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''Po eso la Carta de Juan quiere que nootros descubramos quién es el Mesías, que nos demos cuenta por cuál camino es que viene la salvación, por dónde y cómo nos ha llegado la redención a nosotros, para que en ese descubrimiento, permanezcamos llenos de fe, llenos de gratitud, llenos de gracia y llenos de amor.'' | ''Po eso la Carta de Juan quiere que nootros descubramos quién es el Mesías, que nos demos cuenta por cuál camino es que viene la salvación, por dónde y cómo nos ha llegado la redención a nosotros, para que en ese descubrimiento, permanezcamos llenos de fe, llenos de gratitud, llenos de gracia y llenos de amor.'' | ||
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| + | Negar eso es, o negar la Cruz de Cristo, o negar mi cruz, y en cualquiera de los dos casos, es despreciar la oferta de Dios y es ponerse del bando del anticristo. | ||
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| + | Como se puede ver, esta Primera Carta de Juan es una maravillosa enseñanza, una preciosa enseñanza. | ||
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| + | Que Dios nos ayude con la luz del ESpíritu Santo, que nos dé tiempo, sabiduría, paladar y amor para gustar estas palabras, y pra saciarnos infinitamente, interminablemente, en lo que Dios nos presenta con esa palabra. | ||
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| + | Juan el Bautista no es el Mesías, ¿qué dice Juan de sí mismmo? que él es la voy y que viene Alguien muy grande, pero que ya está en medio de nosotros, ¿cómo así, Alguien más grande que Juan? | ||
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| + | Eso nos prepara en este Adviento chiquito para la Epifania, mientras que la primera lectura nos va contando quién sí es el Mesías, para que nosotros sepamos todo lo que puede llegar a significar la Carne Santísima de Cristo, la misma que vamos a comulgar en esta Santa Misa. | ||
Revisión del 16:10 19 dic 2009
Fecha: 20010102
Título: ¿En que consiste la Teologia del Mesias?
Original el audio: 24 min. 9 seg.
Los dos primeros capítulos del evangelio de Mateo y los dos primeros capítulos del evangelio de Lucas, están dedicados a la infancia del Señor. Pero resulta que esos cuatro capítulos están ya leídos en el tiempo de Navidad que ha transcurrido y, en parte, en el tiempo que nos preparó para la Navidad.
De manera que ya los textos, que servían para hablar de la infancia de Cristo, han sido leídos en estos días pasados, y por eso queda un problema litúrgico.
Y ahora que estamos en el tiempo de Navidad, ¿qué vamos a leer? ¿Cómo profundizar en este misterio de la Navidad? Ya nos contaron aquello de la purificación, ya el viejito Simeón le dio gracias a Dios, Ana hizo su respectiva profecía y le avisó a la gente que había llegado el Mesías.
Ya nos contaron esos relatos hermosos, significativos, primorosos, ¿ahora qué más nos puede servir para descubrir el misterio de la Carne de Cristo?
Eso es lo que viene a responder el evangelio de hoy y los evangelios que siguen. Nosotros hemos leído ya el prólogo del evangelio de Juan, que son los primeros dieciocho versículos del capítulo primero. La lectura del evangelio de hoy empieza precisamente en el versículo diecinueve.
Es decir que lo que nosotros vamos a escuchar en estos días, como una especie de preparación a la Epifanía, es aquella parte del evangelio de Juan que sirve como una especie de preparación de la Epifanía de Cristo en el evangelio de Juan.
Porque Cristo tiene su Epifanía en el evangelio de Juan, tiene su manifestación, y esa manifestación sucede en la Bodas de Caná, de las cuales dice el Evangelista: "Este fue el primer signo que realizó Cristo" San Juan 2,11.
De manera que la Carne de Cristo se convierte en el significante, y la Epifanía va a ser el comienzo del significado. Esa es la maravilla que tenemos durante estos días. El significante es lo que porta al significado, pero el significado está más allá.
Estos días son de preparación para descubrir que la Carne de Cristo es un significante, tiene un sentido, y que ese sentido empieza a aparecer, despunta por primera vez en la Epifanía.
