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'''Título: Apoyarse en Dios y no en la propia fuerza trae la victoria'''
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El texto breve y un poco extraño de la primera lectura, contiene sin embargo varias enseñanzas para nosotros. En primer lugar, resulta extraño, porque todo el pecado de David es que fue a hacer un censo.
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Y para nosotros que vivimos en la era de la planeación y de la planificación, de la organización y administración del recurso humano, lo mínimo tal vez sería éso: conocer con qué se cuenta. Y ésa fue la falta de David.
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Entonces, a uno le puede causar mucha extrañeza ese pecado; más extrañeza todavía, si se tiene en cuenta que no es ni el primero ni el último de los censos que aparecen en la Biblia. Por ejemplo, el libro de los Números es una cuenta, es un recuento de números, y los números son los números de las tribus del Señor.
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Luego, ¿cuál es el problema con este censo? Evidentemente, el pecado no está en contar a las personas. Pasa aquí lo mismo que con tantas otras cosas: más que lo que se hace, depende de la intención con la que se hace.
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David ha merecido victorias, victorias que en el fondo no son de sus manos, sino de la gracia de Dios que obra en él. David ha vencido fieras en los campos, David ha vencido al gigante Goliat, que era como un líder de allá, de los filisteos. David ha recibido paz en las fronteras, David ha consolidado el reino. Todo esto ha hecho el poder de Dios en él.
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De manera que el pecado aquí es un pecado interior, es un pecado de desconfianza. David no logra apoyarse completamente en el Señor, y en un momento particular de su historia, intenta asegurarse en sus propias fuerzas: "A ver con qué cuento yo para lograr mi victoria".

Revisión del 03:38 18 ene 2010

Fecha: 19980204

Título: Apoyarse en Dios y no en la propia fuerza trae la victoria

Original en audio: 7 min. 12 seg.


El texto breve y un poco extraño de la primera lectura, contiene sin embargo varias enseñanzas para nosotros. En primer lugar, resulta extraño, porque todo el pecado de David es que fue a hacer un censo.

Y para nosotros que vivimos en la era de la planeación y de la planificación, de la organización y administración del recurso humano, lo mínimo tal vez sería éso: conocer con qué se cuenta. Y ésa fue la falta de David.

Entonces, a uno le puede causar mucha extrañeza ese pecado; más extrañeza todavía, si se tiene en cuenta que no es ni el primero ni el último de los censos que aparecen en la Biblia. Por ejemplo, el libro de los Números es una cuenta, es un recuento de números, y los números son los números de las tribus del Señor.

Luego, ¿cuál es el problema con este censo? Evidentemente, el pecado no está en contar a las personas. Pasa aquí lo mismo que con tantas otras cosas: más que lo que se hace, depende de la intención con la que se hace.

David ha merecido victorias, victorias que en el fondo no son de sus manos, sino de la gracia de Dios que obra en él. David ha vencido fieras en los campos, David ha vencido al gigante Goliat, que era como un líder de allá, de los filisteos. David ha recibido paz en las fronteras, David ha consolidado el reino. Todo esto ha hecho el poder de Dios en él.

De manera que el pecado aquí es un pecado interior, es un pecado de desconfianza. David no logra apoyarse completamente en el Señor, y en un momento particular de su historia, intenta asegurarse en sus propias fuerzas: "A ver con qué cuento yo para lograr mi victoria".