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Yo quisiera que nos detuvieramos sobre todo en ese corazón misericordioso y manso de Jesucristo, especialmente en esta palabra manso, en una época de tanta agresividad como la que vivimos.
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Yo quisiera que nos detuviéramos sobre todo en ese corazón misericordioso y manso de Jesucristo, especialmente en esta palabra manso, en una época de tanta agresividad como la que vivimos.
  
  

Revisión del 03:46 12 oct 2010

Fecha: 19971018

Título: La mansedumbre de Cristo

Original en audio: 3 min. 26 seg.




La oración de la Misa de hoy destaca como a través de la predicación y los escritos de San Lucas, Dios nos reveló su amor para con los pequeños y los pobres, mostró también la delicadeza de su corazón manso y humilde.


La mansedumbre de Cristo pobre y evangelizador con el poder del Espíritu para gozo de la Iglesia y conversión del mundo.


Esta sería como una síntesis del mensaje de Lucas. La mansedumbre de Cristo, pobre evangelizador, con el poder del Espíritu, para gozo de la Iglesia y conversión del mundo.


Yo quisiera que nos detuviéramos sobre todo en ese corazón misericordioso y manso de Jesucristo, especialmente en esta palabra manso, en una época de tanta agresividad como la que vivimos.


Qué descanso encontrar el corazón de Jesucristo, un corazón que tiene en primer lugar palabras de perdón, de conversión, de misericordia.


Llamamos manso en sentido propio a aquél que estamos seguros de que no nos va hacer daño, aquello que es inofensivo para nosotros, aquello que nos puede acoger. Este es el corazón misericordioso de Jesucristo. Nos acercamos a El sin temor, y nosotros los pecadores somos los que primeros debemos venir a esta fuente preciosa de amor, de dulzura, de conversión.


Cristo no es que va a probar nuestros pecados, sino que nos va a liberar de ellos. No es que Cristo por manso sea cobarde o incapaz o débil, todo lo contrario, muy capaz, muy fuerte, vigoroso. Por su poder no se divide contra nosotros sino contra nuestros enemigos, especialmente contra ese enemigo que es enemigo del alma, el pecado.


Acojamonos a Cristo con amor, con confianza como nos enseñó San Lucas, acojamonos a su piedad, a su bondad. Regalémosle también nuestro corazón.


Nos has ganado para ti Jesucristo, con tu pureza con tu misericordia con tu mansedumbre y ahora somos tuyos y tuyos queremos ser.