Diferencia entre revisiones de «O033001a»
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| + | Fecha: 20040128 | ||
| + | Título: Una vida para Jesus y por Jesus | ||
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| + | Original en audio: 21 min. | ||
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| + | Hermanos: | ||
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| + | Para esta prédica necesito la colaboración de un niño que sepa contar. "-¿Usted sabe contar? ¿Hasta cuánto sabe contar usted? Le dio pena." "-¿Y usted hasta cuánto cuenta?" "-Hasta cincuenta." "-Venga para acá entonces. | ||
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| + | Dígame un número que no sea muy chiquito y que no sea muy grande, a ver si nos sirve ese número." "-¿Cincuenta?" "-No, ese número está muy grande; no alcanzamos; tiene que ser un número más chiquito, más chiquito que diez." "-¿Nueve?" "-Entonces nos vamos a quedar con el número nueve. Ya puede sentarse." | ||
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| + | Como el número que nos dieron fue el número nueve, vamos a contar nueve fotografías de la vida de Santo Tomás de Aquino. Yo llamo fotografías, porque lo que les voy a presentar son unas escenas, momentos de la vida de este Santo. | ||
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| + | Vamos con la primera foto. Son fotos muy pequeñas todas, muy corticas, apenas para que se queden grabadas en el corazón. Porque, este Santo verdaderamente se enamoró de Dios desde niño. | ||
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| + | Primera escena: él quería dedicarse solamente a Dios, quería ser sacerdote, entregarse tan sólo a Dios. Pero, la familia no estaba de acuerdo. Entonces se lo llevaron para un castillo, pues tenían mucho dinero y esa era la época de los castillos. | ||
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| + | Se lo llevaron a un castillo y lo tuvieron por allá encerrado, porque dijeron: "Éste se volvió loco"; y eso que en esa época no existía "Juventud Renovada". Pero: "Éste se volvió loco", y lo tuvieron en el castillo mucho tiempo, cerca de un año. | ||
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| + | Porque, pensaron: "Si lo mantenemos aquí encarcelado, ya se le pasará esa locura". Mas la locura del amor de Dios no se le pasaba a Santo Tomás de Aquino, sino que allá seguía. | ||
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| + | Entonces a la familia se le ocurrió una cosa: "Ah, éste dizque quiere ser sacerdote, dizque quiere ser religioso. Eso es porque no conoce las mujeres. Si nosotros le conseguimos una buena mujer, se le acaban esas ideas de ser sacerdote". | ||
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| + | Por tanto, fueron y consiguieron por ahí una mujer, que no sería muy buena; era más bien como una prostituta. Y le subieron en esa prisión donde lo tenían en el castillo a esa mujer, para que ella lo convenciera de que dejara de ser religioso, y dejara de ser sacerdote. | ||
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| + | Pero Santo Tomás, que era muy tranquilo, ahí sí se puso bravo. Era época de invierno y tenían la chimenea encendida. Cogió un palo de esos ardiendo y dijo: "Pues, usted se sale ya de aquí", y la sacó corriendo a esa mujer. | ||
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| + | Eso no fue como muy cortés con la mujer, pero sí es una enseñanza para nosotros. Porque, muestra que la obra que Dios ha hecho, tenemos que aprender a defenderla. Él tenía un llamado de Dios, y él defendió el llamado que Dios le había hecho así la familia se pusiera brava. Esa es la foto número uno. | ||
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| + | Foto número dos: Resulta que la familia a pesar de ver esta escena y lo resuelto que estaba este muchacho, no lo querían dejar salir de la cárcel. Entonces, él, a través de espías, mandaba cartas a los frailes; es decir, a los religiosos de esta Comunidad a la que yo pertenezco. Mire, este es el hábito mío, este es el hábito de la Orden de Predicadores. | ||
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| + | Él mandaba cartas, y a través de un servicio de correo secreto, se puso de acuerdo con los frailes, fueron allá al castillo donde él se encontraba, zafaron una ventana, lo descolgaron amarrando unas telas, y salió a perderse, fugado, salió fugado de la casa. | ||
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| + | Esta escena es muy simpática, porque, mira la astucia de este hombre: a través de correos secretos y a través de una fuga de película, se salió de la prisión en la que lo tenían metido y donde no querían que se realizara la voluntad de Dios en él. | ||
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| + | Y esto muestra, que cuando una persona tiene inteligencia para hacer cosas, como por ejemplo, correos secretos o fugas espectaculares, eso puede servir para que un criminal se salga de la cárcel, o puede servir para que un fraile recupere su vocación. | ||
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| + | O sea que si tú eres una persona que has utilizado tu inteligencia, por ejemplo, para hacer el mal, por ejemplo, para robar, por ejemplo, para contrabandear, o por ejemplo, para traficar, no te lamentes de la inteligencia que tú tienes; más bien aplica esa inteligencia a las cosas buenas. | ||
