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Revisión del 18:44 7 ago 2009

Fecha: 20000811

Título: Que el Senor nos regale los amores hermosos de Santa Clara

Original en audio: 24 min. 40 seg.



Hay un juego o ejercicio psicológico que lo he visto practicado por algunas personas, que consiste en preguntarle a alguien ¿Quién es usted? Entonces la persona dice - bueno, yo soy un abogado - no, no le he preguntado que oficio tiene sino quien es usted - yo me llamo Ricardo Esteban - no le he preguntado su nombre sino le he preguntado quien es usted- y así sucesivamente, es un juego que sirve para muchas cosas, por ejemplo para saber con que se identifica la persona o en ultimas para saber cuanta paciencia tiene.

Yo he llegado a la conclusión de que lo que mejor define el ser de una persona son sus amores, lo que la persona ama, porque uno va tomando el rostro, el aspecto, el tono de aquello que busca y uno busca lo que ama.

De manera que los amores de la vida de uno son lo más parecido a la verdadera respuesta de ese juego, la respuesta más profunda que se puede dar a ¿Quién es usted? es la respuesta a la pregunta ¿Qué es lo que usted, de fondo, en ultimas, en definitiva ama.

Los amores suyos, los amores hasta el final, los amores hasta el extremo, esos amores en usted, ese es el verdadero rostro suyo.

Por ejemplo, aplicar este criterio a Jesús nos presenta el verdadero rostro de Jesús, aplicar este criterio a los santos, para conocer los santos hay que conocer los amores de los santos, que amaron, como amaron. Ese es el perfil de una persona, que amó, como amó y cuanto amó ¿Y el que no amó nada? ¿El que nunca amó? Ese no tiene el rostro de la nada, el rostro de la nada es algo parecido a un chorizo sin relleno y sin forro, de manera pues que los amores nuestros son el rostro nuestro.

Hoy con la Iglesia estamos celebrando a Santa Clara de Asís y es tan bello en la vida de esta mujer recorrer sus amores, que fue lo que ella amó, porque ciertamente en la vida de Clara el amor llegó pronto, ella tenía como unos trece o catorce años cuando sucedió la conversión de Francisco, que fue todo un acontecimiento para ese pueblo allá en Asís.

Francisco era el hombre estrella, era el artista fundamental de la vida social en Asís, hombre simpático, hombre mundano, hombre que podría prometer cualquier cosa y nos dio ese extraño giro que fue dando cuando la voz de Jesucristo en la derruida capilla de San Damián, le dijo “reconstruye mi Iglesia”.

Resulta que Francisco empieza a dar un giro tremendo, porque Francisco no fue simplemente que empezó a sentir cosas, que empezó a vivir experiencias místicas, que las tenía, sino lo que aterró a la gente fue cuando Francisco empezó a compartir de su vida, de su tiempo, de sus bienes, con los leprosos.

Este aspecto de la vida de Francisco no se cuenta, estamos siempre con un Francisco demasiado limpio, demasiado solo, metido en un bosque alabando a Dios; pero Francisco, antes de esas alabanzas o después de esas alabanzas o junto a esas alabanzas, fue el hombre untado de la lepra de sus hermanos y eso era lo que espantaba a la gente, que alguien diga que se encontró con Dios, pues si tratándose de usted hasta así; pero que una persona se meta con los que todos desprecian y se gaste por ellos, eso si puso a pensar a mucha gente.

Clara estaba despertando a la vida, estaba en esa edad tan hermosa, estaba llegando a esa edad en que el amor da sus primeras campanadas y en ese momento conoció lo que Dios estaba haciendo en Francisco y podemos decir que toda su capacidad de amor quedó abierta a un ideal sin limites.

Sintió ella que el amor había tocado su vida y sintió que en Dios encontraba un amor que nunca defraudaba, que nunca traicionaba, un amor como ese que se busca cuando se busca el primer amor, porque todos, en el primer amor hemos buscado eso, algo que nunca me falle, que nunca me traicione, que me comprenda, que me lleve, que me conduzca, que me llene y todo eso encontró Clara, y todo esto fue una providencia muy grande de Dios.

Clara quedó fascinada por el ideal de Francisco, por los hermanos que se fueron uniendo a Francisco, ella entendió que se había enamorado verdaderamente y entendió que aquel de quien estaba enamorada ella, nunca la iba a dejar y ella nunca tenía que dejarlo, es decir, entro a vivir una mística profundamente esponsal, desde esa temprana edad, trece o catorce años.

