Diferencia entre revisiones de «Inma012a»
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Lo que quiero decir es que sólo cuando comprendemos la gravedad, la profundidad y la extensión de éso que se llama el pecado original, sólo con esa comprensión podemos debidamente entender qué quiere decir la Inmaculada Concepción de María, puesto que Ella, precisamente, fue librada de las consecuencias de ese pecado original. | Lo que quiero decir es que sólo cuando comprendemos la gravedad, la profundidad y la extensión de éso que se llama el pecado original, sólo con esa comprensión podemos debidamente entender qué quiere decir la Inmaculada Concepción de María, puesto que Ella, precisamente, fue librada de las consecuencias de ese pecado original. | ||
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| + | Ante todo tengamos en cuenta que nuestra Iglesia enseña sobre el pecado dos cosas. En el pecado hay dos dimensiones: una se llama la culpa y la otra se llama la pena. | ||
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| + | Cuando este hombre resulta con cirrosis, entonces quizás él ya dejó el alcohol, ya se arrepintió de éso, ya le pidió perdón a la familia, ya se confesó, ya recibió la absolución. | ||
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| + | Todo lo que tú quieras, pero hay un aspecto permanente que es la consecuencia objetiva del pecado. Ese aspecto objetivo del pecado es lo que se llama la pena. | ||
''Muy bien, con ese esquema miremos en qué consiste lo del pecado original. ¿Qué es lo que sucede en la transmisión del pecado original? Pues, es muy sencillo. Lo que sucede es que lo que se transmite no es la culpa sino la pena.'' | ''Muy bien, con ese esquema miremos en qué consiste lo del pecado original. ¿Qué es lo que sucede en la transmisión del pecado original? Pues, es muy sencillo. Lo que sucede es que lo que se transmite no es la culpa sino la pena.'' | ||
Revisión del 00:04 6 dic 2010
Fecha: 20091208
Título: Solamente en contraste con la realidad del pecado original es posible comprender el significado de la Inmaculada Concepcion
Original en audio: 22 min. 40 seg.
Queridos Hermanos:
Es una alegría reunirnos en este día de fiesta. Esta es una celebración que nos invita a la esperanza y a la alegría.
Contemplar a María es contemplar el Evangelio en todo su esplendor. Es contemplar una obra de Dios sin interrupciones, sin borrones, sin manchas. Es ver al Artífice contemplando la mejor de sus obras.
Por eso, esta festividad es una invitación a que el pueblo cristiano crezca en la fe, en la esperanza y en el amor, una invitación a seguir presurosos los pasos de María, que como una estrella nos guía en la nueva evangelización.
Ella es el modelo de la Iglesia, y como Ella es ahora, así tendrá que ser la Iglesia un día. Porque la misma gracia de Cristo que hizo posible la santidad de María, esa misma gracia es la que habita en nosotros, ésa es la misma gracia que hará pura e inmaculada a la Iglesia entera.
¿Qué celebramos? La Inmaculada Concepción de la Virgen María. Se trata de una concepción inmaculada.
¿Cuándo fue Ella concebida y de quiénes? De sus papás, a los cuales la tradición les asigna los nombres de Joaquín y Ana.
De la unión de amor entre Joaquín y Ana, nació María. Fue concebida Ella en esa unión y de esa unión.
¿Cuál es la diferencia entre Ella y nosotros? Pues, aquí hablamos de una concepción sin mancha. La palabra "inmaculada" quiere decir éso, sin mácula, sin mancha.
¿Y a qué mancha se hace referencia ahí? Se hace referencia al pecado original.
De modo que esta fiesta, para ser debidamente entendida, hay que mirarla en el contraste con esa otra realidad, una realidad más bien triste que es la realidad del pecado y en particular, la realidad del pecado original.
Lo que quiero decir es que sólo cuando comprendemos la gravedad, la profundidad y la extensión de éso que se llama el pecado original, sólo con esa comprensión podemos debidamente entender qué quiere decir la Inmaculada Concepción de María, puesto que Ella, precisamente, fue librada de las consecuencias de ese pecado original.
Y por supuesto, de ese pecado es del que nos habla la primera lectura de hoy. Pero, aquí hay que hacer algunas aclaraciones, porque en nuestro tiempo la idea misma del pecado se ha oscurecido mucho.
Para algunas personas nada es pecado: todo son opciones, todo son gustos, todo son tendencias. Si mi tendencia es tal o cuál, ésa es mi manera de ser y todo el mundo tiene que respetarla.
Como en nuestra época se ha oscurecido el sentido del pecado, es mucho más difícil descubrir qué quiere decir el pecado original, y por lo tanto resulta difícil también comprender cuál es la victoria divina que celebramos en esta fiesta de hoy.
