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Terminemos con un ejercicio práctico. Piense usted en algún enemigo que usted tenga o haya tenido, enemigo en serio, y yo estoy hablando aquí en un país donde lamentablemente se secuestra, se mata, se roba, se traiciona. | Terminemos con un ejercicio práctico. Piense usted en algún enemigo que usted tenga o haya tenido, enemigo en serio, y yo estoy hablando aquí en un país donde lamentablemente se secuestra, se mata, se roba, se traiciona. | ||
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Piense: ¿quién es ese enemigo que le hizo daño a usted? Puede ser una persona mayor, quizás un adulto que abusó de usted cuando usted era niño o niña, piense en esa persona, no reprima más ese recuerdo, estamos en la casa de Dios, aquí nada nos puede hacer daño. | Piense: ¿quién es ese enemigo que le hizo daño a usted? Puede ser una persona mayor, quizás un adulto que abusó de usted cuando usted era niño o niña, piense en esa persona, no reprima más ese recuerdo, estamos en la casa de Dios, aquí nada nos puede hacer daño. | ||
Revisión actual del 01:38 10 mar 2012
Fecha: 20100101
Título: Dios nos protege con la bendicion y nos libera con la oracion sincera.
Original en audio: 35 min. 36 seg.
Mis Hermanos,
Son muchos los sentimientos que se reúnen, se agolpan en el corazón en un día como hoy; este es un día en que todos deseamos recibir la bendición de Dios, porque empieza un año nuevo, un año civil nuevo.
El año litúrgico empezó con el Adviento, hace más o menos un mes, pero el año civil empieza el primero de enero, y queremos empezar este año con pie firme.
En esta celebración la Iglesia nos invita a levantar nuestra mirada hacia María, la Madre de Cristo Dios; hoy es el día para meditar en el misterio de la maternidad divina, este misterio lo decimos en cada Ave María, la segunda parte del Ave María dice: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores".
Ese título, "Madre de Dios", es exactamente el que hoy celebramos, y así la llamamos, porque Ella es Madre de uno que es Dios. Puesto que Cristo es verdadero Hombre y verdadero Dios, aquella que es Madre de Cristo, en ese sentido es Madre de Dios.
No que Ella sea el comienzo de Dios, Dios no tiene principio sino que Él es el principio de todo, pero María sí es el principio de la existencia humana de Jesucristo, el Hijo de Dios.
Así que tenemos el tema del comienzo del año y tenemos el tema de la maternidad divina, también hoy podemos reflexionar en lo que significa aquello de bendecir.
La primera lectura y el salmo nos hablan de bendiciones, y algo muy hermoso que tuvimos en esta basílica anoche, fue ver familias completas que estaban asistiendo a la Santa Misa, muchos de nosotros recibimos el año Nuevo en Misa, que para mí es una alegría como ustedes no se pueden imaginar.
A mí me parece que no hay mejor manera de comenzar el año, ¡eso qué cuento de agüeros ni qué nada! Lo que vale es la fe puesta en Dios, la alegría de saber que somos sus hijos y la esperanza de recibir la plenitud de su bendición.
Yo sé que hoy también hay familias que están aquí reunidas, y vamos a hacer esta homilía un poco diferente, vamos a dar en primer lugar un saludo a las familias que están aquí, ¿será que hay el caso de una familia que esté aquí completa, papá, mamá, hijos? Acérquense,`por favor, las familias completas.
Aquí está una familia joven, que eso nos hace pensar que son como José María y el Niño, ¡qué hermosura!
Aquí está otra familia inmensa, ¡esta es la esperanza de Colombia! Los niños que están aquí, las niñas que están aquí, por favor, aprendan dónde está la esperanza de un país: familias unidas, llenas de amor, llenas de fe, cerca de María Santísima, con la fe puesta en Jesucristo.
Aquí hay otras personas que vienen desde Popayán y otros más al sur, de "La unión", Nariño y de Ecuador también, para visitar a la Virgen de Chiquinquirá, aquí siempre oramos por Ecuador, amamos a Ecuador, el año pasado yo estuve en Quito, predicando por allá en Ecuador.