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| + | Eso fue lo que hizo Santo Tomás. Santo Tomás era supremamente inteligente y la gran santidad de Tomás, fue aplicar esa inteligencia tan grande que tenía, a las cosas buenas. Esa es la segunda fotografía. | ||
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| + | La tercera fotografía es ésta: Resulta que Santo Tomás realmente lo que fue en su vida, fue un profesor; él fue un profesor toda la vida. Pero antes de dar clases de cualquier otra cosa, él se dedicó a estudiar y a enseñar la Biblia. Y durante dos años completos, estuvo únicamente enseñando la Palabra de Dios. | ||
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| + | Había muchas cosas que le interesaban, porque era un hombre muy despierto y tenía una inteligencia fenomenal. Pero, él se concentró solamente en la Palabra de Dios. ¿Saben por qué? Porque él pensaba que la Palabra de Dios era como los cimientos de un edificio, y que si uno no conoce bien la Palabra de Dios, el edificio nunca quedará bien hecho. Esa es la tercera fotografía. | ||
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| + | Este hombre, que tenía tantos conocimientos y que tenía tanta capacidad, se concentró primero que todo en la Biblia, para enseñarnos que la Biblia es el fundamento y es el cimiento, y sin la Palabra, nunca llegaremos a ser verdaderos testigos de Dios. | ||
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| + | Otro Santo, que se llama San Jerónimo, dijo esta frase, que es muy importante: "El que no conoce a las Escrituras, no conoce a Jesucristo". | ||
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| + | Esa frase la tomó a pecho Santo Tomás, y por eso dedicó dos años completos de su vida, solamente a estudiar a fondo y predicar a fondo la Palabra de Dios. Porque, siendo todavía un jovencito, se dio cuenta de que ese era el cimiento para todo lo que tenía que venir después. Esa es la tercera foto. | ||
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| + | Vamos con la foto número cuatro. Ustedes no piensen que la vida de un profesor siempre es una vida tranquila. Santo Tomás estuvo enseñando en varios lugares, y uno de esos lugares fue la Universidad de París. Pero, en la Universidad de París enseñaban sobre todo sacerdotes diocesanos, sacerdotes seculares. | ||
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| + | Cuando llegó Santo Tomás, que pertenecía a una comunidad religiosa, los que ya tenían puesto ahí, lo miraron con recelo y con desconfianza. Les daba fastidio que llegaran esas comunidades religiosas, pues sentían que se iban a quedar sin empleo. Porque, los profesores nuevos que llegaban, a veces eran muy buenos, y entonces la gente prefería a los profesores buenos. | ||
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| + | De manera que la vida de Santo Tomás estuvo rodeada de envidia. Muchas veces dentro de la misma Iglesia y de los mismos sacerdotes, recibió ataques, insultos, fue marginado, se burlaron de él y tuvo que padecer mucho esta envidia. | ||
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| + | Pero, ¿saben qué es lo más admirable? Que este hombre no se dejó enredar por la envidia. Él tenía su mirada puesta en Jesucristo, y aunque hubiera mucha gente que lo atacara, se burlara de él, le tuviera envidia a él o a los demás compañeros de comunidad, él se preocupaba más de hacer el bien y de acreditarse haciendo el bien, que de estar desacreditando a los otros por el mal que hacían. | ||
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| + | Y esto es una enseñanza muy buena para nosotros: "No pierdas el tiempo desacreditando a tus enemigos. Aprovecha ese tiempo para acreditarte tú como verdadero amigo y conocedor de Dios". | ||
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| + | Esa es la foto número cuatro. No perdamos tanto el tiempo peleando. Es mucho más saludable, es mucho más santo y sano, aprovechar ese tiempo acreditándonos como verdaderos amigos de Dios. | ||
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| + | La quinta foto que quiero compartirles, es que una vez él iba de camino junto con otros compañeros, iba llegando a la ciudad de París donde él enseñaba, y París era, -siempre ha sido-, una de las ciudades más lindas del mundo. | ||
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| + | Cuando iban en las colinas, que están antes de llegar a París, los compañeros que iban con él le hicieron ver toda la belleza de la ciudad y le dijeron: "¿A ti te gustaría que te entregaran toda esa ciudad, que tú fueras como el emperador de esa ciudad, y que tú fueras como el dueño de toda esta ciudad?" | ||
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| + | Santo Tomás dijo esto: "Si tuviera que gobernar una ciudad tan grande, tendría que ocuparme de demasiadas cosas. Yo prefiero que me regalen, si me van a regalar algo, los Comentarios de San Juan Crisóstomo al Evangelio. | ||
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| + | ¡Qué lindo! Él apreciaba más la sabiduría que las mismas cosas materiales, o que el poder. Y ésta también es una enseñanza para nosotros. Porque, a veces somos demasiado consumistas, y a veces somos demasiado materialistas. | ||
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| + | Santo Tomás, en cambio, mostró muy bien, en dónde tenía su corazón. Su delicia estaba en la sabiduría de Dios. ¡Un hombre verdaderamente santo! | ||