La familia, según las costumbres de la época, ya lo hemos dicho con ocasión de Santa Catalina de Siena, tenía la costumbre de casar muy pronto a las niñas, comprometerlas en matrimonio y resulta que había un tío, era un viejito panzón que tenía como ciertos intereses y la cosa se veía como natural ahí o se admitía o yo no se, pero tenía como ciertos intereses de casarse con la sobrina.

Entonces Clara miraba por una parte el ideal de Jesucristo, pobre, desnudo, crucificado que estaba como también representándolo en los hermanos menores, en los franciscanos, en lo que hoy llamamos franciscanos, por una parte veía a ese Cristo lleno de juventud, de generosidad y por otra parte la familia que no hallaba como entrarle por los ojos a este tío.

Llegó el día que se iba a oficializar las pretensiones matrimoniales, porque prácticamente esas bodas las arreglaba la familia y eso fue en un domingo de ramos, entonces llegó la hora del domingo de ramos y Clara que tenía catorce o quince años y por eso yo creo que debemos hablar de cosas muy serias y muy santas y muy altas con los niños y con los jovencitos, porque en esas edades se llegan a resoluciones muy importantes.

Llegó el domingo de ramos del año 1207 o 1208 y ese día se iba a oficializar el noviazgo y entonces Clara tenía las cosas perfectamente claras y por eso ella se llamaba así y ella estuvo en la ceremonia allá en la catedral, ni se yo si era la catedral, me imagino que si porque había obispo, de acuerdo al relato de la vida de Francisco, estaba allá en la catedral allá en el domingo de ramos recibió un palma, una palmita de las manos del obispo, la palma respectiva y fue saliendo de la Iglesia y ayudada por los frailes menores, que hoy llamamos franciscanos y se fugó, se fue de la casa, a mi no me revuelvan mas con ese señor, yo no estoy para eso.

Un acto medio loco, como son tantas obras locas de los adolescentes y de los jóvenes, en estos días, me presentaban a una jovencita que tiene como trece años y que ya se ha fugado tres veces de la casa, la ultima perdida una semana ¿Qué hace una niña de trece años una semana perdida en Bogotá que hace? ¿O sea, en que pasos anda? pero ustedes vieron la tranquilidad de esta muchachita, ella muy tranquila, muy dueña de si misma, como quien dice, yo se lo que estoy haciendo, yo se en que pasos ando y lleva tres perdidas de la casa y trece años, definitivamente es la edad de la locura, pero gracias a Dios existe también esta locura por las cosas santas.

Entonces el mismo valor que le sirve a una muchacha para decir me largo de la casa a recorrer Bogotá una semana ¿Qué hace una niña una semana en Bogotá? Yo no tengo idea. Qué hace el mismo valor que sirve para eso, el mismo valor le sirvió a Clara para decir: pues yo me voy a mi locura y se fue entonces y no se si se conquistó a una prima o una hermana, yo no conozco bien la historia, pero es una historia encantadora.

Hay que acercarse a la vida de los santos, son historias tan lindas; y bueno, organizó prácticamente a partir de ahí una primera fundación y de ahí surgieron las llamadas hermanas pobres.

Entonces ¿Cuál es la pregunta que dirige nuestra predicación hoy? Es, cuales son los amores de Clara, y lo primero que podemos encontrar es un amor profundo, profundo a Jesucristo, un amor intenso a Jesucristo, un amor intenso también a la obra que Cristo estaba haciendo en Francisco y en los demás frailes.

Podemos decir que Clara, realmente con toda la generosidad de su corazón de mujer, se apropió, abrazó como una madre abrazaría a un hijo, abrazó el ideal franciscano para si misma y para sus hermanas, estas hermanas pobres que ahora llamamos “clarisas” abrazó ese ideal y lo hizo carne de su carne y podemos decir que ella fue, en cierto sentido, la encarnación femenina del ideal de Francisco, tomó completamente ese espíritu y lo vivió con intensidad.

¿Qué mas amó Clara? amó la sencillez, amó la cruz, amó la pobreza, tenía un delicado sentido del humor como también lo tenía Francisco, un delicado sentido del humor, por ejemplo, cuando entraron en conversaciones con el papa Inocencio, creo que era Inocencio tercero, entraron en conversaciones para la aprobación de esta comunidad que estaban haciendo, entonces, Clara le pidió al papa un privilegio, el privilegio de no tener ningún privilegio, a nosotras no nos de ni un privilegio, ninguno, no queremos tener nada, lo único que queremos es el privilegio de no tener nada, denos permiso de permanecer en la Iglesia, no teniendo nada, nunca nada, y el papa concedió ese privilegio; porque efectivamente, eso es un privilegio y eso se llama Privilegium Paupertatis y las clarisas entonces tuvieron ese origen en esa radical y absoluta pobreza.

