O114001a
Fecha: 20000622
Título: El Padre Nuestro no es solo una formula de oracion, es tambien una manera de orar
Original en audio: 24 min. 8 seg.
CONTINÚA LA TRANSCRIPCIÓN
Jesús enseña a orar a sus discípulos entregándoles una fórmula, ciertamente, pero más allá de la fórmula, un espíritu, una forma de orar.
El Padre Nuestro no es una parada en el camino de la oración, sino es el camino de toda oración. No es una oración entre otras, sino es el cauce por donde van todas las verdaderas oraciones. Cuántas cosas, muchas de ellas de profunda inspiración, se han escrito y se han predicado sobre el Padre Nuestro.
En esta ocasión, yo quisiera destacar el énfasis que Jesús hace del perdón, como aparece expresamente en la versión de San Mateo que acabamos de escuchar. "Perdónanos, pues nosotros hemos perdonado" (véase San Mateo 6,12), y luego dice: "Si perdonáis, también vuestro Padre os perdonará" (véase san Mateo 6,14).
Aunque el Padre Nuestro dice tantas cosas, de algún modo dice todas las cosas que son lícitamente dignas de ser pedidas, apropiadas para ser pedidas, pues es claro el énfasis que Jesucristo pone en el perdón. "Perdónanos, porque hemos perdonado" (véase San Mateo 6,12), ya esa frase es difícil, creo que es la intención o la petición más difícil del Padre Nuestro.
Porque fíjate que es en la única en que nos ligamos a una condición que nos implica. Cuando pedimos el pan, no decimos: "Venga tu Reino, porque nosotros estamos ayudándonos para que venga tu Reino". En cambio, aquí sí decimos: "Perdónanos, porque hemos perdonado" (véase San Mateo 6,12); quedamos ligados nosotros dentro de nuestra propia oración.
Es una condición tan severa, es una condición tan alta, que realmente uno puede incluso desalentarse, porque ¿quién puede decir que ha perdonado completamente? ¿Quién puede decir que ha experimentado, que ha vivido el perdón al hermano? De acuerdo con eso, tal vez muchos de nosotros no tendríamos, por así decirlo, el derecho a decir esta oración.
Un poco preocupado por estas cosas, en más de una oportunidad, pues me he ido al original griego, y resulta que lo que ahí se dice, pues no tiene otra traducción que lo que aquí aparece. Es tan duro, tan claro, tan sencillo, tan simple, tan luminoso, como lo que acabamos de oír.
"Kai áfes jemín ta ofeilémata jemón, jos kai jemeís afékamen tóis ofeilétais jemón", dice el original griego. "Jos kai jeméis afékamen". "Jos", así como, de la misma manera que, del mismo modo que nosotros hemos perdonado, "afékamen, a los que nos han ofendido, o a los que nos deben algo.
Hay otra manera de traducir esto, porque realmente el Padre Nuestro no utiliza la expresión "ofensas". Y yo creo que por aquí viene la luz para entender un poco más esto.
Porque ustedes saben, yo no sé si será defecto profesional, pero nosotros los Dominicos tenemos cierta propensión a la teología y por consiguiente, al estudio. Esto nos puede volver demasiado intelectuales o intelectualoides, pero a veces puede servir para el bien de la Iglesia, y yo espero que así sea siempre, también en esta ocasión.
Yo les cuento que, con todo el respeto, claro, que pide de nosotros la Palabra Divina, me rompí la cabeza pensando: "Bueno, pero ¿cómo es esto? ¿Cómo es esto que la oración es la puerta de todos los bienes?" Como hemos comentado muchas veces en estos días, la oración es la puerta de todos los bienes.
"Cristo nos pide que no oremos de cualquier manera sino con estas palabras, y en esas palabras se pide, se exige, para ser más radicales, que ya esté lo que es más difícil de lograr en el corazón humano, como quien dice, se está pidiendo para empezar a orar, que ya hayas hecho lo que es más difícil para tu corazón seguramente, haber perdonado. Tiene que haber algo que esté mal en la traducción seguramente, porque la enseñanza de Cristo es esta. Tiene que haber algo".
Yo buscaba el error en la parte de "así como nosotros", aquí traduce: "Pues nosotros"; pero no, resulta que esa partícula griega, "jos", no tiene otra manera de traducirse. ¿Dónde está la respuesta a este problema? Pensemos, por ejemplo, para agudizar la cuestión, en una persona que no puede perdonar, ¿pues qué hará esa persona? se supone que orar, pero el modelo de toda oración pide que ya haya perdonado.