La Epifanía es una fiesta única y múltiple, como lo recuerdan las antífonas de la Liturgia de las Horas. Seguramnete ustedes, que en general rezan la Liturgia de las Horas, habrán notado que el día de Epifanía se dice: "Este es un día señalado por tres prodigios", y se habla de los Magos de Oriente, y se habla del Bautismo de Cristo en el Jordán, y se habla de las Bodas de Caná.
Es un milagro múltiple, la Epifanía más que un momento particular, más que una hora única en la vida de Cristo, es la conciencia que la Iglesia toma, de que la Carne de Cristo porta un significado, es un descubriminto que sucede en distintos momentos.
Los Magos de Oriente lo descubrieron siendo Jesús todavía niño, los discuípulos de Cristo los descubrieron en las Bodas de Caná, cuando ya no estaba tan niño.
La Epifanía no es tanto un día, una fecha, una hora, sino la Epifanía es el comienzo de ese descubrimiento que cada uno de nosotros tiene que hacer, que cada comunidad tiene que hacer, que la Iglesia tiene que hacer, el descubrimiento de toda la fuerza de significación que tiene esa Carne de Cristo.
Y para descubrir eso, para que la Epifanía nos suceda también a nosotros, necesitamos un caminito, y ese caminito es el que vamos a recorrer de la mano del capítulo primero del evangelio de Juan.
Ese caminito es el que nos va contando quién era, quién es Ése, a quién pertenee esa Carne que ya hemos adorado y venerado en el pesebre.
Ese es el propósito de las lecturas de estos días. De manera que esta semana se parece como a un Adviento chiquito. Usted se acuerad que por allá en el Adviento, varias veces resonó la voz de Juan, la persona de Juan, la palabra de Juan el Bautista.
Y Juan nos estaba diciendo que allanáramos el camino, que preparáramos las sendas. Ese es Juan como aparece en los sinópticos. Aquí vuelve a aparecer Juan en esta semana, que es la semana del Adviento chiquito, porque es el Advientico chiquitico que prepara a la Epifanía.
Ahora, entonces, Juan vuelve a aparecer, en el evangelio del Evangelista Juan, preparándonos para la Epifanía. Esto no tiene nada de raro porque Juan es precursor de Cristo simpre, siempre que va a haber una manifestación de Cristo, por ahí cerquita y delantico está Juan.
De modo que como nos estamos preparando para la Epifanía, pues aquí está Juan, aquí volvió a aparecer Juan en escena, preparándonos, educándonos, y lo primero que nos enseña este Juan es: "Yo no soy el Mesías" San Juan 1,20, "no soy Elías" San Juan 1,21, "no soy el Profeta" San Juan 1,21.Eso es lo primero que nos enseñó Juan.
Juan nos va a preparar, en este que yo llamo un "Adviento chiquito", nos va a preparar a la Epifanía, para que nosotros tengamos Epifanía, para que la Carne de Cristo se vuelva significativa para nosostros, para que despegue, para que brille, despunte la gloria de Cristo, naciendo, saliendo de esa Carne que la Virgen Santisima le dio, según la voluntad del Padre Celestial.
¿Cómo nos enseña Juan? Bueno, ahí están, los textos, los tenemos en nuestras Biblias y aquí la Iglesia nos los va contando. "Tú, ¿quién eres?" San Juan 1,19, "Qué dices de ti mismo?" San Juan 1,22, vuelve Juan: |Allanad el camino del Señor"San Juan 1,23.
"Por qué bautizas?" San Juan 1,25. Fíjese que Juan Bautista no respondió a esa pregunta, "dijo: "Yo bautizo con agua, en medio de vosotros hay uno a quien no conocéis"San Juan 1,26. Esa es como la frase central de este día.
"En medio de vosotros hay uno a quien no conocéis" San Juan 1,26. Fíjese, ya tenemos la Carne de Cristo en el pesebre, ya hemos dormido al Niño, ya está entre nosotros, la pregunta es: ¿le conocemos? Está en medio de nosotros.
Juan decía: "En medio de vosotros hay uno que no conocéis" San Juan 1,26. Por lo tanto, esta semana, esta es una semana muy bella, acaba de terminar la Octava de Navidad, esta es una semana muy bella para asomarnos con especial reverencia al misterio de Cristo y preguntarnos si nosotros conocemos a Ése que está en mdio de nosotros.
