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De manera que llegando al momento definitivo, al momento de la muerte, queda descubierta la intención de Satanás: no era hacerle sufrir solamente, era apartarlo del Padre. Y de esas garras se salvó Cristo; su obediencia amorosa le salvó de las garras del enemigo. Y por eso salta desde el monte Gólgota, una pequeña colina en realidad, desde la montaña del Gólgota salta, pero no al vacío, no salta a la nada y no salta a las garras del demonio, salta a las manos, salta al abrazo, salta al regazo de Papá Dios. | De manera que llegando al momento definitivo, al momento de la muerte, queda descubierta la intención de Satanás: no era hacerle sufrir solamente, era apartarlo del Padre. Y de esas garras se salvó Cristo; su obediencia amorosa le salvó de las garras del enemigo. Y por eso salta desde el monte Gólgota, una pequeña colina en realidad, desde la montaña del Gólgota salta, pero no al vacío, no salta a la nada y no salta a las garras del demonio, salta a las manos, salta al abrazo, salta al regazo de Papá Dios. | ||
| − | De modo que cuando | + | De modo que cuando jesús dice: "A tus manos encomiendo mi espíritu" Lucas 23,46, cuando se está entregando en las manos de Dios, su Padre, está declarando la victoria sobre la persecución, sobre las garras y pezuñas acusadoras y acosadoras de Satanás. Pero Satanás no es el único enemigo, el demonio, el mundo la carne, dice la tradición espiritual católica, y también el mundo trata de envolver, el mundo también trató de envolverlo, sin mostrar las garras, Satanás sí mostró garras, el mundo no muestra garras, el mundo envuelve con sonrisas con aplausos: cuántas veces lo quisieron proclamar |
Revisión del 14:02 14 may 2011
Fecha: 20020329
Título:
Original en audio: 8 min. 11 seg.
Jesús deja su ser, su su vida, su trabajo, su oración, su Sangre, sus discípulos, todo lo deja en las manos de Dios, su Padre.
"A tus manos encomiendo mi espíritu" Lucas 23,46. Es una expresión tan grande, tan completa, tan perfecta de confianza. "A tus manos encomiendo mi espíritu" Lucas 23,46. Es maravilloso porque le persegían las garras, y Jesús prefirió las manos. La Pasión de Cristo es la historia de las garras y pezuñas del diablo tratando de agarrarlo.
Las heridas, los insultos, las humillaciones el sufrimiento en general tenía un objetivo, y era sufrir por hacer sufrir, era sufrir por atrapar, era sufrir por agarrar a Cristo, y agarrar viene de garra. Pero Jesús lo pierde todo, menos la unión con el Padre, lo entrega todo, menos la unión con el Padre.
Hemos visto que entregó a su Santísima Madre, hemos visto que entregó su cuerpo, su sangre, entregó a sus discípulos protegiéndolos:"Si me buscáis a mí, no le hagáis nada a éstos Juan 18,8. Todo lo entregó y todo se lo quitaron, menos la unión con el Padre.
De manera que llegando al momento definitivo, al momento de la muerte, queda descubierta la intención de Satanás: no era hacerle sufrir solamente, era apartarlo del Padre. Y de esas garras se salvó Cristo; su obediencia amorosa le salvó de las garras del enemigo. Y por eso salta desde el monte Gólgota, una pequeña colina en realidad, desde la montaña del Gólgota salta, pero no al vacío, no salta a la nada y no salta a las garras del demonio, salta a las manos, salta al abrazo, salta al regazo de Papá Dios.
De modo que cuando jesús dice: "A tus manos encomiendo mi espíritu" Lucas 23,46, cuando se está entregando en las manos de Dios, su Padre, está declarando la victoria sobre la persecución, sobre las garras y pezuñas acusadoras y acosadoras de Satanás. Pero Satanás no es el único enemigo, el demonio, el mundo la carne, dice la tradición espiritual católica, y también el mundo trata de envolver, el mundo también trató de envolverlo, sin mostrar las garras, Satanás sí mostró garras, el mundo no muestra garras, el mundo envuelve con sonrisas con aplausos: cuántas veces lo quisieron proclamar