Eso se parece, salvando el respeto a la Palabra Divina, a lo que sucede en el ámbito económico. Como decía uno de estos cantantes protesta, "para que te den un préstamo los bancos, tienes que demostrar que no lo necesitas". Entonces algo parecido estaríamos viviendo aquí: para acercarte a orar, tienes que ya haber perdonado, pero ¿y cómo hago para haber perdonado si precisamente vine a orar para poder perdonar?
Hay una pequeña contradicción que no la planteo para ponerle trampas a nuestra fe, ni simplemente para enredar nuestros pensamientos, sino para buscar la perla, porque la Palabra de Dios está llena de perlas. Hasta donde yo alcanzo a ver, desde la traducciuón que tenemos no hay nada que hacer.
Por eso, repito, hay que irse al original. El original seguramente fue en arameo, pero nosotros no tenemos como texto canónico el arameo sino que todas nuestras traducciones parten del griego.
"Áfes jemín ta ofeilémata jemón". La palabra clave es "ofeilémata". "Ofeilémata" es un neutro plural que significa muchas cosas. Puede ser pecados, ofensas, deudas. Por algo, una traducción anterior del Padre Nuestro, que suelen rezar algunas personas mayores, hablaba de "deudas", "perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores"; deudas y deudores.
¿Cuál es la pequeña diferencia entre deudas y deudores, por una parte, y ofensas y los que nos ofenden, por otra parte? ¿Cuál es la diferencia? Pues sí hay diferencia. No es lo mismo perdonar una deuda que perdonar una ofensa. Son dos cosas diferentes.
A veces creo que uno puede estar más dispuesto a perdonar una deuda que a perdonar una ofensa. a veces es más difícil perdonar la ofensa. Lo cierto del caso es que Nuestro Señor utiliza la misma palabra para lo que las otras personas tienen con nosotros y para aquello que nosotros tenemos con Dios. Es la misma palabra.
"Áfes jemín ta ofeilémata jemón". "Ofeilémata" es la palabra clave. "Jos kai jeméis afékamen", el mismo verbo anterior era áfes, aquí es afékamen jos kai jeméis afékamen tóis ofeilétais jemón. "Ofeilémata, ofeléitais", es la misma palabra es la misma raíz.
De modo que lo que sí queda claro es que Jesús se está refiriendo a una especie de problema, pero ahí no sabemos si es ofensa, deuda, o pecado, o qué, porque en el griego de la época, en el ambiente de la época, las ofeilémata podían significar ofensas, deudas, pecados.
Qué tal, por ejemplo, que dijera: "Perdónanos nuestros pecados, como hemos perdonado los que han pecado contra nosotros" . Suena un poco raro, porque pecar contra una persona es un poco extraño, aunque el hijo pródigo dijo: "He pecado contra el cielo y contra ti" (véase San Lucas 15,21).
Lo que a mí me parece es que la idea de las ofensas no nos resuelve el problema. Hay que cambiar la idea de que se trata de las ofensas, aunque seguramente en el desarrollo de esta celebración, después diremos el Padre Nuestro, y vamos a decir "las ofensas", pero debe ser algo distinto. Y creo que hay razones para afirmar que debe ser algo distinto.
Si nosotros miramos el conjunto de la oración que Cristo nos regala, es una oración llena de prisa por algo que se llama el advenimiento del Reino; llena de prisa por algo que se llama la realización de la gloria divina; es una oración que tiene el afán del amor, el afán del que quiere ver realizado, que quiere ver cumplido eso que se expresa de varias maneras en la primera parte.
"Padre Nuestro del Cielo, santificado sea tu Nombre", ¿qué quiere decir decir eso que sea santificado el Nombre de Dios? Los distintos intérpretes hablan de muchas cosas de lo que puede significar esto, pero esencialmente es algo como: "Manifiesta la santidad de tu Nombre", "que aparezca que tu Nombre es santo". "Venga tu Reino", ¿eso qué es? Es algo así como "ven a reinar".
Si uno se pone a pensar en esa primera parte del Padre Nuestro, descubre que no se trata de peticiones distintas, sino casi de distintos modos de decir lo mismo. "Manifiesta la gloria de tu Nombre", "ven a reinar", "haz tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo".
