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Y bueno, lo que dijo Jesús en el evangelio de hoy en realidad se cumplió. Jesús predicó esto hacia el año 35 o 40 de nuestra era, y hacia el año 70 los romanos entraron a sangre y fuego y destruyeron efectivamente el templo de Jerusalén. | Y bueno, lo que dijo Jesús en el evangelio de hoy en realidad se cumplió. Jesús predicó esto hacia el año 35 o 40 de nuestra era, y hacia el año 70 los romanos entraron a sangre y fuego y destruyeron efectivamente el templo de Jerusalén. | ||
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| − | Y sin embargo nos habla de un final y dice: "se levantará nación contra nación, reino contra reino, terremotos, pestes, hambre en muchos lugares, acontecimientos aterradores y grandes señales en los cielos" [[: | + | Y sin embargo nos habla de un final y dice: "se levantará nación contra nación, reino contra reino, terremotos, pestes, hambre en muchos lugares, acontecimientos aterradores y grandes señales en los cielos" [[:Categoría:Lucas 021_010-011|San Lucas 21,10-11]]. |
Es un lenguaje que indudablemente tiene mucho de simbólico, pero que también indica que algo muy serio está sucediendo, algo muy serio va a suceder, y no podemos desnudar tanto de símbolos a la Escritura que finalmente nos quedemos diciendo que no va a pasar nada, porque lo que aquí se dice, que sí va a pasar, que va a pasar mucho y que va a afectar a todas las naciones. | Es un lenguaje que indudablemente tiene mucho de simbólico, pero que también indica que algo muy serio está sucediendo, algo muy serio va a suceder, y no podemos desnudar tanto de símbolos a la Escritura que finalmente nos quedemos diciendo que no va a pasar nada, porque lo que aquí se dice, que sí va a pasar, que va a pasar mucho y que va a afectar a todas las naciones. | ||
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Si ese no es el sentido del evangelio, si ese no es el sentido de estas lecturas, ¿entonces cuál es? ¿Qué es lo que nos tratan de enseñar estas lecturas cuando nos dicen que llegará el momento de la cosecha, el momento de la siega? ¿Qué nos tratan de decir estos textos, cuando nos enseñan que habrá grandes terremotos, pestes y hambre en muchos lugares? | Si ese no es el sentido del evangelio, si ese no es el sentido de estas lecturas, ¿entonces cuál es? ¿Qué es lo que nos tratan de enseñar estas lecturas cuando nos dicen que llegará el momento de la cosecha, el momento de la siega? ¿Qué nos tratan de decir estos textos, cuando nos enseñan que habrá grandes terremotos, pestes y hambre en muchos lugares? | ||
| − | El Apóstol San Pablo tiene una palabra que yo creo que es orientadora, nos dice: "La figura de este mundo, la presentación de este mundo, lo que vemos de este mundo, se termina" [[: | + | El Apóstol San Pablo tiene una palabra que yo creo que es orientadora, nos dice: "La figura de este mundo, la presentación de este mundo, lo que vemos de este mundo, se termina" [[:Categoría:1 Corintios 007_031|1 Corintios 7,31]]. |
En el fondo, mis hermanos, este no es un mensaje para producir terror. Las personas que allá en Colombia compraron esa propiedad y la llenaron de agua, alimentos no perecederos, mantas, linternas, hacen todo eso porque se sienten asustados y porque quieren tener a dónde refugiarse o esconderse, cosa que no van a poder hacer los pobres que andan por las calles. | En el fondo, mis hermanos, este no es un mensaje para producir terror. Las personas que allá en Colombia compraron esa propiedad y la llenaron de agua, alimentos no perecederos, mantas, linternas, hacen todo eso porque se sienten asustados y porque quieren tener a dónde refugiarse o esconderse, cosa que no van a poder hacer los pobres que andan por las calles. | ||
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Revisión actual del 14:54 6 dic 2011
Fecha: 20041123
Título: El libro del Apocalipsis es un canto de esperanza y libertad
Original en audio: 30 min. 12 seg.
Hermanos:
Las lecturas de hoy nos presentan el final, en un lenguaje bastante catastrófico además; como se utiliza la hoz para cegar, así, al final de los tiempos, como una inmensa hoz, pasará por la superficie de la tierra, es un espectáculo impresionante, el final de tantas vidas.
