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Revisión del 02:11 19 oct 2011

Fecha: 20110127

Título: El milagro de la perseverancia en la fe se produce cuando la vivimos en comunidad

Original en audio: [4 min. 16 seg.]


Durante tres semanas nos ha venido acompañando la Carta a los Hebreos, un documento que invita fundamentalmente a perseverar en la fe.

Estos henreos, como lo hemos explicado otras veces, eran básicamente judíos convertidos al Cristianismo; pero probablemente se trataba de hombres ligados al culto del Templo, de modo que su conversión hacia Jesucristo había implicado también que fueran expulsados de las sinagogas y que quedaran en una condición bastante difícil en todo sentido,incluso, en el área económica.

Por eso, tenían que sentirse tentados de dar marcha atrás, de regresar a las prácticas de la Antigua Alianza y el culto del Templo en Jerusalén.

Esta Carta a los Hebreos ha tomado este acontecimiento para hacer un contraste muy rico, muy completo entre la Antigua Alianza, sellada con Moisés, y la Nueva Alianza, sellada con Jesucristo.

Este contraste ha servido para que descubramos la figura de Nuestro Señor Jesús como el Sumo Sacerdote, como Aquel que, entregando el precio de su propia Sangre, ha dado perfecta gloria a Dios y también ha reconciliado a la humanidad, a ti y a mí, con el Padre Celestial.

Por eso, lo que resta es apoyarnos unos en otros y apoyarnos todos en el regalo de la fe para avanzar, aunque sea en medio de dificultades, avanzar en nuestro propio peregrinar.

Es muy interesante, en el capítulo décimo de la Carta, ese que nos ha acompañado en la primera lectura de hoy de la Misa de hoy, es muy interesante cómo el autor de esta Carta a los Hebreos invita a que unos nos fijemos en otros, y unos apoyemos a otros.

Yo quiero destacar esto porque con mucha frecuencia se nos olvida que la fe tiene esa dimensión interpersonal, no es un evento privado en el sentido de algo individual, una opción puramente subjetiva que yo tomo porque a mí me parece.

La fe acontece en medio de la comunidad, necesitamos alimentar nuestra fe de la fe de otros, y necesitamos brindarles también el regalo de nuestra fe.

Y en ese intercambio, en ese testimonio, que trasciende lo puramente subjetivo e individual, ahí se realiza el milagro de la perseverancia, ahí se realiza el milagro de la constancia en la fe. Esa es la receta, esa es la propuesta que nos da la Carta a los Hebreos.

Observemos que esto significa tomar algo que es profundamente interior, una convicción, una fe que tenemos para compartirla, para hacerla parte de la vida de otros.

Y de aquí tenemos que aprender también que lo que llevamos dentro, finalmente tiene que salir afuera. Es algo como lo que nos cuenta en evangelio de hoy, en el capítulo cuarto de San Marcos, esto es lo que nos dice Jesucristo, que lo que estaba oculto, bueno o malo, tendrá que salir a la luz.

Y nos dice que las lámparas no son para esconderlas debajo de las mesas, sino que tienen que brillar en alto. Así también, nuestra fe, nuestras buenas obras, nuestro testimonio del amor de Dios, tiene que brillar.

Ahí coinciden las dos lecturas de hoy: la Carta a los Hebreos invitándonos a regalara el testimonio de nuestra fe a otros, Y Jesús en el evangelio diciéndonos que nuestra luz tiene que lucir para que se luzca también el Padre Celestial.