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| + | La sexta foto que quiero contarles, es precisamente sobre esa pureza del corazón de Santo Tomás de Aquino. ¿Saben cómo se llama Santo Tomás de Aquino? Se le llama el Doctor Angélico. Se le llama doctor; doctor ahí no significa médico. | ||
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| + | Doctor significa el que tiene una ciencia muy grande en un determinado tema. Por eso también se habla del PhD. Esa D es doctor; es decir, el que enseña, el que sabe tanto, que puede enseñar. | ||
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| + | Bueno, Santo Tomás de Aquino es llamado el Doctor Angélico. ¿Y saben por qué se le llama Angélico? Porque escribió muy bien sobre los Santos Ángeles de Dios, y porque tenía una gran pureza de corazón: una gran pureza; es decir, una gran castidad. | ||
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| + | Siendo hombre, y muy hombrecito, muy, muy hombre, era un hombre de una gran castidad. A veces se dice, que a nosotros los hombres, nos cuesta más trabajo el asunto de la pureza y de la castidad. Tal vez es cierto. | ||
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| + | Muchas veces nosotros tenemos grandes tentaciones y dificultades en la castidad. Por eso es tan hermoso encontrarnos con un Santo, que es muy hombre y al mismo tiempo con una pureza como de Ángel. | ||
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| + | Santo Tomás de Aquino es uno de los hombres de una pureza virginal, de una pureza de amor, de una pureza de mente. Y él decía a la gente, sobre todo decía a los estudiantes, que era muy importante conservar la mente pura, porque en una mente pura, entra más fácilmente la sabiduría de Dios. | ||
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| + | Y fíjate que eso es lo mismo que dice el Evangelio, por lo menos interpretado alegóricamente. Allá dice en las Bienaventuranzas: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (véase San Mateo 5,8). Ahí, donde hay pureza de corazón, ahí entra con facilidad la sabiduría de Dios. Esa es la sexta fotografía que quería contarles. | ||
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| + | Vamos con la fotografía número siete. Santo Tomás de Aquino es un hombre que se dedicó todo el tiempo, como ya les dije, a la enseñanza. Pero, eso no significa que a él no le preocupara la conversión de las almas. | ||
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| + | Una de las obras más importantes de él, que se llama "La Suma contra Gentiles", que es una obra maravillosa y bastante gordita, la escribió él, para que sirviera de ayuda a los que tenían que predicar en las misiones. | ||
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| + | Esto me parece muy hermoso, porque Santo Tomás, aunque él mismo tal vez no tenía el don de una gran predicación, y aunque él mismo no era, o no tenía la posibilidad de ser un gran misionero y estar en todas partes, trabajaba para que otros pudieran hacer las misiones. | ||
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| + | Así tenemos que ser en la Iglesia. No todos tenemos los mismos dones, no todos tenemos la capacidad de cantar, o la capacidad de estudiar mucho, o la capacidad de predicar, o la capacidad de atender enfermos, o la capacidad de ir por muchos países evangelizando. | ||
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| + | Pero, eso no significa que seamos inútiles. Cada uno de nosotros puede ayudar al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, y cada uno de nosotros puede apoyar. Eso es lo que es un ministerio; eso es lo que es una comunidad, donde no tenemos los mismos dones, pero cada uno aporta. | ||
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| + | Santo Tomás no tenía los dones de ser un gran misionero, pero él ayudaba a los misioneros con lo que él sabía hacer. Ese es un testimonio muy bonito. | ||
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| + | Vamos con la fotografía número ocho. Ya estamos llegando al final de la vida de Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás es probablemente el sabio más santo que ha tenido la Iglesia Católica, y es probablemente el santo más sabio que ha tenido la Iglesia Católica. Es un hombre admirable. ¡Admirable! Personalmente le debo muchísimo. | ||
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| + | Pero, la foto que les quiero contar es ésta: El 6 de diciembre de 1273, cuando era la fiesta de San Nicolás, Santo Tomás de Aquino estaba celebrando la Santa Misa y tuvo una visión maravillosa. | ||
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| + | ¿Sabes cómo fue esa visión? Fue como esa cortina; fue como si Dios corriera un poquitico la cortina y le dejara ver un poquito, un poquito de la gloria del Cielo y de la belleza de lo que es Dios. | ||
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| + | Santo Tomás, que sabía todo lo que sabía, y que tenía tanta inteligencia, tantos libros en la cabeza, pudo ver por esa rendijita en ese momento, un poquito de cómo es Dios de lindo. ¡Pero, hermoso! ¡Pero, santísimo! ¡Pero, bellísimo! | ||
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| + | Y Santo Tomás quedó extasiado, quedó como fuera de sí durante mucho tiempo y casi no podía hablar, porque estaba como impactado. Eso es una cosa que lo dejó a él borracho de amor. | ||
