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Abraham se sintió tan desbordado por la promesa de Dios que le dio fue risa. Un centenario, un hombre de cien años va a tener un hijo, y Sara a los noventa va a dar a luz; y suelta la risa Abraham; y Sara también se rió mucho, Sara también oyó esa promesa.
 
Abraham se sintió tan desbordado por la promesa de Dios que le dio fue risa. Un centenario, un hombre de cien años va a tener un hijo, y Sara a los noventa va a dar a luz; y suelta la risa Abraham; y Sara también se rió mucho, Sara también oyó esa promesa.
  
Cuando aquellos personajes misteriosos que iban de camino a Sodoma, se le aparecieron y le dijeron a Abraham: "Dentro del tiempo de costumbre, que parece que era el modo de hablar para decir un año, dentro del tiempo de costumbre pasaremos, y tu esposa tendrá un hijo" [[:Category:Génesis 018_009|Génesis 18,9]].
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Cuando aquellos personajes misteriosos que iban de camino a Sodoma, se le aparecieron y le dijeron a Abraham: "Dentro del tiempo de costumbre, que parece que era el modo de hablar para decir un año, dentro del tiempo de costumbre pasaremos, y tu esposa tendrá un hijo" [[:Categoría:Génesis 018_009|Génesis 18,9]].
  
 
Y Sara que estaba presenciando esa conversación, oyó que iba a tener un hijo, y dijo: "Yo ya seca, ¡y voy a tener un hijo!" Y soltó la risa también.
 
Y Sara que estaba presenciando esa conversación, oyó que iba a tener un hijo, y dijo: "Yo ya seca, ¡y voy a tener un hijo!" Y soltó la risa también.
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Pero como es posible pasar de los solemne a lo ridículo y de lo ridículo a lo solemne,  devolvámonos de lo ridículo a lo solemne y descubramos lo grandioso que es que Dios quiera causar sorpresa, que Dios quiera ir más allá de las expectativas nuestras.
 
Pero como es posible pasar de los solemne a lo ridículo y de lo ridículo a lo solemne,  devolvámonos de lo ridículo a lo solemne y descubramos lo grandioso que es que Dios quiera causar sorpresa, que Dios quiera ir más allá de las expectativas nuestras.
  
Dice el Apóstol San Pablo en su Carta a los Efesios: "Es que Dios es poderosos para hacer más de lo que pedimos o deseamos" [[:Category:Efesios 003_020|Carta a los Efesios 3,20]].  
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Dice el Apóstol San Pablo en su Carta a los Efesios: "Es que Dios es poderosos para hacer más de lo que pedimos o deseamos" [[:Categoría:Efesios 003_020|Carta a los Efesios 3,20]].  
  
 
Dios parece gozarse, reventando los diques de nuestra imaginación, yendo más allá de nuestras previsiones, haciendo imposibles, abriendo caminos en el desierto, sacando agua de la roca, dando el don y la alegría y la maternidad a las que no conocían dolores de parto, sanando a este leproso, que ya no tenía más destino sino la soledad, el desierto, la pobreza, la suciedad y la muerte.
 
Dios parece gozarse, reventando los diques de nuestra imaginación, yendo más allá de nuestras previsiones, haciendo imposibles, abriendo caminos en el desierto, sacando agua de la roca, dando el don y la alegría y la maternidad a las que no conocían dolores de parto, sanando a este leproso, que ya no tenía más destino sino la soledad, el desierto, la pobreza, la suciedad y la muerte.
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Dios es el Dios de los imposibles, es el Dios de las sorpresas, y por eso también es el Dios de la alegría, ¿es ese nuestro Dios? ¿Es ese el Dios que estamos dispuestos a anunciar? ¿El Dios de los imposibles y de la sorpresa? ¿Tendríamos nosotros el coraje de anunciar imposibles? ¿De ir más allá de las expectativas razonables?
 
Dios es el Dios de los imposibles, es el Dios de las sorpresas, y por eso también es el Dios de la alegría, ¿es ese nuestro Dios? ¿Es ese el Dios que estamos dispuestos a anunciar? ¿El Dios de los imposibles y de la sorpresa? ¿Tendríamos nosotros el coraje de anunciar imposibles? ¿De ir más allá de las expectativas razonables?
  
