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Fecha: 19970429
Título: Llevarle a Dios corazones encendidos configurados en el corazon de Jesucristo
Original en audio: 15 min. 31 seg.
Catalina de Siena es, en palabras de Fray Carlos Alfonso, el Maestro de la Orden, el modelo más acabado del carisma dominicano, en versión femenina.
Catalina de Siena es como la encarnación del ideal de los predicadores vivido por una mujer, vivido de una manera enteramente personal, intensa, dentro de un contexto histórico particular, pero con un amor que trasciende las fronteras, los límites, los condicionamientos de su tiempo, de su cultura y de su época.
Nos aparece al mismo tiempo como valiente y como obediente, dos virtudes que suelen ser contradictorias, porque para nosotros muchas veces la audacia significa no hacer caso a nadie, y la obediencia significa renunciar a lo propio de uno. Lograr unir el valor, la audacia y la obediencia, es virtud de quien tiene un amor altísimo.
Es una mujer de una experiencia de Dios profundamente singular, irrepetible, que no le pidió a nadie que se pareciera a ella; pero dentro de su singularidad ama a la Iglesia, a toda la Iglesia, a cada rincón de la Iglesia, y en su amor, se vuelve universal, la que es tan singular por su experiencia de Cristo.
Es una mujer frágil e iletrada y al mismo tiempo es una palabra fuerte y sabia, está llena de paradojas Catalina de Siena, y como lo hemos comentado en tantas oportunidades, precisamente en esa gloria de Dios, en medio de lo pequeño y lo humilde y lo desechado del mundo, pues se muestra bien cómo la fuerza y la gracia vienen de Él y no de nosotros.
De todas estas paradojas, yo quisiera compartir con ustedes hoy una, la que tiene que ver con el liderazgo, la que tiene que ver con eso que podríamos llamar, el modo de ser líder, o pastor o superior, dentro la Iglesia.
Son palabras que tratamos de evitar, incluso en nuestro lenguaje, en la vida religiosa tratamos de evitar hoy la palabra "superior" o "superiora". "Mi superiora", eso ya no se oye en ninguna parte, se oye muy poco, tratamos de evitarlo, y sin embargo, no dejamos el querer serlo.
Evitamos el lenguaje, pero seguimos buscando la realidad, y la realidad que buscamos de una u otra forma, o que buscan o que buscamos no muchos religiosos o religiosas, es que nuestras ideas, nuestro modo de ver la cosas, sean finalmente los que marquen el rumbo de la comunidad.
Yo quiero recordar que Jesús no dijo: "El que quiera ser el primero está equivocado y es un pecador", dijo: "El que quiera ser el primero que se haga el último" San Mateo 20,26-27.
Jesús no dijo que fuera malo querer ser el primero, sino mostró la manera de ser el primero. Y Él mismo, Cristo, es ciertamente el primero y es también, como dice el Apocalipsis, el último, es el alfa y es la omega.
Cristo no criticó a quien quisiera ser el primero, y en ese sentido el evangelio y la audacia de Catalina de Siena nos invitan hoy a ser mucho más honestos con lo que nosotros podemos aportar a una comunidad, por ejemplo, a una comunidad religiosa, sobre todo cuando tenemos responsabilidades de cierta dirección dentro de la comunidad.
Para plantearlo con una sola pregunta, el interrogante sería este: ¿cuál es el modo cristiano, cuál es el modo evangélico de ser superior, o líder director, pastor ,o como se quiera llamar, de acuerdo con las enseñanzas de Catalina de Siena?
Sobre esa pregunta, podemos tomar algunos elementos de la vida y de la doctrina de Catalina de Siena.
Lo primero que aparece es que Catalina ni tenía títulos, ni creía en títulos, ni alegaba títulos, su único título para escribir, para predicar, para hablar es solamente uno, bautizada: "He recibido el bautismo de Jesucristo, y tengo por eso, el derecho y el deber de estar al servicio de mi Señor", esa es toda su carta de presentación.
