Diferencia entre revisiones de «I334001a»
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Esa era la persecución o la opresión que tenían los judíos en tiempo de los macabeos. En la época de Jesucristo, los judíos estaban sometidos a una potencia extranjera de un estilo muy distinto, ya no eran los griegos, o este estilo de Antioco Epifanes, sino los romanos. | Esa era la persecución o la opresión que tenían los judíos en tiempo de los macabeos. En la época de Jesucristo, los judíos estaban sometidos a una potencia extranjera de un estilo muy distinto, ya no eran los griegos, o este estilo de Antioco Epifanes, sino los romanos. | ||
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Pero tienen en contraste que, en la primera lectura, nos encontramos con una actitud valiente, convencida, llena de celo de parte de los judíos; en la segunda lectura o en el evangelio lo que nos encontramos es a Cristo sumamente deprimido, muy triste, porque su propio pueblo no entiende la visita de Dios; porque no se da cuenta de lo que está sucediendo. (''véase'' San Lucas 19,41-44) | Pero tienen en contraste que, en la primera lectura, nos encontramos con una actitud valiente, convencida, llena de celo de parte de los judíos; en la segunda lectura o en el evangelio lo que nos encontramos es a Cristo sumamente deprimido, muy triste, porque su propio pueblo no entiende la visita de Dios; porque no se da cuenta de lo que está sucediendo. (''véase'' San Lucas 19,41-44) | ||
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Lo único que importa, empieza en hacer otras cosas, lograr como una estatura espiritual, lograr una meditación; mejor dicho, lo que hace la Nueva Era es que coge todas las palabras que uno está acostumbrado y le dan la vuelta. | Lo único que importa, empieza en hacer otras cosas, lograr como una estatura espiritual, lograr una meditación; mejor dicho, lo que hace la Nueva Era es que coge todas las palabras que uno está acostumbrado y le dan la vuelta. | ||
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La oración es un diálogo, yo me dirijo a una persona; la meditación es un estado mental, se parecen mucho, el que ve a un budista haciendo su meditación o el que ve a un cristiano fervoroso ante el Santísimo dice: “Es más o menos, lo mismo” | La oración es un diálogo, yo me dirijo a una persona; la meditación es un estado mental, se parecen mucho, el que ve a un budista haciendo su meditación o el que ve a un cristiano fervoroso ante el Santísimo dice: “Es más o menos, lo mismo” | ||
Revisión del 17:08 3 nov 2007
Fecha: 19971120
Título: “Una persecucion abierta es mas facil de frenar”
Original en audio: 11min. 20seg.
En estas dos lecturas que hemos escuchado hay elementos comunes y elementos de contraste; son elementos comunes, que en ambos casos, en el tiempo de los Macabeos y en el tiempo de Jesucristo, el pueblo judío estaba sometido a la opresión de una fuerza extranjera.
En el tiempo de los macabeos se trataba fundamentalmente de un rey llamado Antíoco Epifanes; un rey de lengua griega que quería presionar a todos a que dejaran sus costumbres y sus religiones, y entraran por las costumbres de los griegos, concretamente, por la adoración a los dioses griegos y la adoración al rey. (véase 1 Macabeos 2,15-29).
Esa era la persecución o la opresión que tenían los judíos en tiempo de los macabeos. En la época de Jesucristo, los judíos estaban sometidos a una potencia extranjera de un estilo muy distinto, ya no eran los griegos, o este estilo de Antioco Epifanes, sino los romanos.
Los romanos, concretamente a través de sus emperadores y de sus legiones. Poncio Pilato, el que finalmente decretó la muerte de Cristo, era Procurador de los romanos; entonces tienen en común eso estas dos lecturas.
