones de reconocimiento, se trata de reconocer a Cristo, mientras que las apariciones que luego vienen en toda la historia de la Iglesia a San Francisco, Santa Teresa, Sor Faustina, todas esas apariciones de la historia de la Iglesia, no son apariciones de reconocimiento, porque San Francisco no conoció a Cristo antes de la Cruz, no lo conoció en su carne mortal antes de padecer, es lo que quiero decir.
No son apariciones de reconocimiento, sino apariciones de conocimiento, es decir, acrecientan la certeza ¿y de donde le viene a San Francisco de Asís o a Teresa de Jesús o Catalina de Siena ese conocimiento y esa fe en el resucitado? Pues viene de una predicación que tiene su origen ultimo, precisamente en los testimonios de aquellos que reconocieron a Jesucristo, es decir, de aquellos que supieron, que pudieron constatar que El mismo que ellos habían tratado y que había muerto en la cruz, había resucitado.
¿Que tenemos entonces hasta aquí? tenemos que el numero cuarenta tiene un significado especial, ese fue el primer punto de nuestra reflexión. En segundo lugar, tenemos que Cristo nuestro Señor, que Cristo resucitado, tiene por decirlo así, dos tipos de apariciones, estas apariciones de los cuarenta días, fueron los que otorgaron la fe, de la que luego vivimos todos los creyentes de todos los siglos, ese es el contenido fundamental de estas apariciones.
En estas apariciones de reconocimiento, en estas apariciones en la que estas personas que lo habían tratado antes de la cruz, lo ven ahora resucitado, en estas apariciones de estos cuarenta días, Cristo estaba haciendo germinar la fe de la que iban a vivir ellos, pero la fe de la que luego, por la predicación de los Apóstoles y misioneros y todos los demás, iban a vivir los santos de todos los siglos y también nosotros.
En estos cuarenta días y en estas apariciones gloriosas y benditas, Cristo otorgó, infundió con el poder de su espíritu, infundió la fe, la fe fundamental, la fe cimiento, raíz de la que se sostiene todo el árbol de la Iglesia.
Esas apariciones son únicas, completamente únicas y no pueden volverse a dar en la historia del mundo, por la razón muy sencilla, de que el misterio de la encarnación ya no se repite y esas personas eran las únicas que podían dar testimonio, de que aquel que habían tratado, conocido y que había hecho milagros y que había muerto en la cruz y que había sido sepultado, ahora vivía gloriosamente.
Así entendemos un poco mejor cual es el sentido de estas apariciones y por que son fundamentales para toda la Iglesia. Todos nosotros tenemos fe por la acción del espíritu en nuestros corazones interiormente y por la Palabra que nos ha sido predicada por los Apóstoles y demás misioneros, obispos, sacerdotes en todos los siglos; pero toda esa fe que nos ha sido predicada, tiene su origen en estas personas que recibieron las apariciones fundantes, es decir, que tuvieron las apariciones de reconocimiento y que por consiguiente, quedaron confirmadas, en la certeza de que Cristo, verdaderamente, había vencido a la muerte.
Ahora miremos que significa, dentro de esta catequesis o explicación que ya rebasa el tamaño de muchas homilías, miremos cual es el sentido de esta fiesta de la ascensión.
Hemos dicho que se trata de que durante cuarenta días se da un proceso, ya entendemos cual es el proceso que quería Cristo que viviera la Iglesia naciente.
Cristo resucitado no necesita cuarentena, Cristo resucitado no es que necesita cuaresmas, el objetivo de la ascensión de Cristo no es que dejara de deambular, me disculpan si es que suena un poquito irrespetuoso, no es que dejara de dar vueltecitas por esta tierra y ahora si por fin se va a los cielos.
No es que Cristo estuviera durante cuarenta días, como la ingenuidad o la superstición popular cree de los muertos, que duran como unos días devolviendo los pasos y que dicen bueno, ahora si se murió y ahora si desaparecen del mundo de los vivos.
Hay una interpretación de la ascensión de Cristo como en estos términos, como que Cristo estuviera por ahí deambulando y bueno ahora si se acabó, me voy y se llega la fiesta de la ascensión. Ese no es el sentido, esa no es la idea, Cristo no necesita días, ni necesita cuarentenas, ni cuaresmas, ni un millón de días.
De manera que, propiamente quien estaba viviendo este proceso de estas apariciones fundantes para la fe del universo, la misma fe que vivimos, quienes necesitaban de estos cuarenta días, eran los discípulos, eran ellos los que necesitaban, a través de la gracia del Espíritu que exhala el cuerpo glorificado de Cristo, eran estos discípulos los que necesitaban esa certeza, ese convencimiento, esa gracia que podía darles Cristo.
Es decir, los cuarenta días, son cuarenta de la Iglesia naciente o una especie de camino que hace la Iglesia naciente, el camino que hace Cristo resucitado. Cristo, una vez levantado del sepulcro, participa de la gloria del Padre. Las señales del resucitado son las señales de la Gloria del Padre, de acuerdo con esto, tenemos que decir, que durante estos cuarenta días, a Cristo no le estaba pasando nada.