Niños y niñas aquí presentes, miren esta familia, eso es lo que Dios quiere para el futuro de un país, tenemos que hacer familias llenas de amor, llenas de fe, unidas.
Esa es la familia cristiana, problemas, discusiones, peleas, sí vamos a tener, pero lo importante es saberse perdonar, saberse querer, saberse apoyar, darle un ejemplo a los hijos, defender el futuro de la familia y del país. .
Ese es el primer mensaje que queremos dar para hoy, mis hermanos: la fe cristiana se construye y pasa por el futuro de la familia. Es muy importante que los papás les den a los hijos no solamente buenas palabras sino buenos ejemplos sobre todo.
Los hijos se dan cuenta que los papás tienen dificultades, que los papás tienen peleas, pero los hijos también se dan cuenta que los papás se perdonan y que vuelven a abrazarse y vuelven a besarse y este ejemplo queda grabado en los corazones de ellos.
Desde este Santuario Mariano Nacional, con toda la fuerza y la hermosura del corazón de la Virgen les quiero decir: bendigan ustedes a sus familias, bendigan ustedes a sus hijos, acostúmbrense a eso.
Entonces, esta parte también la hacemos de un modo muy práctico. ¿Como se hace para bendecir a los hijos? La primera lectura de hoy nos da un una fórmula, un texto muy hermoso.
Entonces, tengan la bondad, ya no vamos a hablar de familias completas, sino todos los que hayan venido aquí que sean papá e hijo, o mamá e hijo, es decir, alguno de los papás y alguno de los hijos.
A ver, el ejercicio es el siguiente: por favor, los papás o las mamás ponen una manito sobre la frente de un hijo o una hija. Si quieren póngase de pies, si van a quedar más cómodos para hacerlo así, si no, sentados están bien.
Vamos a que ustedes van a bendecir a sus hijos y a sus hijas o a sus nietos. Acostúmbrense a bendecir, por eso en muchas partes del país existía la costumbre de que los hijos nunca salían de la casa sin decir: "Papá, la bendición"; hay que pedirle la bendición al papá.
Pose su mano sobre el hijo o nieto, y repitan después de mí: "Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor te muestre su rostro radiante y te trate con bondad. Que el Señor vuelva a ti sus ojos y te conceda la paz. Amén" Números 6,26.
Seguramente tienen algún otro hijo o hija ahí cerquita, también los tíos pueden orar por los sobrinos; en general, es buena idea que nos acostumbremos en bendecirnos unos a otros.
A ver, vamos a repetir el ejercicio: cambien de hijo, o de hija, o de nieto, o de nieta, o de sobrino, y vamos a orar por estos niños y niñas. Es muy importante orar por los niños, muy importante, y en este día primero de enero es hermosísimo seguir la Palabra de Dios.
Listos para hacer esta bendición. Repiten, por favor, los que están bendiciendo: "Que el Señor te bendiga y te proteja, que el Señor te muestre su rostro radiante y te trate con bondad, que el Señor vuelva ti sus ojos y te conceda la paz. Amén".
Esta oración se encuentra en el capítulo número seis del libro de los Números, en la Biblia. Cuando ustedes vuelvan a sus casas, acostúmbrense a utilizar esta bendición. Por las noches, oren por sus hijos; cuando vayan a salir de casa los niños, oren por ellos.
Y ustedes, niños y niñas, jóvenes de ambos sexos, acostúmbrense a pedir la bendición. Un pueblo que recibe bendición es un pueblo que se pone bajo el amparo de Dios y que está dispuesto a obedecer a Dios.
Pero ahora vamos a hablar de otra clase de bendición. Muchas personas en Colombia viven con una preocupación: "¿Será que me hicieron brujería? ¿Será que me hicieron un maleficio? ¿Será que me tienen ojeriza?"
Y las personas llevadas por el miedo acuden donde unos embaucadores, brujos, para que le saquen el maleficio, o para que les pongan una protección que se llaman "cierre de cuerpo", o para que los bañen en hierbas de distintos olores y colores.
Quede claro a todo el mundo: ¡eso no le gusta a Dios! Toda forma de brujería, adivinación, baño de hierbas para protegerse de espíritus, ritos extraños con el té, con el chocolate o con el agua de panela, o lo que sea, ¡eso no le gusta a Dios, eso destruye la fe en el verdadero Dios!
