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Fecha: 20080411
Título: Ananias, ejemplo de union con Dios
Original en audio: 7 min. 5 seg.
Es tan grande el acontecimiento de la conversión de San Pablo, que después se convirtió como en modelo de lo que significa ser apóstol.
Es tan grande esa conversión, que a uno se le pueden olvidar las otras personas, los que estaban alrededor de ese acontecimiento. Y en particular, uno podría pasar por encima de la figura de Ananías.
Permítanme, hermanos, hacer una breve reflexión sobre lo que Dios le pidió a Ananías. Porque, Ananías ya era cristiano, por supuesto. Ananías era discípulo del Señor, y Ananías tenía muy claro quiénes eran sus amigos y quiénes eran sus enemigos.
Sus amigos, desde luego, eran los demás discípulos, los demás cristianos. Entre sus enemigos, había uno que era el archienemigo, San Pablo.
Y resulta que Dios le dice a Ananías: "Ve a sanar a tu enemigo, ve a bendecir a tu enemigo, ve a curar a tu enemigo, ve a darle la luz a tu enemigo" (véase Hechos de los Apóstoles 9,11-12).
No tiene nada de extraño que Ananías hubiera protestado. Le dice Ananías al Señor: "He oído a muchos hablar de ese individuo". -¡Ese individuo!- "He oído a muchos hablar de él y del daño que ha hecho en tus Santos" (véase Hechos de los Apóstoles 9,13).
Porque, Pablo es en la mente de Ananías, enemigo. Es de los que está allá, mientras que, "aquí estamos los buenos, los santos, los fervorosos. Aquí estamos los que sufrimos, los que somos víctimas. Y allá están los malosos, injustos, torturadores". Entre ésos, sobre todo, Pablo.
Ananías se queja: "Trae autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu Nombre" (véase Hechos de los Apóstoles 9,14).
Sin embargo, Dios no le cambia el encargo. Lo deja quejarse: "¡Quéjese, entonces! ¡Quéjese! ¿Ya terminó? Ahora haga lo que sabe que tiene que hacer!"