Diferencia entre revisiones de «Avpa003a»
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Revisión del 00:00 12 may 2011
Fecha: 20020330
Titulo: Llevar a Cristo que vive en nosotros cuando tomamos la comunion
Original en audio: 12 min. 16 seg.
Esta noche hermanos, nos estamos dando un gran banquete de la Palabra, hemos escuchado extensamente la palabra de Dios en los pasajes que podemos llamar, sin miedo, más representativos y más hermosos de toda la Biblia, se queda uno extasiado ante la belleza de cada uno de esos autores sagrados que nos han ido mostrando los episodios de nuestra salvación y como Dios tercamente, obsesivamente, ha permanecido en su proyecto de salvar al hombre.
Más allá de nuestros pecados, más allá de nuestras limitaciones, lo que hemos encontrado es a un Dios misericordioso, sabio y poderoso, que a través de nuestras mismas miserias guía, conduce la historia hacia un a plenitud y nosotros somos gente feliz y bienaventurada porque conocemos en donde está esa plenitud, esa plenitud esta en Jesucristo.
Por eso hoy le hemos gritado con gozo que El es el Señor, que El es el rey. Le hemos dado vivas, aplausos, hemos levantado nuestro cirio, hemos cantado para El, le hemos aplaudido muchas veces, le estamos dedicando nuestra mejor sonrisa y nuestro mas cálido amor, porque El es el resumen, El es la culminación, El es la cumbre de toda esta historia que veniamos recorriendo en estas lecturas.
Por El, sólo por El hemos recibido la salvación, por El y sólo por El hemos recibido la gracia y la verdad, como nos enseña el apóstol san Juan. Por eso nos estamos dando este banquete con la palabra de Dios, por eso vamos a tener una liturgia bautismal y por eso bendecimos el agua en memoria de nuestro propio bautismo, porque esa palabra tan pequeñita tiene una realidad más grande que el universo que ven nuestros ojos.
A través del bautismo nosotros hemos recibido toda esa gracia, toda esa luz, toda esa alegría, toda esa potencia de Jesucristo la recibimos en el corazón a través del bautismo, por eso no hay nada más importante que haya uno recibido en la vida, nada es tan importante como el bautismo, porque en el bautismo fuimos injertados en el tronco de la salvación, en el árbol de la redención. A través del bautismo se nos introdujo en la fuente de la vida, esa fuente que brotó en el corazón de Jesús cuando El ya dormía en la cruz.
Porque dice san Juan que de su pecho salió sangre y agua, sangre signo de la eucaristía, agua signo del bautismo. Nada es tan importante, nada es más grande para nosotros que el bautismo, porque a través el bautismo nosotros hemos recibido esto que estamos celebrando en esta noche más que ninguna otra noche, en esta noche y en este lugar, más que en ninguna otra noche, estamos celebrando el misterio de los misterios, estamos celebrando el corazón de nuestra fe.
Estoy muy feliz de estar aquí, estoy muy feliz de poder celebrar con ustedes esta pascua, estoy muy feliz de pensar de que a medida de que pasan los años yo veo que los cristianos tomamos más conciencia de que este es el centro de la Semana Santa, porque hubo una época en que se miraba al viernes santo como el centro de todo, la cruz, el dolor, las llagas, la muerte, la tragedia, ese era el centro de la Semana Santa y por eso tal vez se nos estaba volviendo una semana demasiado sombría.
Nosotros celebramos el viernes santo y nos dio dolor en el alma lo que le sucedió a Jesucristo; pero en esa noche tan terrible de dolor ya nosotros veíamos brillar una lucecita, porque Jesús no murió fracasando sino murió venciendo.
Jesucristo que no pudo ser vencido por el odio, que no pudo ser vencido por la soledad ni por la desesperación, Jesucristo que no pudo ser vencido ni por el demonio ni por el mundo ni por la carne, aunque haya muerto en la cruz, ya en su muerte es el vencedor, ya en esa cruz tan oscura del viernes santo ya se veía un relámpago de gracia y ese relámpago hoy es un día mas grande que todos los días, así sea de noche, porque esta noche en medio de la noche, Jesucristo venció las tinieblas.
No hay ninguna noche que haya tenido tanta claridad como la noche de la pascua de Cristo, que bueno que los cristianos ya vamos tomando conciencia de eso, que bueno que nosotros llevando las luces encendidas también vencemos a la noche y eso hermanos es un signo profético.