El tarot, el horóscopo, el i-chin, el estar buscando el futuro en un brujo, en una persona que lee las cartas, así sea por curiosidad, no lo haga, eso no le gusta a Dios, eso aparta la bendición de Dios a su hogar, ¡no lo haga!
Crea usted, por favor, conserve usted su fe en aquello que nos dice el Apóstol San Pablo. Él dice que si nosotros tomamos lo que Dios nos da y lo recibimos con bendición y acción de gracias, nada puede hacernos daño.
Cuando usted entre a un nuevo lugar de trabajo, usted piense lo siguiente: “Si Dios en su Providencia me dio este trabajo, y si yo lo acepto con acción de gracias, nada podrá hacerme daño”.
Cuando usted llegue a un nuevo vecindario, gente que usted no conoce, y a veces hasta se encuentran cosas raras, que les enterraron muñecos, huesos, tierra de difunto o no sé cuantas cosas, usted diga: "Yo esta casa se la pedí a Dios, yo la recibo de las manos de Dios, y se la agradezco a Dios, y nada puede hacerme daño".
Recuerde también lo que dice la Primera Carta de Juan: "El que está en ustedes, es decir, el Espíritu Santo, es más fuerte que el que está en el mundo" 1 Juan 4,4, es decir, todo espíritu de tinieblas que quiera seducir, pervertir, confundir o hacer daño.
La vida de nosotros los cristianos está marcada por una bendición increíblemente, incalculablemente poderosa, es la bendición del Hijo de Dios, es la bendición de Aquel, que derramando su Sangre, derrotó para siempre a Satanás, derrotó para siempre el pecado, derroto para siempre a la muerte.
Así que, desde el día de hoy, tiene que haber un espíritu de paz en tu corazón, "suceda lo que suceda, yo soy bendecido por Dios, yo estoy marcado por su gracia, la señal en la que yo creo, el signo de mi vida no es Aries, ni Capricornio, ni Escorpión, ni estupideces de esas, el signo de mi vida es el signo de la Cruz, ¡ese es el signo de mi vida!"
Todos esos otros signos, todos esos otros inventos, no te traen bendición, te traen confusión, debilitan y agrietan tu fe, empobrecen tu confianza en el único Dios. Vivir como cristianos es vivir al amparo, a la sombra del árbol de la vida que es la Cruz de Jesucristo, ¡ese es el signo nuestro!
Cuando le vuelvan a preguntar sus amigas en el colegio, en el trabajo o en la universidad: "-¿Y tú de qué signo eres? Usted mira a su amiga y le dice: “-Soy del signo de la cruz”, verá cómo le abre sus ojos como si fueran huevos fritos.
"-No, pues yo decía, de Aries, de Acuario o no sé que", y tu le repites: "-En nada de eso creo. Yo nací cuando Dios dispuso que yo naciera y estoy bajo el signo de la Cruz". Eso tenemos que decirlo sin miedo, sin violencia, sin perder la paz.
Acostumbrémonos, hermanos, a que vivir en la bendición es vivir bajo la señal de la Cruz, esa es la señal de mi vida, ese es el amor de mi alma, ahí tengo mi victoria, en lo demás, no creo y no importa.
Lo que importa en mi vida, lo que ha marcado mi vida es el Niño del pesebre, el predicador de Galilea, el profeta que murió en Jerusalén, el santo hijo de Dios y de María Santísima, Jesús, Él es el que importa en mi vida.
Ese es el segundo punto de esta predicación, el primer punto eran las familias y la necesidad de bendecirse; el segundo punto es: estamos bajo la señal de la Cruz y todo lo demás desprécielo, sin petulancia y sin herir a nadie, simplemente diga: "En nada de eso creo, no pierdas tiempo conmigo, yo no hago juegos de esos".
"-Ven, te voy a leer el horóscopo". "-No me leas nada, léeme el Evangelio". "-¡Ay, te volviste protestante!" "-No, descubrí las riquezas de mi fe católica, bendito Dios y la Virgen, amén". Así vas a dar testimonio frente a las demás personas.
