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Aunque los discípulos de Jesucristo estaban cerca de Jesucristo, esto no quiere decir que le entendieran; y, aunque le habían oído muchas veces esto no quiere decir que comprendieran. Muchas veces sucedió, que Cristo hablaba, y sus discípulos no le entendían.
 
Aunque los discípulos de Jesucristo estaban cerca de Jesucristo, esto no quiere decir que le entendieran; y, aunque le habían oído muchas veces esto no quiere decir que comprendieran. Muchas veces sucedió, que Cristo hablaba, y sus discípulos no le entendían.
  
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Porque, todas las palabras que oímos cuando venimos a la misa; son el larguísimo Testamento de Cristo, y desde ¿cuándo empezó hacer testamento Cristo? Bueno, preguntemos: ¿desde cuándo empieza una persona a hacer testamento?
 
Porque, todas las palabras que oímos cuando venimos a la misa; son el larguísimo Testamento de Cristo, y desde ¿cuándo empezó hacer testamento Cristo? Bueno, preguntemos: ¿desde cuándo empieza una persona a hacer testamento?
  
Pienso que la mayoría de nosotros sobre todo si estamos más o menos en edad juvenil o adulta no hacemos testamento no sentimos cerca la muerte, pero si una persona ya se siente enferma o siente el peso de los años y sabe que hay que dejar las cosas en orden llama a los abogados y hace testamento
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Pienso que la mayoría de nosotros sobre todo si estamos más o menos en edad juvenil o adulta no hacemos testamento no sentimos cerca la muerte, pero si una persona ya se siente enferma o siente el peso de los años y sabe que hay que dejar las cosas en orden llama a los abogados y hace testamento.
  
Si decimos que las palabras de Cristo son como un testamento; y, si decimos que eso es lo que nos ofrece el Evangelio; hay que decir que Cristo vivió su vida entera con el peso, con la mirada, con el objetivo, con la meta, y con la puerta de la cruz. Cristo vivió el camino de la Cruz.  
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Si decimos que las palabras de Cristo son como un testamento; y, si decimos que eso es lo que nos ofrece el Evangelio; hay que decir que Cristo vivió su vida entera con el peso, con la mirada, con el objetivo, con la meta, y con la puerta de la cruz. Cristo vivió camino de la Cruz.  
  
En una visión le mostraba el Señor Dios a Santa Catalina de Siena a su hijo Jesucristo bebecito, ya con una cruz al cuello. El misterio de la cruz, y el misterio de la muerte no es un accidente al final de la vida de Cristo. Es el camino que de hecho; Él recorrió en su vida, porque su vida entera fue un testamento.
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En alguna visión le mostraba el Señor Dios a Santa Catalina de Siena a su hijo, a Jesucristo bebecito, ya con una cruz al cuello. El misterio de la cruz, y el misterio de la muerte no es un accidente al final de la vida de Cristo. Es el camino que de hecho; Él recorrió en su vida, porque su vida entera fue un testamento.
  
 
¿Qué nos dice de esto a nosotros? ¿Cómo podemos aprovechar estas Palabras de Cristo? De tres maneras por lo menos. Primera: Cristo vivió de cara a la realidad de la muerte. Muchas personas, ni una, ni dos; muchas personas en la Iglesia católica llegaron a una verdadera, y profunda conversión cuando, por fin, centraron su mirada en el hecho incontestable de la muerte.
 
¿Qué nos dice de esto a nosotros? ¿Cómo podemos aprovechar estas Palabras de Cristo? De tres maneras por lo menos. Primera: Cristo vivió de cara a la realidad de la muerte. Muchas personas, ni una, ni dos; muchas personas en la Iglesia católica llegaron a una verdadera, y profunda conversión cuando, por fin, centraron su mirada en el hecho incontestable de la muerte.

Revisión del 02:12 29 jul 2012

Fecha: 19970921

Título: El Testamento de Cristo

Original en audio: 13 min. 2 seg.


Aunque los discípulos de Jesucristo estaban cerca de Jesucristo, esto no quiere decir que le entendieran; y, aunque le habían oído muchas veces esto no quiere decir que comprendieran. Muchas veces sucedió, que Cristo hablaba, y sus discípulos no le entendían.