Y el lenguaje de evangelio de hoy también nos habla del final, Jesús les dijo: "No se dejen engañar" San Lucas 21,8, y les dijo: "No quedará piedra sobre piedra" San Lucas 21,6. También es el lenguaje de una especie de catástrofe.
Y bueno, lo que dijo Jesús en el evangelio de hoy en realidad se cumplió. Jesús predicó esto hacia el año 35 o 40 de nuestra era, y hacia el año 70 los romanos entraron a sangre y fuego y destruyeron efectivamente el templo de Jerusalén.
Pero nosotros entendemos que ese final del que habla Jesús es mucho más de lo que aconteció hacia el año 70, es mucho más que la destrucción del templo de Jerusalén.
"Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se asusten" San Lucas 21,9, y estamos oyendo hablar de guerras y revoluciones. "Es necesario que sucedan primero estas cosas, pero todavía no será el fin" San Lucas 21,9.
Y sin embargo nos habla de un final y dice: "se levantará nación contra nación, reino contra reino, terremotos, pestes, hambre en muchos lugares, acontecimientos aterradores y grandes señales en los cielos" San Lucas 21,10-11.
Es un lenguaje que indudablemente tiene mucho de simbólico, pero que también indica que algo muy serio está sucediendo, algo muy serio va a suceder, y no podemos desnudar tanto de símbolos a la Escritura que finalmente nos quedemos diciendo que no va a pasar nada, porque lo que aquí se dice, que sí va a pasar, que va a pasar mucho y que va a afectar a todas las naciones.
Y la pregunta que nos hacemos es: ¿cuál ha de ser nuestra actitud frente a esto? Ha habido distintas respuestas.
Unos amigos míos, en Colombia, tienen una fundación, una institución para ayudar a niños huérfanos o niños en alto riesgo. Tienen una propiedad donde está funcionando esa obra social. La propiedad que queda al lado, de esta casa para niños, la adquirieron unas personas que se están preparando para el fin del mundo.
Hicieron unas bodegas y metieron en las bodegas agua, granos no perecederos, se abastecieron o se están abasteciendo, porque ellos piensan que en cualquier momento el mundo va a padecer terribles cataclismos, y ellos ya tienen separado un lugar para irse allá y para resistir allá.
Mientras todo se derrumba, ellos quieren tener un lugar con algo de agua, algunos alimentos, linternas, elementos básicos de supervivencia.
¿Será eso lo que nos dice el evangelio? ¿Será eso lo que quiere el evangelio? ¿Que cada uno de nosotros busque más o menos en dónde podría vivir con un poco de agua fresca, alimentos no perecederos, mantas, linternas? Más o menos como la gente se prepara cuando viene un huracán.
Muchos amigos míos fueron afectados por los recientes huracanes en el Caribe. ¿Lo que está diciendo Jesús es eso? ¿Que hagamos eso? Pues no aparece tan claramente, por lo menos en la Palabra de Dios no aparece así.
Además, las personas que les cuento allá en Colombia, pueden adquirir esa propiedad porque son gente adinerada. Colombia es un país que tiene muchas desigualdades sociales, como lamentablemente pasa en muchas otras partes de Latinoamérica. Mucha gente pobre no tiene cómo adquirir ni una casa, en cambio estos tienen para tener su propia casa y la casa de repuesto para cuando el mundo se acabe.
Y me parece a mí un poco extraño que la gente que tiene más facilidad económica, la única gente que puede tener dos y más casas en Colombia, esa gente sería la que se podría salvar, mientras que tantos pobrecitos, tantos mendigos y menesterosos que no tienen ni siquiera para pagar un arriendo, mucho menos para tener una casa y muchísimo menos para tener dos casas y una propiedad, esa gente pobrecita, por lo visto quedaría sujeta al rigor de las catástrofes y los cataclismo.
Y me pongo yo a pensar que dejar desprotegidos precisamente a los más pequeños y pobres como que no coincide completamente con lo que vemos en el evangelio, y por eso pienso que cuando la Palabra de Dios nos habla de todas estas catástrofes y de todos estos cataclismos, no nos está invitando a que nosotros compremos propiedades, metamos nuestros ahorros en unos grandes purificadores de agua, alimentos no perecederos, mantas, linternas, y las demás cosas para sobrevivir cuando todo explote.
