I271001a
Fecha: 20051003
Título: Reconocer que la fidelidad al llamado de Dios es superior a nuestras fuerzas
Original en audio: [9 min. 49 seg.]
Podemos aprender de esta Primera Lectura de hoy, que no es tan fácil para Dios conseguir gente que le trabaje.
Y vienen a mi memoria unas palabras de Santa Teresa de Jesús, quejándose amorosamente ante Dios, diciéndole: "Si así tratas a tus amigos, razón hay de que tengas tan poquitos".
Esto lo dijo Santa Teresa de Jesús, porque estaba pasando por un mal momento, estaba pasando por alguna crisis, dificultad, tal vez problemas de comunidad, tantas cosas que se dan en la vida.
Y es interesante en la Primera Lectura, la resistencia del profeta Jonás. Dios llama a Jonás para una misión, pero Jonás se resiste. Oyó la voz de Dios, y huyó de esa voz. Y lo que a él se le ocurrió para huir, fue tomar un barco para irse muy lejos.
Y la historia continúa. Esta es como una especie de parábola, es como las parábolas del Evangelio.
La historia continúa en que el barco está a punto de naufragar, la gente se pregunta qué está sucediendo, y Jonás tiene la honestidad de reconocer que él, con su rebeldía, ha trastornado el orden de las cosas, y que la única solución es que lo boten a él por la borda del barco. Así sucede, y ahí es cuando Jonás queda en el vientre del cetáceo, del gran pez, tres días y tres noches.
Lo más importante en este relato no son los detalles fisiológicos o biológicos de cómo respiraba Jonás dentro de la ballena, o cosas parecidas. Lo más importante es reconocer que la voz de Dios, aunque Dios sea la fuente de toda bondad, es una voz difícil de aceptar muchas veces.
En este caso, Dios estaba llamando a Jonás para que predicara un mensaje antipático como ninguno: tenía que irse a la gran ciudad, tenía que irse a Nínive, que no era su ciudad, y que no era tampoco su raza ni su pueblo, para decirle a toda esa gente, que estaba viviendo mal, y que tenían que dejar el pecado, hacer penitencia y convertirse. Y ese lenguaje es difícil en todas partes, y era difícil también para Jonás.
No es el único que ha pasado por eso; ya antes cité a Santa Teresa, y también podemos recordar a otro santo, un poco más reciente de la Iglesia Católica, San Josemaría Escrivá. Él dijo en una confidencia: "Si yo hubiera sabido desde el principio, todo lo que implicaba fundar el Opus Dei, nunca lo hubiera hecho".
Es decir, la misión a la que Dios nos llama, el camino al que Dios nos llama, es un camino que es más grande que nosotros. Lo experimentó Jonás, lo experimentó Santa Teresa, lo experimentó San Josemaría, y estoy seguro de que muchos de nosotros también.
Pero no es sólo estas grandes vocaciones. Una persona en el matrimonio puede tener la misma experiencia. Una persona puede sentir: "Me casé, y me casé enamorado, pero este llamado es imposible para mí". Y es muy fácil en esas circunstancias, podríamos decir, es muy humano, que la persona diga: "Yo merezco otra oportunidad; tengo que rehacer mi vida".
Hace poco estaba leyendo el testimonio de un sacerdote que se retiró. Fue un caso muy sonado en Inglaterra. Este sacerdote que tenía grandes y prestigiosos trabajos, era profesor, era periodista, tenía una cantidad de seguidores, y él dice: "Yo no puedo seguir adelante", y se retira, porque no le ve sentido.
Por ejemplo, en alguna parte de este documento que traje, él recordó, que había trabajado en la Iglesia como sacerdote, comprometido con el ministerio, inmerso en teología, pero hacia la mitad de los años sesenta descubrió la necesidad de abandonarla.
Él dice lo siguiente: "Desde lo más hondo de mi ser, quería ser libre de un sistema que me oprimía. Uno de los factores que me empujaron fuera de la Iglesia, fue la infelicidad que encontré dentro de ella. Estaba atrapado en tensiones destructivas, las tensiones que marcan la vida de la Iglesia".
Es decir, que no todo el mundo sobrevive. Hay personas que llegado ese momento de crisis, intentan huir como Jonás. La historia de Jonás terminó bien. Otras, como la de este padre que fue muy conocido, y publicó un libro después, Padre Charles David, terminan mal.
¿Qué podemos aprender nosotros de eso? Podemos aprender que el camino es superior a nuestras fuerzas. Recordemos que eso le dijo Dios al Profeta Elías. Seguir el camino de Dios no es algo que nosotros podamos hacer por nuestras propias fuerzas; nos queda grande.
Es honesto, y es importante que uno reconozca, que la perfecta fidelidad, sea en el matrimonio, en el sacerdocio, en el servicio a los pobres, en la vida de oración, es algo que todos quisiéramos tener, pero es algo que como seres humanos, nos queda grande.
Pero el hecho de que a nosotros nos quede grande, no significa que a Dios le quede grande. La misma Santa Teresa de Jesús, que se quejó así, dejó para la Iglesia un camino de santificación, que ha bendecido, que ha regado con aguas frescas y fecundas, el alma de millones de personas. Y lo mismo podemos decir de los otros Santos que han tenido sus crisis.
Admitimos que nos queda grande. Pero eso tiene que ser ocasión, ¿de qué? Tiene que ser ocasión de honestidad: Jonás fue honesto. Cuando le preguntaron, "¿y por qué pasó esto?" Jonás 1,8, él dijo: "Pues yo soy hebreo, yo adoro al Señor" Jonás 1,9.
Entonces se preocuparon, y dijeron: "¿Y qué hacemos?" Jonás 1,10-11. Y él dijo: "Es que estaba huyendo del Señor" Jonás 1,10. Él admitió.
Tenemos que llegar a un momento de honestidad. No podemos vivir dos vidas; no podemos presentar una fachada bonita. Tenemos que llegar a la honestidad, así eso signifique que tengamos que ser arrojados o despreciados. Hay que llegar a ese momento, y en ese momento de honestidad y de recapacitar, nos encontraremos con el Señor.
Jonás, en el vientre de la ballena, estaba como muerto, según la imagen de esa parábola. Y en ese sentido la aplicó Cristo a su propia vida.
Pero lo interesante es que del fondo de esa especie de retiro espiritual; creo que es el único retiro espiritual hecho dentro de una ballena, él salió capacitado para cumplir su misión, aunque siguió protestando. Probablemente sería un patrono de los protestantes; siguió protestando, como lo cuenta el libro que lleva su nombre en la Biblia.
Pero aprendemos mucho de él: aprendemos que la vocación nos queda grande, aprendemos que hay que ser honestos, aprendemos que hay que reconocer que hay un Dios en los Cielos, y aprendemos, en últimas, lo que le dijo el Señor al Apóstol San Pablo: "Mi gracia te basta" 2 Corintios 12,9.
Y eso es lo que nosotros le tenemos que decir a Dios: "Tu gracia me bastará. Yo no puedo, Señor, yo no puedo alcanzar la perfección a la que soy llamado, yo no lo puedo. Me humillo con honestidad delante de ti, te pido el auxilio de tu gracia, y sigo adelante en tu Nombre".
Amén.