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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19971213

Título: No vendamos barato lo que le costo tan caro a Cristo

Original en audio: 16 min. 40 seg.


El libro Eclesiástico es uno de los más extensos, si no el que más, de la Sagrada Biblia.

Tiene en común con el libro de los Proverbios que trae una cantidad de enseñanzas, a la manera como de refranes, como de sentencias; pero tiene de distinto en comparación con este libro de los Proverbios, que el libro Eclesiástico, en su última parte, se dedica a hacer una larga alabanza de las obras de Dios.

Y de esta manera relaciona la sabiduría como saber vivir, y la sabiduría como acoger la Palabra de Dios, acoger el designio de Dios.

Y por eso hace un elogio de las obras de la creación primero, y luego de las obras de la historia.

Entonces se pone a cantar la belleza del sol, de la luna, de las estrellas, de todo lo que pueden ver nuestros ojos; y después hace un recorrido por los principales personajes de la historia, contando sus grandezas.

Entonces empieza por Adán y sigue por allá por Enoc, Melquisedec, en fin, va haciendo una lista, dentro de esa lista se encuentra este personaje, el profeta Elías. El autor del libro Eclesiástico intenta como caracterizar qué es lo propio de cada uno.

Como va a hablar tantas cosas de tantos personajes, entonces necesita tener muy claro qué es lo propio, qué es lo maravillosos de cada uno.

A Elías lo caracteriza, lo dibuja como un hombre de fuego: "Un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido" Eclesiástico 48,1. Este fuego es la imagen del amor quemante, es la imagen del celo por la causa de Dios.

Y lo que nosotros podemos pedirle a este Elías, lo que podemos también rogarle a Juan Bautista, de acuerdo con el evangelio, es que infunda en nosotros celo, fuego, pasión por la causa de Dios.

¿Y en qué se apoya el autor del Eclesiástico para decir que Elías era como un fuego? Pues en lo que conocemos de la vida de él.

Elías vivió en un tiempo muy difícil, fue profeta en el Reino del Norte, en el reino de Israel. Por aquella época los descendientes de Jacob se habían dividido entre Israel y Judá. Israel, el Reino del Norte; Judá, el del Sur.

Elías fue profeta en el Reino del Norte y allá reinaba un reyezuelo de pacotilla llamado Ajab; en realidad la que reinaba era su esposa: Jezabel.

Jezabel era una mujer de origen pagano, que le tenía fastidio a la religión de Israel y que se puso por tarea de su vida propagar la idolatría, la magia, la superstición, todo lo que hoy conocemos como horóscopos, adivinación; toda esa religión que es tan propia del Medio Oriente y que había sido la religión de Canaán.

Pero bueno, sin quedarnos con el aspecto de esa religión, ¿cuál era el credo de Jezabel? ¿Cuál es el contraste que podemos hacer entre la religión de los de Canaán, los palestinos, los filisteos y la religión de los israelitas? ¿En qué está la diferencia? La diferencia está en que la religión de Canaán era la religión de la fecundidad y de la prosperidad.

Los de Canaán tenían abundantes santuarios y tenían muchos cultos de fertilidad, en los cuales abundaban sacerdotisas, y cultos, y ritos que incluían la prostitución sagrada. Ese era era el estilo de este culto.

Pero nosotros queremos ir a lo fundamental de ese culto. Era una religión de la prosperidad. Es la religión de que me vaya bien. Esta es la religión de Canaán, de esa religión.

Esa es la religión de los horóscopos, esa es la religión de la magia, es la religión de que me vaya bien, que mi voluntad se pueda hacer, que mis planes resulten, que las fuerzas cósmicas, las fuerzas de universo estén a mi servicio, para que mis planes salgan bien. Esa es la religión de Jezabel.

Frente a esa religión, Elías es el hombre de la alianza. Él tuvo la dificilísima misión de recordarle a los israelitas que se había sellado una alianza en el monte Horeb, que de Dios uno no se puede burlar, que la palabra que se le dice a Dios debe ser como la palabra que Dios nos dice a nosotros, y Dios es firme, es constante en sus promesas; Dios no se echa de para atrás, Dios permanece.

Y Dios quiere que por encima de la prosperidad o de la adversidad; del éxito o del fracaso, de la abundancia o de la escasez, nosotros sepamos ser fieles. El que no sabe ser fiel en la adversidad o en la escasez, en realidad no tiene alianza, sino tiene sólo su conveniencia, tiene su egoísmo, tiene sus propios interese.

Y por esta razón, a Elías le tocó luchar contra la religión de la prosperidad.

