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Cristo Jesús, en el momento final de su existencia tiene palabras de misericordia, es ese  momento en el que se revela la verdadera intención de su Corazón. Es el momento que nos obliga a preguntarnos si realmente estamos ante un vencido o ante un vencedor.
 
Cristo Jesús, en el momento final de su existencia tiene palabras de misericordia, es ese  momento en el que se revela la verdadera intención de su Corazón. Es el momento que nos obliga a preguntarnos si realmente estamos ante un vencido o ante un vencedor.
  
Si lo miramos víctima de la traición de su discípulo, del olvido de los demás Apóstoles, de las estrategias de las autoridades judía, de la complicidad de las autoridades romanas, si lo miramos hecho una sola llaga y tendido por tierra, decimos: "Es un hombre vencido, es un fracasado"; pero cuando en medio de su postración pide perdón por aquellos que leestán ajusticiando, más bien nos parece que es Él el protagonista y que es Él el vencedor.
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Si lo miramos víctima de la traición de su discípulo, del olvido de los demás Apóstoles, de las estrategias de las autoridades judía, de la complicidad de las autoridades romanas, si lo miramos hecho una sola llaga y tendido por tierra, decimos: "Es un hombre vencido, es un fracasado"; pero cuando en medio de su postración pide perdón por aquellos que le están ajusticiando, más bien nos parece que es Él el protagonista y que es Él el vencedor, Él es el verdadero dueño de la situación, porque Él comprende lo que ni siquirea comprenden sus verdugos.
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"Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen"  . Pide perdón, y pide perdón para ellos, porque todo el sacrificio de la Cruz es una inmensa ofrenda de amor por el perdón. Teniendo un Dios así, ¿qué no podemos esperar nosotros? Si Él se ha puesto de primero en el sufrir, si es el primero en interceder, ¿qué no podrá esperar nuestra humanidad pecadora? Bien nos dice el Apóstol San Pablo: " Y ahora quién va a acusar a los elegidos de Dios, acaso Cristo?"    Pero ¿cómo Cristo si le vemos rogando en favor de sus mismos verdugos?
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Abramos, hermanos, el corazón a la gracia, dejemos que esta palabra de Cristo logre esa misericordia y ese perdón que esperan nuestras vidas. Aprendamos de esta mansedumbre, también, a perdonar a nuestros enemigos. Cristo no dijo que no íbamos a tener enemigos, sino que había que rogar por ellos,y como la norma del predicador es hacer lo que dice, ahí le vemos orando por sus mismos perseguidores.
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Gracias, Cristo, por esta palabra; gracias por tu perdón, gracias por tu amor.  
  
  

Revisión del 11:54 10 may 2011

Fecha: 19960405

Título:

Original en audio: 3 min. 14 seg.


Cristo Jesús, en el momento final de su existencia tiene palabras de misericordia, es ese momento en el que se revela la verdadera intención de su Corazón. Es el momento que nos obliga a preguntarnos si realmente estamos ante un vencido o ante un vencedor.

Si lo miramos víctima de la traición de su discípulo, del olvido de los demás Apóstoles, de las estrategias de las autoridades judía, de la complicidad de las autoridades romanas, si lo miramos hecho una sola llaga y tendido por tierra, decimos: "Es un hombre vencido, es un fracasado"; pero cuando en medio de su postración pide perdón por aquellos que le están ajusticiando, más bien nos parece que es Él el protagonista y que es Él el vencedor, Él es el verdadero dueño de la situación, porque Él comprende lo que ni siquirea comprenden sus verdugos.

"Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" . Pide perdón, y pide perdón para ellos, porque todo el sacrificio de la Cruz es una inmensa ofrenda de amor por el perdón. Teniendo un Dios así, ¿qué no podemos esperar nosotros? Si Él se ha puesto de primero en el sufrir, si es el primero en interceder, ¿qué no podrá esperar nuestra humanidad pecadora? Bien nos dice el Apóstol San Pablo: " Y ahora quién va a acusar a los elegidos de Dios, acaso Cristo?" Pero ¿cómo Cristo si le vemos rogando en favor de sus mismos verdugos?

Abramos, hermanos, el corazón a la gracia, dejemos que esta palabra de Cristo logre esa misericordia y ese perdón que esperan nuestras vidas. Aprendamos de esta mansedumbre, también, a perdonar a nuestros enemigos. Cristo no dijo que no íbamos a tener enemigos, sino que había que rogar por ellos,y como la norma del predicador es hacer lo que dice, ahí le vemos orando por sus mismos perseguidores.

Gracias, Cristo, por esta palabra; gracias por tu perdón, gracias por tu amor.








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Hermanos:

Cuando nos reunimos en esta noche solemne para meditar en las últimas palabras de Cristo, debemos preguntarnos con qué espíritu y con qué corazón vamos a escuchar lo que nos tiene que decir el Señor.

Y por supuesto la única respuesta es: hemos de escuchar a Cristo, sus palabras, con el mismo amor con que Él las pronunció; hemos de recibirlas con el mismo espíritu, con la misma ternura, con la misma delicadeza con que salieron de sus labios.

Tengamos en cuenta siempre, mis hermanos, que la Carne bendita de Nuestro Señor Jesucristo, aún martirizada en la Pasión, era el instrumento precioso de nuestra redención, como dice alguno de los Padres de la Iglesia, "era la lira del Espíritu Santo".

Y en esa Carne y a través de esa Carne, en esa voz y a través de esa voz, es dios mismo quien nos está enseñando no solamente cómo vivir, sino también cómo morir.

Llamamos a Cristo, y con toda razón, "Nuestro Divino Maestro"; si así le llamamos, tenemos que reconocernos discípulos suyos y estar dispuestos a aprender las lecciones que este Maestro lleno de sabiduría y de bondad tiene para darnos.

Entre esa lecciones las más importantes son las que han de definir nuestra eternidad; de poco valdría tener negocios exitosos en esta tierra, llenar nuestras arcas de dinero, o recibir el aplauso de muchos sobre esta tierra, si al final la muerte ha de arrebatarnos todo.

Únicamente, el que sepa enseñarnos cómo morir, merece el título de "Rabí", el título supremos de Maestro, y este es Cristo.

Cada una de estas siete palabras pertenece al testamento de Nuestro Señor Jesucristo, y todos sabemos para qué sirve un testamento: es la expresión de la voluntad de una persona, es el tesoro que quiere que quede en medio de sus herederos, es aquello que considera más durable, lo más permanente y también lo más valioso.

Siete joyas preciosas, siete palabras de Cristo y entre ellas la primera, que es una invitación a que nosotros aprendamos a perdonar y es una súplica al Padre para que perdone.

Sobre todo, nos llama la atención esa palabra, la palabra "Padre". Toda la Pasión, todo el sufrimiento que cayó sobre el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, todo ese sufrimiento parecía tener un único propósito: arrancarle, despojarle de todo rastro de humanidad. Todo ese dolor, todas esas humillaciones, hasta el punto que como había dicho el profeta Isaías,y lo hemos repetido ya hoy, Cristo ni siquiera parecía humano.

Pues incluso en ese punto, cuando no parece humano, Él sigue siendo el Hijo amado del Padre, Él sigue siendo el maestro de la oración, Él sigue siendo la voz de la humanidad entera que en su dolor, no tiene otro consuelo sino levantar los ojos al cielo.

Bien nos enseña cristo que 4:00