Diferencia entre revisiones de «O275001a»
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Esto es una enseñanza para nosotros: el mal moral que nos llega, siempre llega con el propósito de quedarse, y de ahí sólo sale derrotado; por si mismo, por su propio impulso, de buen grado, no sale, y ningún vicio sale del alma de buena gana; ninguna mala costumbre cesa en su oficio, de buena gana; ningún demonio sale del corazón, de buena gana. La comparación que hace Jesucristo es: "Un hombre fuerte y bien armado" [[:Category:Lucas 011_021|San Lucas 11,21]]. | Esto es una enseñanza para nosotros: el mal moral que nos llega, siempre llega con el propósito de quedarse, y de ahí sólo sale derrotado; por si mismo, por su propio impulso, de buen grado, no sale, y ningún vicio sale del alma de buena gana; ninguna mala costumbre cesa en su oficio, de buena gana; ningún demonio sale del corazón, de buena gana. La comparación que hace Jesucristo es: "Un hombre fuerte y bien armado" [[:Category:Lucas 011_021|San Lucas 11,21]]. | ||
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Y cuando Jesús expulsa el demonio que tenía atada a una mujer, y la cosa tenía como su aspecto visible en que ella no podía enderezarse, dice: "Y Satanás tenía atada a esta mujer" [[:Category:Lucas 013_011|San Lucas 13,11]]. | Y cuando Jesús expulsa el demonio que tenía atada a una mujer, y la cosa tenía como su aspecto visible en que ella no podía enderezarse, dice: "Y Satanás tenía atada a esta mujer" [[:Category:Lucas 013_011|San Lucas 13,11]]. | ||
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Se parecen a esos colonos que por necesidad o por avispados, se entran a una parte de una finca, entran con sigilo para no salir sino a la fuerza, pero entran para quedarse, y entran para vivir. | Se parecen a esos colonos que por necesidad o por avispados, se entran a una parte de una finca, entran con sigilo para no salir sino a la fuerza, pero entran para quedarse, y entran para vivir. | ||
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"Un hombre fuerte y bien armado" [[:Category:Lucas 011_021|San Lucas 11,21]]. Digamos unas palabras sobre cuáles son esas armas. Pues esas armas se parecen a lo de los colonos. Es que cuando el demonio llega a un corazón, le toca entrar solo, y le toca entrar, en contra de su naturaleza, pequeño, humilde, discreto; no puede entrar con ostentación, normalmente. | "Un hombre fuerte y bien armado" [[:Category:Lucas 011_021|San Lucas 11,21]]. Digamos unas palabras sobre cuáles son esas armas. Pues esas armas se parecen a lo de los colonos. Es que cuando el demonio llega a un corazón, le toca entrar solo, y le toca entrar, en contra de su naturaleza, pequeño, humilde, discreto; no puede entrar con ostentación, normalmente. | ||
| − | Pero una vez adentro, ¿en qué trata él de apoyarse? En lo mismo que encuentra en la persona, es decir, en su misma psicología. Todos los recursos del mal están en el mismo modo de ser de uno, es decir, en aquello que parece débil, oscuro, o temeroso, o placentero. Son como cuatro tipos de armas, entonces. | + | ''Pero una vez adentro, ¿en qué trata él de apoyarse? En lo mismo que encuentra en la persona, es decir, en su misma psicología. Todos los recursos del mal están en el mismo modo de ser de uno, es decir, en aquello que parece débil, oscuro, o temeroso, o placentero. Son como cuatro tipos de armas, entonces.'' |
Aquello que encuentra oscuro: la ignorancia le sirve de arma al demonio, especialmente, le sirve de arma la ignorancia del propio pecado, y de lo que es bueno y malo; y le sirve de arma la ignorancia, esta sobre todo, del poder de Dios, de la misericordia de Dios, de la bondad de Dios. | Aquello que encuentra oscuro: la ignorancia le sirve de arma al demonio, especialmente, le sirve de arma la ignorancia del propio pecado, y de lo que es bueno y malo; y le sirve de arma la ignorancia, esta sobre todo, del poder de Dios, de la misericordia de Dios, de la bondad de Dios. | ||
