Diferencia entre revisiones de «Tsan005a»
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Sigamos, pues, nuestro camino. Hemos tenido el gozo de encontrarnos en alabanza, en oración, en adoración. | Sigamos, pues, nuestro camino. Hemos tenido el gozo de encontrarnos en alabanza, en oración, en adoración. | ||
| − | En cada Eucaristía nos asociamos a esa multitud; en cada Eucaristía, que por ahora es invisible para nosotros, en cada Eucaristía nos unimos a esos Coros de los Ángeles y nos unimos a esos Ejércitos celestes y nos unimos a esa multitud de hermanos nuestros que ya | + | En cada Eucaristía nos asociamos a esa multitud; en cada Eucaristía, que por ahora es invisible para nosotros, en cada Eucaristía nos unimos a esos Coros de los Ángeles y nos unimos a esos Ejércitos celestes y nos unimos a esa multitud de hermanos nuestros que ya saben cuál es la potencia de la Sangre de Cristo. |
Pues, unidos a todos ellos, formando una sola Iglesia, la del cielo y la de la tierra, sigamos el camino que Cristo nos muestra en las bienaventuranzas, hasta el día feliz de su retorno. | Pues, unidos a todos ellos, formando una sola Iglesia, la del cielo y la de la tierra, sigamos el camino que Cristo nos muestra en las bienaventuranzas, hasta el día feliz de su retorno. | ||
Revisión del 23:25 29 oct 2009
Fecha: 19991101
Título: El triunfo del amor
Original en audio: 8 min. 11 seg
Amados Hermanos:
La Iglesia se viste de gozo en esta celebración y contempla con esperanza, guiada por la palabra profética del Apocalipsis, su destino glorioso, el triunfo del amor.
Las malas noticias nos abruman, nos anegan, nos envuelven, se pegan a nosotros, pero ahí está la lectura del Apocalipsis: “Vi una enorme muchedumbre, imposible de contar; era gente de toda nación, raza, pueblo y lengua. Y estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, y clamaban: La victoria es de nuestro Dios" Apocalipsis 7,9-10.
Puede parecernos imposible, si miramos el barro de la naturaleza humana, pero puede parecernos y debe parecernos posible, si miramos el fuego de amor que resplandece en la Sangre de Jesucristo. Clamaba el Apóstol San Pablo: “No puede ser en vano la Cruz de Cristo”. Carta a los Gálatas 2,21.
Ese sacrificio hasta la muerte, hasta la sangre, hasta el dolor del Hijo de Dios, el Inocente entre los inocentes, eso no puede ser inútil. Los ángeles caídos, los demonios, intentan inundarnos de desesperanza, ¿Por qué? Para que nuestros ojos sepultados en la tristeza, no se atrevan a creer en la increíble eficacia de la Cruz del Señor.
Pero están también esos Ángeles buenos, como los que han aparecido en el Apocalipsis, que en visiones sublimes, majestuosas, descorren el velo de la historia y muestran la potencia de ese amor que ha permanecido discreto pero no inactivo.
Por corrientes secretas, por manantiales inesperados, por ríos subterráneos, la gracias de Dios va obrando y va consiguiendo su fruto y su fruto es la santidad. A veces puede parecernos que no sucede.
Si cada uno de nosotros revisamos nuestra propia vida, seguramente tiene mucho de qué arrepentirse y no es mentira que somos pecadores, pero tampoco es mentira que existe el perdón de los pecados.
Si es real el pecado, también es real el perdón; pasa con esto como pasa con las Llagas de Cristo: ¿Son reales? Claro que son reales, ¿Son heridas? Sí, son heridas; ¿Son injustas? Sí, son injustas; ¿Y dolorosas? También, y también crueles.
Cristo resucitado tiene esas Llagas, Llagas abiertas por la crueldad humana, pero fecundas por la misericordia divina; y así la misma Sangre, que resume lo terrible del pecado humano, resume lo maravilloso, lo poderoso del perdón divino.
¿Qué vamos a hacer nosotros? Tengamos esa fe, tengamos esa esperanza; nosotros vamos a estar en esa muchedumbre, podemos decirlo, mirando la Sangre de la Cruz de Cristo. ¿Nosotros qué vamos a hacer? ¿Nuestros pecados qué? Pues nuestros pecados van a ser como las Llagas de Cristo.
Realmente el motivo de las Llagas de Cristo no es otro sino nuestro pecado y, por lo tanto, nosotros en la gloria celestial, sólo por la gracia del Señor, vamos a ser como el Cuerpo glorioso de Jesucristo: un Cuerpo llagado, pero un cuerpo glorioso.
Quiso el Padre Celestial, dejar las Llagas en el Cuerpo glorioso de Cristo como señal perpetua de su victoria. La victoria de Cristo, no es una victoria con la piel entera, es una victoria con el Cuerpo roto, pero es un Cuerpo que así, roto, desgarrado, tiene la belleza del que se ha perdido a sí mismo, del que se ha donado a sí mismo, del que se ha entregado a sí mismo. Se ha donado, se ha entregado.
Eso mismo va a suceder con nosotros. Cuando hoy celebramos la fiesta de todos los Santos, no estamos negando que somos pecadores, sino estamos afirmando que así como existe el pecado y así como existen las llagas, así también existe la gloria y así también existe el perdón, y creemos que nuestras vidas, amorosamente unidas a la vida del Cristo glorioso, van a ser perpetuamente alabanza de gloria del Padre celestial.
Esta es nuestra gran confianza y por eso, mientras vamos de camino en esta tierra, repasamos lo que nos ha dicho el apóstol San Juan: "Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos suyos, y los somos. Todavía no se ha manifestado lo que seremos.
Cuando Él se manifieste, nos manifestaremos también nosotros en esa plenitud de belleza, en esa plenitud de gloria que Él quiso para nosotros, porque Él nos amó primero, porque Él nos amó desde el principio" 1 Juan 3,2.
Sigamos, pues, nuestro camino. Hemos tenido el gozo de encontrarnos en alabanza, en oración, en adoración.
En cada Eucaristía nos asociamos a esa multitud; en cada Eucaristía, que por ahora es invisible para nosotros, en cada Eucaristía nos unimos a esos Coros de los Ángeles y nos unimos a esos Ejércitos celestes y nos unimos a esa multitud de hermanos nuestros que ya saben cuál es la potencia de la Sangre de Cristo.
Pues, unidos a todos ellos, formando una sola Iglesia, la del cielo y la de la tierra, sigamos el camino que Cristo nos muestra en las bienaventuranzas, hasta el día feliz de su retorno.
Amén.