Diferencia entre revisiones de «I154002a»

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La vocación al mismo tiempo es externa, y se puede decir que son los hechos, la realidad de la vida la que nos empuja a comprometernos en una determinada dirección, pero la vocación también es interna, son nuestras inclinaciones más hondas, son nuestros sueños más íntimos los que vienen a despertar de alguna manera.
 
La vocación al mismo tiempo es externa, y se puede decir que son los hechos, la realidad de la vida la que nos empuja a comprometernos en una determinada dirección, pero la vocación también es interna, son nuestras inclinaciones más hondas, son nuestros sueños más íntimos los que vienen a despertar de alguna manera.
  
Y en esa confluencia de la voz exterior y de la voz interior, en ese llamado que Dios hace por fuera y por dentro, el ser humano se ve halado, se ve jalado, se ve atraído hacia una nueva condición
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Y en esa confluencia de la voz exterior y de la voz interior, en ese llamado que Dios hace por fuera y por dentro, el ser humano se ve halado, se ve jalado, se ve atraído hacia una nueva condición.
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La Carta a los Hebreos dice que Dios es el que llama a las cosas que no son para que sean. La palabra poderosa de Dios ha creado cuanto existe, nos cuenta el libro del Génesis en el capítulo primero, y hay un salmo que dice, refiriéndose a Dios: "Él lo mandó y surgió" Salmo 33,9. Esto indica que cuando Dios nos llama al mismo tiempo nos está creando, o mejor, está creando en nuestra historia personal e irrepetible una nueva condición, una nueva etapa.
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Moisés siente miedo, es el miedo de nacer a su nuevo ser, es el miedo de abrirse a un futuro que ya no será completamente suyo, quizás, es también el miedo de perder el control, porque si hay algo que nos gusta tener es el control sobre nuestra propia vida.
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Entonces Moisés se disculpa, dice que no puede hablar, que no sabe hablar, y Dios va venciendo esos obstáculos que en el fondo son los obstáculos y los temores que cada uno de nosotros tiene, aquello que nos mantiene frenados, nos mantiene atados a un pasado sencillamente porque es nuestro pasado. Pero Dios nos llama a su futuro, a lo que seremos junto a Él.
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La última objeción de Moisés es

Revisión del 19:25 12 jul 2011

Fecha: 20110714

Título:

Original en audio.4 min.26 seg.


Hoy la liturgia pone ante nuestros ojos el misterio del Nombre de Dios.

Moisés se encuentra con el Señor, hay una voz que le llama, esa voz está afuera de él, porque parece salir e esa zarza, pero está también adentro de él, porque corresponde a los anhelos más profundos que ya Moisés tenía. Este es el primer aspecto de la vocación que creo que debemos subrayar hoy.

La vocación al mismo tiempo es externa, y se puede decir que son los hechos, la realidad de la vida la que nos empuja a comprometernos en una determinada dirección, pero la vocación también es interna, son nuestras inclinaciones más hondas, son nuestros sueños más íntimos los que vienen a despertar de alguna manera.

Y en esa confluencia de la voz exterior y de la voz interior, en ese llamado que Dios hace por fuera y por dentro, el ser humano se ve halado, se ve jalado, se ve atraído hacia una nueva condición.

La Carta a los Hebreos dice que Dios es el que llama a las cosas que no son para que sean. La palabra poderosa de Dios ha creado cuanto existe, nos cuenta el libro del Génesis en el capítulo primero, y hay un salmo que dice, refiriéndose a Dios: "Él lo mandó y surgió" Salmo 33,9. Esto indica que cuando Dios nos llama al mismo tiempo nos está creando, o mejor, está creando en nuestra historia personal e irrepetible una nueva condición, una nueva etapa.

Moisés siente miedo, es el miedo de nacer a su nuevo ser, es el miedo de abrirse a un futuro que ya no será completamente suyo, quizás, es también el miedo de perder el control, porque si hay algo que nos gusta tener es el control sobre nuestra propia vida.

Entonces Moisés se disculpa, dice que no puede hablar, que no sabe hablar, y Dios va venciendo esos obstáculos que en el fondo son los obstáculos y los temores que cada uno de nosotros tiene, aquello que nos mantiene frenados, nos mantiene atados a un pasado sencillamente porque es nuestro pasado. Pero Dios nos llama a su futuro, a lo que seremos junto a Él.

La última objeción de Moisés es