Diferencia entre revisiones de «O075001a»

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Revisión del 06:27 10 may 2008

Fecha: 20020524

Título: Quejarse de los otros es hacer un juicio de condenación

Original en audio: 12 min. 32 seg.


En la lectura que hemos escuchado de Santiago, aparecen claramente dos temas. Lo primero que nos dice el Apóstol, es sobre aquello de quejarse unos de otros, la quejadera, la quejumbre. Y lo segundo, es el tema del juzgar.

Realmente, yo creo con toda sencillez y con toda franqueza, que simplemente esos dos temas quedaron ahí, porque los que prepararon las lecturas de la Misa, no quisieron que quedara tan cortico el texto, o quisieron acomodarlo de esa manera. Pero son dos temas diferentes.

Yo quiero dedicar un momento de reflexión al primero, al de la quejumbre. Sobre todo me llama la atención lo que dice Santiago. Dice: "No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados" (véase Santiago 5,9). Es una frase como drástica. En esta Carta, ya nos hemos acostumbrado a que hay muchas afirmaciones así, muy fuertes.

Es una afirmación drástica: "No os quejéis unos de otros, hermanos, para no ser condenados" (véase Santiago 5,9). ¿Por qué dirá eso el Apóstol Santiago? ¿En qué está pensando él? Meditando sobre esa frase, quiero ofrecerles algunos elementos.

Lo primero es, que una queja no es tanto una expresión de mi dolor, cuanto un juicio sobre lo que otro está haciendo. Lo malo de la queja no es mi debilidad, sino la actitud condenatoria del otro.

Por eso dice él: "No os quejéis unos de otros" (véase Santiago 5,9). No dice simplemente: "No os quejéis", como quien dice: "Que nadie se queje; aguanten sin chistar". ¡No! A lo que está refiriéndose el Apóstol, es al quejarse de otra persona.

El quejarse, simplemente, el sentirse uno agobiado por el dolor, o por el cansancio, es algo muy humano, por una parte, y por otra, es algo que lo autoriza la Escritura, que muchas veces a través de los Salmos, incluso, nos da palabras para quejarnos ante Dios.

El problema no está en quejarse. El problema está en quejarse de los otros. Ahí es donde está el problema, porque quejándose de los otros, realmente se está mostrando, se está diciendo, que el otro es una causa de mi mal. Es un juicio sobre el otro. En el fondo, es una condenación.

Cuando se dice en los Evangelios o en la Carta de Santiago, que no juzguemos, lo que se quiere decir, es: "No censures, no condenes". No es cualquier juicio; es el juicio de condenación.

Cuando Cristo dice, por ejemplo: "No juzguéis para no ser juzgados" (véase San Mateo 7,1; San Lucas 6,37), no es cualquier juicio. Porque juzgar significa muchas cosas. Juzgar significa, por ejemplo, formarse una opinión. Eso es juzgar. Cuando uno pondera una situación y se forma una opinión, ahí uno está haciendo un juicio. Ese juicio no es el que aparece en el Evangelio.

No nos está hablando de ese juicio Jesucristo, ni nos está hablando de ese juicio Santiago acá. El juicio por el cual yo me hago una opinión sobre una situación, ése no es el problema.

El problema es el juicio que encierra a una persona en su culpabilidad, el juicio que envuelve a una persona con el mal que ha cometido, el juicio que une al pecador y al pecado, y los casa, los encadena. Ese es el juicio del que nos quiere corregir Jesucristo, y esa es la quejumbre de la que nos quiere corregir el Apóstol Santiago.

El problema no es formarse una opinión. Porque formarse una opinión sobre lo bueno y sobre lo malo, siempre es necesario. La Bilbia nos invita a que tengamos una claridad sobre lo bueno y lo malo. Por ejemplo, el profeta Isaías dice: "Ay de aquellos que llaman bien al mal, y mal al bien" (véase Isaías 5,20). Es decir, que la Biblia quiere que tengamos conceptos claros sobre lo bueno y lo malo. Ese no es el problema.