"No soy digno de desatar la correa de las sandalias" San Juan 1,27. ¿Quién es este personaje tan grande, si ya Juan Bautista nos parece tan admirable, quién es este, del cual dice Juan: "Yo ni siquiera merezco destarle la correa"?
Bueno, ahí queda como esa idea que sirve, espero yo, para esta semana. Esta es una idea que toca aplicar esta semana, porque en estos momentos no se sabe cómo funcionen las capellanías, entonces no sé cuándo pueda yo volver a aparecer.
Por eso, les digo que ahí les queda esta idea, porque tenemos que vivir este Adviento chiquito de modo que llegue la Epifanía.
Fíjese usted que no estamos desorbitados en esto porque, en las iglesias de Oriente, la fiesta grande no es el Nacimiento, es la Epifanía: o sea que en cierto sentido, si vamos a aplicar la lógica esa de Adviento y Navidad, lo que tendríamos que decir es que, para los orientales, este momento todavía sería como Adviento, porque no ha sucedido la Epifanía.
Tener la Carne de Cristo, todavía no es mucho, si no sabemos a quién tenemos, y eso, saber a quién tenemos y recibir el significado que porta esa Carne, eso es lo que nos va a a dar la Epifanía.
Por eso, esta fiesta que tenemos en Occidente, esta fiesta de la Navidad, hay que celebrarla con cierto cuidado, con cierta mesura, por que si no fácilmente nos podemos quedar en los aspectos externos, en los aspectos sólo como de la sensibilidad humana, de eso hemos hablado en otras ocasiones.
ya por ahí se podría dejar la predicación, pero hay que decir algo de la Primera Carta que le da una continuidad a este tiempo de Navidad. Esa Primera Carta sí la empezamos a leer desde antes, la inauguramos en la fiesta de San Juan Evangelista, y ya viene desde antes esa Carta.
Esa Carta, desde luego, está perfectamente escogida para este tiempo, porque ya desde su introducción, nos está haciendo como una larga homilía sobre la presencia de la Palabra en la Carne.
Hoy, felizmente, la primera lectura y el evangelio tienen una relación íntima, usted, de seguro, ya encontró esa relación. La pregunta fundamental, la primera pregunta, que con cierto miedo mandan a hacer aquellos sumos sacerdotes, es: "Tú, ¿quién eres?" San Juan 1,19, ya la primera respuesta de Juan es: "Yo no soy el Mesías" San Juan 1,20.
¿Y cuál era el tema de la primera lectura? "Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Mesías?" 1 Juan 2,22. Claro, en la primera lectura aparece según su versión griega, Cristo, pero es, desde luego, la misma idea.
De manera que hoy, en este día, coinciden maravillosamente estas dos lecturas en el tema del Mesías. Lo primero que asegura Juan es: "Yo no soy el Mesías" San Juan 1,20, y el peligro y fuente de todos los males, de acuerdo con la primera lectura, es negar que Cristo es el Mesías.
O sea que lo del "Mesías" es como el puente que une a estas dos lecturas de hoy. Sobre lo primero, que Juan no es el Mesías, ya alguna cosa dijimos. Ahora yo quiero destacar esa afirmación tan drástica que hace la Primera Carta de Juan, para ver si eso también nos ayuda a descubrir quién es Cristo.
Las crónicas dicen que Santo Tomás de Aquino, desde que era un niñito, preguntaba quién es Dios, qué es Dios, y esa pregunta atravesó toda la vida de Tomás.
Creo que de alguna manera tiene que ser también nuestra vida. Un contemplativo es una persona insaciable: "Quién es Cristo? ¿Quién es este Crsto? Esa hambre es la que nos hace contemplativos. Esa sed de Crito es la que nos hace contemplativos de Cristo.
Así también habló San Juan de la Cruz, por allá en esas espesuras, cuando dijo: "Sólo la sed nos alumbra". Decia el Padre Claro que es la metáfora más forzada que haya encontrado él en la literatura. "Sólo la sed nos alumbra".