Para hablar con el zapatero del pueblo, para hablar con el Señor Obispo, para hablar con los jefes de Florencia, para hablar con el Papa, su única carta de presentación es el bautismo:" Soy bautizada", punto.
"Y eso me da el derecho y eso me da el deber de predicar, de hablar y de llamar a todos a la fidelidad en la respuesta al amor que Dios nos ha mostrado en Cristo".
Esto también significa un segundo punto. Catalina, al escribirle a los distintos prelados, a las superioras, -conservamos, pues, centenares de cartas de Catalina-.
Pues al escribirle estas cartas, muchas de las cuales están dirigidas a obispos, superiores, priores, prioras, nunca apela a las grandezas que haya podido tener la institución a la que le escribe, por ejemplo, al escribirle a un monasterio nuncales dice: “Ay, hermanas, ese monasterio que ha tenido tantas glorias, que ha dado tantos frutos de santidad...”
Su argumentación no parte de las glorias del pasado, no parte de lo que se ha sido, ni invita a las personas a que, por una especie de coherencia humana, intenten permanecer al mismo nivel o a la misma altura de lo que han sido.
Las cartas de Catalina están todas en tiempo presente: "Dios te ama hoy, ¿qué vas a hacer con ese problema?" “Dios os ama, ha manifestado su amor, lo ha mostrado y lo comunica".
"¿Qué vais a hacer con ese amor, que está hoy a vuestro alcance en vuestro corazón, en vuestras palabras?" Esa argumentación presente hace que Catalina resulte hasta cierto punto avasalladora.
Su argumentación no proviene de la historia de las instituciones humanas, sino de la increíble historia del amor de Dios, y por consiguiente, quien intentare rebatir o refutar esa argumentación, pues tiene que vérselas, no con Catalina con el amor de Catalina, y no con la historia humana, sino con el tamaño del amor que ha aparecido en la Sangre de Cristo. Esta es una segunda característica de la argumentación-.
Yo me imagino a una superiora hablando así, por ejemplo, con alguna de las hermanas que tiene a cargo. ¿Qué tal una superiora que pueda llevar a la hermana a ponerse frente a Cristo, más que frente a cualquier institución, más que frente a las mismas constituciones, más que frente al pasado de la Iglesia, de la congregación, tener la capacidad de llevar a la religiosa, pensando en el caso de una superiora en una comunidad, de llevar a la religiosa a ponerse frente a Cristo?
Esta es una característica brillante de la predicación de Catalina, su incalculable capacidad para llevar a todas las personas a encararse con Cristo: "El problema no soy yo, conmigo puedes hacer lo que quieras, de mí te puedes burlar, tú puedes pisar las constituciones, puedes hacer lo que quieras, pero ¿qué harás del amor que Cristo te tiene?"
Llegar hasta ese punto, esto lo podemos enunciar en un tercer aspecto. Catalina de Siena es un ejemplo sobresaliente de lo que podríamos llamar un liderazgo espiritual. Frente a la imagen del superior religioso, ante todo como un administrador, Catalina nos presenta la imagen del superior religioso ante todo como un testigo privilegiado, como un testigo insobornable del amor de Dios.
Yo pienso que la renovación que todos sabemos que nos hace falta en la Orden de Predicadores, en la Iglesia, en nuestras comunidades, yo pienso que esa renovación es impensable mientras sigamos con el modelo del superior como administrador.
Porque el superior que es solamente un administrador, administrará todo de la comunidad y todo de las puertas de sus súbditos, de su comunidad o como se quiera decir, administrará todo, menos el corazón de ellos, y resulta que sólo desde la fuente del corazón brotan las convicciones capaces de renovar a una comunidad religiosa y de renovar a la Iglesia.
Esta es una gran pregunta que pueden hacerse las superioras generales, la superioras provinciales o locales: "¿Mi gente y mis hermanas de esta comunidad creen en mi corazón? ¿Creen que yo me estoy muriendo por Cristo? ¿Soy creíble en que el centro de mi amor es precisamente el Señor Jesús y el Evangelio de Jesús?