Incluso lo del pan tampoco es "nuestro pan de cada día", pues así dice la traducción de Lucas expresamente, pero Mateo utiliza una palabra rarísima en griego, que significa pan supersustancial, "epiúsion", "danos el pan, el pan supersustancial", "danos el alimento que alimenta", "ven a reinar", "haz tu voluntad", todo el Padre Nuestro es como un inmenso clamor para que el cielo venga a la tierra y para que la tierra se abra para el cielo.
Es una oración llena de prisa, pero no la prisa de la desesperación, sino la prisa del amor. Con ese contexto uno puede entender un poco mejor, creo yo, qué son las famosas ofeilématas esas. Si una persona tiene prisa para que suceda algo, quiere eliminar todo obstáculo que pueda impedir la realización de eso que está por venir o de eso que queremos que llegue.
¿Qué son las ofeilémata? Las ofeilémata son los estorbos, lo que hace que nuestro corazón no esté libre para irse a tu Reino, o lo que impide que tu Reino llegue ya. Ofeilémata es eso, los obstáculos, los estorbos, todo lo que en mí está impidiendo, Señor, que se realice el Reino. ahí vamos entendiendo, de pronto mejor, esta petición del Padre Nuestro.
Parece que lo que está diciendo Jesús, lo que le sale del alma, esto que está pidiendo Jesús es, que todo obstáculo, que toda barrera se quite, que todo problema se allane, desaparezca, se resuelva, que todo lo que está frenando la realización de la voluntad divina, la llegada del Reino, la gloria del Nombre de Dios, que todo lo que está estorbando se quite.
Desde esta perspectiva de la prisa del amor, podemos entender qué es lo que Cristo dice. Porque aquí viene otro punto. Resulta que Jesús está enseñando a orar. Pregunto: ¿Esta oración la hace Cristo? Pues lo más normal es poder decir que sí, pero Cristo no puede decir: "Perdónanos nuestras ofensas", por lo menos no lo puede decir de verdad, porque Él no ha cometido pecado alguno.
Parece que la idea de ofensa como pecado es la de ofeilémata, que dice en griego. La idea de ofeilémata, de pecado, definitivamente no va por ahí. Esto es otra cosa, es la súplica para que se elimine todo obstáculo.
A ver cómo pudiéramos explicar esto mediante una imagen. Porque me encanta pensar que nos estamos acercando al corazón orante de Jesucristo. Es una oración llena del afán del Reino, de la prisa por el Reino de dios, y Jesús está diciendo algo como esto: "Señor, los obstáculos que estaban de nuestra parte ya los hemos quitado, ya los hemos tirado por tierra, ya hemos soltado lo que nos podría marrar; estamos listos, ya , ya , ya, ven y llévanos".
La persona que está desembarazada, que ya está suelta, es la persona que se ha soltado de todo obstáculo, de toda atadura. Ofeilémata parece que va por ese lado, sin violentar el griego. No es exactamente ofensa, no es tampoco pecado,es más bien los obstáculos, lo que impide, lo que retrasa, las ataduras; es como si le dijéramos a Dios: " Mira, quita tú los obstáculos, lo que está frenando, lo que está trabando, lo que tenga entorpecido este proceso maravilloso, esta renovación maravillosa, eso quítalo".
Bueno, ¿pero ahora cómo se dice eso en pocas palabras? Si uno fuera a proponer otra traducción del Padre Nuestro, -yo les cuento que yo he propuesto otra traducción del Padre Nuestro, efectivamente-, claro que la homilía no es para hacerle propaganda a mi traducción, sino es porque sufro de ver que uno ora esto no sé cuántas veces al día y no se entiende, y tiene como contradicciones, y tiene como cosas ahí que yo no sé cómo son.
Resulta que si ofeilémata significa esto, esta parte se debería traducir más o menos así, algo como: "Danos paz contigo, concédenos la paz contigo". Es decir: "Todo problema, todo lo que haya en el pasado, todo lo que nos esté distanciando de ti, quítalo, anúlalo, olvídate de eso". Es algo como: "Concédenos la paz contigo, como la hemos concedido a quienes nos deben algo".
Todavía no será la traducción más apropiada, quizá no sea la más hermosa, pero me parece que se acerca un poquito más al sentido de ofeilémata en las palabras de Jesucristo.
Definitivamente, el asunto no es "perdónanos", porque es que el verbo que utiliza Jesús ahí es el verbo-------, es el que dice áfes, es un verbo que significa muchas cosas, entre otras significa soltar, desatar, tirar, desembarazarse de. En eso me apoyo. Si se dijera solamente "perdónanos", tendríamos que dejar "perdónanos".