Si ese no es el sentido del evangelio, si ese no es el sentido de estas lecturas, ¿entonces cuál es? ¿Qué es lo que nos tratan de enseñar estas lecturas cuando nos dicen que llegará el momento de la cosecha, el momento de la siega? ¿Qué nos tratan de decir estos textos, cuando nos enseñan que habrá grandes terremotos, pestes y hambre en muchos lugares?
El Apóstol San Pablo tiene una palabra que yo creo que es orientadora, nos dice: "La figura de este mundo, la presentación de este mundo, lo que vemos de este mundo, se termina" 1 Corintios 7,31.
En el fondo, mis hermanos, este no es un mensaje para producir terror. Las personas que allá en Colombia compraron esa propiedad y la llenaron de agua, alimentos no perecederos, mantas, linternas, hacen todo eso porque se sienten asustados y porque quieren tener a dónde refugiarse o esconderse, cosa que no van a poder hacer los pobres que andan por las calles.
Pero el mensaje de la Palabra de Dios no es un mensaje para producirnos esa clase de terror, el mensaje del Apocalipsis no es un mensaje de terror, es un mensaje de esperanza y es un mensaje de libertad.
Y la pregunta que hacemos entonces es: ¿dónde está la libertad? ¿Cómo puedo yo sentirme liberado, oyendo que van a suceder todas estas cosas y que podrían afectar a la gente que amo mucho y a mí mismo, desde luego?
Aquí hay un mensaje de libertad, mis hermanos, porque todo depende de donde esté el corazón. Si tu corazón está puesto en los bienes que no mueren, entonces, aunque todo se termine, tu tesoro no termina, tu alegría no termina y tu vida no termina.
Si la fe tuya estaba puesta en el templo de Jerusalén, entonces el día que destruyan el templo de Jerusalén se te acaba la fe. Si tu fe esta puesta en la Basílica de San Pedro en Roma, el día que destruyan la Basílica de San Pedro se te acabó la fe.
Estas lecturas son un llamado a poner nuestra fe muy alto, arriba, más allá del alcance de lo que puede ser dañado por terremotos, por pestes o por hambrunas; allá está nuestra fe.
Y si tú sientes que tu fe está arriba de los terremotos, las pestes y las hambrunas, entonces sientes que tú eres libre de todo lo que pudiera suceder en esta tierra, y eso significa que tú puedes mirar, no sin dolor, desde luego, hay dolor, pero sí puedes mirar sin angustia, sin terror, incluso la destrucción de todas las cosas, si hasta allá llegara el mundo.
Este es un mensaje de libertad porque es el mensaje para los hijos de Dios que tienen sus tesoros en el cielo. Este es el mensaje para aquellos que entendemos que el verdadero tesoro y la verdadera riqueza, nadie nos lo puede arrancar. Jesús dijo que les iba a dar a los Apóstoles un gozo que nadie les podría arrebatar, y habló de una paz que es más grande y mejor que la paz que da este mundo.
Si nosotros experimentamos esa clase de tesoros en nosotros mismos, sentimos que un viento de libertad nos recorre el corazón, hermanos, porque aquella persona que sabe en dónde están sus tesoros, sabe, que aunque todo se cayera, aunque todo se destruyera, aunque todo se terminara, mi tesoro no se termina, mi alegría no se termina, el motivo de mi alabanza nunca muere, ese es un cristiano.
El Apocalipsis es un libro de esperanza, ¿cómo se escribió? ¿Cuándo se escribió el Apocalipsis? Se escribió en la última decena del siglo primero, y tiene unos destinatarios que son las comunidades del Asia Menor, de lo que hoy es Turquía. Cristianos que estaban siendo perseguidos, torturados, desterrados, oprimidos.
Y lo que les está diciendo el libro del Apocalipsis a esos cristianos es: "Aunque te quiten todo no te pueden quitar a Cristo; aunque te quiten todo no te pueden quitar el amor, la redención, la salvación; aunque te quiten todo no te pueden quitar la misericordia, la Sangre del Cordero, la vida imperecedera, eso no te lo pueden quitar".