Por eso, porque nosotros queremos seguir el ejemplo de Juan de la Cruz, y buscar insaciablemente a Cristo, nos volvemos a esa frase que trae la primera lectura de de hoy: "¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo" 1 Juan 2,22.
Esa es una afirmación muy drástica, es una afirmación muy grave, "el que niega que Jesús es el Cristo, es el anticristo" 1 Juan 2,22, ¿qué significa esa frase? ¿Qué quiere decir eso? ¿Por qué es tan grave eso? ¿Qué quiere decir: "El que niega que jesús es el Cristo"? 1 Juan 2,22, pues el que niega que jesús es el Cristo está diciendo que Jesús no es el Cristo, o está diciendo que el Cristo es otro.
Esas son las dos maneras de negar que Jesús es el Mesías, que Jesús es el Cristo. ¿Cómo se es el Cristo? Diciendo: que Jesús no es el Cristo, o diciendo: que otro es el Cristo, son las dos maneras de negar esa frase, ¿y qué es lo grave que viene de ahí? Que el Mesías, ¿qué significa Mesías? Ahí viene la lectura del evangelio: "Yo no soy el Mesías" San Juan 1,20, dijo Juan Bautista.
¿Qué quiere decir "el Mesías?" "El Mesías" quiere decir: Aquel a quien Dios ha ungido, Aquel a quien Dios ha sellado, ¿para qué? Para que traiga su Reino a la tierra, para que haga justicia a Israel, para que cumpla las promesas antiguas y para que libere a los pobres.
La palabra "Mesías", entonces, resume todos los anhelos del Antiguo Testamento; la plabra "Mesías" recoge toda la experiencia de debilidad, de fragilidad, de contradicción y de pecado que aparece en el Antiguo Testamento. Decir: "Yo necesito al Mesías", es decir: "Sölo si Dios me envía su salvación, yo seré salvo".
Obsérvese que en otras literaturas y en otras culturas no aparece la búsqueda de un Mesías, no aparece. El Mesías es un hombre, pero es un hombre tocado por Dios, ungido por Dios, protegido por Dios, guiado por Dios. Descubrir quién es el Mesías, o descubrir qué significa ser el Mesías, es recorrer todo el Antiguo Testamento.
¿POr qué Sansón pudo hacer lo que hizo? ¿Por qué los reyes buenos hicieron lo que hicieron? ¿Por qué los sabios acertaron? ¿Por qué los profetas hablaron? Porque Dios les ungía, porque Dios los tocaba, porque Dios llegaba a ellos; no eran superhombres, eran hombres ungidos.
Esa es la diferencia entre el pensamiento que nace del Antiguo Testamento y el pensamiento que nace de la fantasía pagana. La fantasía pagana busca superhombres, llámense Aquiles, Superman, o el Ratón Mickey, superhombres, seres extraños, transmutaciones de la naturaleza nuestra.
El Antiguo Testamento nos dice: "No busques superhombres", el problema no es que esté mala la naturaleza, sino que la naturaleza necesita la unción, y cuando Dios ve su unción, esa unción de Dios dará la victoria y dará la salvación.
Por eso tenemos que quedarnos con esta idea: la teología del Mesías, que viene del Antiguo Testamento, es la teología de la unción, es la convicción, entonces, de que el mundo no cambia con superhéroes, el mundo no cambia con gigantes, el mundo no cambia con genios.
Oigame eso, que eso es importante, porque la gente vive esperando que aparezcan genios, que aparezcan gigantes, que aparezcan poderosos o adinerados. No. No son los superhombres, no son los adinerados ni los poderosos; no es la acumulación ni de riquezas, ni de ideas, ni de poder, ni de belleza; nada de eso puede transformar la historia de la raza de Adán.
Lo únicoque puede cambiar esta historia es que un hombre sea ungido, que reciba la unción de Dios, que siendo como nosotros, tenga la unción que nosotros no tenemos. esa es la teología del Mesías.
Por lo tanto, la afirmación de que Jesús es el Mesías, es la afirmación de que en ése Jesús, ¿cuál Jesús? El Jesús del pesebre, el jesús que se cansa y tiene sed, el Jesús que llora de angustia y muere en la Cruz; ese jesús que muere sin odio, perdonando, amando y padeciendo, ëse es el Mesías.