Esos pies que el profeta Isaías llama "hermosos" [[:Category:Isaías 052_007|Isaías 52,7]], esos pies de los evangelizadores son pies que van jubilosos porque, más que caminar, danzan; y van en fiesta porque llevan una noticia que parece imposible. El que no esté acostumbrado a proclamar imposibles, que no se meta a evangelizador.  
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Esos pies que el profeta Isaías llama "hermosos" [[:Categoría:Isaías 052_007|Isaías 52,7]], esos pies de los evangelizadores son pies que van jubilosos porque, más que caminar, danzan; y van en fiesta porque llevan una noticia que parece imposible. El que no esté acostumbrado a proclamar imposibles, que no se meta a evangelizador.  
  
 
Porque son demasiados los imposibles que toca decir: toca decir que una Virgen concibió; toca decir que Dios se hizo Hombre; toca decir que hubo vidas sin un pecado por esta Tierra; toca decir que el perdón a los enemigos, y la sanación de los enfermos, y la resurrección de los muertos, y la muerte de Dios en cruz, y su Sangre para el perdón, que todo eso no sólo es posible sino ya realizado.
 
Porque son demasiados los imposibles que toca decir: toca decir que una Virgen concibió; toca decir que Dios se hizo Hombre; toca decir que hubo vidas sin un pecado por esta Tierra; toca decir que el perdón a los enemigos, y la sanación de los enfermos, y la resurrección de los muertos, y la muerte de Dios en cruz, y su Sangre para el perdón, que todo eso no sólo es posible sino ya realizado.
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Estemos dispuestos nosotros a que la gente se nos ría, cuando hablemos de una madre que es virgen, de un pan que es el Cuerpo de Cristo, de agua que nos hace hijos de Dios y de un sacerdote que absuelve pecados; que la gente se ría, dejémoslos que se rían.  
 
Estemos dispuestos nosotros a que la gente se nos ría, cuando hablemos de una madre que es virgen, de un pan que es el Cuerpo de Cristo, de agua que nos hace hijos de Dios y de un sacerdote que absuelve pecados; que la gente se ría, dejémoslos que se rían.  
  
De pronto sonreiremos también nosotros con cariño, junto a ellos, como nos lo enseñó San Pablo: "que hay que saber reír con los que ríen" [[:Category:Romanos 012_015|Carta a los Romanos 12,15]]. Pero para nuestros adentros, tengamos siempre esa fiesta, siempre ese corazón del Dios que ha hecho imposibles.
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De pronto sonreiremos también nosotros con cariño, junto a ellos, como nos lo enseñó San Pablo: "que hay que saber reír con los que ríen" [[:Categoría:Romanos 012_015|Carta a los Romanos 12,15]]. Pero para nuestros adentros, tengamos siempre esa fiesta, siempre ese corazón del Dios que ha hecho imposibles.
  
 
No es que nos está diciendo que los va a hacer, es que ya los ha hecho en nuestra propia vida; nuestra vida bautismal, cristiana y consagrada, ¿qué es? Sino un milagro continuo, sino una especie de imposible, ¡algo que daría tanto pero tanto para reír!  
 
No es que nos está diciendo que los va a hacer, es que ya los ha hecho en nuestra propia vida; nuestra vida bautismal, cristiana y consagrada, ¿qué es? Sino un milagro continuo, sino una especie de imposible, ¡algo que daría tanto pero tanto para reír!  
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Revisión actual del 15:17 6 dic 2011

Fecha:19990625

Título: El que no tenga capacidad para soltar carcajadas de gozo por los imposibles de Dios, que no se meta de evangelizador Original en audio: [12 min. 03 seg.]


Abraham se sintió tan desbordado por la promesa de Dios que le dio fue risa. Un centenario, un hombre de cien años va a tener un hijo, y Sara a los noventa va a dar a luz; y suelta la risa Abraham; y Sara también se rió mucho, Sara también oyó esa promesa.

Cuando aquellos personajes misteriosos que iban de camino a Sodoma, se le aparecieron y le dijeron a Abraham: "Dentro del tiempo de costumbre, que parece que era el modo de hablar para decir un año, dentro del tiempo de costumbre pasaremos, y tu esposa tendrá un hijo" Génesis 18,9.

