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Revisión del 14:11 5 jun 2008
Fecha: 20020623
Título: Tener los ojos abiertos a la realidad del mal sin cerrarlos a la realidad del bien
Original en audio: 7 min. 18 seg.
La Biblia es un libro supremamente realista; no es un libro de fantasías ni de imaginaciones. Es un libro que nos habla claramente, de los momentos duros de la vida y de las cosas desagradables, dolorosas, que uno puede encontrar en este camino.
Por ejemplo, esa experiencia del profeta Jeremías, cuántas personas se la podrían apropiar: "Oigo el cuchicheo de la gente. ¡Pavor en torno!" (véase Jeremías 20,10). Se siente angustiado, se siente amenazado, se siente perseguido.
Es una experiencia casi enloquecedora la que vive Jeremías, especialmente, porque él ha intercedido, él ha rogado por sus enemigos, pero sus oraciones no han recibido más respuesta que las burlas. Siente su fe fracturada, siente dolor en su alma.
La segunda lectura nos presenta un pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos. Y ahí también aparecen otras experiencias tenebrosas. Por ejemplo, nos dice: "La muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con un delito como el de Adán" (véase Carta a los Romanos 5,14).
¡La muerte que reina! El Papa, en estos días, habla con frecuencia y denuncia la cultura de la muerte: centenares de miles de abortos, muertos por hambre, muertos en la guerra, muertos por desesperación. Casi pareciera que estuviéramos dando culto a la diosa de la muerte.
¡Esa experiencia de maldad, esa experiencia de la culpa, esa experiencia del pecado! "Por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado, la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque pecaron" (véase Carta a los Romanos 5,12).
La Biblia conoce esa realidad. No la esquiva. Por tanto, las palabras de Jesús no son palabras en el vacío. Cuando Él dice: "No tengáis miedo" (véase San Mateo 10,31), es porque hay razones para tener miedo.
Las lecturas de hoy no se quedan en los aspectos negativos. Hemos escuchado a Jeremías quejarse; hemos escuchado el corazón oprimido de Jeremías. Pero la lectura termina con un canto de esperanza. Dice: "Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos" (véase Jeremías 20,13).
Es decir, hay la experiencia de ser oprimido, pero también hay la experiencia de la liberación. Lo mismo sucede en la Carta a los Romanos: hay la experiencia de la culpa, del pecado, de la muerte, pero hay la experiencia de la gracia. Y estas palabras de San Pablo son de muchísimo consuelo para nosotros: "No hay proporción entre la culpa y el don" (véase Carta a los Romanos 5,15).