Aquí es donde yo creo que se necesita de nuevo a Elías. Porque la situación de pobreza, de dificultad que tiene nuestra patria, y también la ignorancia religiosa en que muchos yo creo que están viviendo, hace que nosotros como colombianos, por ejemplo, estemos entrando de lleno en las religiones de la prosperidad.

Religión de la prosperidad es desde luego la Nueva Era, religión de la prosperidad son las magias, los brujos, la lectura de la mano, las cruces milagrosas, los amuletos en versiones antiguas o recientes, las lectura de las cartas, del tabaco, de la taza de chocolate, la botella de Coca-Cola, o de lo que sea; todas esas religiones o todos esos credos y cultos que intentan que yo conozca mi futuro y que en el fondo suponen una profunda desconfianza de las manos providentes de Dios.

Ya pasó el siglo XIX. El siglo XIX fue un siglo de positivismo, un siglo de ateísmo, un siglo de rabiosa oposición a Dios. Ese siglo ya terminó. Y los ecos de ese ateísmo ya acabaron. La palabra de moda ahora es: "Es una época espiritual; hay que buscar ser un poco espiritual, hay que buscar tener trascendencia".

Lo que está en peligro en este momento no es que la gente no tenga fe, el problema es en qué o en quién tiene fe, ese es el problema.

Muchas personas dicen: "Sí, es que todo está en la fe", ¿pero cómo entiende la fe mucha gente? La entienden como concentrarse en un deseo y hacer de cuenta que ese deseo tiene que resultar, y poner todo de su parte, y sacar ánimo de donde no tienen para que las cosas salgan bien.

Es decir, esa fe significa simplemente: "ánimo resuelto". Es una fe que no es una fe en Dios, no es una fe de alianza, sino es una fe de ánimo resuelto para sacar adelante mis proyectos y mis planes, y si a eso se le añade tal cual velita de color, tal cual incienso perfumado, tal cual cartica, horóscopo, o lo que sea, a eso se le puede ir reuniendo.

Por esta razón, nosotros necesitamos un nuevo Elías. Hoy hay mucho engaño y a nosotros, religiosos y sacerdotes, a nosotros especialmente nos tientan unos negocios todos raros.

Hubo una época, por ejemplo, en que una cantidad de religiosos en todo el mundo estaban metidas en meditación trascendental y en cosas parecidas, en Método Silva, y eso les parecía la maravilla, que era una cosa como de concentración, que era una cosa...

...Y no se daban cuenta de que en el momento en el que yo empiezo a utilizar como sucedáneo, como reemplazo de la oración esas cosas, yo estoy quitando la Alianza, estoy rompiendo mi Alianza con Dios y lo estoy cambiando por un estado mental; lo estoy cambiando por una sensación de mi mente, por una sensación de mi corazón.

Y en eso se entraron una cantidad de sacerdotes y de religiosas, y todavía los hay, los que ven que eso no tiene ningún problema y que es más o menos equivalente el yoga, o la meditación, o el santo Rosario, o lo que sea.

Hay que tener en esto fuego, hay que tener el celo de Elías, y preguntarse uno: "Bueno, ¿dónde quedan los intereses de Dios en esta propuesta? Aquí me están proponiendo que yo haga un revuelto con el Zen; por ejemplo, hay muchos monjes, sacerdotes y religiosas, claro, metidos en el Zen, ¿no? Eso es una escalerita, es un caminito por el que uno se va metiendo a partir de los libros de Tony de Mello, esa es la puertecita.

Entonces bueno, el Zen, vamos a entrar a el Zen, y bueno ¿pero con qué pie entras? ¿Con qué claridad entras? ¿Con qué luz entras en lo que entras? ¿Tú te has preguntado dónde quedan los intereses de la Cruz? En la Santa Misa decimos: "Este es el Cáliz de la Nueva Alianza, es el Cáliz de la Sangre de la Nueva Alianza, Nueva y Eterna".

Nuestra Alianza es más sagrada que la de Elías; la de Elías fue con sangre de un cordero inanimado; la nuestra es Sangre del Cordero de Dios. ¿Cómo queda la Sangre de Cristo? Yo no estoy diciendo que podamos condenar sin más todos los libros, pero yo pienso que mucha de esa literatura no tiene mayor cosa de cristiana, no digo que sea mala, digo que no es cristiana. Fíjese en las palabras para que no se me tergiverse después. Digo: no es cristiana.

Si yo tomo el álgebra de Baldor, yo digo: "Este libro no es cristiano", no significa que sea malo, ¿cierto? Sino que no es la predicación del Evangelio de Cristo. Así pasa, por ejemplo, con la inmensa mayoría de los libros de Tony de Mello, de Carlos Vallés y de un poco de gente.