Ahora asi como en esta noche nos hemos llevado estos cirios y ustedes van a llevar estos cirios a sus casas, asi tienen que llevarse también esta palabra que se proclamó a la casita; y la luz que recibimos aquí para la casa también y la gracia bautismal para la casa, de nada sirve llevar agua si no se lleva gracia, hay que llevar la gracia de Cristo, hay que llevar el poder de Cristo, hay que llevar la alegría de Cristo.
Qué cantidad de gente ¡bendito sea Dios! todavía debería de haber más gente y sin embargo, ustedes y yo sabemos que muchos no vinieron y que muchos si hubieran podido venir, no nos vamos a poner bravos con ellos, no vamos a dejar que eso nos quite la alegría, sino mas bien tenemos que pensar, gran responsabilidad tengo ¿por qué? porque me corresponde llevar gracia de bautismo y luz de pascua, tengo que llevar a esas calles, tengo que llevar a ese barrio, tengo que llevar a esas montañas y a esos llanos.
Al que no vino este año, al que se quedó perezoso en su casa, no hablo del enfermo claro, al que se quedó perezoso en su casa y no quiso celebrar la fiesta de la familia que es la pascua, a ese que se quedó en la casa no lo voy a regañar ni me voy a entristecer, sino que le voy a llevar una luz, como es la que usted tiene y le voy a llevar gracia bautismal para que ese que no vino este año, el año entrante sea el primero en estar aquí, para que se llene mas y mas la Iglesia que es nuestra madre, se llene mas y mas con cantos de gozo, con la alegría del perdón de Cristo.
Porque si quieren saber una cosa mis hermanos, nosotros somos la gloria de Cristo, cuanto mayor sea el número de cristianos y mayor la santidad de los cristianos, más grande es la gloria de Jesucristo, usted con su conversión de vida, usted con su oración perseverante, usted con su amor fraterno, usted con los carismas que le da el Espíritu Santo, usted es gloria de Jesucristo, aquí y ahora en este mundo usted es gloria de Jesucristo y son gloria de Jesucristo las familias consolidadas en su poder y son glorias de Jesucristo las vocaciones consagradas, los sacerdotes, las religiosas, la vírgenes consagradas son gloria de Jesucristo.
Los niños que aman a Dios y respetan su santo nombre, los jóvenes que son generosos como tantos de ustedes. Yo he estado muy contento en esta Semana Santa ver la generosidad de la gente. Jóvenes generosos, niños felices con Jesús, parejas fundadas en Jesús, vocaciones consagradas a la manera de Jesús o si estamos enfermos o si llega el ocaso de nuestra vida perfectamente confiados en Jesús.
Nosotros somos la gloria de Jesucristo mis hermanos, nosotros somos la expresión de su victoria, pero para eso necesitamos no solamente mirar al pasado que El resucitó, necesitamos que El viva hoy en nosotros, necesitamos sentirlo y reconocerlo vivo en nosotros y esa será la última parte de esta celebración, la parte de la eucaristía.
Comemos el pan vivo, el pan resucitado, el pan de la pascua que es el mismísimo Señor nuestro Jesucristo, esa imagen tan hermosa del resucitado que está como saludando a todos y ofreciendo su victoria por todos nos alegra el corazón, pero esa imagen se quedará un día guardada en algún lugar, esa imagen no se va dentro de mí.
En cambio el Cristo vivo, el Cristo de la Hostia, el Cristo santísimo que yo comulgo, ese Cristo sí se va vivo conmigo, ese Cristo si se queda grabado en mi corazón y me da la victoria a donde yo vaya.
Como le decía Dios Padre a santa Catalina de Siena, le decía: "mira, cuando la persona comulga es como cuando se graba un sello en la cera que está blandita, aunque se quite el sello ya la cera adquirió esa forma, ya la cera quedó sellada".
Así somos nosotros cuando comulgamos y el signo sacramental, la especie de pan desaparece, pero el sello, el pertenecer a Jesucristo queda grabado en nosotros, esa es la liturgia eucarística.
Y de aquí salimos hermanos a anunciar como las mujeres del evangelio que escuchamos, de aquí salimos a anunciar lo que dijo el Ángel, "no está en la tumba no está entre los muertos, no busquéis entre los muertos al que vive, El está vivo" (San Mateo 28, 5-7).
Vamos a llevar la vida de Jesucristo, vamos a proclamar la vida de Jesucristo por todas partes, vamos a darle la gloria a Jesucristo con nuestra vida, para luego celebrarla eternamente en el cielo. Amén.