Diferencia entre revisiones de «I161002a»
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Ante la voluntad de Dios, pues, nosotros somos activos en un sentido y pasivos en otro sentido; activos cuando obramos, a partir de nuestra conciencia, de la mejor manera; pasivos cuando acojemos todo aquello que sucede, lo que está fuera de nuestro alcance, lo que no corresponde a nosotros lo aceptamos como venido de las manos de Dios. | Ante la voluntad de Dios, pues, nosotros somos activos en un sentido y pasivos en otro sentido; activos cuando obramos, a partir de nuestra conciencia, de la mejor manera; pasivos cuando acojemos todo aquello que sucede, lo que está fuera de nuestro alcance, lo que no corresponde a nosotros lo aceptamos como venido de las manos de Dios. | ||
| − | Lo maravilloso de este enfoque, es que podemos estar más seguros de la voluntad de Dios en aquello en lo que nosotros somos pasivos, porque en aquello en lo que nosotros somos activos, es decir, en lo que nosotros decidimos, es muy difícil estar completamente seguros de que estamos libres de toda codicia, de todo egoísmo, de toda enviidia, de todo desquite, de toda concupiscencia, es muy difícil tener absoluta claridad sobre la puereza absoluta de nuestro acto. | + | Lo maravilloso de este enfoque, es que podemos estar más seguros de la voluntad de Dios en aquello en lo que nosotros somos pasivos, porque en aquello en lo que nosotros somos activos, es decir, en lo que nosotros decidimos, es muy difícil estar completamente seguros de que estamos libres de toda codicia, de todo egoísmo, de toda enviidia, de todo desquite, de toda concupiscencia, es muy difícil tener absoluta claridad sobre la puereza absoluta de nuestro acto. |
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| + | No podemos tener completa certeza de eso. Este es el motivo por el cual las almas que Dios llama a a la santidad, más tarde o más temprano les enseña esta lección, claro que Dios la explica mejor. | ||
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| + | Y la lección es que es más perfecto el descubrimiento de la voluntad del Señor en aquello que nos pasa, en aquello que padecemos, en aquello que nos sucede, en aquello en lo que somos obedientes. | ||
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| + | Es lo mismo que nos dice Catalina de Siena en su pequeño tratado de la obediencia, en el Diálogo, nos habla de la misma manera. Dice Catalina de Siena que la obediencia va más allá de nuestros superiores legítimos, y dice que en cierto modo alcanza a todas la criaturas racionales. | ||
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| + | Dice uno: "¿Pero yo cómo voy a obedecer a todas las criaturas? Tendría que ser como una veleta que me llevaran para cualquier parte. No. De lo que está hablando Catalina en ese caso es de esta perfección de la obediencia que descubre como más perfecto, como más firme, como más segur oy de mayor virtud el aspecto pasivo ante la voluntad de Dios, es decir, la acogida anticipada, gozosa, creyente y esperanzada en el querer divino y en el desenlace de todas las obras que Dios quiera por nosotros. | ||
Revisión del 18:29 7 jul 2009
Fecha:19990719
Título:
Original en audio: 13 min. 56 seg.
El relato de la primera lectura, tomado del libro del Éxodo, es conocido. Desde los libros de Historia Sagrada sabemos de esa salida de Egipto.
El punto es que hay algo muy misteriosos ahí y es lo que va diciendo Dios, que va a endurecer al faraón para cubrirse de gloria.
Y en ese punto conflictivo quisiera yo fijar mi mirada y la de ustedes para que descubramos un poco sobre la voluntad de Dios. Porque toda nuestra vida, toda nuestra eternidad está en la realización de la voluntad de Dios.
De manera que en el conocimiento, y sobre todo en la obediencia de la voluntad de Dios, está toda nuestra plenitud cristiana, toda la obra del Espíritu Santo en noostros. Hay que conocer de la divina voluntad.
Lo extraño del caso es que el texto sagrado dice: "El Señor hizo que el faraón se empeñase en perseguir a los israelitas" Catregory:Exodo . La dureza del faraón aparece causada por Dios. Esto es muy propio de la Sagrada Escritura que atribuye todas las cosas a su causa primera y no le da tanto relieve o tanta importancia a las causas segundas.
La Sagrada Escritura no obra como los sutiles teólogosque disciernen, que distinguen causas primeras y segundas; algo puede ser causa segunda, y sin embargo deja espacio para tener su causa en otra que es la causa primera.
Donde mejor se entiende esto es en los instrumentos. Si una persona es apuñaleada, le causó la muerte el puñal, pero ese puñal no se movió solo, hubo otro, que fue el asesino, que fue el que movió ese puñal.
La existencia del puñal como causa segunda, no elimina la causa primera, que en este caso sería el asesino. Y así podríamos dar muchos otros ejemplos.
Esto sería suficiente para calmar nuestra conciencia. Dios obra como causa primera y el faraón obra como causa segunda. El faraón, libremente, desde su libertad, en este caso viciada por la codicia, por el rencor, sale a perseguir a los israelitas.
