Diferencia entre revisiones de «O202004a»
(Los ricos son aquellos que no han podido descubrir que Dios es su verdadera riqueza y esperanza; que confían en las promesas del mundo, negándose la entrada en el Reino de Dios.) |
(Sin diferencias)
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Revisión actual del 17:39 17 ago 2016
El texto del Evangelio de hoy, tomado del capítulo diecinueve de San Mateo, ciertamente es bien conocido; la imagen que utiliza Nuestro Señor Jesucristo en este texto, es visualmente tan impactante, que una vez que uno lo ha oído, es difícil olvidarla. Es parte de los secretos de un buen pedagogo, utilizar esa clase de recursos que quedan para siempre en la mente, en el recuerdo de sus discípulos. La expresión de Cristo, es aquella frase: “Más fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mt 19,24). Esa frase es bien recordada, y quizá se cita con alguna frecuencia; lo que yo no estoy tan seguro, es que sea entendida adecuadamente, porque la palabra “rico”, en el lenguaje de Cristo, creo que hay que entenderla como el contraste con la palabra “pobre”, es decir, si entendemos mal lo que significa “pobre”, entendemos mal lo que significa “rico”. Es como una persona que está aprendiendo idiomas y no entiende, por ejemplo, la palabra “día” en ese idioma; por decir algo, si no entiende que “day” es “día” en inglés, pues, seguramente tampoco va a entender que “night” es “noche”. Cuando uno no entiende una cosa, tampoco entiende la contraria; por eso decía Santo Tomás que uno tiene un mismo acto de inteligencia para comprender las cosas que son opuestas; uno entiende correctamente lo bueno, cuando se da cuenta de qué es lo malo, y uno entiende correctamente lo malo, cuando se da cuenta de qué es lo bueno. No se puede entender bien una cosa, sin entender bien la otra; no se puede entender mal una cosa, sin entender mal la otra. Por eso también en nuestra época, a medida que se pierde el sentido de lo que es malo, también se pierde el sentido de lo que es bueno, valioso, heroico, virtuoso.
Entonces, en el caso presente hay ese contraste entre estas dos palabras: pobre y rico; y si entendemos mal alguna de las dos, estamos entendiendo mal las dos. La palabra “pobre”, tiene una historia muy importante en el Antiguo Testamento, porque después del destierro a Babilonia, a comienzos del siglo VI antes de Cristo, pues, el pueblo elegido quedó despojado de su tierra, de su dignidad, de su templo, y en algún momento llegó a pensar que estaba desposeído, también de sus promesas y de la vida misma. Luego, ese despojo, esa pérdida catastrófica, se alivió un poco cuando un buen número de judíos pudieron regresar a su tierra; el destierro a Babilonia terminó unos setenta años después, de modo que a finales del siglo VI vemos regresar a Jerusalén a un gran número de judíos. Pero podemos decir que la lección estaba aprendida. ¿En qué sentido? Podemos decir que estos judíos que volvían a Jerusalén, o por lo menos muchos de ellos, habían aprendido a desengañarse de los poderes y de los imperios de este mundo, y habían aprendido que más allá del Imperio Caldeo, o del Imperio Persa, y más allá de la arrogancia que ellos mismos habían tenido en otra época, en verdad sólo Dios es Dios. Y ese es el sentido de la palabra “pobre”; “los pobres de Yahvé”, que en hebreo se llaman “Anawin”; los pobres que han aprendido esta lección, esos son aquella población a la que Cristo le habla en las Bienaventuranzas, cuando dice: “Bienaventurados los pobres” (cf. Mt 5, 3). Son esos pobres, son aquellos que ciertamente han conocido grandes carencias, pero, que sobre todo han podido descubrir en dónde está su verdadera fortaleza y su verdadera riqueza; a saber, en Dios mismo.
Aquellos que han aprendido a desconfiar de promesas, sistemas, ideologías, imperios, tiranos; aquellos que han aprendido a poner toda su esperanza en el Señor, esos son los pobres a los que les habla Cristo, esos son los que pueden heredar el Reino de los Cielos, esos son los que de un modo más espontáneo y próximo, asumen, comprenden el Evangelio.
Si con ese concepto de pobres, nos vamos a lo que significa “rico”, entonces, entendemos porque el rico no entra en el Reino de Dios, porque el rico es el que no ha hecho ese descubrimiento, no ha hecho ese camino. El rico es el que sigue apoyándose, de alguna manera, en sí mismo; el rico es el que todavía pone su esperanza en una ideología, o en un sistema, o en su talento, o en su dinero, o en sus amigos; no ha terminado de descubrir que Dios y solamente Dios es el que verdaderamente reina, y entonces es lógico que ese que es rico de esa manera, jamás entrará en el Reino de los Cielos. Los apóstoles se asombraban, se escandalizaban; no dejemos que el escándalo de ellos se nos pegue a nosotros, simplemente comprendamos que tenemos que hacer el itinerario de los pobres de Yahvé, porque de otra manera, todo el lenguaje de Cristo se nos quedará, o en simple poesía, o en sueño irrealizable.