Pero es que el verbo griego no dice "perdónanos", dice "áfes", y ese "Áfes" es una súplica de un verbo en imperativo. "Äfes lo que significa es soltar, desatar, desembarazarse de, desentenderse de, todo eso es "áfes". Y lo que está diciendo Cristo es: "Áfes", le está pidiendo al Padre; "Áfes, quita de nosotros los obstáculos". Por eso creo yo que es algo como: "Concédenos la paz contigo".
De modo que aquí hay otra manera de ver ese versículo, pero una manera que tiene su sentido en el texto mismo. "Concédenos la paz contigo, para que se realice el Reino, para que llegue todo lo que estamos esperando, para que se cumpla tu voluntad; mira, yo spé bien que no estoy a paz y salvo contigo, regálame la paz contigo, que yo estoy dispuesto a darle paz y salvo a todo el mundo".
Es algo como eso, "estoy dispuesto, yo estoy dispuesto a darle paz y salvo a todo el mundo; estoy dispuesto a desentenderme de todo lo que me pueda estorbar; quiero encontrarme contigo". y entonces lo que sigue diciendo Jesucristo iría en esa misma línea: "Si tú no estás dispuesto a soltar todas las cosas con tal de que venga el Reino, ese Reino no viene para ti". Tiene sentido.
¿Qué tal este Jesús que nos estuviera diciendo: "Mire, la oración primera y principal es esta, pero para que usted lo pueda decir, tiene que haber dado el triple salto mortal a eso que usted nunca ha podido: perdonar". Yo no creo que sea por ahí la cosa.
Más bien parece que Jesús estuviera diciéndonos: "Quiero que en ustedes, a través de esta oración, -que ya es comprensible que la diga el mismo Cristo-, quiero que en ustedes crezca un anhelo, un deseo tan profundo, tan ardiente, tan profundamente ardoroso, un anhelo tan intenso del Reino, que estén dispuestos a dejar todo y que cualquier obstáculo les parezca pequeño con tal de que se realice la voluntad del Padre, con tal que su Nombre sea glorificado, con tal de que venga Él a reinar".
El Padre Nuestro resulta así no en una oración con una con una exigencia tan imposible. Piense usted en una persona que está completamente maltratada, por esas violencias de los hombres: los secuestros, y las violaciones, y los robos, y las traiciones. ¿Qué tal a una persona de esas llegarle con una catequesis de estas a decirle: "Mire, si usted no perdona a los que le mataron a su hijo, no puede rezar?".
Hombre, eso no es, eso no puede ser, el sentido no puede ser ese. Más bien, parece que el sentido sería:"Si usted se llena de este afán, de esta prisa, de este maravillosos amor por el Reino; esté ustede dispuesto, ponga de su parte la disposición a dejar todo en comparación a la llegada del Reino, y el Reino acontecerá en usted".
"Suelte usted las cosas, -es que es distinto soltar a perdonar, soltar es no empeñarse usted en su----, perdonar es demasiado, para muchos corazones perdonar es demasiado, y si esta es la oración para todos, y es la oración para los principiantes y para los avanzados, perdonar es demasiado, demasiado.
Jesús no está diciendo exactamente perdonar, está diciendo: "Mire, suelte ese-----, no se empeñe en ese-----, no se amarre, no se abrace a lo que lo mata a usted. Suéltelo, ¿está dispuesto a soltarlo? Y pídale a Dios que se lo lleve". Esa es una cosa un poco más comprensible.
Yo creo que el Padre Nuestro de fondo está diciendo eso: "Tenga usted la disposición a soltar su-----, y Dios se lo lleva. Tenga la disposición a soltar esas deudas, esos papeles que le están debiendo, esos problemas que usted tiene con las demás personas; tenga la disposición a soltar eso, y pídale a Dios que se lleve el resto". Yo creo que puede ser por ahí.
Se necesitará mucho estudio, se necesitará mucha oración,. Sé muy bien que este tipo de predicación puede sonar demasiado nueva, demasiado revolucionaria. No es mi intención que ustedes, por decirlo así, se convenzan inmediatamente, ni es mi intención desobedecer a la Iglesia. Sólo les digo que me duele que no se entienda un texto, y me duele que a corazones que ya están muy destruídos, les caigamos con una ley inflexible y terminen con una condición peor de la que se encontraban.
Roguemos a Dios como podamos, para que nos envíe el Espíritu Santo, para que podamos entender cada vez mejor estos textos, para que podamos vivirlos y para que sean la oración que palpita en todos los corazones.