Pero tienen en contraste que, en la primera lectura, nos encontramos con una actitud valiente, convencida, llena de celo de parte de los judíos; en la segunda lectura o en el evangelio lo que nos encontramos es a Cristo sumamente deprimido, muy triste, porque su propio pueblo no entiende la visita de Dios; porque no se da cuenta de lo que está sucediendo. (véase San Lucas 19,41-44)
Era más grave en realidad la situación de Cristo; Antíoco Epifanes quería que los judíos dejaran su religión y utilizó unos mecanismos despóticos sumamente crueles; por ejemplo, puesto que en Grecia se utilizaban los gimnasios como una especie de culto al cuerpo, y bueno, con todas unas connotaciones culturales, entonces, Antíoco dijo que en toda ciudad importante debía haber un gimnasio al estilo de los griegos no solamente para hacer ejercicio físico, sino con todo lo que esto conllevaba cultural y religiosamente.
En resumen, Antíoco Epifanes es el modelo de la persecución abierta y descarada, de la persecución agresiva, cruel; y los romanos en cambio eran un estilo muy distinto; los romanos pudieron adueñarse prácticamente de todo el mundo.
Porque ellos respetaban las costumbres, respetaban la religión de cada sitio, cambiaban lo menos posible cada lugar; prácticamente lo único que hacían era una especie de acuerdo económico unilateral, por el cual el país dominado tenía que pagar unos determinados impuestos, y reconocer la autoridad de las legiones romanas; y desde luego del Emperador.
Lo paradójico del asunto es que una persecución tan cruel como la de Antíoco pudo ser frenada; Antíoco era un loco, era un demente ególatra, que si damos crédito a los libros de los Macabeos, murió en un ataque de depresión en medio de una enfermedad terrible.
Una persecución abierta es más fácil de frenar; esa es la enseñanza en el día de hoy; cuando la persecución es abierta, siempre surge un Matatías, como el que aparecía en la primera lectura.
Es decir, a esas declaraciones abiertas de violencia, pues se puede responder organizando como una especie de ejército, de guerrilla; y en realidad Matatías y sus sucesores, que fueron los Macabeos, ante todo Judas Macabeo, lo que hicieron fue eso, contra atacar el poder imperial, o mejor, el poder real, el poder de este rey Antíoco, a través de guerrillas.
Y ya desde esa época quedó claro que la guerra de guerrillas acaba hasta el imperio más fuerte; porque el imperio por más que quiera mantenerse firmemente en un lugar no soporta el hostigamiento continuo, el desgaste continuo que suponen las guerrillas.
Entonces, la persecución abierta no es lo más grave; los tiempos en los que nosotros vivimos no son tiempos, evidentemente, de persecución abierta; quizá lleguen tiempos así, no sabemos, pero no son actualmente nuestros tiempos.
No estamos en los tiempos de un Nerón o de un Dioclesiano en los que nos van a obligar, por ejemplo, a echar incienso en el ara del emperador, y reconocerlo como dios; ese tipo de persecución no sucede ahora.
Podríamos decir que las dificultades que los cristianos podemos encontrar hoy se parecen más a lo que vivió Cristo; es decir, al estilo de los romanos, aparentemente, el estilo romano no cambia nada en la religión.
Y una de las preguntas interesantísimas que se hacen los historiadores es ¿por qué, si los romanos eran tan tolerantes con todo género de religiones de las de oriente, hinduismo, y las religiones mistéricas, y todo este tipo de cosas; eran tolerantes hasta con los judíos, ¿por qué se desencadenaron persecuciones tan violentas contra los cristianos?
Aparentemente, el Imperio Romano era más tolerante, pero en realidad se trata de otro nivel de persecución; Antíoco es el modelo de la persecución abierta, como habíamos dicho, que consiste en obligar a las personas a hacer cosas.
Esta otra persecución, la del Imperio Romano, lo que obliga es a pensar cosas, no se dirige tanto a los hechos, sino a los pensamientos de las personas, a las palabras de las personas; yo creo que esto se comprende si damos un ejemplo con lo que sucede con la Nueva Era.
Tal vez algunos de nosotros no sabemos lo grave que puede ser la Nueva Era para el cristianismo, o la llamada Nueva Era, sobre todo porque la Nueva Era, tipo de la literatura de Deepack Chopra o la literatura de Conny Méndez, parece como un pensamiento muy suave muy tolerante, muy romano, muy lo que vivió Cristo.