Es decir, descubrir que el camino inesperado de la salvación de Dios está en ese Hombre, eso es afirmar que jesús es el Cristo. ¿Qué maravilla! ¿Y qué es negar eso, de lo cual nos libre Dios? Negar eso es decir una de dos cosas: o que Jesús no es el Mesías, o que el Mesías es otro. ¡Las dos cosas son terribles! ¡Y se convierten en terribles adversarios contra Cristo! ¡Se convierten en el mensaje del anticristo!
Miremos por qué. Si yo digo que Jesús, -de los cual me libre Dios-, si yo digo que Jesúa no es el Mesías, estoy diciendo que la manera de amar de Jesús, de enseñar de jesús, de este Señor que murió en la Cruz, que eso no es tener la unción de Dios, y por lo tanto, que esa no es la vida que Dios ha enviado como salvación, y por lo tanto, que ese camino es perdido.
Y si ese camino es perdido,"comamos y bebamos que mañana moriremos", "quedémonos con los bienes presentes", "aferrémonos a lo que ya se puede disfrutar", "hundamos al débil", "y qué importa la justicia y qué importa la verdad".
Este es el camino satánico, este es el camino de despreciar la Cruz, es el camino de despreciar la Carne de Cristo que padece, ése es el camino terrible de negar que Jesús es el Cristo, porque es decir que Él no es el Mesías, y por lo tanto, que por ese camino no nos viene la salvación de Dios.
El otro camino es terrible igualmente, porque es afirmar que algún otro es el Mesías; pero afirmar que algún otro es el Mesías, revierte sobre el primer caso, entonces lo de Cristo es perdido, y además, ¿qué otro Mesías puedo esperar yo? Un Mesías que ¿qué? ¿Que ame menos? ¿O un Mesías que padezca menos?
Como a Cristo no le faltó, -decía Santa Teresa de jesús-, "no le faltó ojal ni hebilla en el amor", como "amó hasta el extremo" San Juan 13,1, según dice el evangelio de Juan, como Él nos amó hasta el extremo, como nada le faltó en el amor, cambiar de Mesías no es buscar más amor, sino buscar menos dolor.
Usted vaya guardando ideas en su cabeza y en su corazón. Cambiar de Mesías es buscar uno, ¿que ame más? Imposible, buscar uno que duela menos. Y eso es darle la espalda a mi cruz, darle la espalda a la redención en mí.
Osea que si digo que Jesús no es el Cristo, niego la Cruz de Cristo; si digo que otro es el cristo, niego mi cruz. Y en cualquiera de los dos casos, me pierdo la manifestación maravillosa de la salvación de Dios en la Carne de mi Señor.
Po eso la Carta de Juan quiere que nootros descubramos quién es el Mesías, que nos demos cuenta por cuál camino es que viene la salvación, por dónde y cómo nos ha llegado la redención a nosotros, para que en ese descubrimiento, permanezcamos llenos de fe, llenos de gratitud, llenos de gracia y llenos de amor.
Negar eso es, o negar la Cruz de Cristo, o negar mi cruz, y en cualquiera de los dos casos, es despreciar la oferta de Dios y es ponerse del bando del anticristo.
Como se puede ver, esta Primera Carta de Juan es una maravillosa enseñanza, una preciosa enseñanza.
Que Dios nos ayude con la luz del ESpíritu Santo, que nos dé tiempo, sabiduría, paladar y amor para gustar estas palabras, y pra saciarnos infinitamente, interminablemente, en lo que Dios nos presenta con esa palabra.
Juan el Bautista no es el Mesías, ¿qué dice Juan de sí mismmo? que él es la voy y que viene Alguien muy grande, pero que ya está en medio de nosotros, ¿cómo así, Alguien más grande que Juan?
Eso nos prepara en este Adviento chiquito para la Epifania, mientras que la primera lectura nos va contando quién sí es el Mesías, para que nosotros sepamos todo lo que puede llegar a significar la Carne Santísima de Cristo, la misma que vamos a comulgar en esta Santa Misa.