Usted coge esos libros y usted puede pasar, hermana, páginas, capítulos, volúmenes enteros sin que se mencione ni la sangra, ni la gracia de Dios, ni la Cruz de Cristo, ni los sacramentos, ni la Iglesia, ni los sacerdotes, sino todo es la "iluminación", "la paz", la "armonía", y no sé cuántas otras cosas.

Yo no digo que eso sea malo, digo que no es cristiano. Que en la inmensa mayoría toda esa literatura no es cristiana, es decir, no es la predicación del Evangelio de Cristo.

Entonces nosotros, también nosotros los religiosos, pero esto está muy difundido en muchas otras personas: seglares, laicos, en fin, van entrando en esa literatura y en el fondo van cambiando el Dios de la alianza por el dios de la prosperidad.

Y Jezabel aplaude, y Jezabel en su tumba se goza de ver cómo muchos de nosotros, que deberíamos ser testigos de la Alianza en la Sangre de Cristo, nos vamos distrayendo y empezamos a predicar otras cosas, el éxito, empezamos a predicar que la paz. Bueno, ¿y el éxito es malo? No, pero no es el valor supremo; ¿y la paz es mala? No, pero no es el valor supremo. Cristo hizo una distinción entre la paz que da el mundo y la paz que da Él.

Entonces fíjate que se necesita, yo simplemente aquí doy la voz de alerta porque no nos podemos eternizar en las palabras, yo doy la voz de alerta: cuidado con esa literatura, cuidado con llenarnos sólo con esa literatura, cuidado con creer que eso es la espiritualidad.

Por favor, ¿qué diría una santa Teresa de Jesús? ¿Qué diría San Bernardo de Claraval? ¿Qué diría San Agustín de Hipona de ver religiosas que pasan y pasan las páginas de libros que no hablan del amor del alma, ¿que no hablan del cielo, que no hablan de la gracia, ni de la Cruz, ni de la Sangre, ni de la Eucaristía, sino que todo quedó reemplazado por mi estado mental, mi armonía interior, mi relación con el hermano?

No faltaría la persona que diga: "Bueno, pero y al fin y al cabo no es lo mismo que dice el cristianismo? ¡Pues no! No es exactamente lo mismo que dice el cristianismo. ¿Que viva la paz? Estoy de acuerdo, ¿y que tengamos buenas relaciones con los demás? Maravilloso, ¿y que haya armonía en el corazón? Muy lindo.

Pero cuando se está desfigurando, cuando se está negando el Nombre de Cristo, ¿me voy yo a conservar la gran paz y la gran armonía con todo el mundo, sabiendo que se está negando la Resurrección de mi Señor?

Si por ejemplo me llega una alumna en un colegio y ella está convencida de la reencarnación, y está segura de la reencarnación, y cree que la metodología de las regresiones le van a traer la paz y le van a traer no sé cuántas cosas, si yo voy a entrar con que "mantengámonos en armonía con esta muchachita, ¿y qué tal yo entra en discusión con ella? Sería un escándalo; mejor la dejo así, que ella crea en sus regresiones, yo creo en la Eucaristía; el otro cree en la reencarnación, y yo creo en la resurrección, y...".

Y estamos vendiendo barato el Nombre de Jesucristo, y estamos vendiendo barata nuestra fe, y estamos siendo cómplices de una cantidad de cosas.

Por eso pido que el fuego, el celo que Dios le regaló a Elías, venga a nuestros corazones, que no vendamos barato lo que le salió tan caro a Cristo.

Mire, los propósitos de la Nueva Era y de toda esta gente son muy claros, ya ellos nos han dicho: se trata de que termine la era del pez, se trata de que llegue la era del agua, se trata de que desaparezca el color rojo de la sangre y llegue el color azul de los océanos y de los mares.

Detrás de eso y abiertamente dicho por representantes de ellos, lo que hay es: "Necesitamos que desaparezca el cristianismo de la faz de la tierra". Y nosotros negociando, vendiendo barata nuestra fe en el Señor.

A mí me parece que muy caro le salió a Dios en lágrimas de la Virgen y en Sangre de Jesús, y le salió muy cara la fe para que nosotros, especialmente nosotros, la vayamos a vender a cualquier precio.

Que venga el fuego del Espíritu Santo, que el Fuego de Elías se apodere de nosotros, que la fe de los mártires, que por algo tuvieron que no negociar, impregne nuestro corazón para que nosotros seamos testigos de estas verdades maravillosas en las que está la salvación como nos la predicó Cristo.