Y por eso el Apocalipsis es un canto a la esperanza, es un canto a la libertad, es un canto a aquello que nunca nos pueden quitar.
Saborea, por favor, esas palabras: "A mí Jesús nunca me lo pueden quitar", ¡qué lindo, sácale el sabor a eso! "A Él no me lo pueden quitar". Las demás cosas no sólo me las pueden quitar, sino que me las van a quitar.
Ese grupo de personas que adquirió una propiedad y allá pusieron un gran filtro de agua, alimentos imperecederos, mantas, linternas y demás artefactos y artilugios de supervivencia, si una de esas personas se muere antes de que pasen todas las catástrofes que están esperando, allá tendrá que dejar el agua, los alimentos imperecederos, las mantas, las linternas y todas las demás cosas.
Que todo tendremos que dejar, hermanos, Todo, todo tendremos que dejar más tarde o más temprano, todo, todo, y todo es todo.
En el convento donde yo vivo en la ciudad de Dublín, en Irlanda, la mayor parte de mis compañeros de comunidad, Frailes Dominicos, son de edad avanzada, y en este año que está terminando han muerto dos de ellos, dos de mi misma casa. Yo espero, con la bondad del Señor, no ser el tercero; han muerto dos y estos frailes irlandeses tienen unas costumbres sobrias tan interesantes, pero al mismo tiempo, no sé, me parecen tan duras.
Ellos han sido muy buenos conmigo y de eso doy testimonio en público; conmigo han sido bellos, fraternos, a la manera irlandesa, obviamente; no es el estilo nuestro latinoamericano, pero han sido muy especiales.
Nada tengo contra ellos, sino al contrario, mucha gratitud, pero su manera de ser a veces me impacta tanto, porque yo soy de estas tierras, empezando porque estoy acostumbrado a que nos abrazamos y sonreímos y bueno, somos tan expresivos. Estos otros frailes tienen una manera muy distinta de ser, pero me han enseñado muchas cosas.
Cuando se murió uno de estos padres... A ver, aquí estaba la habitación de él, y aquí quedaban unas ventanas, hagan de cuenta que este es un corredor largo, largo; aquí queda una serie de habitaciones, aquí está la pieza donde murió el padre, y aquí quedan unas ventanas con una especie de balcones que tienen una una especie de repisas.
Bueno, después de que se murió el padre, la mayor parte de los libros y de las cosas del padre las pusieron ahí en la ventana, por si alguien necesitaba algo.
Oye, ¡qué espectáculo tan impresionante! Ver cómo se sacaba casi todo lo de la habitación del padrecito muerto, ya no le sirve de nada a él, se pone ahí, en unas mesas, y tú puedes pasar y tú puedes recoger lo que tú necesitas.
¡Qué cosa tan sencilla pero tan impresionante! Como que se me revolvía el corazón y decía: "¡Pero es que es verdad, es que uno se muere y le reparten todo! Y es así, ¡uno se muere y le reparten todo!
Hermanos, el mensaje del Apocalipsis es: aunque pretendan adueñarse de todo lo que tienes, incluyendo tu vida en esta tierra, hay en ti algo que es más fuerte, hay en ti algo que es más grande; y por eso, lejos de ser un mensaje de miedo, este es un mensaje de libertad y de esperanza.
Lo que nos está diciendo el Apocalipsis y lo que nos está diciendo el Señor Jesús en el evangelio es: "Vive de tal manera que puedas morir en paz", ese es el mensaje. "Que lo que te vas a llevar cuando te mueras, sea eso que nadie te pueda quitar".
Aquí en la Mansión recordamos con mucho amor a dos hermanos nuestros, el Padre Chris, el Padre Walter. Yo me puedo imaginar la muerte de un sacerdote que verdaderamente se ha entregado como lo hicieron estos hermanos, se ha entregado a la alabanza a Dios y se ha entregado a servir al pueblo de Dios.
A mí no me cuesta trabajo imaginar la muerte de un hombre así, y me parece tan hermoso que en el instante que uno de estos hombres seguramente estaba saliendo de esta tierra, sentía que su corazón estaba lleno de las sonrisas de tantos pobres, de tantos enfermos, de tantos pequeñitos que le decían, por ejemplo al padre Chris: "¡Gracias!"
