Diferencia entre revisiones de «P053007a»

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(Ante situaciones de tensión y dificultad tomemos el camino de la oración, el encuentro y el diálogo para que todo sea transformado por el amor y la gracia de Cristo.)
 
(Sin diferencias)

Revisión actual del 19:57 22 abr 2016

La primera lectura está tomada del capítulo número quince del libro de los Hechos de los Apóstoles. Le tengo especial cariño a los capítulos sexto y a este capítulo quince de este libro. ¿Qué tienen en común estos dos capítulos?, que en ambos casos nos cuentan de las dificultades, de las tensiones, de los problemas que encontraron aquellas primeras comunidades cristianas. Y ¿por qué digo que le tengo cariño a esos pasajes?, porque a veces idealizamos tanto el tiempo de los primeros cristianos que nos empezamos a imaginar que ellos jamás tenían una discusión, nunca tenían un problema y por consiguiente nosotros que sí tenemos tensiones y dificultades en la Iglesia, podemos perder esperanza y podemos sentir que la mediocridad nos inunda de tal manera que queda poco por hacer.

Por el contrario, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta cómo hubo dificultades y no pequeñas, por ejemplo, en el capítulo sexto cuenta el problema que sucedió en la repartición de las donaciones, en la repartición de las limosnas. Sucede que las comunidades cristianas de los comienzos, unas provenían completamente del judaísmo, mientras que otras comunidades provenían de la lengua griega, es decir eran personas que venían del paganismo, que simpatizaban con el judaísmo pero que no se habían integrado completamente en el pueblo de Dios, entonces había unos que eran de lengua hebrea y otros de lengua griega; y los de lengua hebrea, que eran propiamente judíos de origen y que se habían convertido a Cristo, de alguna manera se sentían más cristianos que los otros; fíjense que esa tentación siempre ha existido, que haya cristianos de primera, cristianos de segunda; ciudadanos de primera, ciudadanos de segunda; los seres humanos somos así, fácilmente hacemos clasificaciones, y siempre que clasificamos es para sentir que “nosotros somos más que otras personas”; pues eso ya pasó en los orígenes del cristianismo, y los apóstoles tuvieron que intervenir; así nos lo cuenta el capítulo sexto de los Hechos de los Apóstoles y a través de una institución nueva que fueron los diáconos, pudieron solucionar esa crisis, que por supuesto es la parte más hermosa de este capítulo; porque lo hermoso no es simplemente ver que siempre ha habido problemas, sino ver que siempre se puede buscar una solución.

En este capítulo quince del que fue tomada la primera lectura de hoy, encontramos otro tipo de problema: dos grandes misioneros, Pablo y Bernabé iban por distintos sitios, iban anunciando el Evangelio, todo muy bonito; pero resulta que habían otros predicadores que también recorrían los mismos sitios de Pablo y Bernabé pero tenían un mensaje diferente; porque Pablo y Bernabé, especialmente san Pablo ponían un énfasis muy grande en que simplemente es el amor de Cristo, es la gracia de Cristo lo que transforma completamente nuestra vida, solamente es necesario abrirnos a ese Cristo, ser obedientes a Él, seguir su camino y con eso basta para ser cristiano. Mientras tanto, los otros predicadores, que iban como pisando los talones a Pablo y Bernabé empezaban a decirle a la gente: “oiga, ustedes tienen también que circuncidarse, tienen que también cumplir toda la ley de Moisés” (cf. Hch 15,1); como quien dice, tienen que volverse primeros judíos para poder luego ser cristianos; y eso iba creando confusión en la gente. Esta tensión, esta dificultad, entre la predicación un poco más abierta, un poco más libre de san Pablo y la otra predicación mucho más limitada por la ley de Moisés provocó una verdadera dificultad, es decir ¿qué hay que hacer ahí? ¿cómo se puede resolver eso? para resolver esa situación se convocó el primer concilio de la Iglesia, que se reunió en Jerusalén, se reunieron para discutir este asunto, ese es el versículo final de la primera lectura de hoy.

Así que es importante que no nos desanimemos, cuando vemos que hay tensiones dentro de nuestras familias, dentro de nuestras comunidades, o en la misma Iglesia, eso no tiene que ser motivo de desesperación ni de desánimo; lo que tenemos que hacer, es seguir el camino que muestran los Hechos de los Apóstoles, un camino de oración, un camino de encuentro, un camino de diálogo. ¡Que así nos lo conceda el Señor!, para crecer en unidad en torno a Él.