Diferencia entre revisiones de «I116002a»

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No nos gusta entrar en el crisol y sin embargo es allí de donde surge la pureza, es allí donde brilla con más fuerza la luz y es allí donde somo verdaderamente transformados.
 
No nos gusta entrar en el crisol y sin embargo es allí de donde surge la pureza, es allí donde brilla con más fuerza la luz y es allí donde somo verdaderamente transformados.
  
Por eso también jesús dice a sus Apóstoles en alguna ocasión que cuando un sarmiento, es decir, una rama de la vid produce fruto tiene que ser podada, y si le preguntáramos a un sarmiento de la vid: "¿Te gusta perder algunas hojas y ramas?" Lo más probable es que diría que no le gusta
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Por eso también jesús dice a sus Apóstoles en alguna ocasión que cuando un sarmiento, es decir, una rama de la vid produce fruto tiene que ser podada, y si le preguntáramos a un sarmiento de la vid: "¿Te gusta perder algunas hojas y ramas?" Lo más probable es que diría que no le gusta. Pero a través de esa poda se concentra mejor la sabia, y a través de esa poda se fortalece, se embellece y da mejor fruto.
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Uno que fue bastante podado, bastante perseguido y bastante sometido al crisol fue el Apóstol San Pablo. Las distintas clases de persecuciones que tuvo que padecer no solamente por lo peligros naturales que incluye un viaje: peligros de salteadores, peligros de naufragios, peligros de piratas, peligros de perderse o de no encontrar suficientes recursos, no solamente esos peligros, sino también las persecuciones por sus hermanos de raza y las persecuciones también de falsos hermanos, falsos cristianos. Esta experiencia dolorosa la tuvo Pablo.
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Y es muy interesante la Segunda Carta a los Corintios en estos capítulos once y doce que estamos leyendo estos días porque nos permiten como asomarnos al crisol, mirar lo que está sucediendo allí, ver cómo un corazón aprende a desprenderse de todo y aprende a aferrarse más a Dios.

Revisión del 20:40 16 jun 2011

Fecha: 20110618

Título:

Original en audio: 4 min. 28 seg.


Si le preguntáramos a un pedazo de hierro si le gusta entrar en el horno encendido seguramente diría que no. Si le preguntáramos a la arena si le gusta entrar en el horno encendido, así sea para volverse hermosísimo vidrio, seguramente diría que no.

No nos gusta entrar en el crisol y sin embargo es allí de donde surge la pureza, es allí donde brilla con más fuerza la luz y es allí donde somo verdaderamente transformados.

Por eso también jesús dice a sus Apóstoles en alguna ocasión que cuando un sarmiento, es decir, una rama de la vid produce fruto tiene que ser podada, y si le preguntáramos a un sarmiento de la vid: "¿Te gusta perder algunas hojas y ramas?" Lo más probable es que diría que no le gusta. Pero a través de esa poda se concentra mejor la sabia, y a través de esa poda se fortalece, se embellece y da mejor fruto.

Uno que fue bastante podado, bastante perseguido y bastante sometido al crisol fue el Apóstol San Pablo. Las distintas clases de persecuciones que tuvo que padecer no solamente por lo peligros naturales que incluye un viaje: peligros de salteadores, peligros de naufragios, peligros de piratas, peligros de perderse o de no encontrar suficientes recursos, no solamente esos peligros, sino también las persecuciones por sus hermanos de raza y las persecuciones también de falsos hermanos, falsos cristianos. Esta experiencia dolorosa la tuvo Pablo.

Y es muy interesante la Segunda Carta a los Corintios en estos capítulos once y doce que estamos leyendo estos días porque nos permiten como asomarnos al crisol, mirar lo que está sucediendo allí, ver cómo un corazón aprende a desprenderse de todo y aprende a aferrarse más a Dios.