Todas esas personas que recibieron sanación, a través de la oración de este sacerdote, dejaron impresa en el corazón una sonrisa. Y cuando el Padre Chris se fue para la eternidad, tenía el corazón a reventar de sonrisas y de agradecimiento de tanta gente.
Y esas sonrisas de los pobres y esas sonrisas de los pequeños, no están metidas allá junto con unas lentejas y un arroz imperecederos, y unas mantas y unas linternas para cuando empiecen los terremotos.
El verdadero refugio tienes que tenerlo aquí en el corazón, llena tu corazón de esas sonrisas, de los pobres agradecidos por el bien que les has hecho, llena tu corazón de esas sonrisas y de esa gratitud del que te dice: "Gracias a ti llegué a los caminos del Señor".
El día que te estés muriendo, hermano, el día que tengas que salir de esta tierra, esa sonrisa de ese compañero de trabajo que un día lo trajiste aquí para que fuera evangelizado, esa sonrisa, estará ahí como un sello vivo, un sello y una sonrisa que te dice: "Valió la pena, todo, todo valió la pena".
Vive de manera que te puedas llevar toneladas de alegría, vive de manera que te puedas llevar toneladas de amor y de gozo y de alabanza. Frente a todo eso que se pudieron llevar hombres como el Padre Chris o como el Padre Walter o como el Padra Joe allá en Irlanda, un hombre bueno, uno de los que falleció este año, o el Padre Lio Mc Kormack, en Dublín, en Irlanda, sacerdotes que hasta el último día se entregaron.
El Padre Joe Moran, el día que murió, supieron que había muerto porque él tenía la Misa a las once de la mañana, estaba trabajando, tenía ochenta y cuatro u ochenta y cinco años y él pedía que le dejaran una Misa, porque él quería celebrar la Misa con la gente.
Murió trabajando, murió quemándose, y se llevó para la eternidad lo que nadie le podía quitar, los libros tarde o temprano tenía que repartirlos y ahí los están repartiendo en el convento en Dublín.
Y los lingotes de oro que tú reúnas, y los brazaletes, y las joyas y la ropa, y las paredes, y los techos, todo eso tendrás que dejarlo, y si esa es toda tu alegría, qué triste es tu vida; si eso es todo lo que tienes para ser feliz, qué infeliz eres.
Vive de manera que tengas muchas sonrisas y mucho amor para llevarte. Haz el experimento, te invito hoy, haz el experimento de grabar en tu corazón la sonrisa del pobre que queda agradecido por el bien que le das.
De manera que saca esas mantas, saca ese arroz, esas lentejas, esa agua, repártelo a los pobres; dale amor al pequeño, ve, y llévate esa sonrisa. Ese es el verdadero refugio: reparte de lo que tienes, dálo, dálo con alegría.
Y después vas a hacer esto, mira: vas a mirar el rostro del niño que no podía sonreír y que ahora puede sonreír porque le has dado algo que vale la pena, y vas a mirar el rostro del anciano que no tenía nadie con quien conversar y que te dice: "Gracias por hacerme la visita", ¿no has sentido esa sonrisa? Si no conoces la sonrisa de un anciano agradecido porque lo visitaste cuando nadie lo visitaba, no sabes de qué color es el cielo.
Ese es el color del cielo, esa es la alegría, ver eso, que eso sucede, ver que tú, después de ayunar y orar, sufrir y sudar frío le dices a una compañera de trabajo: "-¿Por qué no me acompañas a la Mansión? "-¿A que?" "-A una evangelización". "-¿A una qué?" "-Evangelización". "-Ah, yo no quiero eso".
Y tú por dentro te mueres de vergüenza pero insistes y le dices: "ven, ven que vale la pena". Y de pronto tu compañera vino y aquí aprendió, con el poder de la Palabra, que el pecado podía ser quebrantado, y aquí aprendió a ser libre con la libertad de Cristo y un día esa compañera de trabajo te mira a los ojos y te dice: "Oye, ¿sabes qué? Gracias, me llevaste al Señor".
