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Esa cercanía, sin embargo, no es asunto de compinchería, sino es asunto de la salvación que está en juego. Las razones que aparece dándose Dios para hablarle a Abraham, son muy claras: "De Abraham va a nacer un pueblo. Ese pueblo hay que instruirlo, y es necesario que Abraham sepa instruir" (''véase'' Génesis 18,18-19).
 
Esa cercanía, sin embargo, no es asunto de compinchería, sino es asunto de la salvación que está en juego. Las razones que aparece dándose Dios para hablarle a Abraham, son muy claras: "De Abraham va a nacer un pueblo. Ese pueblo hay que instruirlo, y es necesario que Abraham sepa instruir" (''véase'' Génesis 18,18-19).
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Sodoma es en la Sagrada Escritura la imagen de la destrucción total: fuego y azufre caídos del cielo que arrasan completamente con una ciudad. Pero, aunque no quede nada ante nuestros ojos, sí hay algo que debe quedar en nuestros corazones, es la enseñanza.
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''Y aquí sacamos otro punto de provecho para nuestra meditación. El mal no es inútil. El mal, aunque cayera fuego y azufre, aunque hubiera que aniquilar por completo, el mal deja algo, deja una enseñanza, deja algo para aprender.''
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Lo cual me hace recordar una oración muy hermosa del Papa Paulo Sexto en una multitudinaria Ordenación de sacerdotes. Decía el Papa, rogando por estos nuevos presbíteros, a Dios Nuestro Señor: "Que reconozcan el mal sólo para nombrarlo y para evitarlo".
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''Aprender la enseñanza del mal sin que le suceda, sin caer, ésta es la suprema prudencia. Ciertamente, ésta es la prudencia que la Iglesia ensalza en la Bendita Virgen María cuando la llama Virgen Prudentísima.''
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En el mal hay algo bueno, en el mal hay un contraste que surge. Así le hablaba también Dios a Santa Catalina de Siena. Le decía con mucha frecuencia: "Y ahora te voy a mostrar lo contrario". Porque, lo contrario se conoce mejor por su contrario.

Revisión del 16:20 24 jun 2011

Fecha: 19990628

Título: La oracion de intercesion es grande por Aquel a quien acudimos

Original en audio: 8 min. 45 seg.


Con la bondad del Señor y de su Espíritu, meditemos un poco en el texto de la primera lectura, que es un testimonio de la oración de intercesión,y que tiene escondidos muchos amables tesoros para nosotros.

Lo primero es esa confianza entre Dios y Abraham. Realmente lo trata como a un amigo. "¿Es que le puedo ocultar a Abraham lo que pienso hacer?" (véase Génesis 18,17).

Y ya alguno de los profetas, llamados menores, no sé si es Amós u Oseas, el que dice: "Nada hace el Señor sin revelárselo a sus profetas" (véase Amós 3,7).

Hay que llamar bienaventurados, entonces, a los profetas, porque pueden ser considerados amigos de Dios, porque Dios les cuenta sus designios, sus planes, porque Dios los trata con intimidad y con cercanía.

Esa cercanía, sin embargo, no es asunto de compinchería, sino es asunto de la salvación que está en juego. Las razones que aparece dándose Dios para hablarle a Abraham, son muy claras: "De Abraham va a nacer un pueblo. Ese pueblo hay que instruirlo, y es necesario que Abraham sepa instruir" (véase Génesis 18,18-19).

Sodoma es en la Sagrada Escritura la imagen de la destrucción total: fuego y azufre caídos del cielo que arrasan completamente con una ciudad. Pero, aunque no quede nada ante nuestros ojos, sí hay algo que debe quedar en nuestros corazones, es la enseñanza.

Y aquí sacamos otro punto de provecho para nuestra meditación. El mal no es inútil. El mal, aunque cayera fuego y azufre, aunque hubiera que aniquilar por completo, el mal deja algo, deja una enseñanza, deja algo para aprender.

Lo cual me hace recordar una oración muy hermosa del Papa Paulo Sexto en una multitudinaria Ordenación de sacerdotes. Decía el Papa, rogando por estos nuevos presbíteros, a Dios Nuestro Señor: "Que reconozcan el mal sólo para nombrarlo y para evitarlo".

Aprender la enseñanza del mal sin que le suceda, sin caer, ésta es la suprema prudencia. Ciertamente, ésta es la prudencia que la Iglesia ensalza en la Bendita Virgen María cuando la llama Virgen Prudentísima.

En el mal hay algo bueno, en el mal hay un contraste que surge. Así le hablaba también Dios a Santa Catalina de Siena. Le decía con mucha frecuencia: "Y ahora te voy a mostrar lo contrario". Porque, lo contrario se conoce mejor por su contrario.