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Como quien dice, el demonio intentará a toda costa que nosotros no distingamos lo bueno de lo malo, sino que todo se nos vuelva malo, y entonces nos desesperemos, o todo se nos vuelva bueno, y entonces nos despreocupemos, o confundamos lo bueno con lo malo y lo malo con lo bueno, y entonces le sirvamos a él. | Como quien dice, el demonio intentará a toda costa que nosotros no distingamos lo bueno de lo malo, sino que todo se nos vuelva malo, y entonces nos desesperemos, o todo se nos vuelva bueno, y entonces nos despreocupemos, o confundamos lo bueno con lo malo y lo malo con lo bueno, y entonces le sirvamos a él. | ||
| − | ''Pero si ya no logra eso, es decir, si no consigue confundirnos en la conciencia de lo que es bueno y de lo que es malo, intenta entonces confundirnos y oscurecernos en la conciencia del poder de Dios para curar | + | ''Pero si ya no logra eso, es decir, si no consigue confundirnos en la conciencia de lo que es bueno y de lo que es malo, intenta entonces confundirnos y oscurecernos en la conciencia del poder de Dios para curar ese mal, de la sabiduría de Dios para tratarlo, y de la misericordia de Dios para perdonarlo.'' |
De este modo, intentará que la persona que ya tiene conciencia de un pecado, o se desepere pensando que no tiene perdón, o lo esconda pensando que nadie puede comprenderlo, o intente, con sus solas y exiguas fuerzas, vencerlo, con lo cual, simplemente, queda más y más en las garras de este "hombre fuerte" [[:Category:Lucas 011_021|San Lucas 11,21]], del que nos ha hablado Cristo. | De este modo, intentará que la persona que ya tiene conciencia de un pecado, o se desepere pensando que no tiene perdón, o lo esconda pensando que nadie puede comprenderlo, o intente, con sus solas y exiguas fuerzas, vencerlo, con lo cual, simplemente, queda más y más en las garras de este "hombre fuerte" [[:Category:Lucas 011_021|San Lucas 11,21]], del que nos ha hablado Cristo. | ||
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Como se ve, en esta sola palabra, ignorancia, hay una cantidad de armas del mal, y por eso, uno de los recursos que tiene ese "más fuerte", del el que nos ha hablado Cristo, es vencer la ignorancia. | Como se ve, en esta sola palabra, ignorancia, hay una cantidad de armas del mal, y por eso, uno de los recursos que tiene ese "más fuerte", del el que nos ha hablado Cristo, es vencer la ignorancia. | ||
| − | La predicación de la Palabra, el estudio atento de la Sagrada Escritura, la meditación juiciosa, lúcida, serena, sobre el propio estado de conciencia, destruyen esa ignorancia. | + | ''La predicación de la Palabra, el estudio atento de la Sagrada Escritura, la meditación juiciosa, lúcida, serena, sobre el propio estado de conciencia, destruyen esa ignorancia.'' |
Y a medida que la ignorancia va desapareciendo, el demonio tiene que cumplir lo que dice el evangelio acá: "Si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y se reparte el botín" [[:Category:Lucas 011_022|San Lucas 11,22]]. | Y a medida que la ignorancia va desapareciendo, el demonio tiene que cumplir lo que dice el evangelio acá: "Si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y se reparte el botín" [[:Category:Lucas 011_022|San Lucas 11,22]]. | ||
Revisión del 15:24 6 oct 2010
Fecha: 19961011
Título: ¿Cuales son las armas que emplea el mal para atacarnos y apartarnosde Dios?
Original en audio: 25 min. 22 seg.
Una de las dimensiones de la labor evangelizadora de Jesucristo fue y es la expulsión del demonio. Es una de las señales de que el Reino de Dios ha llegado.
Ese Reino de Dios, aquí, en este pasaje, como una especie de parábola en acción, aparece como ese hombre más fuerte que vence a uno que ya era fuerte.
Dice Jesús: "Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda sus palacios, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín" San Lucas 11,21-22.
La tradición de la Iglesia ve en ese primer forzudo al poder que el mal, en general, o el demonio, en particular, tienen sobre el corazón humano.
