Diferencia entre revisiones de «O085002a»
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Y esta es la primera parte de la enseñanza de hoy, necesitamos detener nuestras palabras muchas veces, nuestras actitudes, nuestras miradas, no solo cuando atacamos a otra persona, también cuando atacamos lo que esa otra persona ama, cuantas veces hemos sido sordos a las señales que el otro nos estaba dando, como diciéndonos “no toques esto que es muy importante para mi, no te metas con esto, no lastimes esto” y lo hemos hecho. | Y esta es la primera parte de la enseñanza de hoy, necesitamos detener nuestras palabras muchas veces, nuestras actitudes, nuestras miradas, no solo cuando atacamos a otra persona, también cuando atacamos lo que esa otra persona ama, cuantas veces hemos sido sordos a las señales que el otro nos estaba dando, como diciéndonos “no toques esto que es muy importante para mi, no te metas con esto, no lastimes esto” y lo hemos hecho. | ||
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| + | Primera parte pues, necesitamos recuperar la seriedad del amor y ahí está Cristo con estas palabras duras recordándonos con firmeza que en el amor hay seriedad. | ||
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| + | Segunda parte, ya vemos que esa no ha sido nuestra vida, ya vemos que tenemos que acusarnos en este campo ¿qué podemos hacer? ¿Qué podemos decir? ¿cómo podemos restablecer? | ||
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| + | Cuando yo entré a la comunidad, me impresionó mucho una súplica que está en la Liturgia de las Horas el libro de oración fundamental para nosotros, donde están las Laudes, las Vísperas y todo aquello, una oración pidiéndole a Dios que sanara a los que nosotros hemos escandalizado o dañado. | ||
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| + | Mis hermanos, hay cosas que tu ya no vas a poder arreglar, eso lo tenemos que saber, cuando un hombre se ha burlado por ejemplo de la ternura o del amor de su pareja, de su esposa y la ha traicionado ¿qué puede hacer ese hombre? ¿qué puede hacer que sane eso? ahí hay una limitación. | ||
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| + | Bueno el puede ser muy fiel hasta la muerte; pero es que eso era lo que le tocaba desde el principio, eso es excepcional. Por eso mis hermanos, lo primero que necesitamos aquí cuando caemos en cuenta de lo que hemos hecho, es conciencia plena, yo no me se bajar del árbol al que me subí. | ||
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| + | A nosotros nos pasa como los gatitos chiquitos traviesos que se suben a los árboles y luego hay que llamar a los bomberos para que los bajen de allá. Yo no soy capaz de bajarme de todos los árboles donde me he trepado. | ||
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| + | Yo no puedo sanar todas las heridas que he causado, ¿Qué puedo hacer? Obviamente en muchas ocasiones se puede pedir perdón a la persona y la persona nos puede dar su perdón; pero es necesario es indispensable orar por el otro, orar. | ||
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| + | Papás, ustedes no saben muchas veces el dolor que le han causado a sus hijos, a veces ustedes no quieren pensar en eso, uno no se puede imaginar lo que es eso a menos que le haya pasado con el propio papá, es tan terrible lo que puede darse ahí, es tan desigual esa relación, el papá por lo menos puede cerrar la puerta e irse a otra parte, el hijo no tiene esa posibilidad. | ||
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| + | La humillación, el descalificamiento, la soledad en que puede recluir un papá a su hijo, puede llegar a ser terrible, pues bien, eso está ahí, tu puedes pedir perdón y tus hijos te pueden perdonar y eso es importante, pero hay que orar. | ||
| + | Papás hay que orar por los hijos, Señor Dios lo que yo no le supe dar a mi hijo lo que yo no le pude dar a mi hijo por favor dáselo tu. | ||
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| + | Hijos, tal vez pueden herir y tal vez han herido terriblemente a los papás, nos decía el predicador invitado esta noche, cuantas renuncias tienen los papás y eso también es desigual. | ||
Revisión del 03:09 29 may 2010
Fecha: 20000303
Título:
Original en audio: 24 min. 52 seg.