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| + | ¿Y saben qué pasó? Ya no volvió a escribir. Él escribía mucho. Tenemos muchas obras de él en la Iglesia Católica, especialmente "La Suma Teológica", "La Suma contra Gentiles", "Comentarios a Aristóteles", "Comentarios a la Biblia", tenemos mucho. | ||
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| + | Sin embargo, él ya no escribió más. Y entonces le decían: "Pero, Tomás, escribe". Y él, ¿saben lo que respondía? "Ante lo que he visto, lo que he escrito me parece paja". | ||
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| + | Imagínate la belleza de Dios, si muchas veces nosotros casi no alcanzamos a entender todo lo que escribió Santo Tomás de Aquino porque es profundísimo. | ||
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| + | Y él, que tenía toda esa sabiduría, dice: "Mire, Dios es infinitamente, infinitamente más lindo, más bello". Es decir, como comentaría mi hermano Jason: "Dios es suave, Dios es increíble, Dios es bellísimo". | ||
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| + | Es maravilloso pensar, que hasta los sabios más sabios, más santos y más puros que ha tenido la Iglesia, cuando se encuentran así con Dios, sienten como un océano de luz. Es como un diluvio de amor, es algo más grande que lo que cabe en cualquier palabra. Así es Dios, y ese es el Dios que nos ama, hermanos. | ||
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| + | Vamos con la última fotografía, porque mi amiga dijo nueve. Eran nueve, ¿cierto? Vamos entonces con la fotografía número nueve, la última. | ||
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| + | Resulta que Santo Tomás se estaba muriendo. Él murió muy joven, tendría apenas como unos cincuenta años de edad. Todavía no era edad como para que se muriera. | ||
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| + | Le llevaron la Sagrada Comunión, porque ya se estaba muriendo. Él se encontraba muy débil, pues estaba muy mal, muy enfermo, por lo que pasaba los días acostado. Le llevaron entonces la Eucaristía. | ||
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| + | Una de las grandes virtudes de Santo Tomás, fue que tuvo siempre un amor por la Eucaristía descomunal. Él amaba a Jesús en la Eucaristía como ustedes no se pueden imaginar. | ||
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| + | Lo demostró hasta el último momento, porque cuando llegaron con la Hostia Consagrada, lo que se llama ya el viático, porque era la última vez que iba a comulgar, él, que se la pasaba acostado por lo enfermo, se levantó así como estaba, y así como estaba enfermo, se postró ante Jesús en la Eucaristía. | ||
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| + | Le dijo entonces estas palabras, que a mí me parecen un testamento lindísimo de amor: "Te saludo", le dijo a Jesús, "te saludo, Precio de mi redención". ¡Qué lindo! "Te saludo, Precio de mi redención", y añadió: "Por ti oré, por ti hice vigilia, por ti estudié y enseñé, por ti". ¡Qué hermoso! | ||
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| + | Ante Jesús en la Eucaristía: "Por ti viví, por ti y para ti viví", así le habló Santo Tomás a Jesús, y diciendo estas palabras, comulgó. Unas horas después falleció, el 7 de marzo de 1274. ¡Qué lindo eso! | ||
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| + | ¿Y saben lo que yo pienso? Que cuando llegue el final de mi vida, yo quisiera decirle lo mismo a Jesús: "Para ti Señor, para ti viví, para ti. Tú eres todo para mí. Jesús, tú me llenas; por ti lo hice". | ||
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| + | Ustedes saben, hermanos, que todos tenemos que pasar por la puertecita que se llama la muerte, ¡todos! Y cuando nos llegue la hora de la muerte, tenemos que preguntarnos, para qué vinimos a esta tierra, y para qué vivimos. Santo Tomás tenía una respuesta: "Yo vine a esta tierra para servir y para amar a Jesucristo". | ||
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| + | Cuando le presentaron a Jesús ya al momento de la muerte, dijo: "Por ti viví, por ti vigilé, por ti estudié y enseñé, para ti viví". ¡Qué lindo que cuando llegue la hora de nuestra muerte, nosotros también podamos decirle eso a Jesús: "Yo viví para ti, Señor. Yo viví para ti. Tú eres la causa de mi vida. Para ti existí, para ti Señor". ¡Qué lindo poder decir esto! | ||
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| + | De manera que alimentémonos hoy, hermanos, en esta Eucaristía, alimentémonos comulgando, si así nos lo permite nuestra conciencia y la Iglesia. | ||
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| + | Alimentémonos comulgando, por lo menos comulgando espiritualmente. Alimentémonos, uniéndonos a Jesucristo, y hagamos ese propósito: vivir para Jesús. | ||
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| + | Que cuando llegue el momento de la muerte, podamos decir: "Señor, por ti hice todo lo que hice. Te amé hasta el final". | ||
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| + | Amén. Y que esas sean nuestras últimas palabras. | ||
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| + | ¡Aleluya! | ||
Revisión del 14:25 6 ene 2010
Fecha: 20040128
Título: Una vida para Jesus y por Jesus
Original en audio: 21 min.
