Diferencia entre revisiones de «Bo17002a»
| Línea 15: | Línea 15: | ||
Y a veces uno, como predicador, como sacerdote se enfrenta también con esa que podemos llamar una dificultad. Imagínese que fuera usted el que tuviera que dirigir estas palabras en la homilía, "¿qué más se le puede sacar a este texto?" Tal vez sería la pregunta que uno se haría. | Y a veces uno, como predicador, como sacerdote se enfrenta también con esa que podemos llamar una dificultad. Imagínese que fuera usted el que tuviera que dirigir estas palabras en la homilía, "¿qué más se le puede sacar a este texto?" Tal vez sería la pregunta que uno se haría. | ||
| + | |||
| + | Y sin embargo la Palabra de Dios es siempre viva, siempre eficaz. Es como un mamantial, no es como un vaso de agua que uno lo toma y se agota, es un mamantial. Decía hermosamente San Agustín: "Primero te agotas tú de beber, que Él de darte agua". | ||
| + | |||
| + | Necesitamos, sí, la gracia del Espíritu Santo para escrutar las Escrituras; no basta con oír, es necesario penetrar en su sentido, y confío yo en que este Espíritu nos acompañe esta noche para recibir también nosotros alimento, frescura y saciedad en estos textos que la Iglesia nos ofrece. | ||
Revisión del 15:39 8 jul 2009
Fecha:19970727
Título:
Original en audio: 9 min. 30 seg.
Queridos Hermanos:
Este milagro de la multiplicación de los panes, es tal vez de las señales que más conocemos por haberla escuchado desde que éramos niños.
Lo mismo que otros pasajes bien conocidos del Evangelio, por decirir algo, la parábola del sembrador, son de esos textos que le suenan a uno muy familiares. Y esto es maravilloso porque significa que nuestro corazón de alguna forma se va acostumbrando a la Palabra de Dios.
Pero es también un poco peligroso porque aquí, lo mismo que en un chiste, que ahora no voy a decir, lo del borrachito que entró a la iglesia y oyó que leían un texto como estos, y entonces decía: "¡Lo mismo del año pasado!"
Y a veces uno, como predicador, como sacerdote se enfrenta también con esa que podemos llamar una dificultad. Imagínese que fuera usted el que tuviera que dirigir estas palabras en la homilía, "¿qué más se le puede sacar a este texto?" Tal vez sería la pregunta que uno se haría.
Y sin embargo la Palabra de Dios es siempre viva, siempre eficaz. Es como un mamantial, no es como un vaso de agua que uno lo toma y se agota, es un mamantial. Decía hermosamente San Agustín: "Primero te agotas tú de beber, que Él de darte agua".
Necesitamos, sí, la gracia del Espíritu Santo para escrutar las Escrituras; no basta con oír, es necesario penetrar en su sentido, y confío yo en que este Espíritu nos acompañe esta noche para recibir también nosotros alimento, frescura y saciedad en estos textos que la Iglesia nos ofrece.