Ante todo tengamos en cuenta que nuestra Iglesia enseña sobre el pecado dos cosas. En el pecado hay dos dimensiones: una se llama la culpa y la otra se llama la pena.
En el pecado hay esas dos dimensiones. ¿Qué es la culpa? La culpa es el acto desordenado de la voluntad que se resiste al querer de Dios debidamente conocido.
La culpa implica un acto de rebeldía, un acto de desobediencia, un acto de distanciamiento del querer divino. La culpa se configura en el momento en el que la voluntad decide retirarse, apartarse del querer divino.
Ésa es la culpa: es una deformidad en la voluntad. La llamamos una deformidad, porque Dios ha querido que nosotros seamos semejanza suya. Dios nos ha querido hermosos, bellos, con la belleza que Él mismo tiene.
Mas, al apartarnos del plan divino, nos afeamos, nos deformamos. Esa deformidad es lo propio de la culpa.
Pero, además está la otra dimensión que es la pena.
Obsérvese que la culpa es algo que está en el sujeto: es el acto de su voluntad. La culpa tuya es tuya y no mía, y la culpa mía es mía y no tuya.
Sobre este aspecto personal del pecado nos habla con mucha claridad el Profeta Ezequiel, sobre todo cuando dice que: "Cada uno morirá por su propia culpa" (véase Ezequiel 33,8-9).
Entonces, ¿qué es la pena? Mira, si la culpa es el aspecto subjetivo, el aspecto del sujeto, la pena es la consecuencia objetiva que tiene ese acto desordenado que llamamos el pecado.
El ejemplo que suelo utilizar es el de la persona que ha sido demasiado aficionada al alcohol. Ese acto de exceso en la bebida es una serie de culpas. Pero, además, hay un daño objetivo. Ese daño es su hígado: se ha arruinado.
Cuando este hombre resulta con cirrosis, entonces quizás él ya dejó el alcohol, ya se arrepintió de éso, ya le pidió perdón a la familia, ya se confesó, ya recibió la absolución.
Todo lo que tú quieras, pero hay un aspecto permanente que es la consecuencia objetiva del pecado. Ese aspecto objetivo del pecado es lo que se llama la pena.
Muy bien, con ese esquema miremos en qué consiste lo del pecado original. ¿Qué es lo que sucede en la transmisión del pecado original? Pues, es muy sencillo. Lo que sucede es que lo que se transmite no es la culpa sino la pena.
Es decir, nosotros no estamos afirmando que un bebé, -por ejemplo, cuando va a ser bautizado un bebé que puede tener dos meses de nacido o lo que sea-, no estamos diciendo que ese bebé ya es culpable.
Por eso a veces los papás y las mamás preguntan: "Sí, vamos a bautizar a nuestro hijo, pero, ¿qué culpa tiene? ¿Qué pecado ha cometido?"
Por supuesto que el bebé no ha cometido ningún pecado. En él no hay culpa, ni el pecado original es una culpa que se va transmitiendo de padres a hijos, a nietos. El pecado original es una consecuencia del primer pecado: una consecuencia, una pena que pasa de padres a hijos, de hijos a nietos.
Yo creo que esto lo podemos comprender con un par de comparaciones: unas tienen que ver con la genética y otras tienen que ver con el ambiente en el que vivimos.
Miremos el caso de la genética. Supongamos que una pareja trabajaba en la región de Rusia que se llama Chernobyl. Ellos fueron afectados por esa explosión pavorosa que regó en la atmósfera una cantidad de material radioactivo.
Sus genes fueron alterados por ese material radioactivo. Como ellos tuvieron ese daño en sus genes, entonces los hijos que ellos pueden engendrar, lamentablemente van a tener consecuencias.
Es decir, a través de los genes el daño que sufrieron los papás pasa a los hijos. Y como los genes no se reparan por sí solos, perfectamente puede estarse dando el caso de lo que llamamos una mutación, un daño que se seguirá transmitiendo indefinidamente si esos hijos engendran a otros, a otros y a otros. Ése es un daño que permanece.
El pecado original no es un asunto genético.
Estoy haciendo sólo una comparación de cómo un daño que sufre una determinada pareja puede pasar a otros y a otros y a otros.
Pero, el pecado original no es algo biológico. Un gran teólogo llamado Carlos Rahner, dice que se trata de un asunto parecido a un ambiente.
Vamos a tratar de decir algo sobre un ambiente. ¿Qué es una atmósfera? ¿Qué es un ambiente? Es muy difícil de precisar.
¿En qué consiste un ambiente agradable? Cuando uno va a una reunión y afirma: "Había muy mal ambiente", éso, ¿en qué consiste? Es difícil ponerlo en palabras. Pero, todos sabemos en qué consiste: es como una sensación difusa de desconfianza generalizada.