Cristo resucitado ha roto ya las cadenas, ha abierto la loza del sepulcro, nadie lo puede detener, pertenece definitivamente a la Gloria del Padre. Cristo resucitado, está desde el momento mismo de su resurrección, en la Gloria del Padre, en el cielo, en la plenitud.
Y los cuarenta días no son cuarenta días para Cristo, como si Cristo estuviera sometido al tiempo después de resucitar, mas bien estos cuarenta días son un tiempo en el que el resucitado otorga, por la gracia del Espíritu Santo, una enseñanza fundamental, una fe que va a servir de cimiento para toda la Iglesia, de acuerdo con eso, podemos entender mejor cual es la característica de este día, realmente lo que sucedió aquí, fue una aparición del resucitado. Pero el resucitado no solo les hablaba, el resucitado también les comunicaba, les infundía su gracia y su enseñanza con gestos, no solo con palabras.
Hay una escena por ejemplo muy simpática, en la que Jesucristo se aparece ante sus discípulos y estos estaban que no podían creer de la alegría y creían que era como un ser irreal, entonces Jesucristo les decía “miren que soy yo, un fantasma no tiene carne y huesos como ustedes ven que yo tengo” y el evangelista dice: “como no acaban de creer por la alegría, les dijo ¿tenéis un trozo, tenéis algo de comer? y ellos le pasaron un trozo de pez asado” y dice el evangelista: “y se lo comió delante de ellos”.
Este gesto de comer pescado delante de los discípulos, es lo mismo que estos cuarenta días, Cristo resucitado no necesita pescadito para alimentarse, El es el alimento. Cristo resucitado no necesita tampoco de estos días ni necesita de estos pescados. Cristo a través de estos gestos o de estas acciones, instruye la fe de los Apóstoles, para que todos ellos tengan la certeza de que aquel que conocieron y murió verdaderamente, ha resucitado.
Pero Cristo no se puso a explicarles como era eso de la fisiología de los cuerpos gloriosos, Cristo no se puso a decirles “miren, les voy a contar lo que pasa, lo que sucede es que cuando a uno lo resucitan como yo, entonces uno cambia, es en el fondo la misma naturaleza humana, pero transigida de la gloria del Padre, eso es lo que pasa, si quieren les explico mejor” Cristo muchas veces no defendía esas explicaciones ni cuando estaba vivo en esta tierra ni después de resultar glorioso, sino que Cristo obraba con gestos.
Otro día les preparó un desayuno a los Apóstoles, nos dice el evangelista Juan “llegaron de la pesca de toda la noche y les preparó un desayuno” (véase San Juan 21, 4-11) eso significaba algo, eso significaba que después de la brega de esta tierra es Cristo el que está preparando la mesa de familia, pero en vez de decirles: “en la contemplación beatifica todo esfuerzo que haya sido animado por la caridad, encontrará su plenitud, por la comunicación de la gloria les preparare un desayuno” ven?, Cristo que siempre fue como tan cercano, que siempre fue como tan concreto en sus enseñanzas, utilizaba todos estos gestos.
Otra vez se puso a caminar con ellos, con los discípulos de Emaús y cuando ya iban llegando a Emaús, entonces Cristo hizo como que seguía derecho (véase San Lucas 24, 28) Cristo se vuelve artista, se vuelve cocinero, El hace lo que sea para que nosotros comprendamos un poco estos misterios, entonces El hizo que iba a seguir derecho, entonces le dijeron “quédate, quédate” entonces Cristo se sentó con ellos a la mesa, tomo pan, lo partió (véase San Lucas 24, 29) ¿Necesitaba Cristo de pan, necesitaba partirlo ? Claro que no, son misericordias, son providencias de su amor, son ternuras de Jesucristo para infundir la fe.
María Magdalena, el primer día, creyó que era el hortelano (véase San Juan 20, 14-16) estaba Cristo resucitado y quien sabe que vestido tenía, parecía como un jardinero. Mire, se hace jardinero, se hace cocinero, se hace peregrino, se hace anfitrión, se hace invitado.
Cristo resucitado no solo enseña con las palabras, Cristo resucitado, en cada una de sus apariciones, enseña también con gestos, cuando dije apariciones, estoy hablando solamente de las apariciones de reconocimiento, es decir, de las que Lucas dice que son los de cuarenta días.
Entonces Cristo tenía muchas cosas que comunicarles, quería infundirles fe a sus Apóstoles, desde luego que desde el día de la resurrección, Cristo está en la gloria del Padre, eso no cabe la menor duda, pero Cristo glorioso, con la gloria del Padre por el don de su Espíritu, va manifestándose de un modo místico, procesual, catequético, para que los discípulos hagan un camino, para que los discípulos hagan un proceso, un recorrido, así como Israel hizo un recorrido por el desierto para llegar a la tierra prometida, así Cristo quería y quiere que la Iglesia haga un proceso en la comprensión del misterio.
El vivió el misterio de una vez y para siempre, pero nuestra comprensión y acogida de ese misterio requiere tiempo, requiere proceso y camino y por eso Cristo hizo este camino con los Apóstoles.