Realmente, el mal se atrinchera en el corazón. "Como un hombre fuerte y bien armado" San Lucas 11,21, el mal tiene estrategias, trincheras, aduanas, retenes, rejas, armas; y se mete al corazón con el propósito claro de no salir de ahí.
Esto es una enseñanza para nosotros: el mal moral que nos llega, siempre llega con el propósito de quedarse, y de ahí sólo sale derrotado; por si mismo, por su propio impulso, de buen grado, no sale, y ningún vicio sale del alma de buena gana; ninguna mala costumbre cesa en su oficio, de buena gana; ningún demonio sale del corazón, de buena gana. La comparación que hace Jesucristo es: "Un hombre fuerte y bien armado" San Lucas 11,21.
Si uno lo piensa bien, en el Nuevo Testamento, aparecen varios testimonios, si se quiere, muchos testimonios, de esa fuerza del mal, por ejemplo, en el Cántico de Zacarías, en el capítulo primero del evangelio según San Lucas, se nos dice que: "Ha visitado y redimido a su pueblo" San Lucas 1,68, "Dios nos ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo" San Lucas 1,69.
Y esa salvación y esa redención, ¿de quié son? Pues nos dice que: "Nos ha sacado del poder de los enemigos y de la mano de todos los que nos odian" San Lucas 1,71.
En la Carta a los Colosenses se nos habla: "Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al Reino de su Hijo querido" Carta a los Colosenses 1, 13.
"La mano del mal"San Lucas 1,71, "el dominio de las tinieblas" Carta a los Colosenses 1,13, "un hombre fuerte y bien armado" San Lucas 11,21.
Y cuando Jesús expulsa el demonio que tenía atada a una mujer, y la cosa tenía como su aspecto visible en que ella no podía enderezarse, dice: "Y Satanás tenía atada a esta mujer" San Lucas 13,11.
De manera que el mal, en general, y el demonio, en particular, entran para no salir; su propósito no es salir.
Se parecen a esos colonos que por necesidad o por avispados, se entran a una parte de una finca, entran con sigilo para no salir sino a la fuerza, pero entran para quedarse, y entran para vivir.
En ese sentido, no hay pecado leve. En sí mismo el pecado puede ser leve. La Iglesia ha enseñado siempre que hay pecados más graves que otros, y esto significa que hay pecados más leves que otros; pero, en su propósito final, basta la mentirita más blanca, suponiendo que las hubiera, hasta el rencorcito, el resentimientico más leves, tienen siempre una única meta, un único objetivo: destruir a la persona, y con ella destruir todo lo que sea posible.
El mal llega a nuestras vidas "como un hombre fuerte y bien armado" San Lucas 11,21, el mal, entonces, y el demonio tienen sus armas.
Quiero decir una palabra sobre esa diferencia entre mal y demonio: no todo mal moral, en la persona, proviene inmediata y directamente de la obra del demonio.
Cuando Santo Tomás estudia las causas del mal moral, es decir, del pecado; cuando Santo Tomás estudia estas causas, dice que hay también una causalidad de parte de la persona.
No todo mal se puede atribuir, sin más, directa e inmediatamente a sugestión del demonio, pero eso no nos autoriza para irnos al otro extremo en el que suelen, me parece, caer algunos contemporáneos nuestros de negar la existencia misma del demonio, y decir que todo lo que la Biblia explica sobre endemoniados, o se trata del mal del pecado, es decir, torcimiento en la voluntad humana, o se trata de problemas psíquicos, psicológicos, psiquiátricos.
No es este el momento de hacer una larga explicación al respecto, pero simplemente sí afirmar que en los Evangelios, cuando se habla de enfermedad, es enfermedad, y cuando se habla de posesión diabólica, es posesión.
Que en ocasiones, lo mismo en aquellos tiempos como en los nuestros, la debilidad mental sea aprovechada por el enemigo, eso puede suceder, pero es una parte del ministerio de Jesús, como dije al principio.
Expulsar el demonio, es una de las maneras de hacer brillar la gloria del poder de la gloria de Dios, hacer brillar la gloria del amor de Dios; es una de las manera de mostrar el dedo de Dios obrando.