Porque, para entender a Jesús; se necesita no sólo, estar cerca de Él, y no sólo oír sus palabras. Se necesita oírlas con el mismo Espíritu, con la misma intención, con el mismo amor, con que Él las pronunció.

Y, por eso, sólo, cuando vino el Espíritu Santo que era el Espíritu que Cristo tenía con abundancia; pero, que los discípulos no conocían, sólo cuando llegó este Espíritu Santo; ellos empezaron a entender las Palabras del Señor.

De aquí, podemos tomar una primera enseñanza para nosotros. Muchos de nosotros asistimos con frecuencia a la Iglesia, muchos de nosotros oímos a menudo la Palabra de Dios. Quizá, tenemos algún sacerdote, o algunos sacerdotes que están cerca de nosotros, y, a los que oímos predicar. Esto, por sí sólo, no basta; porque uno puede estar muy cerca de una hoguera como esta, y estar frío. Uno puede estar cerca de un amor como este, y sin embargo, no contagiarse.

En efecto, el lenguaje de los discípulos, y el lenguaje de Cristo como aparece en este pasaje del Evangelio de Marcos; es no sólo distinto, sino completamente opuesto. Mientras que Jesús habla de una muerte generosa por amor, una inmolación, un ofrecimiento; ellos están hablando de quién iba a tener el primer puesto; de quién era el más importante; de quién iba a tener más poder, o, seguramente, más fama, o más importancia.

A mí me parece, este un aspecto supremamente duro de la vida de Cristo. Cristo sabía que sus Palabras sólo podrían ser comprendidas cuando llegara El Espíritu Santo, y esto quiere decir que Él habló, la mayor parte de las veces, sabiendo que no le iban a entender; sabiendo que no le estaban entendiendo. Estaba dejando más bien como una especie de testamento.

Las palabras de Cristo. Las que nos han quedado en el Evangelio, son como una especie de testamento. Él las dijo, pero para que se ejecutaran; para que se cumplieran después de que Él muriera. Pasa lo mismo que en un testamento. Un testamento sólo adquiere validez con la muerte del testador.

Pues, también Cristo tenía que esperar, por así decirlo, a su propia muerte; porque, sólo con esa muerte, empezarían a abrirse las claves de comprensión de todo lo que había sido su vida. Esto nos ayuda a comprender por qué Jesús dijo, en alguna ocasión, estando ya próximo a morir: “con ansia, he querido comer esta pascua con vosotros antes de padecer”

Cristo tenía afán de que llegara el desenlace, de que llegara la cruz, de que llegara la muerte, porque por ese camino de cruz, de muerte, y de sepulcro; por esa última y definitiva humillación, al fin se iban a romper corazones; al fin se iban a rasgar nuestros corazones, y al fin su mensaje iba a ser comprendido.

Cristo, pues, habló, predicó; pero su predicación era un continuo testamento. Con razón ahora lo comprendemos; este se llama: “El Nuevo Testamento” Es el Testamento ¿de quién? De Cristo.

Porque, todas las palabras que oímos cuando venimos a la misa; son el larguísimo Testamento de Cristo, y desde ¿cuándo empezó hacer testamento Cristo? Bueno, preguntemos: ¿desde cuándo empieza una persona a hacer testamento?

Pienso que la mayoría de nosotros sobre todo si estamos más o menos en edad juvenil o adulta no hacemos testamento no sentimos cerca la muerte, pero si una persona ya se siente enferma o siente el peso de los años y sabe que hay que dejar las cosas en orden llama a los abogados y hace testamento.

Si decimos que las palabras de Cristo son como un testamento; y, si decimos que eso es lo que nos ofrece el Evangelio; hay que decir que Cristo vivió su vida entera con el peso, con la mirada, con el objetivo, con la meta, y con la puerta de la cruz. Cristo vivió camino de la Cruz.

En alguna visión le mostraba el Señor Dios a Santa Catalina de Siena a su hijo, a Jesucristo bebecito, ya con una cruz al cuello. El misterio de la cruz, y el misterio de la muerte no es un accidente al final de la vida de Cristo. Es el camino que de hecho; Él recorrió en su vida, porque su vida entera fue un testamento.

¿Qué nos dice de esto a nosotros? ¿Cómo podemos aprovechar estas Palabras de Cristo? De tres maneras por lo menos. Primera: Cristo vivió de cara a la realidad de la muerte. Muchas personas, ni una, ni dos; muchas personas en la Iglesia católica llegaron a una verdadera, y profunda conversión cuando, por fin, centraron su mirada en el hecho incontestable de la muerte.