Y Sara que estaba presenciando esa conversación, oyó que iba a tener un hijo, y dijo: "Yo ya seca, ¡y voy a tener un hijo!" Y soltó la risa también.

La risa de Abraham, la risa de Sara es también como un comienzo de sanación. En los comienzos de la ida religiosa, por ejemplo, abunda la risa. Yo me acuerdo de postulante en la cuidad de Villa de Leyva, si a mí me preguntaran: "¿Qué hizo usted de postulante?" Yo diría: "Aparte de reirme..."

¡Era una risa! ¡Todo nos daba risa! Se parecía a la risa de Abraham o a la risa de Sara, porque nosotros, gente ignorante, que nunca había tenido en sus manos una Liturgia de las Horas ni cosa parecida, íbamos a aprender a orar con esos textos.

Desafinados como una cría de gatos, tratando de aprender a ser solemnes; pero entre lo solemne y lo ridículo no hay sino un paso, y ese paso lo iba dando uno de postulante y de novicio.

La promesa de Dios es seria y es solemne. La risa de Abraham, la risa de Sara es ese pasito que hay entre lo solemne y lo ridículo.

Pero si se puede pasar de lo solemne a lo ridículo, también se puede pasar de lo ridículo a lo solemne. La vida nuestra en muchos aspectos es ridícula. Y hasta cierto punto es buen síntoma de salud mental poder reírse uno un poco de sí mismo.

Normalmente, la gente que se toma demasiado en serio, nunca se siente bien tomada por nadie; el que se considera demasiado importante, nunca encuentra suficiente importancia en el trato que los demás le dan.

Así que un poco de reírnos de nosotros mismos es saludable. Pero, pasada la risa, también es bueno devolvernos de lo ridículo a lo solemne.

Nos reímos ante lo inesperado; nos reímos siempre con una cuota de sorpresa. Cuando a uno le están echando un chiste y uno ya se lo sabe, es difícil reírse porque uno ya sabe el desenlace. Y si a uno le echan un chiste, y uno ya predice cuál va a ser el final, uno se ríe menos. La risa aparece ante lo inesperado, ante lo sorpresivo.

Hay que saber devolverse por el camino de las sorpresas que Dios nos ha dado. Devolverse por ese camino, y encontrar ese imposible que Dios le está prometiendo a Abraham, y esa es la pregunta que nos hacemos en este momento: ¿por qué Dios tantas veces, en la Biblia, aparece haciendo imposibles?

Abraham, estéril, Sara, seca y anciana, tienen un hijo. ¿Cuántas veces la esterilidad aparece vencida en la Biblia! ¡Muchas veces! La esterilidad vencida es un lenguaje de Dios. Visto desde el ángulo solamente humano, lo que sirve es para risa.

Pero como es posible pasar de los solemne a lo ridículo y de lo ridículo a lo solemne, devolvámonos de lo ridículo a lo solemne y descubramos lo grandioso que es que Dios quiera causar sorpresa, que Dios quiera ir más allá de las expectativas nuestras.

Dice el Apóstol San Pablo en su Carta a los Efesios: "Es que Dios es poderosos para hacer más de lo que pedimos o deseamos" Carta a los Efesios 3,20.

Dios parece gozarse, reventando los diques de nuestra imaginación, yendo más allá de nuestras previsiones, haciendo imposibles, abriendo caminos en el desierto, sacando agua de la roca, dando el don y la alegría y la maternidad a las que no conocían dolores de parto, sanando a este leproso, que ya no tenía más destino sino la soledad, el desierto, la pobreza, la suciedad y la muerte.

Dios es el Dios de los imposibles, es el Dios de las sorpresas, y por eso también es el Dios de la alegría, ¿es ese nuestro Dios? ¿Es ese el Dios que estamos dispuestos a anunciar? ¿El Dios de los imposibles y de la sorpresa? ¿Tendríamos nosotros el coraje de anunciar imposibles? ¿De ir más allá de las expectativas razonables?

Esos pies que el profeta Isaías llama "hermosos" Isaías 52,7, esos pies de los evangelizadores son pies que van jubilosos porque, más que caminar, danzan; y van en fiesta porque llevan una noticia que parece imposible. El que no esté acostumbrado a proclamar imposibles, que no se meta a evangelizador.