"Un hombre fuerte y bien armado" San Lucas 11,21. Digamos unas palabras sobre cuáles son esas armas. Pues esas armas se parecen a lo de los colonos. Es que cuando el demonio llega a un corazón, le toca entrar solo, y le toca entrar, en contra de su naturaleza, pequeño, humilde, discreto; no puede entrar con ostentación, normalmente.
Pero una vez adentro, ¿en qué trata él de apoyarse? En lo mismo que encuentra en la persona, es decir, en su misma psicología. Todos los recursos del mal están en el mismo modo de ser de uno, es decir, en aquello que parece débil, oscuro, o temeroso, o placentero. Son como cuatro tipos de armas, entonces.
Aquello que encuentra oscuro: la ignorancia le sirve de arma al demonio, especialmente, le sirve de arma la ignorancia del propio pecado, y de lo que es bueno y malo; y le sirve de arma la ignorancia, esta sobre todo, del poder de Dios, de la misericordia de Dios, de la bondad de Dios.
Como quien dice, el demonio intentará a toda costa que nosotros no distingamos lo bueno de lo malo, sino que todo se nos vuelva malo, y entonces nos desesperemos, o todo se nos vuelva bueno, y entonces nos despreocupemos, o confundamos lo bueno con lo malo y lo malo con lo bueno, y entonces le sirvamos a él.
Pero si ya no logra eso, es decir, si no consigue confundirnos en la conciencia de lo que es bueno y de lo que es malo, intenta entonces confundirnos y oscurecernos en la conciencia del poder de Dios para curar ese mal, de la sabiduría de Dios para tratarlo, y de la misericordia de Dios para perdonarlo.
De este modo, intentará que la persona que ya tiene conciencia de un pecado, o se desepere pensando que no tiene perdón, o lo esconda pensando que nadie puede comprenderlo, o intente, con sus solas y exiguas fuerzas, vencerlo, con lo cual, simplemente, queda más y más en las garras de este "hombre fuerte" San Lucas 11,21, del que nos ha hablado Cristo.
Como se ve, en esta sola palabra, ignorancia, hay una cantidad de armas del mal, y por eso, uno de los recursos que tiene ese "más fuerte", del el que nos ha hablado Cristo, es vencer la ignorancia.
La predicación de la Palabra, el estudio atento de la Sagrada Escritura, la meditación juiciosa, lúcida, serena, sobre el propio estado de conciencia, destruyen esa ignorancia.
Y a medida que la ignorancia va desapareciendo, el demonio tiene que cumplir lo que dice el evangelio acá: "Si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y se reparte el botín" San Lucas 11,22.
Otro género de arma del mal es el miedo. Miedo, aquí, como imposibilidad de confiar. El mal se ensaña especialmente en los corazones divididos, los corazones temerosos, los corazones que sienten que no pueden confiar en nadie.
Creo que una imagen nos ayuda a entenderlo. Si llega un pobre campesinito o una pobre campesinita, de por allá de la vereda más perdida, del pueblecito más pérdido, de culquiera de los departamentos de nuestra patria, llega a Bogotá.
Y vamos a suponer que es una campesinita, muy lindaa ella, muy sencilla, que viene con su equipaje, y que viene pensando que puede conseguir cualquier trabajo aquí; pero viene muy asustada, porque le han dicho que Bogotá es terrible; no sabe de quién fiarse.
Se para por ahí, en el Terminal de Transportes, con sus paquetes, con sus motetes, con sus cajitas, y se pone a llorar: "¿Y ahora yo para donde cojo? Ahora sí la hice buena, sumercé, ¿ahora yo para donde vcojo?" Y se pone a llorar.
Una muchachita, bonita ella, se le veía a la legua la ingenuidad y la desconfianza y el miedo. Eso puede servir para dos cosas: o para que se encuentre con un alma caritativa que la comprenda, que la ayude, que le diga:" Mire, en primer lugar, hagamos esto; en segundo, esto; ya no llore más; venga come alguna cosa".