Jesús dice: “el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de sus enemigos, y lo van a matar, y va a morir” Lo van a matar. El pensamiento de la muerte suena trágico en los labios de Cristo, pero ¡¿hay alguna muerte que no tenga algo de trágico?!

El pensamiento de la muerte le trae sensatez a la vida. Una persona que recuerde a menudo la muerte de cara a Dios, porque no estamos hablando aquí de suicidas, ha sido llamado por Dios para algo; más que para esta tierra; vive de otra manera.

El pensamiento de la muerte le trae sabiduría a la vida. Correr, estudiar, acumular, administrar, gastar, mandar, discutir, pelear, ¿para qué peleo? ¿Por qué lucho? ¿Qué es lo que estoy haciendo? El pensamiento de la muerte le trae sensatez a la vida. Esta es una primera enseñanza, desde las lecturas de hoy.

Segunda: la muerte acompaña todas las vidas. La muerte no es sólo el acontecimiento que sucede al final. Se puede demostrar de la siguiente manera: cada vez que tomamos una determinada elección; cada vez que tomamos una opción, y esto sucede todos los días; cada vez que elegimos un camino pequeño, o grande; y esto sucede todos los días; estamos cancelando una posibilidad nuestra de ser.

En el momento en que yo ingresé al convento con el propósito de ser sacerdote dominico; voy a decirlo dramáticamente: “maté a otro Nelson” -ese es mi nombre- otro Nelson que hubiera podido ser lo que parecía que iba a ser, un estudiante de física pura, un investigador de física en la Universidad Nacional.

¿Quién mató a ese estudiante investigador de física que hoy pudiera estar no se dónde? Yo, cuando tomé una opción. Cuando dije: “por aquí” Y, por consiguiente, no por allá. Ahí está presente la muerte en cada una de nuestras opciones. Hay algo que muere para que otra cosa viva.

Pues bien, vivir bien es escoger las muertes apropiadas. ¿Qué tal ese pensamiento? Lléveselo para la casita. “Vivir bien es acoger las muertes apropiadas” Si una persona escoge, por ejemplo, vivir virginalmente; mató a una casada. Pero, la que se casa mató a una virgen. El que escoge ser ingeniero mató al odontólogo que hubiera podido ser; pero el que escoge ser odontólogo mató al abogado.

Estas no son simples palabras. Esto indica que nuestra selecciones; nuestras opciones van dibujando la figura de la vida, y de la muerte en todo lo que somos; y, precisamente, lo que no somos, y de aquí surge una consideración certera.

Si uno cae en la cuenta de que la muerte acompaña el camino de la vida, y si uno cae en la cuenta de que se adquiere mucha sensatez, precisamente con el pensamiento de la muerte; entonces, sacamos una conclusión:

¿Quién es el que vive bien? Aquel que le entregó la vida a lo que valía la pena. ¿Qué me voy a llevar? ¿Qué se va conmigo de esta tierra? Esa pregunta hay que hacérsela, porque todo el amor generoso; sólo el amor con el que gastamos tiempo a veces con dolor; por el bien de nuestros hermanos, sólo ese amor atraviesa el umbral de la muerte.

Cristo cuando habla así, parece como un desesperado: “a mi ve van a matar mis enemigos” Eso suena como si fuera un desesperado, pero si uno lo piensa mejor, no es ningún desesperado. Es el sabio entre los sabios. Es el sensato sobre toda sensatez, porque en Él, en Jesucristo Está el modelo de la vida que si tiene sentido.

Aquella vida que se ofrece con humildad; con amor. Aquella vida que se ofrece con sencillez, y con pureza, con los hermanos; esa es la vida que tiene sentido. Cuanto más pronto lo descubramos; más pronto tenderemos vida en nosotros.

Que bien terminar con aquel pensamiento, de no me acuerdo quién: “lo importante no es darle años a la vida, sino vida a los años” Y darle vida a los años, es darle sentido a cada vida que ya no se va a repetir.

Este día que está terminando quedó escrito una vez para siempre en nuestra historia, y en la historia del universo; pues bien, que cada día sea una página en la que Cristo haya escrito, y que cada día sea una obra que Dios mismo pueda firmar.