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Fecha: 20020101

Título:

Original en audio: 7 min.59 seg.


El día primero de enero está lleno de motivos de reflexión y de celebración. Hagamos un rápido inventario de todo lo que hay por celebrar.

Litúrgicamente es la fiesta de María, Madre de Dios, que en cierto sentido es la fiesta madre y la que le da sentido a todas las otras fiestas de la Virgen. Por otro lado, es un momento de reflexión personal y comunitaria porque un cambio de año nos lleva siempre a hacer un balance, a ser humildes, a reconocer nuestros errores y también a mirar hacia adelante, a hacer propósitos, entregar el año que comienza a Dios.

Por otra parte, es la Jornada Mundial por la Paz. Desde hace muchos años, los Papas ofrecen al mundo par el primero de enero siempre un mensaje invocando el don supremo de la paz.En La Navidad los ángeles anunciaron la paz,pero es un regalo esquivo, podríamos decir, para una humanidad rebelde, una humanidad que se opone de muchas maneras al designio de Dios.

Y otro tema al que quisiera dedicarle alguna reflexión hoy, es el hermosísimo tema de la bendición. Esa lectura del libro de los Números contiene una de las más hermosas bendiciones de toda la Biblia, una bendición que nuestros hermanos franciscanos han hecho famosa, porque siempre con estas palabras del libro de los Números realizan las bendiciones.

Y qué hermoso verdaderamente invocar la bendición de Dios. Bendecir, decir bien, mostrar el rostro propicio. Verdaderamnete, invocar la bendición de Dios, es pedir un bien que supera nuestros bienes. El ministerio de Jesús mostró la fuerza de la bendición. Jesús que bendice a los enfermos, que bendice a los niños.

En el milagro de la multiplicación de los panes, Juan tiene el cuidado de recordarnos que Jesús dio gracias, bendijo el pan. Lo que Dios bendice se multiplica. Y Dios, con algo muy pequeño, puede hacer lago inmenso, gracias a su bendición. La bendición de Dios es también lo que cantaban los niños. Hoy oíamos las voces de los niños, para que nos abrieran las puertas de este lugar.

Las bendiciones de Dios, las cantaban lo niños: "Bendito, bendito el que viene en nombre del Señor; Jesús viene como una bendición: la bendición de Dios que sana, la bendición de Dios que expulsa el demonio.

Aquel exorcista famoso de la diócesis de Roma, Gabriel Amor, dice que él no llama a los exorcismos liberaciones, ni exorcismos, sino él dice: "Yo pronuncio la bendición de Dios, y eso arroja, eso aleja todo género de maldad". La bendición de Dios que llega a nosotros quitando tinieblas, que llega a nosotros quitando la fuerza del mal, que llega a nosotros haciendo prosperar al bien, que llega a nosotros consolando: "El Señor bendice a su pueblo con la paz" (Véase ).

¡Qué hermoso meditar en la bendición de Dios y pedirle también a Dios que nos bendiga! La bendición de Dios llega a nuestras vidas como la lluvia sobre la tierra reseca. Qué tal esa oración humilde que podemos hacer en el día de hoy, pidiéndole a Dios: "¡Señor, bendícenos, bendícenos!"