Diferencia entre revisiones de «O206005a»

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(Dios que ha sido arrojado de nuestras vidas por el pecado, al mismo tiempo está buscando caminos para renovarnos, para hacernos templo suyo, para vivir con nosotros porque nos ama.)
 
(Sin diferencias)

Revisión actual del 16:18 19 ago 2016

La primera lectura del día de hoy está tomada del capítulo número 43 del profeta Ezequiel, donde nos cuenta el retorno de la gloria divina al templo de Jerusalén. Para entender el lugar de este pasaje en el conjunto del libro del profeta, conviene recordar que precisamente este libro empieza cuando la gloria de Dios, después de mostrarse tan bella y tan fuerte, abandona a Jerusalén; es decir que en el libro de Ezequiel todo empieza cuando la gloria de Dios incapaz del ambiente envenenado de Jerusalén se aparte y luego volviendo desde oriente regresa. Todo el libro de Ezequiel es esa historia, la historia de la gloria divina que se aparta y que al final vuelve; se aparta del templo que ha sido instrumento de hipocresía y de corrupción, ese templo que ha sido lugar de simple negocio y de ventaja particular para los sacerdotes de aquella época y luego regresa al nuevo templo, al templo definitivo en donde se quedará para siempre.

Podemos decir que en el libro de Ezequiel es algo así como un compendio de la Biblia entera, porque si lo miras bien en la Biblia lo que encontramos es la misma historia: como en el exordio de la historia humana el pecado ha echado a Dios de la vida y luego el libro del Apocalipsis contiene esas visiones maravillosas en su parte final, visiones que nos describen la morada de Dios con los hombres, la nueva Jerusalén en donde Dios habitará para siempre. Lo mismo que nos cuenta la Biblia entera, Dios que es arrojado de nuestra vida por el pecado, pero que a través de la redención encuentra camino para habitar para siempre con nosotros y nosotros con Él, eso mismo es lo que cuenta Ezequiel utilizando la imagen de la gloria divina.

La gloria de Dios que se aparta de Jerusalén, ciudad que se ha vuelto capital del pecado y que a través de un proceso de purificación y de renovación encuentra luego un camino para regresar al nuevo templo y esa gloria divina regresa a ese templo para quedarse para siempre.

Es hermoso entonces relacionar al libro de Ezequiel con el conjunto de la Biblia, pero todavía más hermoso o más útil por lo menos, es relacionarlo con nuestra propia vida. En realidad no es que Dios se aleje de nosotros, es que nosotros lo echamos, lo echamos de nuestras ciudades, lo echamos de nuestras leyes, lo arrojamos, lo expulsamos de nuestra vida, y ese Dios que ha sido expulsado de nuestra vida sin embargo está buscando un camino para renovarnos, para hacernos de nuevo templo suyo y para vivir con nosotros; lo cual es tanto más notable cuanto mejor descubrimos que no es Él quien necesita de nosotros, sino nosotros de Él; que aunque nosotros somos los necesitados es Él quien busca ese camino, quien hace ese itinerario para llegar a vivir con nosotros, así como la gloria que presenció Ezequiel se queda para siempre en el templo y así como la luz del Apocalipsis queda para siempre en la ciudad santa, en la nueva Jerusalén.

Así que es conveniente que cada uno de nosotros piense con sinceridad y con humildad delante de Dios, cuántas veces le hemos echado de nuestra vida, cuántas veces le hemos dicho: “no te quiero aquí”, cuántas veces le hemos dicho: “yo prefiero mis propios caminos”, cuántas veces hemos sentido que Dios es un estorbo.

Si miro la legislación de mi propio país Colombia, y si miro otras leyes, y si miro el curso que va tomando la política, y si miro tanta arrogancia en las declaraciones de algunos científicos; lo que encuentro es exactamente lo que dice Ezequiel, hemos expulsado a Dios de nuestra vida, en cierto sentido le hemos obligado a que se vaya. Pero Dios no se quedará pasivo. Él sigue buscando un camino porque quiere manifestar su bondad, su ternura y su gloria en medio nuestro. ¿Por qué? No porque nos necesite, solamente porque nos ama, con amor que no puede fallar.