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Los discípulos tenían las puertas trancadas. ¡Yo he conocido tantas vidas trancadas! Trancadas, cerradas, selladas, con candado, clave, caja fuerte y botaron la llave. ¡Hay tantas vidas cerradas y selladas!
 
Los discípulos tenían las puertas trancadas. ¡Yo he conocido tantas vidas trancadas! Trancadas, cerradas, selladas, con candado, clave, caja fuerte y botaron la llave. ¡Hay tantas vidas cerradas y selladas!
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A mí me da esperanza pensar, que ninguna cerradura es demasiado difícil para Jesús. Este evangelio me trae muchísima esperanza, porque ninguna puerta lo va a detener. Este evangelio me trae mucha esperanza, porque me indica que Él es más grande, que Él es más fuerte, que Él es más astuto, que Él se sale con la suya.
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Y si hemos conocido personas que están cerradas, que están encerradas por miedo, por soberbia, por egoísmo, que están cerradas o encerradas, porque aprendieron a desconfiar del resto de la humanidad, hermano, solamente leamos este evangelio y aprendamos a esperar. Jesús también puede entrar a esos corazones.
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''Jesús se sabe todas las llaves, Jesús se sabe todas las cerraduras, Jesús sabe cómo se destranca el corazón humano. Y el corazón humano se destranca fundamentalmente con esa palabra que hoy estamos celebrando, con la palabra misericordia.''
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Porque, no hay vida humana que no requiera de misericordia. Todos la requerimos, todos la esperamos. Y estoy seguro que va a ser ésta la llave que abrirá los corazones que a nosotros nos parecen imposibles.
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Mas, nuestra tentación es lograr la victoria por otros medios. Sin embargo, el único medio de llegar a todos los corazones, es la misericordia.
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Si tú tienes estrategias inteligentísimas, tal vez haya otra persona que tenga otra estrategia más inteligente que la tuya. Si tú tienes habilidades, tal vez haya otro más habilidoso. Si tú te crees muy astuto, tal vez haya otro más astuto que tú.
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Pero, ponte en el carril de la misericordia, entra en el camino de la misericordia y tú verás que las vidas pueden abrirse. Yo, hoy, me comprometo con ustedes, y quiero que ustedes se comprometan conmigo, a usar más esta llave. Porque, esta es la llave que pudo abrir el corazón de Tomás.
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Ustedes se imaginan que a Tomás le tuvieron que discutir los otros: "-Que sí vimos".  "-¡Ah! Eso fueron alucinaciones". "-¡Que sí vimos!" "-Eso son ustedes que se dejaron convencer por las mujeres". "-¡¡Que sí vimos!!" "-¡No! Eso no hay ninguna demostración en la Escritura que sea determinante y apodíctica en ese punto".
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Es Jesús mismo con su compasión el que abre ese corazón. Hoy, en la Iglesia, hay muchos que son como Tomás. ¡Muchos! ¡Muchos que son como Tomás! Hay tantos: tal vez el párroco allá donde tú vives es como un pequeño Tomás, como un gran Tomás, y tiene desconfianza.
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A veces en nuestras comunidades, encontramos sacerdotes así, o  encontramos superiores religiosos que son así. Encontramos gente resistente, que no nos cree, que no nos acepta. Son escépticos.

Revisión del 03:01 2 abr 2009

Fecha: 20060423

Título: Amor, fe y esperanza en Cristo

Original en audio: 10 min. 12 seg.


Hermanos Muy Amados:

Para mí, este es el evangelio de la fe, de la esperanza y del amor. Es el evangelio de la fe, porque Jesús invita a Tomás y a cada uno de nosotros: "Hazte creyente" (véase San Juan 20,27).

Esta frase me impresiona mucho. Porque, cuando Jesús decidió renovar mi vida religiosa y renovar mi sacerdocio, un día me manifestó eso mismo. Y yo me quedé sorprendido. El Señor me dijo: "Hazte creyente" (véase San Juan 20,27).

Yo creía que creía. Pero, no sabía lo que significaba creer. Me parece que apenas estoy empezando a aprenderlo.

"Hazte creyente" (véase San Juan 20,27). Ese es el evangelio de la fe: "Aprende a creer; aprende a conocer lo que significa creer".

¡Creer es tantas cosas! Creer quiere decir que ya no estás nadando con tus propias fuerzas, sino que eres habitante de ese barco inmenso, de esa nave inmensa, esa arca de salvación que es la comunidad de creyentes, que es la Santa Iglesia.