Si eso no es creíble, entonces nos devolvemos al segundo punto que hemos mencionado, si eso no es creíble, entonces evidentemente la argumentación será sólo humana: los intereses del colegio, los intereses del hospital, los intereses y la tradición que tiene la congregación en este sitio, las buenas relaciones que hemos logrado con los padres, con los obispos, con las otras comunidades, la imagen que tenemos, ¡por favor!
Todo ello es demasiado humano para mover, de fondo y a fondo, los corazones que sólo pueden ser seducidos, en últimas, por la incalculable pasión, por el incalculable amor que brota del corazón de Jesús.
Un cuarto y último elemento en este modo de liderazgo espiritual de Catalina de Siena, es el doble y continuo anuncio del pecado y de la gracia, indudablemente ligado a lo que hemos dicho antes del liderazgo espiritual.
Llevar poco poco a todos a la conciencia efectiva de que todos somos pecadores; antes que ineficientes, antes que unidos, coordinados o descoordinados, somos pecadores; pero también, que hay una gracia objetiva, real, cercana, posible para todos, es encaminar a los frailes, a las monjas, a las hermanas, es encaminar a todos precisamente en la senda del dar lo mejor de sí mismo.
Hay que hacerse una pregunta: ¿qué tan eficaz resulta ese liderazgo? Catalina murió demasiado pronto para ver los frutos de su obra, demasiado pronto es un modo muy humano de hablar, murió en el momento en el que la pasión por la Iglesia la consumió, en ese momento se murió, y en ese sentido murió cuando había de morir; pero los frutos de ese liderazgo fueron apareciendo poco a poco.
Edmundo de Cápua tiene un papel indiscutido en la renovación de la Orden de Predicadores en los comienzos del siglo XV, y el círculo de amigos o discípulos o hijos espirituales de Catalina, disperso por ella misma, así como Cristo entregó todo en la muerte, así también Catalina, al morir, se despide y todo lo entrega.
Ese grupo de discípulos dispersos por ella misma, se convierte en una siembra que va a renovar monasterios, como en la cartuja, como los ermitaños del mundo de--------, como los franciscanos, por lo menos en esa rama de Italia.
Esa siembra va a dar su fruto a su tiempo, son corazones que ya dependen demasiado de la Sangre y de la redención como para traicionar al Evangelio.
¿Que tal infundir eso, precisamente eso en las personas, volverlas incapaces de traicionar el Evangelio? Esto significa crear, o si se dice mejor, criar gente libre, gente que no depende ni de un superior ni de unas constituciones, si se me permite decir, que no depende ni siquiera del vaivén de las traiciones vocacionales que continuamente suceden en todas partes.
Llevar a la persona a estar frente a su conciencia y frente a Cristo, en el gozo de ser continuamente salvado y de anunciar la salvación, es darle santos a Dios.
Y eso era lo que llenaba el corazón de Catalina, y desde ese fuego brotan sus palabras, y de esas palabras, todo lo que conocemos que sucedió en la renovación de la Iglesia para el siglo XV y posteriores.
No puede ser casualidad que esa otra gran reformadora de la Iglesia, Tewresa de Jesús, leyera ávida y amorosamente, continua y profundamente los escritos de Catalina de Siena, en busca de esas ascuas que volverían a encenderse en el corazón alma de Santa Teresa de Jesús para renovar al Carmelo y con él, renovar la vida espiritual en la Iglesia.
Yo pienso que si nosotros volvemos a esa hoguera y si nosotros volvemos, no al detalle de las cenizas, sino a lo esencial de ese fuego, también nosotros podremos ofrecerle a Dios corazones encendidos y verdaderos santos, que configurados con el corazón de Jesucristo, den plena gloria a su Nombre y sean útiles a la salvaciónde muchos hermanos.