Diferencia entre revisiones de «P065013a»

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(Jesús no es indiferente a nuestras luchas y nos consuela en medio del combate, quiere que a través de la participación en su cruz lleguemos un día a la participación en su victoria.)
 
(Sin diferencias)

Revisión actual del 11:36 3 may 2016

La primera lectura de hoy la encontramos en el capítulo 18 del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Es un momento difícil y duro que está viviendo el Apóstol San Pablo, resulta que en medio de su tarea no siempre fue bien recibido, casi siempre encontró rechazo sobre todo en las sinagogas de los judíos, el plan original de evangelización de San Pablo, era muy inteligente, era muy sensato, como él era judío de raza, él pensó que en primer lugar debía ir a las sinagogas de los judíos y contarles la maravillosa noticia a sus hermanos de raza, aquello que fue prometido desde el tiempo de los patriarcas y profetas, eso se ha cumplido en la persona de Nuestro Señor Jesucristo, eso se ha cumplido cuando Dios ha enviado a su Mesías, Pablo era consciente de que ese Mesías, quizás no iba a responder inmediatamente a las expectativas de los otros judíos, quizás muchos estaban esperando más bien una especie de jefe político que les devolviera la independencia, que les devolviera la grandeza al reino de Israel, que restaurara las tribus y diera ese realce y ese triunfo visible al pueblo elegido.

La verdad es que es un triunfo la resurrección de Cristo y es verdad lo que dice el mismo Cristo en el Evangelio de Juan: “la salvación viene de los judíos”, eso es realmente cierto, pero al mismo tiempo sucede que la salvación, la victoria que se muestra en Cristo no es tan fácil de comprender, de modo que si resucitó, si es grandioso, pero los romanos siguen ahí, resucitó eso puede ser una muestra espectacular del poder de Dios, pero seguimos pobres, humillados, es decir ¿dónde están las grandezas que muestran que somos el pueblo elegido?; eso no lo veían los judíos por ninguna parte y entonces Pablo se encontró con una terrible dificultad en muchos sitios, hubo lugares incluso donde fue condenado como si fuera un blasfemo, fue azotado cruelmente, en algún sitio lo apedrearon con tanta violencia que realmente lo dejaron por muerto, la cantidad de sangre y de golpes que tuvo que soportar, así que la labor del apóstol no fue sencilla con toda esa preparación, con todo ese entrenamiento tan duro, Pablo llega a una fase nueva cuando se asoma a la realidad de Corinto, esta vez el gran desafío no son sus hermanos de raza, sino pueblos paganos, sobre todo por supuesto lengua griega y algunos macedonios, en fin gente que se ha establecido, en ese puerto comercial, en ese lugar de circulación de ideas que es Corinto. Pablo hace lo que puede pero lo que va logrando es demasiado poco, la oposición de los judíos sigue y además de eso la conversión de los paganos, es extraordinariamente lenta, es ahí donde un refuerzo de amor, donde la ternura de Dios le dice que siga predicando: “porque muchos en esta ciudad son pueblo mío”, esa consolación de Dios, esa misericordia, esa bondad que Dios derrama sobre él para que pueda perseverar en medio de ese combate, creo que es muy significativo porque muestra que Dios no es indiferente a nuestras luchas, Dios sabe que cada conversión y cada paso que damos en la fe, muchas veces nos cuesta y nos cuesta hasta sangre, pero no está lejos y quiere que a través de nuestra participación de la cruz, lleguemos un día a la participación en la victoria, por algo fue que San Pablo llegó a decir: “Si hemos muerto con Él, resucitaremos con Él”. (Rm 6,8).