Este es también el evangelio de la ternura y del amor. ¿Cómo no reconocer la ternura de Jesucristo, que después de haber sido tan odiado, se presenta donde los discípulos con una palabra de paz?

No se presentó diciendo: "Bueno, ¿quién fue el que me abandonó?" No se presentó diciendo: "A ver, ¿quién fue el que me crucificó? ¡Espere! Vamos a arreglar este asuntico".

No llegó a reclamar venganza. Llegó a reclamar los corazones que había lavado previamente, que había purificado con su Sangre. ¡Es tan tierno Jesús!

Y luego, Jesucristo es rechazado, o no es aceptado por este discípulo, por Tomás, que no podía creer. ¡No podía creer Tomás! ¡Y Cristo llega donde él con esa ternura! Le expresa: "Mira, aquí están mis heridas. ¡Aquí están mis heridas!" (véase San Juan 20,27).

Es el Jesús que comprende nuestras miserias. Es el Jesús que sabe que nos cuesta trabajo, que cuesta trabajo. ¡Es que no es fácil! Si a veces te cuesta creer, puedes estar seguro de una cosa: Jesús lo sabe y lo entiende.

Es un evangelio con mucha ternura; es un evangelio con mucha compasión. Y Jesucristo, que se manifiesta aquí, es un Jesús dispuesto a comprendernos, es un Jesús dispuesto a amarnos por encima de todo.

Por eso mismo, a mí me gusta decir que este es el evangelio de la esperanza. Porque, es el evangelio que muestra, que ninguna tranca dejará por fuera a Nuestro Señor, lo que a mí me da mucha esperanza.

Los discípulos tenían las puertas trancadas. ¡Yo he conocido tantas vidas trancadas! Trancadas, cerradas, selladas, con candado, clave, caja fuerte y botaron la llave. ¡Hay tantas vidas cerradas y selladas!

A mí me da esperanza pensar, que ninguna cerradura es demasiado difícil para Jesús. Este evangelio me trae muchísima esperanza, porque ninguna puerta lo va a detener. Este evangelio me trae mucha esperanza, porque me indica que Él es más grande, que Él es más fuerte, que Él es más astuto, que Él se sale con la suya.

Y si hemos conocido personas que están cerradas, que están encerradas por miedo, por soberbia, por egoísmo, que están cerradas o encerradas, porque aprendieron a desconfiar del resto de la humanidad, hermano, solamente leamos este evangelio y aprendamos a esperar. Jesús también puede entrar a esos corazones.

Jesús se sabe todas las llaves, Jesús se sabe todas las cerraduras, Jesús sabe cómo se destranca el corazón humano. Y el corazón humano se destranca fundamentalmente con esa palabra que hoy estamos celebrando, con la palabra misericordia.

Porque, no hay vida humana que no requiera de misericordia. Todos la requerimos, todos la esperamos. Y estoy seguro que va a ser ésta la llave que abrirá los corazones que a nosotros nos parecen imposibles.

Mas, nuestra tentación es lograr la victoria por otros medios. Sin embargo, el único medio de llegar a todos los corazones, es la misericordia.

Si tú tienes estrategias inteligentísimas, tal vez haya otra persona que tenga otra estrategia más inteligente que la tuya. Si tú tienes habilidades, tal vez haya otro más habilidoso. Si tú te crees muy astuto, tal vez haya otro más astuto que tú.

Pero, ponte en el carril de la misericordia, entra en el camino de la misericordia y tú verás que las vidas pueden abrirse. Yo, hoy, me comprometo con ustedes, y quiero que ustedes se comprometan conmigo, a usar más esta llave. Porque, esta es la llave que pudo abrir el corazón de Tomás.

Ustedes se imaginan que a Tomás le tuvieron que discutir los otros: "-Que sí vimos". "-¡Ah! Eso fueron alucinaciones". "-¡Que sí vimos!" "-Eso son ustedes que se dejaron convencer por las mujeres". "-¡¡Que sí vimos!!" "-¡No! Eso no hay ninguna demostración en la Escritura que sea determinante y apodíctica en ese punto".

Es Jesús mismo con su compasión el que abre ese corazón. Hoy, en la Iglesia, hay muchos que son como Tomás. ¡Muchos! ¡Muchos que son como Tomás! Hay tantos: tal vez el párroco allá donde tú vives es como un pequeño Tomás, como un gran Tomás, y tiene desconfianza.

A veces en nuestras comunidades, encontramos sacerdotes así, o encontramos superiores religiosos que son así. Encontramos gente resistente, que no nos cree, que no nos acepta. Son escépticos.