O puede servir para que llegue un avispado, para que llegue un astuto, sagaz y malicioso, y vea precisamente en ese miedo de ella, su gran oportunidad. Porque la persona cuanto más desconfiada y temblorosa sea, más fácil es que termine arrojándose donde no es.
Porque nadie puede vivir indefinidamente en desconfianza, nadie puede vivir indefinidamente en temor; tarde o temprano uno termina confiando en alguien, pero cuanto más asustado está uno, y cuanto más lloroso, pues menos puede ver, porque las lágrimas no dejan ver bien.
Entonces, cuando uno puede ver y está lleno de miedo, termina arrojándose en la desesperación, en la desconfianza, e incluso mismo, si no se avispa, en este "hombre fuerte" San Lucas 11,22, del que nos ha hablado Cristo.
Entonces, el miedo es una de las estrategias del mal; y crear miedo y mantener miedo, es una de las estrategias del demonio.
Los criminales de pueblo siempre son gente que infunde miedo. Pero no sólo los criminales de pueblo, los criminales de país, los criminales de nación, también.
¿Cuál fue una de las estrategias últimas de ese tristemente famoso narcotraficante, sino empezar a poner carros llenos de explosivos, los famosos "carros bomba", los tristemente famosos "carros bomba", para que la explosión y los pedazos de carne humana y las familias destrozadas sirvieran para aterrorizar a nuestra patria y para que el terror se convirtiera en pésimo consejero, y bajo la influencia de ese terror, la gente terminara entregándose a ese poder?
Lo mismo sucede también en multitud de casos de abuso sexual; lo mismo sucede también en multitud de casos de violencia, por ejemplo, en el "boleteo" de guerrilla, de paramilitares, los ejemplos se podrían multiplicar.
La histotria siempre es la misma: "Te voy a asustar tanto, que vas a tener que obedecerme". Por algo Jesús, en más de una ocasión, en el Evangelio dice: "No tengáis miedo" San Lucas 4,10.
Y por cierto, el Papa Juan Pablo, en su libro "El Umbral de la Esperanza", la primera reflexión que hace es precisamente sobre eso: "No tengáis miedo", la frase que dice Jesús.
Jesucristo destruye el miedo. Aquí dice el evangelio que: "El más fuerte asalta y vence al que ya era fuerte, le quita las armas" San Lucas 11,22. Jesús quita el miedo de las personas.
Jesús, mostrando su mano firme, clara, amorosa, destruye el miedo en las personas, desarma todo ese andamiaje de complejos, de inseguridades, de temores; desarma todo ello, y permite que la persona respire con todos los pulmones, porque lo típico de la persona asustada es que no respira.
Jesús hace que la persona pueda respirar profundamente, que por fin le pueda, ¡ah!, entrar el aire, y pueda descansar, pueda descansar.
Una tercera arma del enemigo, además de la ignorancia y además del miedo, son los gusticos, los placeres, las concupiscencias. Aquí no hay que decir mucho, simplemente, el vicio se convierte en el peor consejero de la persona.
Entonces, ahí sí, como lo mostraban esas historietas animadas, se para un angelito negro, un angelito caído, negro, aquí en el hombro, y empieza a decirle al oído: "Mira, tú tienes derecho a tu placer, tú tienes derecho a hacer las cosas a como a ti te gusta, todo el mundo lo hace, déjate de tonterías".
O como le decía expresamente el demonio a Santa Catalina para alejarla del camino de la penitencia: "Mira que te vas a destruir con esa vida, con esa ropa, con esas bancas de esa iglesia, con esa celda; tú te vas a acabar, te vas a destruir, te estás marchitando; mira cómo ya estás mustia, eso ya ni eres persona, ya te acabaste; tú tienes derecho a disfrutar de la vida, a hacer un poco tu voluntad también; déjate de tonterías, imponte, que sientan, que sepan lo que tú vales.
Y en ese momento, cuando todo el mundo sepa lo que tú eres, entonces vas a sentir que por fin tú eres persona, que tú eres..." Mire, ahí pueden venir todos los consejos y discursos del caso.