Si tú eres cristiano, tú no tienes que dejar de ser cristiano; Cristo es un Maestro iluminado, y es un hombre muy importante, y está muy lleno de luz; lo mismo que están muy llenos de luz muchas otras personas.
La persecución, por seguir utilizando esa palabra de la Nueva Era, no consiste en obligarnos a ofrecer incienso o sacrificios a dioses falsos; sino que toma las palabras básicas, los pensamientos fundamentales de nuestra fe y los disuelve.
Como coger un terrón de azúcar y echarlo en un vaso de agua; ese es el Cristo disuelto de la Nueva Era; entonces, lo central de nuestra fe, que nosotros somos salvos por el amor de la Cruz de cristo, por la efusión de su Sangre, por el don del Espíritu, eso queda perdido, eso no importa.
Lo único que importa, empieza en hacer otras cosas, lograr como una estatura espiritual, lograr una meditación; mejor dicho, lo que hace la Nueva Era es que coge todas las palabras que uno está acostumbrado y le dan la vuelta.
Entonces, por ejemplo, si tú hablas con una persona que sea entusiasta de la Nueva Era, y tú le dices: "La oración es muy importante”, y ella te responde -“Sí, yo también hago meditación”; ¿ve?, hay una pequeña diferencia.
La oración es un diálogo, yo me dirijo a una persona; la meditación es un estado mental, se parecen mucho, el que ve a un budista haciendo su meditación o el que ve a un cristiano fervoroso ante el Santísimo dice: “Es más o menos, lo mismo”
La diferencia es abismal entre una cosa y otra; tú dices: -“Yo creo en Jesucristo”, el otro dice: –“Cristo es uno de los grandes Maestros de la humanidad”; se parecen mucho, no hay un rechazo explícito.
Pero, si uno sabe hilar fino, uno se da cuenta de que en esas palabras en realidad lo que están diciendo es: “Cristo no es el Salvador”. Uno dice, por ejemplo: “Para mí la Eucaristía es fundamental en mi vida”; la persona dice: -“Sí, todos necesitamos espiritualidad en nuestras vidas”; pero, espiritualidad ya no significa nada concreto, todo queda reducido en el ámbito de la propia persona y de su psiquis.
Podemos decir, en síntesis, que las lecturas de hoy nos han presentado como dos tipos de peligros a la fe: un peligro que es abierto, que es violento, que es escandaloso, pero que en últimas, es más fácil de controlar, porque precisamente se muestra más.
Y hay otro peligro que es así como más sutil, como más escondido, que va minando en el fondo las raíces de la fe, y un día uno se da cuenta de que ya no cree en el fondo, o que ya no cree las cosas.
Cuando el Imperio Romano acogió cristianos en su seno, al principio parecía que no pasaba nada, pero cuando estos cristianos siguieron predicando y siguieron predicando que Jesús era el Señor, resulta que Señor, pues se dice “Kyrios”, se dice “Dominus”, en griego y en latín respectivamente; pero los romanos necesitaban que el dominus, que el señor, fuera el Emperador.
Por eso, aunque parecían tolerantes, en el fondo la convicción de los cristianos, de que la salvación está en Jesucristo, los llevó a que de nuevo se desataran persecuciones abiertas.
La enseñanza para nosotros, pues, es: Que toca agradecer, apreciar, valorar, celebrar el don de la fe, y cuidarnos no sólo de las persecuciones abiertas, sino también de esas cosas sutiles que un día pueden hacer que nos despertemos, y ya no seamos cristianos, ni seamos nada.
Si esto llega a sucedernos, entonces Cristo nos repetirá las palabras que dijo hoy: “No reconociste la visita de Dios” (véase San Lucas 19,44); pero si nosotros le reconocemos, como lo hacemos en la Eucaristía, pues Él seguirá siendo Nuestro Señor y Nuestro Salvador.