También aquí cabe recordar la importancia de trazarnos debidamente la señal de la cruz, que es la señal de la bendición. Algunos de los que vienen a esta basílica se trazan la señal de la cruz, pero uno no sabe si están espantando una mosca o qué, hacen como un garabato ahí, una cosa, que cosa que uno no sabe si están espantando mosquitos, que yo sepa no hay mosquitos en esta basílica.
¡Dejen de espantar moscos! La señal de la cruz se traza bien, clara, que se vea la señal completa de la cruz, que se vea que la Cruz ha marcado tu vida, que se vea que Jesucristo, que con la Cruz te dio libertad, es el centro de tu vida.
La señal de la cruz es algo sagrado para nosotros, y a los niños enséñenles a trazarse muy bien la la señal de la cruz, que se vea a quién pertenecemos, que se vea quién es el que nos ha bendecido.
La tercera y última parte de esta predicación tiene que ver con los enemigos. Ya dijimos que hay personas que tienen temor de que les hayan hecho un maleficio, pues mira, Jesús, que es nuestro Líder, nuestro Salvador, el Amor de nuestras almas y el Maestro de nuestras vidas, Jesús nos enseño qué era lo que había que hacer.
Cuando tengas un enemigo ¿qué hay que hacer? Orar por él, eso es lo que hay que hacer. "¿Y cómo voy a orar por mi enemigo si me cae mal, me cae gordo, le tengo antipatía, no nos queremos ni poquito?" Jesús no dijo que tu enemigo te iba a caer bien, seguramente tu enemigo te cae como un mazazo en la nuca, tu enemigo te cae mal, le ves cara de dolor de muelas, te fastidia.
Jesús no dijo: "Oren por aquellos que les caen bien", Jesús nos dijo que había que aprender a orar por los enemigos, y la mejor manera de orar por los enemigos es sencilla y simplemente entregarlos al poder de la voluntad de Dios.
Uno no tiene que jugar con las emociones o sentimientos, a ver si siento bonito o siento algo feo, no, lo que uno tiene que hacer es entregar, o si lo digo de una manera más vigorosa, arrojar a los pies de Cristo Crucificado ese enemigo.
¿Cómo se hace? Supongamos que su enemigo se llama, ¿qué nombre le pondremos a ese enemigo que no coincida con el nombre de ninguno de ustedes? Eso es muy difícil encontrar un nombre, porque hay gente muy creativa para poner esos nombres.
Yo voy a suponer que ninguno de ustedes se llama Jefté, que es un nombre de la Biblia, y voy a suponer que el enemigo suyo es una persona que se llama Jefté, ¿como hace uno para orar por Jefté? Uno ora diciendo las siguientes palabras: "Padre Dios, entrego a Jefté al poder de tu voluntad, cumple en él tu voluntad", y punto, no más.
Usted no tiene que agregar nada malo, porque eso iría en contra de la voluntad de Dios; pero tampoco tiene que agregar nada bueno, porque seguramente usted se sentiría como una hipócrita.
Si por ejemplo una mujer está orando por la vieja esa arpía, desgraciada que le quitó el marido, pues entonces esta mujer no va a orar por esa otra mujer diciendo: "Señor, que le vaya bien", eso no sería honesto, eso no sería real, y probablemente no es lo que necesita esa adúltera para convertirse y aprender a respetar la Ley de Dios.
Entonces, al orar por esa mujer, ¿cierto? Lo que hay que hacer es decir, vamos a suponer que esa mujer se llama Jeftina, claro, ¿de qué otra manera se va a llamar? ¿Cómo se debe orar una mujer, por la enemiga, es decir, aquella miserable, malvada que le arruinó el hogar?
¿Debe orar o no debe orar? Pues sí debe orar, ¿y como debe orar?: "Señor, cumple en Jeftina tu voluntad; hoy la entrego al poder de tu voluntad, Señor, amén". Y punto nada mas, no agregue nada más, ni positivo ni negativo, solamente diga eso.