Hermanos:
Para esta prédica necesito la colaboración de un niño que sepa contar. "-¿Usted sabe contar? ¿Hasta cuánto sabe contar usted? Le dio pena." "-¿Y usted hasta cuánto cuenta?" "-Hasta cincuenta." "-Venga para acá entonces.
Dígame un número que no sea muy chiquito y que no sea muy grande, a ver si nos sirve ese número." "-¿Cincuenta?" "-No, ese número está muy grande; no alcanzamos; tiene que ser un número más chiquito, más chiquito que diez." "-¿Nueve?" "-Entonces nos vamos a quedar con el número nueve. Ya puede sentarse."
Como el número que nos dieron fue el número nueve, vamos a contar nueve fotografías de la vida de Santo Tomás de Aquino. Yo llamo fotografías, porque lo que les voy a presentar son unas escenas, momentos de la vida de este Santo.
Vamos con la primera foto. Son fotos muy pequeñas todas, muy corticas, apenas para que se queden grabadas en el corazón. Porque, este Santo verdaderamente se enamoró de Dios desde niño.
Primera escena: él quería dedicarse solamente a Dios, quería ser sacerdote, entregarse tan sólo a Dios. Pero, la familia no estaba de acuerdo. Entonces se lo llevaron para un castillo, pues tenían mucho dinero y esa era la época de los castillos.
Se lo llevaron a un castillo y lo tuvieron por allá encerrado, porque dijeron: "Éste se volvió loco"; y eso que en esa época no existía "Juventud Renovada". Pero: "Éste se volvió loco", y lo tuvieron en el castillo mucho tiempo, cerca de un año.
Porque, pensaron: "Si lo mantenemos aquí encarcelado, ya se le pasará esa locura". Mas la locura del amor de Dios no se le pasaba a Santo Tomás de Aquino, sino que allá seguía.
Entonces a la familia se le ocurrió una cosa: "Ah, éste dizque quiere ser sacerdote, dizque quiere ser religioso. Eso es porque no conoce las mujeres. Si nosotros le conseguimos una buena mujer, se le acaban esas ideas de ser sacerdote".
Por tanto, fueron y consiguieron por ahí una mujer, que no sería muy buena; era más bien como una prostituta. Y le subieron en esa prisión donde lo tenían en el castillo a esa mujer, para que ella lo convenciera de que dejara de ser religioso, y dejara de ser sacerdote.
Pero Santo Tomás, que era muy tranquilo, ahí sí se puso bravo. Era época de invierno y tenían la chimenea encendida. Cogió un palo de esos ardiendo y dijo: "Pues, usted se sale ya de aquí", y la sacó corriendo a esa mujer.
Eso no fue como muy cortés con la mujer, pero sí es una enseñanza para nosotros. Porque, muestra que la obra que Dios ha hecho, tenemos que aprender a defenderla. Él tenía un llamado de Dios, y él defendió el llamado que Dios le había hecho así la familia se pusiera brava. Esa es la foto número uno.
Foto número dos: Resulta que la familia a pesar de ver esta escena y lo resuelto que estaba este muchacho, no lo querían dejar salir de la cárcel. Entonces, él, a través de espías, mandaba cartas a los frailes; es decir, a los religiosos de esta Comunidad a la que yo pertenezco. Mire, este es el hábito mío, este es el hábito de la Orden de Predicadores.
Él mandaba cartas, y a través de un servicio de correo secreto, se puso de acuerdo con los frailes, fueron allá al castillo donde él se encontraba, zafaron una ventana, lo descolgaron amarrando unas telas, y salió a perderse, fugado, salió fugado de la casa.
Esta escena es muy simpática, porque, mira la astucia de este hombre: a través de correos secretos y a través de una fuga de película, se salió de la prisión en la que lo tenían metido y donde no querían que se realizara la voluntad de Dios en él.
