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Revisión del 19:26 5 jul 2008

Fecha: 19990704

Título:

Original en audio: 34 min. 59 seg.


La ley de Moisés fue promulgada en la grandeza del monte Sinaí en medio de truenos, relámpagos, temblor de tierra, nube espesa, fragor de trompetas. Era tan fuerte el espectáculo, que el pueblo asustado le dijo a Moisés, “que no nos hable El, háblanos tu, que no nos hable Dios” parecía terrible al pueblo la voz de Dios en la montaña del Sinaí.

Dios se mostró, dice allá el Pentateuco, se dejó ver de los setenta ancianos de Israel, el estrado del Dios de Israel parecía un pavimento inmenso y brillante de zafiro y de ahí en adelante, la luz y la revelación portentosa de Dios.

Esta ley del Sinaí, revelada así con tanto aparato, causó mucha impresión en los israelitas y un deseo sincero de cumplir esa alianza, cuando Moisés les pregunta: “¿estáis dispuestos a cumplir con lo que Dios quiere? Ellos responden si estamos dispuestos, la respuesta es pronta, es rápida, pero la infidelidad también es rápida, también es pronta, de toda esa grandeza, de todo ese espectáculo, pronto no quedó nada y por eso Dios, parece que por eso Dios buscó otros caminos, otras maneras de revelarse.

Dios puede hacer esos espectáculos cada vez que quiera, suyo es el universo, suya la materia, la luz le obedece, los vientos están a su disposición, todo truena en sus manos.

Dios puede hacer esos espectáculos, podría repetirlos cuando quisiera y algunas veces da señales portentosas, que tienen un valor, llamémoslo así, pedagógico, pero la gran revelación de Dios ya no vendrá por ese camino, porque ese camino ya mostró su límite.

Lo que nos impresiona grandemente en nuestros sentidos, en nuestras emociones, en nuestros sentimientos, provoca una obediencia rápida, pero frágil, necesitamos algo que llegue mas hondo al corazón humano.

¿Cual es el problema con la revelación del Sinaí? el problema es que ahí aparece un Dios muy fuerte, un Dios poderoso y El es fuerte y es poderoso, pero de ahí puede surgir una tentación, que es la de limitar a Dios y a seguir el camino de Dios también recogiendo nosotros mismos fuerza, esos son los carros y los caballos de los que habla la lectura de Zacarías.

Un Dios que se muestra con tanto portento y con tanta fuerza, tiene la dificultad, de que nosotros, sus seguidores, podemos buscar también portentos y fuerza, para hacernos sentir y el problema está en que ya no busquemos esa fuerza en El que es el único fuerte, sino que lo busquemos en nuestros recursos, en nuestras cualidades y terminemos haciendo de nosotros, que somos imagen de Dios, terminemos haciendo ídolos de Dios.

Por eso ese camino de la grandeza y del espectáculo aunque Dios alguna vez lo utilice, todavía induce a muchos errores, induce a error, porque el que conoció a Dios en portentos tan grandes, probablemente buscará también fuerza, sentirse fuerte y creerá que puede unirse a Dios uniendo la fortaleza de Dios con su fortaleza, pero no es así, porque cuando nos fiamos de la fuerza, fácilmente ponemos nuestra confianza en nosotros, hasta el punto de que ya no importa Dios y ya no importa el plan de Dios.

El en su misericordia quiere unirse a nosotros, no nos necesita, es sólo la misericordia lo que lo trae. El puente ¿Cuál es? La fuerza de El con nuestra fuerza, ese puente falla, falla ese puente porque uno puede poner la confianza en la fuerza de uno y no en la fuerza de Dios.

Ese puente falla, por eso la alianza del Sinaí falló, no de parte de Dios falló de parte del hombre, que en últimas lo que sacó fue conocer un bien que no podía hacer. “Hago el mal que no quiero y debo hacer el bien que si quiero” dice San Pablo, resumiendo el problema en el capitulo 7 de la carta a los Romanos.

Entonces es como si Dios se hubiera puesto a pensar “si no podemos unir nuestra fuerza con la fuerza del hombre unamos nuestra debilidad con la debilidad del hombre, entendamos mis hermanos que el puente que nos sostiene es el puente de la debilidad de Dios que ese si se puede conectar si se puede enchufar con nuestra debilidad y por eso decía san Pablo yo solo me voy a fiar de mis debilidades solo me voy a gozar en mis debilidades en mis tribulaciones.

Tratemos de ver que significa esto en lo concreto, cada uno de nosotros tiene una serie de cualidades, ninguno de los que está aquí está ausente de cualidades, todos tenemos cualidades, en nuestra inteligencia, en nuestra voluntad, en los bienes corporales, en los bienes de comunidad, en los bienes culturales tenemos bienes, esos bienes pueden convertirse en nuestras fortalezas, tenemos virtudes que pueden convertirse en nuestras fortalezas. Lo que uno quisiera, muchas veces, es que Dios se uniera a la fortaleza de uno, es decir, del lado bonito de uno, ese es el lado bonito que uno tiene.

