Diferencia entre revisiones de «Sjya010a»
(Oremos para que el Evangelio de Cristo encuentre tierra fecunda en nosotros y su Palabra nos haga verdaderos testigos y portadores de bendición como lo fueron los padres de la Santísima Virgen.) |
(Sin diferencias)
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Revisión actual del 09:22 22 jul 2016
El 26 de julio nuestra Iglesia celebra a San Joaquín y Santa Ana, los papás de la Santísima Virgen María, los nombres de ellos no aparecen en la Biblia, aparecen en una obra antiquísima conocida como el Evangelio de Santiago, esa obra no es parte de la Biblia, sino que pertenece a la literatura del tiempo en que fueron escritos los Evangelios canónigos, los que sí pertenecen a la Biblia; eso significa que estamos tomando nombres que vienen de esa literatura, de ese tiempo. Pero lo nombres en sí no son lo más importante, y el hecho de que utilicemos estos nombres, no le da una autoridad específica, ni un valor permanente a los escritos de esa obra, del Evangelio de Santiago, ni tampoco le da un valor a escritos llamados “apócrifos” de ese tiempo. De hecho, los nombres no son lo esencial aquí, para nosotros lo realmente importante es descubrir cómo de la humildad del pueblo elegido, de la humildad de los pobres de Yahvé, surge esa flor preciosa que es la Santísima Virgen María, es decir Joaquín y Ana, o el nombre que ellos hayan tenido, estos papás son como embajadores o representantes de aquellos que el Antiguo Testamento llama “el pequeño resto”; estos son como aquel germen que vió el profeta Isaías, estos son como aquel remanente, estos son los pobres de Yahvé, estos son representantes de todo aquello que pudo sobrevivir del destierro a Babilonia, y que desengañados de todos los poderes e imperios de este mundo pusieron su confianza solamente en Dios.
En este sentido, Joaquín y Ana son modelo de vida para nosotros, porque cuando predica sus Bienaventuranzas, los destinatarios inmediatos de este lenguaje, son precisamente las personas como Joaquín y Ana, o las personas como Zacarías e Isabel, o las personas como aquel anciano Simeón y aquella viuda también llamada Ana, de los cuales nos habla el Evangelio de Lucas. Dicho de otra manera, la palabra de gracia, de Evangelio, de salvación, la palabra de Cristo resulta absurda e incomprensible para quienes todavía tienen sus espersanzas puestas en los poderes y en los imperios de este mundo; pero gente como Joaquín y como Ana, gente que se ha desengañado de todo y que ha puesto su esperanza solamente en Dios, es gente que lleva dentro de sí la fuerza de la bendición divina, esa fuerza de bendición en ellos se expresó dándonos esta hermana nuestra, esta preciosa creatura, esta hija de Sión, esta que será la madre del Hijo de Dios, la Santísima Virgen; esa fue la bendición excelsa, irrepetible, preciosa y perfumada que ellos pudieron dar a la historia de la humanidad, esa fue su vocación única.
Cada uno de nosotros tiene su propia vocación, pero en lo que hemos de parecernos todos y en lo que tenemos que tener todos un mismo lenguaje es, igual que ellos, aferrarnos con absoluta confianza a Dios y mirar con distancia y con desconfianza tantas promesas, vanidades y mentiras que se dicen en este mundo.
Desde la espiritualidad de los anawin, desde la espiritualidad de los pobres de Yahvé, desde las Bienaventuranzas, el Evangelio de Cristo encontrará tierra fecunda en nosotros y su Palabra hará de nosotros verdaderos testigos y verdaderos portadores de bendición, como lo fueron los padres de la Santísima Virgen. Los recordamos con amor y pedimos que su intercesión y su ejemplo sean una realidad también en nuestros días.