Esa es la sonrisa que te llevas al cielo, esa es la sonrisa que nadie te puede quitar, ese es el gozo que nadie te puede arrancar. Y, sí, pueden pasar muchas cosas, muchas, muchas.
Hay una mujer muy carismática y también muy anciana pero aún vive, Chiara Lubich, la fundadora del Movimiento de los Focolares.
Chiara Lubich, fundó el Movimiento de los Focolares que es un movimiento católico lleno de alegría, de evangelización, de amor, ¿saben dónde lo fundó? Si no lo saben les cuento: en los refugios antiaéreos de la Italia de la Segunda Guerra Mundial, ahí fundó el movimiento de los Focolares.
Cuando todo el mundo temblaba de miedo y maldecía a los bombarderos y se llenaba de odio y prometía venganza, Chiara, una mujer, una verdadera profetiza, porque las hay, convocó a otras amigas y tomaron la costumbre de leer la Palabra de Dios, de celebrar a Jesucristo, de compartir el mensaje del Evangelio.
Y tomaron una opción maravillosa, mientras sus casas, oficinas, edificios, almacenes, mientras todo se destruía por el poder de las bombas, Chiara y sus amigas se reconstruían por el poder del Evangelio, ¿no es bello eso?
Y sí, las bombas destruyeron muchas cosas en la Italia de la Segunda Guerra Mundial, pero no pudieron destruir el corazón de Chiara, ni pudieron destruir la obra de Chiara, que hoy tiene miles y miles de seguidores, gozosos creyentes en Jesús.
Y tú puedes mirar la fotografía de Chiara Lubich, una ancianita linda, y tú puedes mirar esos ojos y esa sonrisa, y son la sonrisa y la mirada de un triunfador, porque ella fue mas grande que las bombas, las bombas pudieron destruír paredes, pero no destruyeron su corazón. ¡Esa es victoria!
Y ese es el estilo de vida cristiano. Ese es un mensaje, este mensaje del evangelio, es un mensaje tan poderoso.
Algunos hacen este reparo: "Padrecito, otra vez usted quiere que nos vayamos al cielo y a la otra vida y que nos desinteresemos de esta tierra, pero hoy por hoy necesitamos el compromiso con las realidades económicas, sociales, políticas, financieras", y yo le respondo: "Me parece que no me he explicado bien, porque este evangelio es un evangelio de transformación social a gran escala, y paso a explicarlo.
Hermanos, ya lo hemos comentado en alguna enseñanza sobre la codicia, ¿por qué cuando una persona llega al poder empieza a saquear los dineros públicos? Porque ahí tiene puesto su corazón, tan sencillo como eso.
Llenemos a Bolivia, llenemos a Latinoamérica, llenemos al mundo de gente que sepa a dónde están los verdaderos tesoros, y esa gente aparentemente celestial, espiritual, esa gente es la gente que cuando llegue al poder será capaz de decir: "Este no es mi ídolo, esto es para mejor servir a los pequeños, los marginados, los olvidados y los pobres".
Necesitamos gente así, si hay un evangelio que trae transformación social, es el evangelio del lenguaje apocalíptico, cuanto más transformado esté tu corazón, cuanto más convencido estés de que las cosas de este mundo pasan, más libre serás de esas mismas cosas, y mientras más libre seas más puedes darlas a los demás.
Por eso mis hermanos, necesitamos de esos corazones repletos de esas riquezas, corazones fascinados por Jesucristo. No hay bendición mayor, no puedo yo pensar en una bendición mayor para Santa Cruz, ni para Bolivia, ni para ningún país del mundo, que tener gobernantes que sepan valorar los tesoros del cielo.
Un gobernante que sepa valorar la eternidad y que sepa valorar el cielo, apreciará más la gratitud del pobre que el dinero que antes le robaba al pobre, y ese es el tipo de gobernante que hará una transformación en nuestra Latinoamérica, ese es el tipo de gobernante, que hará una revolución sin destrucción, sin aplastar los derechos o la vida de sus enemigos. Este es el poderoso mensaje del Evangelio.
El mensaje es: vive de tal manera, que aunque las bombas de los nazis destruyeran todas tus casas y posesiones, jamás, jamás puedan destruir los tesoros que tienes en tu corazón.
Amén.