Con esa oración usted está logrando tres cosas: primera, le está haciendo caso a Jesucristo; segunda, se está liberando usted de cualquier iniquidad que el corazón de esa otra persona haya querido traer a su vida; y tercera, usted está preparando el camino para que esa persona, si Dios así lo permite, un día se convierta, por eso hay que orar por los enemigos.
Terminemos con un ejercicio práctico. Piense usted en algún enemigo que usted tenga o haya tenido, enemigo en serio, y yo estoy hablando aquí en un país donde lamentablemente se secuestra, se mata, se roba, se traiciona.
Piense usted en un enemigo que haya tenido o tenga, pienselo, identifique aquí el nombre de esa persona, piénselo, le estoy hablando en serio: piense en el nombre de una persona que le haya hecho daño a usted, quizás alguien de su familia, quizás su ex marido, quizás un socio que lo traicionó en los negocios, quizás un funcionario público que cometió prevaricación en contra suya.
Piense: ¿quién es ese enemigo que le hizo daño a usted? Puede ser una persona mayor, quizás un adulto que abusó de usted cuando usted era niño o niña, piense en esa persona, no reprima más ese recuerdo, estamos en la casa de Dios, aquí nada nos puede hacer daño.
Vamos a traer a la memoria a esa persona que nos pervirtió, que nos engaño, que nos robó, que nos insultó injustamente, piense en esa persona en este momento, téngala ahí en su mente, no tenga miedo, estamos en la casa de Dios, estamos bajo el amparo de la intercesión de la Virgen María.
Piense en esa persona y hoy declárese libre del daño que esa persona quiso hacerle, y usted se va a declarar libre haciendo por esa persona lo que esa persona no hizo: orar por usted. Usted sí va a orar por ella, pero no va a orar deseando cosas que usted no sentiría verdaderamente y que quizás no debe sentir.
Lo más importante en esta oración no es el sentimiento, es la obediencia en la fe. Ahora usted, ya tiene en su mente a esa persona, ahora va a decir después de mi la oración. Yo la voy a decir dos veces: una vez con el nombre de un hombre, Jefté, suponiendo que ese fuera un enemigo; y después, Jeftina.
Cuando yo diga esa oración, usted no va a decir Jefté, sino va a decir el nombre de ese hombre que le hizo daño a usted, porque lo robó, porque lo dañó, porque lo insultó, porque lo maltrató, porque lo secuestró a usted.
Usted hoy se va a declarar libre, usted hoy va a experimentar la libertad, como nos dice la Carta a los Gálatas que hemos escuchado: “La prueba de que somos hijos es que Dios nos ha dado el Espíritu de su Hijo” Carta a los Gálatas 4,6.
Entonces vamos a orar por los enemigos hombres, listos, preparados por favor. Repiten después de mi, recuerden que yo digo Jefté, usted dice el nombre de algún hombre que le haya hecho un daño salvaje, lo decepcionó, lo engañó, lo insultó, lo echó del trabajo, lo maltrató, lo robó.
Tenga en su cabeza el nombre de esa persona. Por favor, repiten después de mí, recuerden cambiar el nombre. Decimos todos: "Señor, hoy entrego al poder de tu voluntad a ese enemigo mío hombre, cumple en Jefté tu voluntad".
Ahora vamos a orar por las personas mujeres que nos han tratado como enemigos, aquellas mujeres que nos han hecho daño, que nos han lastimado, que nos han traicionado, que nos han herido, que se burlaron de nosotros, que destruyeron hogares. Repiten después de mí, por favor: "Señor, hoy quiero ser libre del daño que me causó Jeftina, hoy entrego a Jeftina al poder de tu voluntad".
Con toda fe diga esa oración una vez más: "Hoy entrego a Jeftina al poder de tu voluntad", entregue a esa persona al poder de la voluntad de Dios, entréguela, eso es aplicar el lenguaje de la bendición, es increíble cómo eso va liberando el corazón, es increíble cómo eso va trayendo libertad.
Sigamos, mis hermanos, la celebración eucarística. Ahora vamos a renovar nuestra fe, y Dios nuestro Padre nos ha enseñado muchas cosas: a proteger nuestras familias, a no dejarnos asustar por maldiciones o agüeros, y a defendernos de nuestros enemigos sin hacerles daño.Números 6,26