Pero hay una causa primera, que no elimina la causa segunda, que es Dios nuestro Señor, y que a través de esa acción del faraón, quiere hacer una manifestación de su gloria para que crezca la fe de los israelitas y para que los israelitas, aumentando su fe en Dios, se consoliden como pueblo testigo de sus maravillas en la humanidad, y así ese bien mayor que se va abriendo paso, que es la llegada de Nuestro Señor Jesucristo.
Como explicación podemos decir que esto es suficiente. El faraón es una causa segunda:obró libremente, pero detrás, podemos decir, detrás, desde la acción del faraón, en los renglones torcidos de la obra del faraón, está la letra derecha de Dios, que quiere realizar su voluntad. Ahí podríamos dejar nuestra explicación.
Pero vale la pena recordar aquí una enseñanza de Santo Tomás de Aquino sobre la voluntad de Dios, sobre qué es lo que Dios quiere, qué podemos decir que Dios quiere. ¿Quería Dios el endurecimiento del faraón, como causa primera, siguiendo esa nomenclatura? ¿Quería Dios el endurecimiento del faraón?
Entonces, nos explica Santo Tomás, que se puede hablar de Dios de dos maneras: una es aquello que descubrimos como lo bueno, como lo mejor en determinadas circunstancias y a apartir de los elementos que nos presenta la historia.
Por ejemplo, la muerte de Jesucristo. ¿Quería Dios que su Hijo fuera torturado? Ahí toca distinguir. El hecho mismo de golpear y de humillar al Hijo de Dios, nuestra razón lo rechaza, nuestra inteligencia descubre la suma iniquidad de ese hecho.
Y en ese sentido podemos decir que hay como un rechazo, una desaprobación de Dios a ese hecho. Esta es la primera manera para hablar de la voluntad de Dios. La voluntad de Dios como aquello que descubrimos en un determinado momento como lo mejor.
Pero hay un segundo sentido que es el desenlace. ¿Qué bienes se van a seguir? ¿Cuál es el desarrollo, cuáles son las consecuencias de un determinado hecho? De la efusión de la Sangre de Cristo viene la perfecta manifestación del amor de Dios y de su misericordia; viene el perdón de nuestros pecados; viene la denuncia de todo pecado y del imperio de Satanás.
Son tantos los bienes que surgen de la efusión de la Sangre de Cristo, que en razón de esos bienes por Dios conocidos, -aunque nosotros en el momento de la Pasión no lo supiéramos-, son tantos esos bienes, que podemos decir que Dios sí quería la efusión de esa Sangre, no por los males de ese momento presente, sino por los bienes futuros, por los bienes que iban a llegar.
Así pues, podemos hablar de la voluntad de Dios de dos modos: uno, como aquello que descubrimos en el momento presente, y es a lo que nostros debemos tender con nuestra conciencia, con nuestra razón; y otro, que son los bienes que Dios quier sacar de nuestros actos y los actos de las otras personas, en lo cual a noostros nos corresponde aceptar y nos corresponde acoger.
Así que frente a la voluntad de Dios nosotros somos activos, cuando buscamos con nuestra conciencia qué es lo mejor que nosotros podemos hacer; y somos pasivos, cuando confiamos, en que suceda lo que suceda, Dios en su misericordia, Dios en su sabiduría y en su poder, nos está conduciendo a nosotros por el camino que Él quiere para realización de lo que Él quiere.
Ante la voluntad de Dios, pues, nosotros somos activos en un sentido y pasivos en otro sentido; activos cuando obramos, a partir de nuestra conciencia, de la mejor manera; pasivos cuando acojemos todo aquello que sucede, lo que está fuera de nuestro alcance, lo que no corresponde a nosotros lo aceptamos como venido de las manos de Dios.
Lo maravilloso de este enfoque, es que podemos estar más seguros de la voluntad de Dios en aquello en lo que nosotros somos pasivos, porque en aquello en lo que nosotros somos activos, es decir, en lo que nosotros decidimos, es muy difícil estar completamente seguros de que estamos libres de toda codicia, de todo egoísmo, de toda enviidia, de todo desquite, de toda concupiscencia, es muy difícil tener absoluta claridad sobre la puereza absoluta de nuestro acto.
No podemos tener completa certeza de eso. Este es el motivo por el cual las almas que Dios llama a a la santidad, más tarde o más temprano les enseña esta lección, claro que Dios la explica mejor.
Y la lección es que es más perfecto el descubrimiento de la voluntad del Señor en aquello que nos pasa, en aquello que padecemos, en aquello que nos sucede, en aquello en lo que somos obedientes.
Es lo mismo que nos dice Catalina de Siena en su pequeño tratado de la obediencia, en el Diálogo, nos habla de la misma manera. Dice Catalina de Siena que la obediencia va más allá de nuestros superiores legítimos, y dice que en cierto modo alcanza a todas la criaturas racionales.
Dice uno: "¿Pero yo cómo voy a obedecer a todas las criaturas? Tendría que ser como una veleta que me llevaran para cualquier parte. No. De lo que está hablando Catalina en ese caso es de esta perfección de la obediencia que descubre como más perfecto, como más firme, como más segur oy de mayor virtud el aspecto pasivo ante la voluntad de Dios, es decir, la acogida anticipada, gozosa, creyente y esperanzada en el querer divino y en el desenlace de todas las obras que Dios quiera por nosotros.