Y esto muestra, que cuando una persona tiene inteligencia para hacer cosas, como por ejemplo, correos secretos o fugas espectaculares, eso puede servir para que un criminal se salga de la cárcel, o puede servir para que un fraile recupere su vocación.
O sea que si tú eres una persona que has utilizado tu inteligencia, por ejemplo, para hacer el mal, por ejemplo, para robar, por ejemplo, para contrabandear, o por ejemplo, para traficar, no te lamentes de la inteligencia que tú tienes; más bien aplica esa inteligencia a las cosas buenas.
Eso fue lo que hizo Santo Tomás. Santo Tomás era supremamente inteligente y la gran santidad de Tomás, fue aplicar esa inteligencia tan grande que tenía, a las cosas buenas. Esa es la segunda fotografía.
La tercera fotografía es ésta: Resulta que Santo Tomás realmente lo que fue en su vida, fue un profesor; él fue un profesor toda la vida. Pero antes de dar clases de cualquier otra cosa, él se dedicó a estudiar y a enseñar la Biblia. Y durante dos años completos, estuvo únicamente enseñando la Palabra de Dios.
Había muchas cosas que le interesaban, porque era un hombre muy despierto y tenía una inteligencia fenomenal. Pero, él se concentró solamente en la Palabra de Dios. ¿Saben por qué? Porque él pensaba que la Palabra de Dios era como los cimientos de un edificio, y que si uno no conoce bien la Palabra de Dios, el edificio nunca quedará bien hecho. Esa es la tercera fotografía.
Este hombre, que tenía tantos conocimientos y que tenía tanta capacidad, se concentró primero que todo en la Biblia, para enseñarnos que la Biblia es el fundamento y es el cimiento, y sin la Palabra, nunca llegaremos a ser verdaderos testigos de Dios.
Otro Santo, que se llama San Jerónimo, dijo esta frase, que es muy importante: "El que no conoce a las Escrituras, no conoce a Jesucristo".
Esa frase la tomó a pecho Santo Tomás, y por eso dedicó dos años completos de su vida, solamente a estudiar a fondo y predicar a fondo la Palabra de Dios. Porque, siendo todavía un jovencito, se dio cuenta de que ese era el cimiento para todo lo que tenía que venir después. Esa es la tercera foto.
Vamos con la foto número cuatro. Ustedes no piensen que la vida de un profesor siempre es una vida tranquila. Santo Tomás estuvo enseñando en varios lugares, y uno de esos lugares fue la Universidad de París. Pero, en la Universidad de París enseñaban sobre todo sacerdotes diocesanos, sacerdotes seculares.
Cuando llegó Santo Tomás, que pertenecía a una comunidad religiosa, los que ya tenían puesto ahí, lo miraron con recelo y con desconfianza. Les daba fastidio que llegaran esas comunidades religiosas, pues sentían que se iban a quedar sin empleo. Porque, los profesores nuevos que llegaban, a veces eran muy buenos, y entonces la gente prefería a los profesores buenos.
De manera que la vida de Santo Tomás estuvo rodeada de envidia. Muchas veces dentro de la misma Iglesia y de los mismos sacerdotes, recibió ataques, insultos, fue marginado, se burlaron de él y tuvo que padecer mucho esta envidia.
Pero, ¿saben qué es lo más admirable? Que este hombre no se dejó enredar por la envidia. Él tenía su mirada puesta en Jesucristo, y aunque hubiera mucha gente que lo atacara, se burlara de él, le tuviera envidia a él o a los demás compañeros de comunidad, él se preocupaba más de hacer el bien y de acreditarse haciendo el bien, que de estar desacreditando a los otros por el mal que hacían.
Y esto es una enseñanza muy buena para nosotros: "No pierdas el tiempo desacreditando a tus enemigos. Aprovecha ese tiempo para acreditarte tú como verdadero amigo y conocedor de Dios".
Esa es la foto número cuatro. No perdamos tanto el tiempo peleando. Es mucho más saludable, es mucho más santo y sano, aprovechar ese tiempo acreditándonos como verdaderos amigos de Dios.
La quinta foto que quiero compartirles, es que una vez él iba de camino junto con otros compañeros, iba llegando a la ciudad de París donde él enseñaba, y París era, -siempre ha sido-, una de las ciudades más lindas del mundo.
Cuando iban en las colinas, que están antes de llegar a París, los compañeros que iban con él le hicieron ver toda la belleza de la ciudad y le dijeron: "¿A ti te gustaría que te entregaran toda esa ciudad, que tú fueras como el emperador de esa ciudad, y que tú fueras como el dueño de toda esta ciudad?"
Santo Tomás dijo esto: "Si tuviera que gobernar una ciudad tan grande, tendría que ocuparme de demasiadas cosas. Yo prefiero que me regalen, si me van a regalar algo, los Comentarios de San Juan Crisóstomo al Evangelio.