En transcripcion
Hermanos míos, nos parece tan bello describir tantas veces a Cristo bendiciendo, que estoy seguro de que este texto en cierto modo nos espanta.
He aquí a Cristo ya no pronunciando una bendición sino una palabra terrible, una maldición, “nunca nadie coma jamás de ti” (San Marcos 11, 14) y en el curso de un día esa higuera se ha secado (San Marcos 11, 20). Es muy duro oír esta palabra de Cristo, muy duro; pero también muy necesario a veces.
No es la única vez que aparece Cristo pronunciando esas terribles palabras, hay otro texto que se encuentra en el capitulo 25 del evangelio de San Mateo, en esa otra ocasión Cristo ya no le está hablando a una mata, a una planta sino le está hablando a personas humanas a la que les dice “apartaos de mi malditos id al fuego eterno preparado para Satanás y sus secuaces” (San Mateo 25, 41) esas palabras son muy duras, aun mas duras que estas.
La dureza de las palabras de Cristo puede producir en nosotros un terror que paraliza; pero también puede producir en nosotros una saludable sacudida que nos recuerda que el amor verdadero es siempre serio. La dureza de Cristo no es la dureza del que es cruel, del que es implacable ni del que es inhumano, la dureza de Cristo es esa firmeza ante aquello en que no se puede ceder, es la firmeza que brota como he dicho de la seriedad del amor.
Y como es de importante descubrir esto, que el amor es serio y el amor es serio, porque el amor tiene poder en el corazón de las personas, el amor es serio porque el amor desarma a las personas, el amor es serio porque el amor quita las barreras, quita la protección, quita los escudos, deja desnuda el alma, y cualquier cosa que deje sin armas al ser humano lo deja como en poder del otro. Por eso, nadie puede hacer tanto bien, pero también nadie puede hacer tanto daño como el que conoce las claves del amor, las llaves del amor.
Y por eso, ante el amor es necesario recobrar una actitud yo diría sagrada, el amor que une por ejemplo a los amigos, el amor que une a la pareja, el amor que une a padres e hijos, el amor a la patria, también el amor a la humanidad. Creo que un solo ejemplo es suficiente para comprender todo esto.
En una pareja, precisamente porque se aman sueltan sus corazas, sueltan sus armaduras y desnudos de cuerpo y alma muestran lo más débil de su corazón y de su vida al otro.
¡Oh! suprema y terrible crueldad cuando esa desnudez y esa desprotección es aprovechada para herir mas profundamente al otro y esta es la terrible experiencia que viven muchas parejas y que por eso no encuentran salida, porque quedan aprisionadas, congeladas en el dolor, me amó para desarmarme, me amó para que no me pudiera defender y cuando no me podía defender me hirió ¡traidor! Ese es el dolor, ese es el grito que sale del alma, ¿si me iba a herir así por qué me amó?
El mundo necesita hoy recordar la seriedad del amor, no podemos maltratar a los que amamos, decía un pensador no cristiano y no por eso le negamos el titulo de sabio, decía Confucio “la única ley para que una amistad dure se llama respeto” es lo único que necesita decía Confucio.
Yo no hablo aquí del respeto basado solamente en la urbanidad y las relaciones humanas, hablo de ese respeto que consiste en saber detenerse ante el umbral del otro y entender que cuanto mas nos manifiesta su amor mas débil se hace ante nosotros, y entender que cuanto mas débil es, mas fácil es que lo hiramos, y después que lo hemos herido que difícil sanar, que explicación podemos dar. Cuando miro a los papás cargando a sus pequeños niños, cuando miro a las parejas tomadas de la mano, yo digo ¿serán conscientes de que el amor es serio?
No hemos sido conscientes de eso, creo que si somos honestos todos tenemos algo o mucho de que acusarnos en este campo.
