Diferencia entre revisiones de «O174004a»
(Las parábolas tienen el objetivo de mostrarnos con qué disposiciones hay que acercarse al Señor, para que Él reine en nosotros.) |
(Sin diferencias)
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Revisión actual del 17:10 23 jul 2016
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo 13 de San Mateo y encontramos una de muchas comparaciones que utiliza Nuestro Señor Jesucristo para hablar del Reino de Dios, o como se le llama en el Evangelio de Mateo el Reino de los Cielos.
Recordemos que la comunidad a la que pertenece San Mateo, según todas las indicaciones que tenemos, era una comunidad con un fuerte componente judío, y entre los judíos de aquella época, se mencionaba poco el Nombre de Dios por temor a irrespetarlo; entonces se utilizaban muchas veces rodeos como: los cielos, el Altísimo; son modos de no mencionar directamente a Dios porque se teme pronunciar su Nombre en vano. Así que Cristo está hablando del Reino de Dios o del Reino de los Cielos y en su modo de hablar siempre hay gesto de “se parece a…”; el Reino de Dios es como tal cosa, se parece a tal cosa. ¿Por qué permanentemente Cristo nos está hablando con comparaciones? ¿Por qué Cristo no presenta, como algunos políticos de nuestra época, por qué no presenta su plan exacto? “Lo que quiero hacer es esto, y luego conseguir esto, y vamos hacer de esta manera, y estas son las leyes claras, estos son los proyectos en los que vamos a trabajar”. El Reino de los Cielos no aparece como una idea completamente definida frente a nuestra mente, sino que más bien, es sugerido a través de esa clase de comparaciones: se parece a unas siembras, se parece a una perla, se parece a una red nos dice el día de hoy; y uno se queda un poco desconcertado, y se dice: “¡bueno pero cuando va a hablar claramente!” “¡cuando nos va a explicar claramente qué es el Reino de los Cielos!”.
La razón por la que no se puede dar esta definición es porque cuando nosotros tenemos algo que está completamente definido, es como cuando vemos algo que creemos entender del todo y cuando uno cree entender, uno tiene fácilmente la idea de que puede también controlar, lo que uno entiende ya uno piensa que lo puede controlar. Así ha sucedido muchas veces en la historia de la humanidad, es el caso de la ciencia y la tecnología; a medida que avanza la ciencia, es decir el conocimiento; también avanza la tecnología, es decir el control, incluso la manipulación. Por ejemplo lo que está pasando ahora mismo en nuestros días con la genética, tenemos graves dificultades ahí porque a medida que se comprende mejor y se conoce mejor todos estos temas de la reproducción humana, entonces ya van surgiendo ideas: “bueno y qué pasa si en esas cadenas de ADN nosotros quitamos este gen y ponemos este otro; si cambiamos este cromosoma por éste, ¡espérate vamos a armar al ser humano!”. Fácilmente se pasa del conocimiento a la manipulación.
Hay una “novela” prácticamente de terror, la consideraríamos que es la que cuenta la historia de un monstruo llamado Frankenstein, y este monstruo es el resultado de la tecnología médica y de la ingeniería eléctrica en sus comienzos; se supone que éste es un monstruo que es hecho a base de pedazos de personas, es armado y luego con unos choques eléctricos se le da vida. Pero este monstruo que tiene vida, sin embargo está vacío, hay algo que parece faltarle y bueno todos sabemos que tipo de personaje es Frankenstein, todo lo que hace y la manera como actúa; siempre buscando una especie de compañía o de amor.
Podemos decir que hacia allá va la genética en muchos aspectos, es decir “vamos a tomar pedazos de aquí y de allá y vamos a diseñar al ser humano; vamos a hacer el ser humano que a nosotros nos parece que debe existir”. Cuando el conocimiento avanza de esa manera, que es en clave de control, termina convirtiéndose en manipulación; en cambio, cuando Cristo nos está hablando permanentemente del Reino de Dios pues el sentido es ese, el Reino es de Dios, nosotros algo comprendemos de ese Reino, pero realmente no llegamos a conocer, no llegamos a controlar, no llegamos a descubrir todos los resortes, las fuerzas y los recursos porque finalmente el Reino de Dios depende de su sabiduría y del tamaño de su poder. Entonces no está en nuestro poder porque es el Reino de Él, y en ese sentido lo que necesitamos, no son las instrucciones para ver cómo hacemos para que Dios reine, sino las instrucciones para permitirle a Dios que reine en nosotros.
El propósito de las parábolas no es cómo reemplazar a Dios, el propósito es cómo abrirle la puerta a Dios y por eso se equivocan los que utilizan ese lenguaje: “vamos a construir el Reino de Dios”; así como se construye en genética un ser humano, así como se construyó Frankenstein, entonces “¡vamos a construir el Reino de Dios!” “ahora vamos a hacer esto, esto y esto otro y ahí reina Dios”, es decir “ya hemos logrado que reine Dios” “ya hicimos el Reino de Dios” ¡no! las parábolas no tienen el objetivo de enseñarnos cómo reemplazar a Dios, tienen el objetivo de mostrarnos con qué disposiciones hay que acercarse al Señor, para que Él reine en nosotros.