¿Qué mas amores encontramos en Clara? Un amor inmenso a la Eucaristía, resulta que había cierto peligro de los moros de musulmanes, por allá en esa región en Italia, quien creyera, uno como que no asocia musulmanes ahí, uno piensa que todos los sarracenos se llamaban ahí que todos los sarracenos estaban del lado de España, pues no, ahí había peligro de invasiones de sarracenos.

Entonces, en unas de esas invasiones de sarracenos, ya iban a entrar por esos campos rumbo a Asís, si quieren saber ustedes ya saben por donde querían llegar, entonces Clara le dijo a un sacerdote, Clara ya estaba muy enferma, los últimos como 25 años de su vida fueron de una enfermedad tras otra y finalmente estaba prácticamente paralítica, prácticamente ciega, fue muchísimo el dolor que tuvo, muchísima la privación, entonces le dijo Clara, que ya estaba muy mal y que no se podía mover mucho, le dijo a un sacerdote amigo, que no se si era franciscano, mire, usted lleve a nuestro Señor Jesucristo en la custodia y salga usted con la custodia, usted tiene que ir de primero con la custodia y con esto vamos a detener a los sarracenos.

Imagínese, cuando uno de los motivos principales de burla con los musulmanes con respecto a la Iglesia Católica, es lo que nosotros enseñamos de la presencia de Cristo en la Eucaristía. Decían los musulmanes, aunque el cuerpo de Cristo estuviera como una montaña, de tanto comer deberían estar que se lo acaban, tenían chistes blasfemos, apuntes de ese género en contra de la Eucaristía.

Y dice Clara - vaya usted padre adelante - y el padre este, pues yo me imagino a este pobre padre, me pongo en el lugar del pobre padre, ahí si le tocaba creer mucho en la santidad de Clara; pero el padre no solo creía en la eucaristía, sino que creía en esa obra, porque es que se le veía la unión con Cristo a Clara y entonces salió custodia en mano y entonces salió y efectivamente dicho y hecho, se han frenado estos invasores, no se disparó una sola saeta, no hubo confrontación de armas a la vista de la custodia.

Nadie entiende como se devolvieron estos señores, Clara tenía una fe absoluta en la Eucaristía, si usted es una de esas personas que tiene una fe tibia en la eucaristía, tal vez porque ha estado asistiendo a otros grupos ¿No? Como ahora hay tanto grupo y los grupos se presentan así: “Nosotros somos cristianos, nosotros no le vamos a destruir su fe usted, véngase, nosotros aquí simplemente estamos predicando la palabra de Dios, entonces la gente va allá, va entrando beee, beee y van entrando los católicos ¿Y por qué van entrando? Van entrando porque creen.

- Hay no aquí no nos van a acabar la fe católica - entonces hay es donde se me acaban las pocas vitaminas franciscanas que tengo y me sale toda la rabia dominicana y entonces digo: "mire, haber una palabra suave pedazo de torpe, mire, comprenda usted que hay dos maneras de acabar la fe, la fe se acaba a veces atacándola" por ejemplo comolos musulmanes se burlan de la eucaristía y todas esas cosas; pero la fe también se acaba por inanición, por no alimentarla.

Entonces todas estas personas que andan saltando, saltando de un grupo a otro como bambis, saltando, saltan y saltan de un grupo a otro, esas personas tienen el problema de que les acaban la fe por inanición, usted cree que estar uno un año oyendo un gran predicador protestante, y es que hay unos de una elocuencia fantástica, y oyendo allá al predicador; y un año de emoción, un año de amor, un año de unión con Dios sin necesidad de eucaristía, sin necesidad de confesiones, sin necesidad de rosario, sin necesidad de papas, sin necesidad de nada.

¿Y eso que hace? Crea en la persona la sensación de que todo eso no sirve para nada, todo eso no se necesita mucho, mas fácil esto otro donde uno va y organiza uno un grupo de danza, uno va ¿Qué hace? Canta aplaude y no tiene todo ese problema de encíclicas y todos esos problemas morales y toda esa liturgia y todas esas confesiones, ya eso no se necesita, solo necesito la palabra de Dios y Dios conmigo dentro de esta botella, la fe se acaba así.

Entonces, la persona va perdiendo fe. De estar así como bambis saltando, brincando de un grupo a otro, las personas van perdiendo la fe, pierden la fe y un día se dan cuenta de que bueno, vamos a tratar de comulgar, pues si, será como allá a recibir eso, daño no hace.

Pues que tristeza, con cuanto amor se da Jesucristo en la eucaristía, - bueno, daño no hace, participar aquí, otro día iré a la cena del Señor a la casa sobre la roca y otro día aire al aposento alto y otro día iré cuando venga la enfermedad grave, por eso se hizo la oración fuerte al espíritu -.

