Diferencia entre revisiones de «O271004a»
(Ayudar siempre supone un riesgo, en este Año de la Misericordia pregúntate si el temor a que te hagan daño es más grande que el amor que sientes por la persona en necesidad.) |
(Sin diferencias)
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Revisión actual del 16:39 1 oct 2016
El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo décimo del Evangelio según San Lucas; es uno de los textos más citados en este Año de la Misericordia. El mismo Papa Francisco, que convocó el Año de la Misericordia, ha hecho uso frecuente de este texto, que es llamado la Parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10, 29-37). Tal vez lo más impresionante de este pasaje, es que la persona que finalmente ofreció ayuda, es la persona de quien menos se esperaba esa ayuda; resulta, que los judíos y los samaritanos no se entienden, y quien prestó la colaboración, quien bajó de su cabalgadura, quien ofreció el servicio, fue el que hubiéramos considerado distante, incluso enemigo.
Pero, hay otra enseñanza que yo quisiera destacar el día de hoy; se resume en esta frase: “Ayudar, siempre supone arriesgarse”. ¿Alguna vez te has preguntado, por qué aquellos hombres que pasaron primero, no se acercaron al que estaba caído? Era una zona peligrosa, el que estaba caído, había sido atracado, lo habían golpeado, seguramente eran salteadores agresivos, capaces de matar; se trata, pues, de una zona de riesgo, y entonces, el sacerdote y el levita que pasan primero, se dan cuenta del dolor, pero también se dan cuenta del riesgo, y hacen un balance entre “riesgo” y “dolor”, y en el caso de esos dos primeros personajes, el que gana es el riesgo. Por eso, dice Jesús, que dieron un rodeo; si hubieran pasado al lado de la persona que había sido atacada, esa persona no era una amenaza para ellos, o sea, pasar cerca de esa persona, no les iba a hacer daño a ellos, en cuanto a la persona herida, pero parece que lo que ellos están evitando es pasar por la zona de riesgo, están tratando de protegerse a sí mismos, y por eso en la ponderación o en la comparación entre el dolor que ven y el riesgo que perciben, se quedan del lado del riesgo, buscan la seguridad.
¿Qué es lo que sucede en el caso del samaritano? Jesús simplemente dice esta expresión: “Le dio lástima, se compadeció” (cf. Lc 10,33); indudablemente, los otros que pasaron, vieron también el dolor, pero la lástima que sintieron –si la tuvieron- fue demasiado pequeña, no fue suficiente para vencer el riesgo. Entonces, ¿qué fue lo que le pasó al samaritano? Que la magnitud de la compasión fue mayor que el riesgo percibido, es decir, el amor fue mayor que el temor; el temor de que me hagan daño está ahí, pero el amor frente a aquel que está sufriendo, también está ahí, y en el caso del samaritano, fue ese amor el que ganó, y de eso es de lo que se trata en el Año de la Misericordia, y de eso es de lo que se trata en toda nuestra vida cristiana. Ayudar siempre supone un riesgo; cuando damos una donación, ya sea a una persona en particular, o incluso a una institución, siempre hay el riesgo de que: ¿está plata si la utilizarán?, ¿qué tal que se estén burlando de mí?; cuando vamos a ofrecer una ayuda, siempre existe el riesgo de que la persona nos reciba mal, o interprete mal lo que nosotros queremos hacer; cuando queremos sacar una parte de nuestro tiempo para ponerla al servicio de otras personas, siempre existe el riesgo de que sea tiempo perdido, pero tenemos que preguntarnos, en el Año de la Misericordia, y en lo profundo de nuestro corazón, si ese riesgo es más grande que el amor que sentimos por la persona que está en necesidad.
Quiera Dios, que llevó a su Hijo hasta el extremo de la cruz, que el amor gane más y más terreno en nuestras vidas. Así sea.