Y entonces, uno con la boca abierta y babeando, ahí oyendo todas las cosas que le dicen, y todo lo que uno va a hacer, y todo lo que uno va a disfrutar, y todo lo que uno va a gozar, y entonces el corazón se va enamorando.
Esta es una de las estrategias más terroríficas del poder de las tinieblas, y también de las más inteligentes, porque fíjate cómo ahí, él no tiene que aparecer directamente, sino simplemente, sugerir, sugerir.
Cuando se estudia el problema teológico de la influencia de los Ángeles buenos y malos, o buenos o malos, en nuestra mente, en nuestro corazón, la palabra clave es: "sugerir", y por eso este es uno de los tipos de arma más sutil.
Pone a una creatura, el ser humano, frente a otras creaturas: los placeres o los bienes que puede obtener de la creación, y logra que la persona sienta que está a solas con esa creatura.
Creo que el ejemplo que más nos ayuda aquí es el de la fruta, del libro del Génesis, cuando la serpiente logra que Eva se sienta a solas con esa fruta. Y entonces Eva miraba a la fruta, la fruta miraba a Eva, y Eva pensaba en la fruta, y la fruta era pensada por Eva, y todos sabemos el desenlace que el asunto tuvo.
Esta es una de las estrategias más sutiles, una de las armas principales del poder de las tinieblas: pretender que uno se sienta como a solas con algo que sería placentero: "Y voy a disfrutar de esto", y lo que no sabe es que cuando le da el primer mordisco, una carcajada estalla en el infierno: "¡Lo logré!"
No estabas solo, parecía que estabas a solas con ese placer ilícito, pero nadie peca a solas. Si uno tuviera idea de la cantidad de gente que ve los pecados de uno en el cielo y en el infierno, yo creo que uno pecaría muchísimo menos, creo yo.
Entonces, esa es otra de las armas.
Y finalmente, no podemos olvidar que se convierte en una especie de arma del demonio, la debilidad en la que ha caído nuestra naturaleza debido al pecado original, debido a los pecados estructurales y sociales, debido a los pecados de malos hábitos, debido a los pecados actuales de las personas.
Toda esa historia de pecado ha debilitado la voluntad; hace que sea difícil, hace que sea arduo el bien, hace que tengamos como poca esperanza, como poca inteligencia para vencer esas argucias. Y esa debilidad nuestra se convierte como en una especie de fortaleza de este "hombre fuerte" San Lucas 11,21, del que nos ha hablado Cristo.
Pues también, esa debilidad la destruye la Palabra de Jesucristo, allí en la Segunda Carta a los corintios le dice Dios a San Pablo: "Te basta mi gracia" 2 Corintios 12,9. No basta, entonces, lo que sea menos que la gracia.
Y esto es lo que por cierto nos ha comentado la Carta a los Gálatas que escuchábamos en la primera lectura: la ley, la sola ley, el saber lo bueno y lo malo, no basta, y más bien se convierte en una maldición para la persona.
El solo hecho de saber dónde está lo bueno y dónde está lo malo, no basta, porque de mucho saber dónde está el bien y dónde está el mal, sin tener la gracia para cumplirlo, lo único que se saca son corazones acomplejados, corazones vueltos hacia sí mismos, corazones llenos de odio hacia su propia imposibilidad, corazones malditos, y eso es lo que San Pablo llama "la maldición de la ley".
Se necesita la gracia. Nada menos que la gracia nos va a salvar. Cualquier cosa que sea menor que la gracia, resultará imposible para salvarnos.
Necesitamos de es, que es al mismo tiempo luz en el entendimiento, fuerza en la voluntad; necesitamos de aquella ayuda de la que dijo Santo Tomás: "Dios, que nos instruye por la ley, nos ayuda con la gracia".
Sólo con esa gracia la debilidad es vencida, y sólo con esa gracia el equilibrio vuelve al corazón, entonces ya no se deja seducir por los bienes de las creaturas.
Bendito sea Cristo en esta palabra, en este evangelio. Que Él, que nos ha instruido con su Palabra, que nos ha iluminado el entendimiento, con lo que nos muestra en el evangelio, realice ese evangelio al ofrecerse como Hostia al Padre por nosotros y con nosotros.