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''¿Qué es lo nuevo que nosotros predicamos de Jesús? Lo nuevo que predicamos, es que no es nuestra memoria la que lo mantiene vivo a Él. Lo que predicamos, es que Él está vivo, que el mismo, que fue crucificado, no está en el sepulcro; ese ya no es su lugar.''
 
''¿Qué es lo nuevo que nosotros predicamos de Jesús? Lo nuevo que predicamos, es que no es nuestra memoria la que lo mantiene vivo a Él. Lo que predicamos, es que Él está vivo, que el mismo, que fue crucificado, no está en el sepulcro; ese ya no es su lugar.''
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Como vimos en la vigilia anoche, cuando aquellas mujeres fueron a buscar al Señor, un Ángel les dice: "Ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí" (''véase'' San Mateo 28,5-6). Eso cuesta mucho trabajo creerlo. Los mismos discípulos dudaron.
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Vamos a seguir oyendo en estos días, -ojalá tengan ocasión de asistir a la Santa Misa varias veces en esta semana-, las lecturas, que son especialmente jugosas, sustanciosas, alimenticias. Ojalá puedan asistir, pues ustedes se darán cuenta, que cada día va apareciendo como otro aspecto de este misterio tan grande de la Resurrección del Señor.
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Mas si ustedes tienen trabajo en creerlo, no se sientan mal. La mayor parte de los discípulos les costó trabajo creer, y ellos recibieron incluso más, porque lo veían.  Se les apareció allá en Galilea; les hablaba. Dice: "Se postraron, pero algunos todavía dudaban" (''véase'' San Mateo 28,17).
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Hasta cierto punto es normal que tengamos dificultades para aceptarlo, porque es algo que rebasa por completo nuestra mente. Nosotros no estamos diseñados, parece que no estuviéramos diseñados, -nuestra mente-, para poder aceptar una cosa tan grande, una noticia tan buena.
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Porque si Jesús está resucitado, entonces quiere decir que vale la pena seguir el camino de Jesús. Mientras que si Jesús no está resucitado, son unos estúpidos todos los que tratan de ser buenos; son unos tontos. "Si Jesús no ha resucitado",-dice San Pablo- "vana es nuestra fe" (''véase'' 1 Corintios 15,14 ; 15,17).

Revisión del 18:26 20 mar 2008

Fecha: 20060416

Título: Nadie detiene a quien se encuentra con la verdad de Cristo Resucitado

Original en audio: 18 min. 7 seg.


Lo máximo y lo peor que se le puede hacer a una persona, es amenazarla; sobre todo amenazarla con quitarle la vida, encarcelarla, torturarla, matarla. Eso es lo peor que se puede hacer con una persona. Y después de que se ha muerto, o después de que la han matado, pues ya no se le puede hacer más.

Esa es la razón por la que nosotros celebramos la Pascua. Porque ya no se le puede hacer más a Cristo. Porque ya los enemigos de Cristo hicieron todo lo que podían hacer. Ya no le pueden hacer nada más, y ahora, resucitado, vivo y salido de entre los muertos, es libre, poderoso.

El problema está en que, ¿cómo puede uno convencerse de eso? ¿Cómo puede uno convencerse de que Jesús está vivo? No que está viva la memoria de Jesús, que nos acordamos de Jesús. Uno se acuerda de todo el mundo. Uno se acuerda de Mao Tse Tung, y se acuerda del Che Guevara, se acuerda de Simón Bolívar y se acuerda de José Martí. Uno se acuerda de George Washington, o se acuerda de O'Connell, o el que sea. Es fácil acordarse de las personas.

Pero cuando nosotros celebramos la Resurrección del Señor, no estamos celebrando que nos acordamos de Jesús: ¡Tan bueno que era! Estamos celebrando, que a ese Jesús le hicieron todo lo que le podían hacer, hasta llevarlo a la muerte, hasta meterlo al sepulcro, hasta poner soldados que cuidaran la tumba. ¡Y se les ha escapado! Eso es lo que estamos celebrando.

Estamos celebrando, que podemos creer en Uno que es más grande que todo lo que le quisieron hacer, Uno que fue odiado y no odió, Uno que fue insultado y no insultó, Uno que después de toda esa violencia, se levanta, le dice a la gente y le dice a sus discípulos: "La paz sea con ustedes" (véase San Juan 20,19 ; 20,21); Uno que fue muerto con tanto odio y que se despierta de la muerte, dando tanto amor; Uno que fue destruido con tanta violencia y que sale a predicar la paz.

Es lo que estamos predicando. Pero eso le cuesta mucho trabajo a nuestra mente. Lo que ya hemos encontrado en las lecturas de hoy y vamos a seguir encontrando en estos días próximos, es que se trata de algo difícil de creer.

¡Es muy difícil de creer! ¿Cómo podemos admitir, que sí está vivo? No que nos dejó un buen ejemplo. Buenos ejemplos deja todo el mundo, o muchas personas. Muchas personas han dejado buenos ejemplos, ideas que nos inspiran, obras maravillosas, libros bien escritos.

¿Cuál es la diferencia entre Jesús y el Che Guevara? ¿Cuál es la diferencia entre Jesús y Mao Tse Tung? ¿O Jesús y Albert Einstein? ¿O Jesús y Charles Chaplin? ¿Cuál es la diferencia?

¿Qué es lo nuevo que nosotros predicamos de Jesús? Lo nuevo que predicamos, es que no es nuestra memoria la que lo mantiene vivo a Él. Lo que predicamos, es que Él está vivo, que el mismo, que fue crucificado, no está en el sepulcro; ese ya no es su lugar.

Como vimos en la vigilia anoche, cuando aquellas mujeres fueron a buscar al Señor, un Ángel les dice: "Ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí" (véase San Mateo 28,5-6). Eso cuesta mucho trabajo creerlo. Los mismos discípulos dudaron.

Vamos a seguir oyendo en estos días, -ojalá tengan ocasión de asistir a la Santa Misa varias veces en esta semana-, las lecturas, que son especialmente jugosas, sustanciosas, alimenticias. Ojalá puedan asistir, pues ustedes se darán cuenta, que cada día va apareciendo como otro aspecto de este misterio tan grande de la Resurrección del Señor.

Mas si ustedes tienen trabajo en creerlo, no se sientan mal. La mayor parte de los discípulos les costó trabajo creer, y ellos recibieron incluso más, porque lo veían. Se les apareció allá en Galilea; les hablaba. Dice: "Se postraron, pero algunos todavía dudaban" (véase San Mateo 28,17).

Hasta cierto punto es normal que tengamos dificultades para aceptarlo, porque es algo que rebasa por completo nuestra mente. Nosotros no estamos diseñados, parece que no estuviéramos diseñados, -nuestra mente-, para poder aceptar una cosa tan grande, una noticia tan buena.

Porque si Jesús está resucitado, entonces quiere decir que vale la pena seguir el camino de Jesús. Mientras que si Jesús no está resucitado, son unos estúpidos todos los que tratan de ser buenos; son unos tontos. "Si Jesús no ha resucitado",-dice San Pablo- "vana es nuestra fe" (véase 1 Corintios 15,14 ; 15,17).