V024004a
Fecha: 20081211
Título: Acudir al Dios que no abandona, transforma y hace imposibles
Original en audio: 8 min. 27 seg.
Quiero compartir una reflexión sobre la primera lectura tomada del Profeta Isaías. Isaías era profeta y era poeta. Isaías es un hombre de profunda espiritualidad, que con palabras muy densas tomadas sin embargo de la vida ordinaria, dice realidades de incalculable profundidad.
Créanme que necesitaríamos mucho tiempo para siquiera examinar los principales tesoros que están en esa primera lectura de hoy. Ahí aparece Dios como Creador, Dios como Redentor. Ahí aparece la alegría del que es perdonado y la alegría del que evangeliza.
Ahí aparece también el Dios que supera los imposibles, y cómo a través de esa victoria divina, llegamos a conocer lo que Él mismo es. O dicho de otra forma, el hacer maravilloso de Dios nos lleva a intuir su ser inescrutable. ¡Es muy denso! ¡Es muy bello!
El Profeta Isaías es nuestro compañero, uno de nuestros compañeros y guías durante el Adviento. Y yo me siento feliz cada vez que llega este tiempo litúrgico, entre otras razones, por escuchar con mayor atención y con mayor espacio, estas lecturas que tienen tanto para darnos.
¿Cómo escoger algo entre todo lo que nos dice Isaías? Pues, yo me atrevería a enfatizar un par de puntos. Primero, aquello de cómo se siente una persona delante de Dios. Por lo pequeños que somos y por lo pecadores que somos, a veces nos sentimos como un gusano.
Y Dios toma esa experiencia nuestra, Dios toma esa manera como a veces tú te has sentido, como un gusano, y entonces, da su cariño a ese gusano y lo llama "gusanito" Isaías 41,14.
Es muy distinto decir: "Yo soy un gusano", a decir: "Yo soy el gusanito de Dios". Y en esa ternura está al mismo tiempo el hecho de que Dios nos conoce como somos, pero Dios nos ama como somos.
La próxima vez que pienses: "Mi vida es como la vida de un gusano", tal vez insignificante, quieres decir, tal vez sucia, tal vez pegada a la tierra, recuerda que Dios te llama, "su gusanito" Isaías 41,14.
Pero, también te llama "oruga" Isaías 41,14. Y hay una diferencia entre gusano y oruga. Porque, el gusano nace gusano y muere gusano, mientras que la oruga tiene la posibilidad de evolucionar. Hay una realidad nueva, y Dios ya está saludando esa realidad nueva.
Ahora que estábamos celebrando el sacramento de la reconciliación, tanto en mí mismo como en las personas que pude servir, yo sentía ese aire nuevo, esa realidad nueva, bendita, maravillosa, ese día de mañana que ya está empezando en tu existencia.
Dios, no solamente te llama "su gusanito" Isaías 41,14, sino te llama "oruga" Isaías 41,14, porque te invita a esa plenitud de belleza, tal vez a esa mariposa hermosísima que tú puedes llegar a ser.
Y si por un momento pareciste despreciable y como si fueras sólo un gusano, Dios hoy te dice: "Te espera esta realidad nueva, llena de color, llena de perfume, y tú llegarás a ser una señal para otras personas".
Así como la mariposa, bella con sus colores, atrae nuestra vista y se convierte como en una guía para nuestros ojos, así también la belleza que Dios va a traer a tu vida, va a ser un testimonio para otras personas.
Y la gente tendrá que preguntarse: "Oye, ¿es ésta la misma persona?" Así sucedió muchas veces en el Nuevo Testamento. Cuando San Pablo se convirtió, alguna gente decía: "Sí, es el mismo. ¡No! No, es otro" Hechos de los Apóstoles 9,21-22, porque era tanto el cambio que había sucedido.
Y así también ocurrió, por ejemplo, con el que pedía limosna a la puerta del templo, según nos cuenta los Hechos de los Apóstoles. Este hombre, que había sido paralítico de nacimiento, empieza a caminar, empieza a saltar, empieza a danzar.
Pero, no es sólo que se podía mover más, sino que su rostro ahora irradiaba alegría, y la gente decía: "¿Pero, sí puede ser el mismo?" Hechos de los Apóstoles 3,9-11.
Esas personas pasaron de ser oruga a ser mariposa, y eso es lo que Dios quiere hacer contigo. La gente tendrá que verte; tendrá que verte danzar. Las mariposas danzan al ritmo de la luz y del perfume de las flores, y tú vas a danzar al ritmo de la luz de Dios y al ritmo de su perfume.
San Pablo nos dice que, "nosotros llevamos el olor de Cristo" 2 Corintios 2,14-16. Tú vas a seguir el olor de Cristo, tú vas a encontrar ese aroma de Jesús, tú vas a danzar para el Señor.
Y la gente tendrá que decir: "Pero, si esta mujer, yo la conocía y era un pozo de amargura. Ahora la veo llena de gozo, llena de color. ¿Qué ha sucedido con ella? ¿Qué puede ser esto?" La respuesta es: "¡Hizo retiro donde las carmelitas!". Hubo una transformación total.
La segunda idea es ésta: El Dios nuestro es el Dios que hace imposibles. Esa es la especialidad de Dios. Fíjate lo que dice: "Alumbraré ríos en cumbres peladas" Isaías 41,18.
Es decir, donde la esterilidad ha plantado firmemente su pie y ha dicho: "Aquí nada de nada", ahí Dios hace brotar el amor, ahí Dios hace brotar la gracia. Esto quiere decir, que nosotros no tenemos siempre que esperar a que Dios nos lleve a mejores ambientes. Porque, esta es una tentación que uno tiene.
Sobre todo, cuando empieza el camino de la vida cristiana, uno dice: "En este ambiente en el que yo vivo, este ambiente materialista, pervertido, este ambiente marcado por los vicios, aquí en este barrio en el que yo estoy, en esta familia en que me tocó nacer, esto es estéril, aquí nada puede nacer".
Y a veces uno piensa: "Si Dios me llevara para otra parte, o si yo hubiera nacido en otra parte...". Por ejemplo, ¿qué tal que yo hubiera nacido rubio, de ojos azules, delgado, con una herencia jugosa?
Uno piensa esa clase de cosas y las utiliza como disculpa, como diciendo: "Si todo eso me hubiera sucedido, yo sería mejor". Y no es cierto. ¡No es cierto! O mejor dicho, sólo Dios sabe, sólo Dios lo sabe.
En todo caso, esta lectura nos enseña, que uno no tiene que pedirle a Dios que lo lleve a otro ambiente, sino que cambie el lugar donde uno está.
No esperes a que Dios te lleve a una mejor familia, a que te lleve a un mejor barrio, a que te lleve a un mejor trabajo, a que te lleve a un mejor país.
Más bien, acude al Dios que hace imposibles, acude a este Dios que es capaz de sacar un río en medio de la roca, en medio del peladero y del desierto.
Acude a ese Dios y dile: "Tú, que puedes hacer el imposible, tú, que no conoces barreras, transforma este lugar. Llena de cedros este desierto, llena de alegría esto que parece colmado de tristeza y de muerte".
Con estas dos reflexiones, les invito, mis hermanos, a que continuemos esta Eucaristía, sabiendo que el Señor, que nos ha llamado, que nos ha traído hasta aquí, que nos ha bendecido tan profusamente, Él no nos va a abandonar.
Dios, que te trajo hasta aquí, no te va a dejar aquí. Dios está contigo. Ahora tú lo sabes, y ahora tú lo puedes contar a muchos más.
Amén.