Porque son demasiados los imposibles que toca decir: toca decir que una Virgen concibió; toca decir que Dios se hizo Hombre; toca decir que hubo vidas sin un pecado por esta Tierra; toca decir que el perdón a los enemigos, y la sanación de los enfermos, y la resurrección de los muertos, y la muerte de Dios en cruz, y su Sangre para el perdón, que todo eso no sólo es posible sino ya realizado.

El que no tenga capacidad para soltar carcajadas de gozo por los imposibles de Dios, al que no le quepa en la boca imposibles, que no se meta de evangelizador.

Las personas demasiado razonables, demasiado, -hay que ser razonables-, pero las personas demasiado razonables, las personas que tienen ese rictus, ese gesto de la melancolía y de la tristeza, de la que ya habló un filósofo, cuando dijo: "Todo hombre considera su condición mortal con un dejo de tristeza".

Nosotros no llevamos en nuestro rostro el dejo de la tristeza del que conoce sólo la Humanidad; llevamos en nuestro rostro la fiesta del aquel que conoce también el poder de la divinidad. Estamos dispuestos, queremos estar dispuestos a anunciar imposibles.

Fíjate las cosas que vamos a decir: que por el agua y por la palabra, un crío, un muchachito se vuelve un hijo de Dios; que por la palabra, y por la fe de la Iglesia, y por el Orden sagrado, un pedacito de pan, el Cuerpo de Cristo; que por la palabra, la unción, la oración del obispo, confirmados en la gracia del Espíritu, ordenados para el ministerio; que con una palabra pronunciada en nombre de Cristo, en nombre de la Iglesia, se destruyen y se perdonan los pecados.

¡Son demasiadas cosas las que tenemos para contar, demasiadas! ¡Son muy grandes las noticias! Tan grandes, que si nunca se nos han reído como se rió Abraham, si nunca nadie ha soltado la carcajada, si nunca nadie se nos ha burlado como se burlaron de San Pablo; si nunca nadie ha dado la espalda y se ha ido, como se le fueron a Cristo, es que tal vez no estamos anunciando el Evangelio.

Porque las señales del evangelizador tienen que ser esas. Un evangelizador al que nunca se le ríen, un evangelizador al que nunca le menean la cabeza, un evangelizador al que nunca se le salen y se le van, un evangelizador así tal vez no tiene en su boca el Evangelio de Cristo.

Hay que saber tener la insensatez bella, la locura hermosísima de la cruz y del amor; hay que tener esa canción y ese perfume en el corazón, y dejar que la gente se le ría. Dios, que traía esta noticia, no castigó a Abraham por esta risa, dejó que se riera y que se le pasara la risa.

Estemos dispuestos nosotros a que la gente se nos ría, cuando hablemos de una madre que es virgen, de un pan que es el Cuerpo de Cristo, de agua que nos hace hijos de Dios y de un sacerdote que absuelve pecados; que la gente se ría, dejémoslos que se rían.

De pronto sonreiremos también nosotros con cariño, junto a ellos, como nos lo enseñó San Pablo: "que hay que saber reír con los que ríen" Carta a los Romanos 12,15. Pero para nuestros adentros, tengamos siempre esa fiesta, siempre ese corazón del Dios que ha hecho imposibles.

No es que nos está diciendo que los va a hacer, es que ya los ha hecho en nuestra propia vida; nuestra vida bautismal, cristiana y consagrada, ¿qué es? Sino un milagro continuo, sino una especie de imposible, ¡algo que daría tanto pero tanto para reír!

Yo me pongo a pensar de lo que soy hoy, de lo que soy, de lo que digo, de los oficios que tengo y de las cosas que hace Dios conmigo, y digo: "Todo el que se ría de mí, yo lo entenderé, lo comprenderé; entenderé a todo el que se ría viéndome en las que ando. Tienen todo el derecho a reírse".

"Pero que junto a esa risa, esté siempre el gozo de una noticia inesperada, fantástica, maravillosa; una noticia increíble, pero que hay que hacer creer: la noticia del amor de Dios en Jesucristo".