Y así, saltando, saltando, si usted es una persona que ha estado así saltando solamente, se reconocen porque tienen piernas delgadas, entonces, sigo con mi tema con un poco mas de seriedad.

Santa Clara es una persona que nos invita a amar la Eucaristía a amar la eucaristía, a creer en la eucaristía, no es un reconocimiento frio como el que comprueba que un cheque si tiene fondo, sí y alcanza, es el reconocimiento, la presencia viva del Señor, no es un dato en nuestra inteligencia, es la presencia del amado.

Clara, que tenía desde el principio de su vida esa unión esponsal tan hermosa, porque Jesús fue el todo de la vida de Clara, Clara, que tenía esa unión tan profunda, pues Clara sabia predicar eso y le infundió tal amor a la eucaristía a este padrecito, que el padre salió vivo victoria.

Clara tuvo otros amores, tuvo muchos amores muy santos, yo quiero mencionar dos últimos, mire, el amor a la oración, hubo un segundo intento de los sarracenos, los sarracenos no invadieron esta región en la vida de Clara; pero en un segundo intento, pues el padrecito había pedido que lo trasladaran, entonces no hubo padre por ahí cerquita y Clara detuvo el segundo intento de invasión, lo detuvo ofreciendo sus dolores en una oración profunda, postrada en su lecho de enferma a fuerza de pura oración.

No hay necesidad de hacer nada mas, Dios se va a manifestar en eso, vamos a orar, claro que esto también lo pueden hacer muchas personas; pero en este caso se trata de una persona que ha hecho todo un recorrido junto a la cruz de Cristo y su palabra fue profética. Verdaderamente no hay necesidad de violencia, en este caso déjenme orar y oren conmigo hermanas y el monasterio a salvo.

Y lo ultimo que quiero recordar, porque me encanta de la vida de Clara, siempre es bonito recordar las ultimas palabras ¿No? cada persona muere como ha vivido, se cuenta de un tabur, por ejemplo estos señores que son adictos al juego, cuando se estaba muriendo dijo "Voy restos" Cada persona muere como ha vivido.

Clara por ejemplo hizo una oración tan bella, se conservan las ultimas palabras de santa Clara, hay que recordar mucho a santa Clara, es una santa encantadora, se conservan sus ultimas palabras, ella hizo como una oración muy linda, de una ternura, es que es la ternura que tienen los franciscanos, que realmente a nosotros a veces nos hace falta, nosotros a veces nos volvemos académicos, demasiado cerebrales, aunque también hay dominicos brutos; pero en general, nosotros se supone que nos dedicamos un poco mas a la cuestión del estudio, y a a veces eso, si uno se descuida, se le puede secar el corazón a las corrientes de la ternura; Clara es de una ternura incalculable.

Entonces, ella se puso a hacer una oración pidiéndole a Dios, pero también hablando con su propia alma, ese lenguaje que tienen los místicos, entonces ella hablaba con su alma y le decía "tu ya puedes irte, porque vas a ir a tu Creador, vas a ir a tu Redentor que desde siempre te ha amado" y después de que decía otras palabras semejantes, entonces casi en el último momento, casi ya para expirar le dijo a Dios "gracias Señor porque me creaste".

Esa gratitud de Clara; pero esa cosa tan elemental que a uno no se le ocurre tal vez agradecer a Dios, "gracias porque me creaste" al término de toda su vida, tenía 61 años cuando se estaba muriendo, al termino de toda su vida, Clara contempla todo lo que ha hecho Dios y lo ve todo cubierto por el amor, lo ve todo cubierto por la sabiduría, lo ve todo levantado y protegido por el poder de Dios, y siente que Dios es la razón de toda su vida.

Ese amor que empezó a los trece o los catorce años madurado por el paso del tiempo, santificado en medio de las pruebas, purificado de tantos modos, ese amor estaba listo para la cosecha y Clara, como ejerciendo el sacerdocio de su bautismo, entregó todo lo que ella era a Dios con esas palabras: "gracias porque me creaste" y así se entregó a los brazos de papá Dios.

Pidámosle al Señor, que por la intercesión de Clara, nos regale estos mismos amores, son amores hermosos, el amor a la sencillez, el amor a Cristo crucificado, el amor a la pureza, desde luego realmente vivió como una virgen sin tacha, el amor a la fraternidad, el amor a la pobreza, el amor a la oración, el amor encendido a la eucaristía y el amor a la gratitud.

La intercesión de Clara vuelva nuestros corazones hacia Dios y los colme de estas hermosas virtudes.

Amén.