Si pudiéramos volver, si pudiéramos regresar a ciertos días a ciertas escenas de nuestra vida, estoy seguro de que nos diríamos a nosotros mismos, no digas esa palabra que jamás podrás borrar, no la digas. Estoy seguro de que nos detendríamos, nos frenaríamos ante el otro comprendiendo que ahí hay un misterio, hay una grandeza, lamentablemente este no ha sido el caso, lamentablemente de alguna u otra forma todos tenemos en nuestro pasado, palabras que están ahí como doble herida, herida que le causamos a la otra persona y herida de remordimiento que pesa sobre nosotros.
Por eso mis hermanos necesitamos en primer lugar recuperarla seriedad del amor, que grande es que una persona nos diga ese “te quiero” que grande es eso, pero que terrible responsabilidad. Si nosotros retomamos esta responsabilidad con el niño pequeño, con el amigo de siempre, con el papá, con la mamá con el esposo, con la esposa, si comprendemos que ahí está sucediendo una especie de milagro, un misterio que es más grande que nosotros, estoy seguro de que obramos de otra manera.
Y esta es la primera parte de la enseñanza de hoy, necesitamos detener nuestras palabras muchas veces, nuestras actitudes, nuestras miradas, no solo cuando atacamos a otra persona, también cuando atacamos lo que esa otra persona ama, cuantas veces hemos sido sordos a las señales que el otro nos estaba dando, como diciéndonos “no toques esto que es muy importante para mi, no te metas con esto, no lastimes esto” y lo hemos hecho.
Primera parte pues, necesitamos recuperar la seriedad del amor y ahí está Cristo con estas palabras duras recordándonos con firmeza que en el amor hay seriedad.
Segunda parte, ya vemos que esa no ha sido nuestra vida, ya vemos que tenemos que acusarnos en este campo ¿qué podemos hacer? ¿Qué podemos decir? ¿cómo podemos restablecer?
Cuando yo entré a la comunidad, me impresionó mucho una súplica que está en la Liturgia de las Horas el libro de oración fundamental para nosotros, donde están las Laudes, las Vísperas y todo aquello, una oración pidiéndole a Dios que sanara a los que nosotros hemos escandalizado o dañado.
Mis hermanos, hay cosas que tu ya no vas a poder arreglar, eso lo tenemos que saber, cuando un hombre se ha burlado por ejemplo de la ternura o del amor de su pareja, de su esposa y la ha traicionado ¿qué puede hacer ese hombre? ¿qué puede hacer que sane eso? ahí hay una limitación.
Bueno el puede ser muy fiel hasta la muerte; pero es que eso era lo que le tocaba desde el principio, eso es excepcional. Por eso mis hermanos, lo primero que necesitamos aquí cuando caemos en cuenta de lo que hemos hecho, es conciencia plena, yo no me se bajar del árbol al que me subí.
A nosotros nos pasa como los gatitos chiquitos traviesos que se suben a los árboles y luego hay que llamar a los bomberos para que los bajen de allá. Yo no soy capaz de bajarme de todos los árboles donde me he trepado.
Yo no puedo sanar todas las heridas que he causado, ¿Qué puedo hacer? Obviamente en muchas ocasiones se puede pedir perdón a la persona y la persona nos puede dar su perdón; pero es necesario es indispensable orar por el otro, orar.
Papás, ustedes no saben muchas veces el dolor que le han causado a sus hijos, a veces ustedes no quieren pensar en eso, uno no se puede imaginar lo que es eso a menos que le haya pasado con el propio papá, es tan terrible lo que puede darse ahí, es tan desigual esa relación, el papá por lo menos puede cerrar la puerta e irse a otra parte, el hijo no tiene esa posibilidad.
La humillación, el descalificamiento, la soledad en que puede recluir un papá a su hijo, puede llegar a ser terrible, pues bien, eso está ahí, tu puedes pedir perdón y tus hijos te pueden perdonar y eso es importante, pero hay que orar. Papás hay que orar por los hijos, Señor Dios lo que yo no le supe dar a mi hijo lo que yo no le pude dar a mi hijo por favor dáselo tu.
Hijos, tal vez pueden herir y tal vez han herido terriblemente a los papás, nos decía el predicador invitado esta noche, cuantas renuncias tienen los papás y eso también es desigual.