¡Qué lindo! Él apreciaba más la sabiduría que las mismas cosas materiales, o que el poder. Y ésta también es una enseñanza para nosotros. Porque, a veces somos demasiado consumistas, y a veces somos demasiado materialistas.
Santo Tomás, en cambio, mostró muy bien, en dónde tenía su corazón. Su delicia estaba en la sabiduría de Dios. ¡Un hombre verdaderamente santo!
La sexta foto que quiero contarles, es precisamente sobre esa pureza del corazón de Santo Tomás de Aquino. ¿Saben cómo se llama Santo Tomás de Aquino? Se le llama el Doctor Angélico. Se le llama doctor; doctor ahí no significa médico.
Doctor significa el que tiene una ciencia muy grande en un determinado tema. Por eso también se habla del PhD. Esa D es doctor; es decir, el que enseña, el que sabe tanto, que puede enseñar.
Bueno, Santo Tomás de Aquino es llamado el Doctor Angélico. ¿Y saben por qué se le llama Angélico? Porque escribió muy bien sobre los Santos Ángeles de Dios, y porque tenía una gran pureza de corazón: una gran pureza; es decir, una gran castidad.
Siendo hombre, y muy hombrecito, muy, muy hombre, era un hombre de una gran castidad. A veces se dice, que a nosotros los hombres, nos cuesta más trabajo el asunto de la pureza y de la castidad. Tal vez es cierto.
Muchas veces nosotros tenemos grandes tentaciones y dificultades en la castidad. Por eso es tan hermoso encontrarnos con un Santo, que es muy hombre y al mismo tiempo con una pureza como de Ángel.
Santo Tomás de Aquino es uno de los hombres de una pureza virginal, de una pureza de amor, de una pureza de mente. Y él decía a la gente, sobre todo decía a los estudiantes, que era muy importante conservar la mente pura, porque en una mente pura, entra más fácilmente la sabiduría de Dios.
Y fíjate que eso es lo mismo que dice el Evangelio, por lo menos interpretado alegóricamente. Allá dice en las Bienaventuranzas: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (véase San Mateo 5,8). Ahí, donde hay pureza de corazón, ahí entra con facilidad la sabiduría de Dios. Esa es la sexta fotografía que quería contarles.
Vamos con la fotografía número siete. Santo Tomás de Aquino es un hombre que se dedicó todo el tiempo, como ya les dije, a la enseñanza. Pero, eso no significa que a él no le preocupara la conversión de las almas.
Una de las obras más importantes de él, que se llama "La Suma contra Gentiles", que es una obra maravillosa y bastante gordita, la escribió él, para que sirviera de ayuda a los que tenían que predicar en las misiones.
Esto me parece muy hermoso, porque Santo Tomás, aunque él mismo tal vez no tenía el don de una gran predicación, y aunque él mismo no era, o no tenía la posibilidad de ser un gran misionero y estar en todas partes, trabajaba para que otros pudieran hacer las misiones.
Así tenemos que ser en la Iglesia. No todos tenemos los mismos dones, no todos tenemos la capacidad de cantar, o la capacidad de estudiar mucho, o la capacidad de predicar, o la capacidad de atender enfermos, o la capacidad de ir por muchos países evangelizando.
Pero, eso no significa que seamos inútiles. Cada uno de nosotros puede ayudar al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, y cada uno de nosotros puede apoyar. Eso es lo que es un ministerio; eso es lo que es una comunidad, donde no tenemos los mismos dones, pero cada uno aporta.
Santo Tomás no tenía los dones de ser un gran misionero, pero él ayudaba a los misioneros con lo que él sabía hacer. Ese es un testimonio muy bonito.
Vamos con la fotografía número ocho. Ya estamos llegando al final de la vida de Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás es probablemente el sabio más santo que ha tenido la Iglesia Católica, y es probablemente el santo más sabio que ha tenido la Iglesia Católica. Es un hombre admirable. ¡Admirable! Personalmente le debo muchísimo.
Pero, la foto que les quiero contar es ésta: El 6 de diciembre de 1273, cuando era la fiesta de San Nicolás, Santo Tomás de Aquino estaba celebrando la Santa Misa y tuvo una visión maravillosa.
¿Sabes cómo fue esa visión? Fue como esa cortina; fue como si Dios corriera un poquitico la cortina y le dejara ver un poquito, un poquito de la gloria del Cielo y de la belleza de lo que es Dios.
Santo Tomás, que sabía todo lo que sabía, y que tenía tanta inteligencia, tantos libros en la cabeza, pudo ver por esa rendijita en ese momento, un poquito de cómo es Dios de lindo. ¡Pero, hermoso! ¡Pero, santísimo! ¡Pero, bellísimo!