Si una persona es inteligente, tal vez quisiera uno estar unido a Dios a través de su inteligencia, si una persona es artista, tal vez quisiera estar unido a Dios a través de su arte, Dios no prohíbe esto, pero ese no es el lazo mas estrecho que nos une a El, porque el inteligente puede utilizar su inteligencia para escrutar los arcanos de la revelación divina, y sacar de los posos celestiales agua para dar a todos, pero también puede utilizar su inteligencia para envanecerse en ese esfuerzo.

En eso quiere apoyarse y lo mismo vale para todos los bienes, los bienes materiales, de la salud, los bienes de la palabra, las virtudes pasadas, los pecados que uno no ha cometido, aquellas cosas en las que uno se siente robusto, resistente, uno puede envanecerse en todas esas cosas, puede poner su esperanza en ellas y no hay entre nosotros nadie que no tenga algo en lo que pueda apoyarse.

Uno puede ser el pela papas mas rápido del oeste y poner uno en eso su alegría, “en este departamento nadie pela papas en el estilo a la velocidad a la que yo lo hago” y otro se puede fiar en su modo de tocar la flauta, en su modo de proclamar o en su modo de predicar, en su modo de orar. Ustedes han visto que hay personas que tienen un don de Dios extraordinario, que parece que fueran grabadoras o CD, vamos a orar y la persona le empieza a salir una poesía y le sale una prosa maravillosa.

Todos esos dones maravillosos de Dios pueden unirnos a Dios, pero solo pueden, porque pueden unirnos pero también pueden no unirnos, también pueden separarnos de Dios.

Notemos amigos que es norma general en el evangelio, que lo que vale para la sociedad en su conjunto, vale para el alma en particular, me explico, si Cristo dice en el evangelio de hoy que “Dios reveló su secretos a los pequeños y los humildes” eso quiere decir que en alma humana Dios va a buscar lo que en ti es pequeño, lo que en ti es humilde y por esa puerta, por ese camino, se va a unir a ti.

Así como vemos a Cristo rodeado de estos humildes, a estos pobres, de estos enfermos, así como en el cuerpo de la sociedad Cristo escoge a esos pobres y humildes y enfermos, así también en nuestro corazón, en nuestra alma, Cristo quiere desposarse con nosotros, quiere unirse a nosotros para siempre ¿a través de que? ¿de la fachada bonita que tenemos? No, a través de lo espantoso de nuestros muladares, basureros, cicatrices, a través de lo que en nosotros se parece a El.

Este es el modo extrañísimo de obrar de Jesucristo, pero yo les puedo decir que en mi vida que he visto que es así, lo que a mi me tiene amarrado y ligado a Jesucristo no es lo que ustedes vean de bueno, de poderoso o de fuerte en mi, eso no es, lo que me tiene amarrado en Jesucristo es todo aquello en lo que yo me siento débil, liberado, de lo que me hace llorar, eso es lo que me une a Cristo.

Las llagas de Cristo saben abrazar las llagas del hombre y nosotros que contemplamos las llagas del crucificado y lo celebramos, sepamos que así como nosotros miramos las llagas de El, El mira las llagas de nosotros y así como nosotros tenemos esperanzas en las llagas de Cristo, Cristo, si se me permite la expresión, tiene esperanzas en las llagas de nosotros.

Lo que nos va a unir a Jesucristo son nuestras llagas, así como lo que le une a El con nosotros son sus llagas. Uno no quisiera que las cosas fueran así uno quisiera estar unido a Cristo de una manera mas decente, mas decorosa.

La parte mas aburrida del alma humana esa es la que parece interesarle a Cristo, que cosa tan extraña, a Cristo le interesa la parte aburrida mía, lo aburrido, lo fastidioso, lo deforme que hay en mi, allí donde la vida es tenue, allí donde la fidelidad está en juego, allí donde no hay fortaleza, allí donde no hay claridad, allí en lo mas horrendo de mi vida, allí lo horrendo del cuerpo llagado de Cristo quiere construir un puente.

Recordemos lo que le pasó el apóstol San Pablo, San Pablo sintió un aguijón en su carne, no sabemos cual fue, sintió un aguijón, se sintió débil y aclamó al Señor ¡líbrame! No hubo respuesta, segunda vez ¡líbrame! No hubo respuesta, tercera vez ¡líbrame! Y si hubo respuesta “te basta mi gracia” en la debilidad se muestra mi fortaleza.

Meditando en este texto, uno llega uno a esta conclusión: San Pablo que tenia muchas cualidades, pero muchísimas, calcule lo que era la inteligencia de este hombre, calcule lo que era el liderazgo de este hombre, calcule los milagros, la voluntad, el afecto, la coherencia, la perseverancia, la sabiduría.

San Pablo que tenía tantas cualidades estaba colgado de Dios por un solo hilo, el hilo de su debilidad y le decía San Pablo a Dios “quítame esta debilidad” y Dios le decía como le voy a quitar el hilo del que lo estoy sosteniendo hermano, ¿no ve que de ese hilo yo lo tengo colgado? ¿No ve que por esa debilidad usted es mío? por esa debilidad, por su miseria usted es mío. Nuestras miserias se parecen a Jesucristo.

Miremos la vida de Cristo y miremos la vida nuestra y vamos a ver en donde se encuentran, vamos a hacer este análisis:


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