Y Santo Tomás quedó extasiado, quedó como fuera de sí durante mucho tiempo y casi no podía hablar, porque estaba como impactado. Eso es una cosa que lo dejó a él borracho de amor.
¿Y saben qué pasó? Ya no volvió a escribir. Él escribía mucho. Tenemos muchas obras de él en la Iglesia Católica, especialmente "La Suma Teológica", "La Suma contra Gentiles", "Comentarios a Aristóteles", "Comentarios a la Biblia", tenemos mucho.
Sin embargo, él ya no escribió más. Y entonces le decían: "Pero, Tomás, escribe". Y él, ¿saben lo que respondía? "Ante lo que he visto, lo que he escrito me parece paja".
Imagínate la belleza de Dios, si muchas veces nosotros casi no alcanzamos a entender todo lo que escribió Santo Tomás de Aquino porque es profundísimo.
Y él, que tenía toda esa sabiduría, dice: "Mire, Dios es infinitamente, infinitamente más lindo, más bello". Es decir, como comentaría mi hermano Jason: "Dios es suave, Dios es increíble, Dios es bellísimo".
Es maravilloso pensar, que hasta los sabios más sabios, más santos y más puros que ha tenido la Iglesia, cuando se encuentran así con Dios, sienten como un océano de luz. Es como un diluvio de amor, es algo más grande que lo que cabe en cualquier palabra. Así es Dios, y ese es el Dios que nos ama, hermanos.
Vamos con la última fotografía, porque mi amiga dijo nueve. Eran nueve, ¿cierto? Vamos entonces con la fotografía número nueve, la última.
Resulta que Santo Tomás se estaba muriendo. Él murió muy joven, tendría apenas como unos cincuenta años de edad. Todavía no era edad como para que se muriera.
Le llevaron la Sagrada Comunión, porque ya se estaba muriendo. Él se encontraba muy débil, pues estaba muy mal, muy enfermo, por lo que pasaba los días acostado. Le llevaron entonces la Eucaristía.
Una de las grandes virtudes de Santo Tomás, fue que tuvo siempre un amor por la Eucaristía descomunal. Él amaba a Jesús en la Eucaristía como ustedes no se pueden imaginar.
Lo demostró hasta el último momento, porque cuando llegaron con la Hostia Consagrada, lo que se llama ya el viático, porque era la última vez que iba a comulgar, él, que se la pasaba acostado por lo enfermo, se levantó así como estaba, y así como estaba enfermo, se postró ante Jesús en la Eucaristía.
Le dijo entonces estas palabras, que a mí me parecen un testamento lindísimo de amor: "Te saludo", le dijo a Jesús, "te saludo, Precio de mi redención". ¡Qué lindo! "Te saludo, Precio de mi redención", y añadió: "Por ti oré, por ti hice vigilia, por ti estudié y enseñé, por ti". ¡Qué hermoso!
Ante Jesús en la Eucaristía: "Por ti viví, por ti y para ti viví", así le habló Santo Tomás a Jesús, y diciendo estas palabras, comulgó. Unas horas después falleció, el 7 de marzo de 1274. ¡Qué lindo eso!
¿Y saben lo que yo pienso? Que cuando llegue el final de mi vida, yo quisiera decirle lo mismo a Jesús: "Para ti Señor, para ti viví, para ti. Tú eres todo para mí. Jesús, tú me llenas; por ti lo hice".
Ustedes saben, hermanos, que todos tenemos que pasar por la puertecita que se llama la muerte, ¡todos! Y cuando nos llegue la hora de la muerte, tenemos que preguntarnos, para qué vinimos a esta tierra, y para qué vivimos. Santo Tomás tenía una respuesta: "Yo vine a esta tierra para servir y para amar a Jesucristo".
Cuando le presentaron a Jesús ya al momento de la muerte, dijo: "Por ti viví, por ti vigilé, por ti estudié y enseñé, para ti viví". ¡Qué lindo que cuando llegue la hora de nuestra muerte, nosotros también podamos decirle eso a Jesús: "Yo viví para ti, Señor. Yo viví para ti. Tú eres la causa de mi vida. Para ti existí, para ti Señor". ¡Qué lindo poder decir esto!
De manera que alimentémonos hoy, hermanos, en esta Eucaristía, alimentémonos comulgando, si así nos lo permite nuestra conciencia y la Iglesia.
Alimentémonos comulgando, por lo menos comulgando espiritualmente. Alimentémonos, uniéndonos a Jesucristo, y hagamos ese propósito: vivir para Jesús.
Que cuando llegue el momento de la muerte, podamos decir: "Señor, por ti hice todo lo que hice. Te amé hasta el final".
Amén. Y que esas sean nuestras últimas palabras.
¡Aleluya!